Quien no conoce la historia de su país no puede gobernarlo, decía Winston Churchill. Y no se refería precisamente a la historia oficial publicada en libros de texto. Sino, por un lado, a la historia profunda de ella, reservada hasta por 100 años en los arcanos de la documentación clasificada como Secret o Top Secret en Inglaterra. Como es el caso de la Guerra de Malvinas de 1982, cuyos últimos archivos reservados se abrirán recién en el 2072.
Por otro lado, significa la intelección profunda de ella, y no la historia social que abunda profusamente en la actualidad, ignorando los enigmas respecto de cómo se produjeron las grandes bisagras o cambios históricos. Como si el accionar encubierto, que ha signado la humanidad desde sus orígenes, no existiera en este mundo posmoderno cada vez más complejo y permeable al mismo.
En tal sentido, la pobreza de la visión histórica de nuestras elites y de nuestros gobernantes, cada vez más acentuada, como si fuera también parte de la debacle argentina, resulta cada vez más notable e intolerable. Lo cual explica el fracaso de Argentina, en vías de convertirse en un estado fallido a partir de la última dictadura militar, pese a su pomposo nombre de Proceso de Reconstrucción Nacional.
Especialmente a partir de la Guerra de Malvinas de 1982, que vino precedida de un súbito y enorme endeudamiento externo, que no casualmente estalló a poco de terminada la guerra. Que se corporizó súbitamente a partir de 1980, a la par del estallido de un crac bancario masivo, que llevó a la liquidación de centenares de bancos y entidades financieras. Como si una guerra económica hubiese precedido a la guerra militar que estalló poco después.
La cual, no casualmente, comenzó a la par que la ONU consagró el 30 de abril de 1982 el novedoso Convenio de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (CONVEMAR 1982). Por el cual, desde un punto de tierra, por insignificante que sea en el océano, se extendió la soberanía del mismo a una Zona Económica Exclusiva (ZEE) con un radio de 370 kilómetros. Que puede extenderse hasta los 648 kilómetros circundantes, según el carácter de la plataforma submarina.
Convenio que tiene como suprema autoridad al Tribunal Internacional del Derecho del Mar (TIDM), conocido por Argentina porque fue el que terminó restituyéndonos la Fragata Libertad. Que en el 2012 había sido embargada en Ghana, por los fondos buitres acreedores de la deuda externa, 30 años después de que ella emergiera en forma previa a la Guerra de 1982.
Ante el cual ahora el gobierno del presidente Javier Milei recurrió, frente al intento de explotación unilateral de los recursos petrolíferos no renovables en el área de Sea Lion de Malvinas. A los efectos de conmover la diplomacia, y lograr con la mediación de EEUU, imponer la solución Hong Kong. Para que el Reino Unido y EEUU se puedan llevar con total seguridad jurídica los enormes recursos petrolíferos existentes en torno a las islas.
Ante el agotamiento del petróleo Brent del Mar del Norte, y el entresijo insoluble que representa en Medio Oriente, y la imposibilidad de controlar por parte de ellos el famoso estrecho de Ormuz. Teniendo esto semejanza con la aventura que lideró el Gral. Leopoldo Galtieri, con la recuperación militar incruenta de las islas Malvinas en 1982, a los efectos de obtener el reconocimiento de su soberanía, a cambio de la explotación del petróleo existente allí.
Al respecto, esta larga nota se justifica por las asombrosas dimensiones del conflicto en cuestión, de sus antecedentes históricos, y las soluciones que se pretenden aplicar. Dado que el conflicto de Malvinas de una superficie de 12 mil kilómetros cuadrados, pasó a ser asombrosamente de 2,5 millones de kilómetros cuadrados, aumentando más de 200 veces. Con cuatro enormes dimensiones: superficie física, recursos, militar, y geopolítica.
De la misma manera la colonialmente oprobiosa “solución Hong Kong”, que impuso el Reino Unido a China hace más de 200 años con las Guerras del Opio, asombrosamente derribó un imperio que había durado 2.000 años. Hundiéndolo seguidamente en el caos durante otros 40 años, hasta la aparición de la República Popular China que hoy asedia la hegemonía de EEUU.
La cual incluso se trató de imponer asombrosamente a Argentina, en forma previa a la Guerra de Malvinas de 1982, para tratar de evitarla por parte de la “alianza especial” angloestadounidense, que la estaba planificando.
Por su parte esta “alianza especial” angloestadounidense involucrada en ese conflicto, lo estuvo asombrosamente desde su mismo inicio en 1832/33. Tras haberse constituido ella con la famosa “doctrina Monroe”, que permitió a EEUU practicar asombrosamente un crudo colonialismo sobre las excolonias españolas existentes en Norteamérica y sus adyacencias. Mientras que el Reino Unido practicó durante un siglo un asombroso neocolonialismo en las excolonias españolas existentes en Sudamérica.
Para a continuación, en base a esa misma doctrina, pasar a ser asombrosamente EEUU el “policía hemisférico” en América, y luego del mundo. Apoyado dinámicamente en esa “alianza especial” angloestadounidense, que llevó asombrosamente al mundo a sus peores horrores con las dos Guerras Mundiales y la Guerra Fría.
Razón por la cual, el creer asombrosamente que se la puede superar en base a algunos servicios ocasionales prestados a EEUU, como hizo Galtieri; o mediante la obsecuencia absoluta, como lo hace el presidente Milei; es propio de palurdos que desconocen enteramente la asombrosa y fragorosa historia mundial. Como si un mozo del palacio pretendiera obtener los favores del Rey a costa de la Reina.
Por último, todas las negociaciones internacionales argentinas en las que estuvo involucrada esa “alianza especial” angloestadounidense, resultaron asombrosamente perjudiciales para Argentina. Al punto de llevarnos incluso a una demencial «guerra sucia» y guerra contra Chile, que le hubiese permitido a dicha alianza ganar el contencioso por Malvinas sin esfuerzo propio.
Finalmente, otro asombro es que el proyecto de ley de Defensa de la Soberanía Nacional, además de endurecer las sanciones contra la explotación unilateral de los recursos no renovables de Malvinas, resucita la Doctrina de Seguridad Nacional en su peor versión. A los efectos de poder plasmar la colonialmente oprobiosa “solución Hong Kong”, persiguiendo a los numerosos argentinos de diversa índole, que seguramente se opondrán a ella. Pero no es el último asombro, porque hay otro al final de esta nota.
Las cuatro asombrosas dimensiones del conflicto por Malvinas
Con la creación por parte de la ONU de la CONVEMAR 1982, a la par que se libraba esa inusitada guerra, el conflicto de Malvinas se transformó en algo muchísimo más trascendente que “dos calvos peleándose por un peine”, según la poco afortunada frase de Jorge Luis Borges. Al pasar a abarcar cualquier punto insignificante de tierra que asoma en el océano, una superficie mínima -que depende de las dimensiones reales de ella- de 108 mil hasta 330 mil kilómetros cuadrados.
Los que expresados en hectáreas serían entre 10,8 y 33 millones, frente a los 39,3 millones de hectáreas cultivables de Argentina. Pero en el caso del Territorio de las Islas Malvinas, que abarca Georgias y Sandwich del Sur, va muchísimo más allá. Ya que los 1,64 millones de kilómetros cuadrados de ZEE de ellas, equivalen al 59 % del territorio continental argentino en América; y al 40 % de los 3,76 millones de kilómetros cuadrados bicontinentales de territorio que reclama Argentina, si se incluye la superficie terrestre de la Antártida y las islas en disputa.
Esto es lo que está actualmente en juego en el conflicto por Malvinas, con sus notables riquezas pesqueras, hidrocarburíferas, y nódulos metálicos, etc. Muchísimo más importantes que las riquezas mineras que pueda guardar el suelo malvinense, y la actividad pastoril que despliegan tradicionalmente los 1.500 isleños que lo habitan, con una manada de 500 mil ovejas.
A lo que se debe agregar su proyección territorial sobre el continente antártico, también en disputa, con sus riquezas inexplotadas. Sobre la cual, incluyendo las islas Georgias y Sandwich del Sur, se basan las pretensiones británicas, superponiéndose completamente sobre las pretensiones de Argentina, y parcialmente sobre las de Chile.
A ello se suma —y lo explica por qué— la Base Aérea de Mount Pleasant (RAF Mount Pleasant) al servicio de la OTAN instalada allí. La que con sus 3.400 hectáreas es la más grande en operaciones del Reino Unido en todo el mundo. Que en realidad funciona como una base militar conjunta de alta complejidad, y aeropuerto internacional con dos enormes pistas de aterrizaje de gran longitud.
La que institucionalmente, es el Cuartel General Conjunto de las Fuerzas Británicas de las Islas del Atlántico Sur (BFSAI). Por ello alberga de forma permanente a una población de hasta 2.000 militares, que en cantidad superan a los 1.500 isleños que habitan las Malvinas. Y aloja en forma integrada a los componentes de las tres fuerzas armadas:
La Fuerza Aérea (RAF), que custodia el espacio aéreo permanentemente, con una escuadrilla de aviones caza supersónicos Eurofighter Typhoon, además de aeronaves de reabastecimiento y transporte. El Ejército de Tierra (British Army), con un despliegue de unidades de infantería, ingenieros, logística y sistemas de defensa antiaérea. Y la Armada (Royal Navy), que apoya los buques de patrulla en el Atlántico Sur. Además, está dotada de un Escudo Antiaéreo de última generación, y múltiples sistemas de vigilancia temprana.

Y a los efectos del confort de esa dotación en un clima hostil, está además dotada del famoso «Millennium Corridor» que a lo largo de 800 metros, como una columna vertebral, conecta todos los edificios esenciales del complejo. Que se despliega como una “ciudad bajo techo”, sin necesidad de salir al exterior, con barracones de alojamiento, comedores militares, áreas médicas, y escuela para quienes residen allí con su familia. Y masivas zonas recreativas, que se construyeron para mantener la moral de los soldados aislados en la base, que incluyen la única sala de cine existente en Malvinas, piscina climatizada, canchas de distintos deportes, salas de juegos, etc.
En concreto, la Base de Mount Pleasant es considerada como un «Fortaleza» Geopolítica estratégica, con capacidad de proyectar poder militar hacia todo el Atlántico Sur, la Antártida, y el paso de Drake, que conecta el océano Atlántico con el Pacífico. Por donde obligadamente deben pasar los grandes buques de guerra, como los portaaviones, y los mercantes Post Panamax, ante la imposibilidad física de hacerlo por el canal de Panamá. El que además en caso de una guerra, es sumamente vulnerable para quedar fuera de servicio. Siendo además Malvinas la única isla existente por debajo del trópico de Capricornio, que puede contar con esas vastas instalaciones en su superficie.
La cadena nacional de Milei por Malvinas, el discurso de un palurdo
Ante la enorme dimensión de ese conflicto, el discurso del presidente Javier Milei emitido en cadena nacional el 3 de septiembre pasado referido al conflicto de Malvinas, redactado presuntamente por Santiago Caputo, evidencia ser el de un palurdo en historia. Al repetir como supuestos “puntos fuertes” o poderosos del mismo, los mismos que llevaron al presidente Gral. Leopoldo Galtieri, al extravío de ocupar militarmente las islas.
MALVINAS: cómo EEUU embocó a Galtieri y emboscó a Argentina
Confiando plenamente en una “alianza estratégica” con EEUU, donde era adulado como un “general majestuoso” émulo de George Patton; por la colaboración prestada a EEUU en la “guerra sucia”, que por entonces libraban los “contras” en Nicaragua contra el gobierno sandinista, y contra la insurgencia en El Salvador.
“Alianza estratégica” que presuntamente superaría a la “alianza especial” que mantienen desde siempre EEUU y el Reino Unido. Mutatis mutandis, el discurso palurdo del presidente Milei reproduce lo mismo, y no precisamente entre líneas, al afirmar:
“Durante los últimos tres años nuestro gobierno ha impulsado nuestro reclamo de soberanía a partir de la nueva relevancia geopolítica de nuestro país. Hemos obtenido 18 resoluciones y declaraciones de organismos y foros internacionales en apoyo a nuestro reclamo y presentado más de 60 propuestas formales frente a acciones unilaterales del Reino Unido. Además, en el mundo corren vientos de cambio favorables a nuestro reclamo. Recientemente el presidente Trump declaró que los Estados Unidos están revaluando su posición histórica con relación a Malvinas.”
“Esta amenaza no es inocua. Los Estados Unidos evalúan ese cambio de posición porque saben que en la Argentina tiene un socio confiable, alineado con los valores occidentales, en una posición de relevancia estratégica, que puede ser un aliado valioso en las décadas por venir. Sin ello, nada de esto sería posible.”
“Esto solo ya es un hecho inédito, que da cuenta de que el rol y la relevancia en nuestro país en el mundo ha cambiado fuertemente. Argentina, en términos dinámicos, es un país con recursos naturales en una posición de importancia estratégica a nivel geográfico, que no está afectada por la inmigración descontrolada, la violencia que ella conlleva, y los problemas de seguridad nacional que hoy acechan a Europa.”
“Si evaluamos las condiciones estructurales de Reino Unido, en cambio, ellos se enfrentan múltiples crisis de carácter migratorio, demográfico y económico, que difícilmente tengan solución. Es claro que ellos recorren un camino de declive, sin embargo, el futuro de Argentina es floreciente y va a prevalecer. Durante estos tres años hemos entablado lazos estrechos con países afines, con los cuales tenemos una convergencia de intereses. Ahora confiamos en que esos mismos aliados estarán de nuestro lado en el reclamo legítimo y pacífico que hoy impulsamos.”
Confiado plenamente Milei en esa nueva perspectiva neogalteriana, para resolver ese enorme conflicto y capitalizarlo políticamente a su favor, gracias a su amistad pasajera con Trump; resulta notable también su intención de arrastrar a esa postura a la oposición, para que no ponga palos en la rueda, diciendo:
“Les pedimos a quienes son amigos de la Argentina que no miren para otro lado cuando se vulnera nuestra soberanía y se llevan nuestros recursos. Y a todos los argentinos, y en especial a la política, quiero transmitirle lo siguiente: Podemos discutir sobre cualquier otra cosa, podemos discutir mis formas, podemos estar en desacuerdo sobre la política fiscal o cambiaria, pero este tema demanda una pausa, demanda que hagamos nuestras armas a un lado y mostremos un frente unido ante el mundo, como nación, y como sociedad. Porque hay causas que están por encima de cualquier diferencia política. Malvinas es una de ellas.”
Y así, con esa misma intención, olvidando incluso su clásico remate discursivo escatológico “¡Viva la libertad, carajo!”, terminó amablemente diciendo, como una amable versión del flautista de Hamelin, para llevarse a los niños tras de sí, con un nuevo engaño a lo Galtieri:
“Por eso quiero invitar a toda la dirigencia política, económica y social de la Argentina, a sumarse con una misma voz a este reclamo. Porque este reclamo es justo. Porque las islas son nuestras y nos las arrebataron y porque son indispensables para la proyección de la Argentina en las próximas décadas. Como nación tenemos por delante dos caminos. O nos convertimos en una gran nación capaz de defender de verdad nuestra soberanía, o persistimos en un sendero de deterioro que nos conducirá inevitablemente al sometimiento. Los invito a elegir el primer camino. Hagamos a la Argentina grande nuevamente. Que Dios bendiga a los argentinos. Que las fuerzas del cielo nos acompañen. Viva la patria. Muchísimas gracias a todos”.
Sin embargo, para muchos el sorprendente discurso del presidente Milei, sonó a cortina de humo, o manipulación electoralista, considerando sus antecedentes en contrario, que se sintetizan seguidamente:
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- El desinterés previo del presidente respecto del conflicto de Malvinas, al punto que en su primer discurso celebrando su aniversario, llegó a insinuar la aceptación de la autodeterminación de los isleños.
- El súbito soberanismo territorialista por parte de quien había derogado la Ley de Tierras con el Mega DNU 70, e insistido con ello con la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada. Permitiendo que hasta un Estado extranjero pudiera comprar un municipio o provincia, o las Malvinas, como dio cuenta el canciller Pablo Quirno.
- El ataque que representaba contra la empresa israelí Navitas, pionera en intentar llevar adelante la extracción del petróleo de Malvinas. No obstante la fascinación que manifiesta el presidente Milei por dicho país y su líder Benjamín Netanyahu. Quien a su vez, tras el novedoso enfoque de Milei, se pronunció a favor de la soberanía argentina sobre Malvinas.
El discurso de Milei sobre Malvinas es puro humo y no un manto de neblinas
Un análisis de César Augusto Lerena sobre el discurso de Javier Milei acerca de Malvinas, las políticas del Gobierno en el Atlántico Sur y las controversias en torno a la soberanía argentina, la explotación de recursos pesqueros y petroleros y la participación empresarial en las islas.
Las políticas del presidente Milei consolidan al Reino Unido en Malvinas y las aguas argentinas
Lo que Milei trae bajo el poncho: la “solución Hong Kong”
Pero en realidad eso no sería humo o manipulación, sino más bien el “cuento del tío”. O sea, una gravísima defección. La famosa revista inglesa The Economist, se encargó de brindar un doble dato al respecto, que como “principio de revelación” de los que suele alegar el presidente Milei, lo confirma plenamente.
Uno de esos datos es que antes de confiarle a los argentinos su innovadora postura respecto de Malvinas, primero se la confió al adversario inglés. El otro, es que el arreglo del conflicto que procura plasmar es la colonialmente oprobiosa “solución Hong Kong”. Consistente en un formal reconocimiento de soberanía a favor de Argentina, con un retroarriendo de las islas por muchos años a favor del Reino Unido. Suficientes para que lleven todo lo valioso que hay en ellas y su mar circundante.
Al día siguiente del discurso de Milei, el 4 de septiembre, como si estuviera a su espera, The Economist publicó la nota: “El arrebato de Javier Milei sobre las Malvinas es una señal de debilidad – En una entrevista con The Economist, el presidente de Argentina aviva las tensiones con Gran Bretaña.” Que llevaba como portada la imagen del presidente con su icónica motosierra tuneada, y a continuación decía:
“JAVIER MILEI se muestra inflexible. Durante una larga entrevista esta semana en la Casa Rosada, el imponente palacio presidencial de paredes rosadas en Buenos Aires, el presidente argentino declaró a The Economist que las Islas Malvinas son inequívocamente parte de su país. «Las Malvinas son argentinas», afirmó, utilizando el término argentino para referirse a las islas, mientras posaba junto a una enorme motosierra. «Defenderemos nuestros derechos de soberanía sobre las Malvinas, Georgia del Sur, las Islas Sandwich del Sur y toda la zona marítima circundante».
“Posteriormente, el 3 de septiembre, el Sr. Milei, acompañado por su gabinete, declaró públicamente que los vientos de cambio favorecerían la reivindicación argentina sobre las islas. Esto hacía referencia a los comentarios realizados ese mismo día por Donald Trump, en los que parecía indicar que no apoyaría a Gran Bretaña en una disputa por las islas. El Sr. Milei también insinuó que Argentina impondría sanciones a cualquier empresa que intentara explotar los recursos petroleros de las Malvinas.”

“El señor Milei solía hablar de las Malvinas con tanta mesura que muchos en la derecha argentina criticaban su postura. Ya no. Durante una entrevista a veces airada, el presidente —conocido por sus gestos para llamar la atención, como sacar una motosierra al escenario en mítines para simbolizar su intención de reducir el tamaño del Estado— repitió en varias ocasiones que «este territorio es nuestro».”
“Pero también enfatizó que buscaba dialogar con Gran Bretaña sobre las islas. Los argentinos no han «decidido empezar a gritar como salvajes», afirmó. Tampoco hubo ninguna insinuación por parte del presidente libertario de que el país se planteara repetir la desastrosa decisión del entonces gobierno militar de invadir las islas del Atlántico Sur en 1982, que provocó la muerte de 907 soldados y marineros en los combates posteriores. «Pueden definir esos territorios como pertenecientes a Argentina», dijo, «pero nosotros no creemos en la guerra».
Y seguidamente The Economist reveló las verdaderas intenciones de nuestro presidente Milei, tal como lo reprodujeron livianamente algunos medios argentinos, que parecerían estar en la jugada, mostrando solo una punta de ella:
“Desea alcanzar una “solución consensuada” con Gran Bretaña sobre el futuro estatus de las islas. Hizo referencia al acuerdo de Gran Bretaña con China para ceder el control de Hong Kong, antiguo territorio británico de ultramar, en 1997. “A largo plazo podemos recuperar nuestras islas. El Reino Unido lo hizo con Hong Kong, así que ¿por qué no encontrar un acuerdo para que, tarde o temprano, las islas regresen a Argentina? Son nuestras”.
A continuación, con reminiscencias de la empatía que EEUU manifestó a favor del Gral. Galtieri antes de la guerra de 1982, el entrevistador apuntó:
“La intervención del Sr. Trump sin duda alentó al Sr. Milei. Cuando se le preguntó si ayudaría a Gran Bretaña en una disputa territorial con Argentina por las islas, el Sr. Trump se mostró reticente. Dijo que revisa constantemente la posición estadounidense, al tiempo que observó que Gran Bretaña «no había estado allí para ayudarlo» en la guerra contra Irán.”
“Al ser presionado sobre el enfoque geopolítico general del Sr. Trump hacia el hemisferio occidental, el Sr. Milei solo ofreció un apoyo efusivo: «Lo que puedo decir es que la estrategia en cuanto a la forma en que percibe el equilibrio geopolítico, creo que es simplemente brillante». Elogió al Sr. Trump, junto con Benjamin Netanyahu de Israel, por sus esfuerzos en las guerras culturales en una «lucha por Occidente». Sugirió que Europa debería ser «más respetuosa con los dos, Trump y Netanyahu».
Malvinas: cómo EEUU embocó a Galtieri y emboscó a Argentina
Una investigación sobre el papel de Estados Unidos antes y durante la guerra de Malvinas de 1982, las decisiones de la dictadura argentina y las maniobras diplomáticas y estratégicas que condicionaron el conflicto con el Reino Unido.
El caso es que el Gral. Leopoldo Galtieri -que más allá de la opinión que se pueda tener de él, seguramente con su formación académica militar habrá estudiado algo de historia mundial- en un discurso en el Día del Ejército como comandante en jefe de este, meses antes de asumir como presidente a fines de 1981, se pronunció en contra de la oprobiosa “solución Hong Kong” a la que Milei pretende arrastrar a Argentina. Tildándola de colonial, tal como se verá al final de esta nota.
La colonialmente oprobiosa “solución Hong Kong”
La “solución Hong Kong” fue un tratado oprobioso, fruto del más crudo colonialismo del siglo XIX, que el Reino Unido impuso a la China Imperial de la dinastía Qing, mediante las “Guerras del Opio”. Que dieron comienzo a lo que en esa potencia de hoy se conoce como “El siglo de la humillación”. Motivadas por la voluntad británica de colocar en el mercado chino el opio que obtenía en la India. Lo cual generó una crisis de adicción masiva y fuga de divisas del país, y por ello el emperador chino ordenó confiscar y destruir miles de toneladas de opio de traficantes británicos.
Así se desencadenó la Primera Guerra del Opio (1839 – 1842), donde la superioridad tecnológica y naval británica fue aplastante, dejando un saldo estimado de 20 mil bajas chinas frente a menos de 100 muertos en combate británicos. Como consecuencia de ello se firmó el Tratado de Nankín, mediante el cual China debió abrir cinco puertos al comercio internacional y ceder a perpetuidad la isla de Hong Kong de 80 kilómetros cuadrados a la corona británica.
La Segunda Guerra del Opio (1856 – 1860) se originó ante la exigencia del Reino Unido de que China legalizara el opio, y permitiera su importación sin aranceles. En esta ocasión, Francia se unió al Reino Unido en la coalición militar. De la misma manera que lo había hecho poco antes en 1845, en lo que conocemos como La Vuelta de Obligado, y festejamos el 20 de noviembre como Día de la Soberanía Nacional.
En ella las fuerzas anglo-francesas capturaron Pekín y llevaron a cabo el saqueo e incendio del Palacio de Verano. Rusia, aliada con ellos, también aprovechó el conflicto para presionar diplomáticamente y anexarse territorios en el norte de China. Como consecuencia de la victoria anglo-francesa, se firmaron los oprobiosos Tratados de Tianjin y la Convención de Pekín.
Que obligaron a China a la legalización del opio; apertura de 11 nuevos puertos al comercio occidental, entre ellos el de Tianjin; el pago de una enorme indemnización millonaria; la cesión a perpetuidad del sur de la península de Kowloon y de la isla Stonecutters a los británicos, vecina a Hong Kong, con unos 12 kilómetros cuadrados en total; la libertad de movimientos para misioneros cristianos; y la entrega de más de 1,5 millones de kilómetros cuadrados de territorio a Rusia.

De esa manera, con la firma de la Convención de Pekín en 1860, el territorio británico de Hong Kong dejó de ser solo una isla aislada, y ganó su primer control firme sobre la costa continental de China (Kowloon), lo que facilitó enormemente la defensa militar de la isla y el crecimiento comercial del puerto. Pero allí no acabó la expansión colonial británica, porque a continuación en 1898 con la Segunda Convención de Pekín vino la cesión de los Nuevos Territorios.
Que fue la que realmente dio origen a la “solución Hong Kong”, porque a diferencia de las dos expansiones coloniales anteriores, este territorio continental de 975 kilómetros cuadrados, que representaba el 86 % de la colonia Hong Kong, no se cedió a perpetuidad, sino bajo la figura legal de un arrendamiento gratuito por 99 años.
Las razones de la anexión británica fueron en función de la defensa militar, porque con el avance de la tecnología de artillería a finales de ese siglo, el Reino Unido necesitaba una «zona de amortiguamiento» para defender su puerto comercial. Sumado al crecimiento demográfico de la colonia, cuya población aumentaba rápidamente y requería tierra firme para la agricultura, el suministro de agua dulce, y la expansión urbana.
A la larga esto trajo como consecuencia que, al acercarse la fecha de vencimiento, el Reino Unido concluyó que la isla de Hong Kong y Kowloon, que técnicamente eran británicas «para siempre»; no eran económicamente viables ni defendibles por separado sin los Nuevos Territorios, donde estaban la infraestructura de agua, energía y espacio. Esto forzó las negociaciones con la República Popular China, que culminaron con la Declaración Conjunta Sino-Británica y el posterior traspaso de soberanía de todo el territorio el 1 de julio de 1997.
Bajo el principio de «Un país, dos sistemas» estableciendo con la “Ley Fundamental de Hong Kong”, un estatus que teóricamente durará al menos 50 años hasta el 2047. Con el cual el Reino Unido logró extender al menos hasta esa fecha su influencia e intereses allí. Como «Un País» está bajo la soberanía de China, quien gestiona la diplomacia y la defensa exterior.
Y como «Dos Sistemas» se mantiene un capitalismo de libre mercado, independiente del «socialismo con características chinas»; el derecho consuetudinario británico (Common Law), con un poder judicial independiente; con una moneda propia, el dólar de Hong Kong que emite y administra de forma autónoma; y control de fronteras, con sus propios pasaportes, aduanas y políticas de inmigración, por ello los ciudadanos chinos continentales requieren permisos para entrar.
Todo lo cual ha producido tensiones recientes, y el dictado de leyes y reglamentos por parte de la República Popular China, que priorizan la cultura y seguridad nacional de «Un País» por encima de algunas de las libertades civiles contempladas en los «Dos Sistemas». Y algo similar sucede con lo que fue la colonia portuguesa de Macao, que fue devuelta a la República Popular China en 1999, con la vigencia del mismo principio “Un país, dos sistemas” por 50 años más, hasta el 2049.
Esto sucedió porque este tipo de acuerdos coloniales, fue producto del llamado «reparto de concesiones» en la China de finales del siglo XIX. Periodo en el cual, las potencias europeas impusieron contratos de arrendamiento a largo plazo, generalmente por 99 años, como mecanismo legal para arrebatarle tierras a la debilitada dinastía Qing. Lo que permitía a los imperios occidentales gobernar de forma colonial absoluta; sin obligar a China a firmar otras «cesiones perpetuas», lo que habría provocado un colapso político interno en el imperio chino.
Además de Hong Kong y Macao, con esa misma fórmula jurídica colonial contra China, el Imperio Alemán obtuvo la Bahía de Kiautschou (Tsingtao), por 99 años; el Imperio Francés se quedó con Kouang-Tchéou-Wan (Zhanjiang), también por 99 años; el Imperio Ruso, Port Arthur (Lushunkou), por 25 años; y el Reino Unido, Weihaiwei, «Mientras Port Arthur permanezca bajo control ruso».
Pero ya sea por las guerras o los intercambios que de ellas derivaban entre esas potencias, esos plazos no se cumplieron en ninguno de esos casos. Por eso ninguno fue tan perdurable y de las dimensiones como el de la colonialmente oprobiosa “solución Hong Kong”, que abarcó una superficie isleña y continental china de 1.067 kilómetros cuadrados.
Contra los 2,53 millones de kilómetros cuadrados de soberanía en disputa que implica el conflicto por las Malvinas. Representando por ende la superficie sobre la que se aplicó “la solución Hong Kong” un 99,96 % menor que la implicada en Malvinas, por lo que de por sí resulta ridículo pretender replicarla. Tan ridículo como querer imponer la autodeterminación de menos de 1.500 isleños como solución de esa disputa, que no superan la cantidad de socios que tiene un club de barrio de los tantos que hay en Argentina.
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La asombrosa saga de la “solución Hong Kong”
De esa manera a finales del siglo XIX, China sufrió un desmembramiento geopolítico masivo a manos de las potencias imperialistas; en un proceso histórico que en la historia se conoce como «El reparto de China» o «The Carving of the Chinese Melon» (El rebanado del melón chino), y que ese país, como se dijo, recuerda como el «Siglo de la Humillación».
Dado que además de esos tratados coloniales descriptos, mediante las «Esferas de Influencia», el territorio chino que no fue arrendado directamente, fue dividido en áreas donde una potencia extranjera tenía el monopolio exclusivo para construir ferrocarriles, explotar minas y manejar el comercio.
El Imperio Británico, dominaba el rico y estratégico valle del río Yangtsé, además de Hong Kong y Weihaiwei. El Imperio Ruso, controlaba la región de Manchuria (en el noreste) y obtuvo el arrendamiento de Port Arthur. El Imperio Alemán, se asentó en la península de Shandong tras forzar el arriendo de la bahía de Kiautschou (Tsingtao). El Imperio Francés, estableció su esfera de influencia en el sur (provincias fronterizas con su colonia de Indochina) y arrendó Kouang-Tchéou-Wan. Y el Imperio del Japón, tras derrotar a China en la guerra de 1894-1895, se anexó la isla de Taiwán a perpetuidad, y adquirió influencia sobre Fujian y la península de Liaodong.
A lo que se sumó, como si fuera poco, el “Principio de Extraterritorialidad”, mediante no la tierra, sino las leyes. En las grandes ciudades portuarias como Shanghái, se crearon los llamados «Asentamientos Internacionales». Dentro de estas zonas, los ciudadanos extranjeros estaban totalmente exentos de cumplir las leyes chinas; si cometían un delito, solo podían ser juzgados por los tribunales de su propio país de origen; anulando por completo la soberanía judicial de China en su propio suelo. Algo parecido a lo que actualmente ha llevado a cabo el presidente Milei con el RIGI y el Súper RIGI (Régimen de Incentivo para las Grandes Inversiones).
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Un análisis crítico del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), sus beneficios fiscales y cambiarios, las garantías para grandes capitales y sus posibles consecuencias para la economía, los recursos naturales y la soberanía argentina.
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Este nivel de expoliación colonial, que llegó a su culminación con esos tratados con la “solución Hong Kong” firmados en 1898, provocó la violenta respuesta social en China, conocida como la Rebelión de los Bóxers (1899-1901). Consistente en el estallido desesperado de la población china contra el «rebanado del melón chino», y las humillaciones territoriales que venían sufriendo por parte de las potencias extranjeras.
El movimiento comenzó en las zonas rurales del norte de China como una revuelta campesina anticristiana y anticolonialista bajo el lema “Destruir a los extranjeros”. A la que finalmente se plegó la emperatriz viuda Cixi, quien declaró la guerra a las potencias coloniales, y con su ejército sitió el Barrio de las Legaciones en Pekín. Donde residían diplomáticos, familias, y soldados extranjeros de diversas naciones; que quedaron atrapados y resistieron un asedio durante 55 días.
Para rescatar a sus diplomáticos y aplastar la rebelión, las potencias colonialistas dejaron a un lado sus propias rivalidades y formaron una coalición militar inédita. Integrada por el Reino Unido, Francia, Rusia, Alemania, Japón, EEUU, Italia, y el Imperio Austrohúngaro. Que marchó sobre Pekín; saqueó la capital de punta a punta, y obligó a la corte imperial a huir disfrazada de campesinos.
E impuso un nuevo «tratado desigual», el “Protocolo Bóxer” de 1901, que asestó un golpe casi mortal a la soberanía del país. Con una presencia militar extranjera permanente en Pekín; la prohibición de la compra de armas; y una indemnización de guerra astronómica, con el pago de 450 millones de taeles de plata, uno por cada habitante chino. Equivalente a 17 millones de kilos de ese metal, que actualmente representarían USD 48 mil millones, pagaderos a las potencias extranjeras en un plazo de 39 años, con un interés del 4 % anual.
Como garantía para el pago de esa fortuna, las aduanas quedaron administradas por funcionarios extranjeros, cuya recaudación iba completamente al pago de esa deuda. Y lo mismo el monopolio estatal del impuesto a la sal. Y también China tuvo que recurrir a préstamos extranjeros con altos intereses para el pago de esa deuda, que se convirtió así en una bola de nieve. Todo lo cual sobrecargó a la población con nuevos impuestos, ante la pérdida de los señalados, sobre el comercio interior y sobre los campesinos más pobres, lo que disparó la miseria y el descontento popular.
Este colapso económico y moral destruyó por completo el poco prestigio que le quedaba a la dinastía Qing, acelerando su caída definitiva pocos años después, en 1911, acabando con dos milenios de dominio imperial en China. A partir de allí, China se sumergió en un proceso de transformación caótico, que duró casi cuatro décadas. Que llegó a su fin con el triunfo militar del Partido Comunista sobre el partido nacionalista Kuomintang, apoyado por las potencias colonialistas; y la proclamación por parte de Mao Zedong el 1 de octubre de 1949 en Pekín, de la República Popular China.
Cómo la República Popular China sorteó las trampas de EEUU, Kissinger, Soros y otros
Un recorrido por la estrategia política y económica de la República Popular China y su relación con Estados Unidos, Henry Kissinger y George Soros, con foco en las disputas geopolíticas y los intereses que marcaron su desarrollo.
La “Doctrina Monroe” ideada por Canning que signó la alianza angloestadounidense
En Argentina existe respecto a la interpretación de los verdaderos alcances de la “Doctrina Monroe” una gran orfandad. Pero en países que han sufrido duramente el yugo de EEUU, como es el caso de México “tan alejado de Dios y tan cerca de EEUU”, tempranamente se encargaron de elucidar la tremenda malicia que encerraba esa famosa doctrina.
La que en esencia prohibió la vuelta del colonialismo europeo en América. Pero a su vez permitió el ejercicio del más crudo colonialismo por parte de EEUU en detrimento de sus vecinos en Norteamérica, excepto Canadá. Y posibilitó la aplicación del novedoso neocolonialismo inglés en Sudamérica, que la “pérfida Albión” liderada por George Canning, había ingeniosamente ideado tras la conmoción que suscitó en Londres el fracaso de las Invasiones Inglesas en Buenos Aires, para instaurar un régimen colonial al viejo estilo. Bajo el concepto de que no había suficiente sangre inglesa para insistir con esta metodología
El abogado, diplomático, escritor, e historiador mexicano Carlos Hilario Pereyra Gómez (1871 – 1942) es quien con su libro El mito de Monroe (1763-1860), ha escrito la visión más esclarecedora al respecto. Fundando rigurosamente la génesis de esa supuesta doctrina americanista -acorde con su adhesión a la historiografía positivista, que hace un culto de la objetividad y el documento- en la carta que el 23 de agosto de 1823, el canciller inglés George Canning dirigió al embajador plenipotenciario de los EEUU en Londres, Richard Rush, donde insinuaba:
¿No habrá llegado aún el momento en que nuestros gobiernos concluyan un acuerdo sobre las colonias hispanoamericanas? Y si podemos ultimar ese arreglo, ¿no sería conveniente para nosotros y benéfico para el mundo entero que los principios en que se basara nuestro pacto quedasen claramente definidos y que los confesásemos sin embozo?
Seguidamente exponía esos principios, luego repetidos por el presidente James Monroe el 2 de diciembre de 1823, en su mensaje anual al Congreso sobre el estado de la Unión. Que, dado que por entonces EEUU carecía de estatura para enfrentar a las potencias europeas, y no habían pasado ni diez años de que Inglaterra tomara militarmente Washington, en esencia y con grandilocuencia:
Advertía a las potencias europeas que el continente americano ya no debía considerarse como territorio de futura colonización o intervención. Que cualquier intento de Europa por intervenir, dominar o imponer monarquías en países del hemisferio occidental, sería visto como un acto hostil contra los propios EEUU. Y a cambio, EEUU prometía no interferir en los asuntos internos ni en las guerras de los países europeos.
Desplegando así en la práctica un paraguas para que EEUU, país no europeo, ejerciera el colonialismo a discreción en Norteamérica, engullendo a sus vecinos hasta pasar a ser un país bioceánico. Y para que Inglaterra extendiera su “informal Empire” (Imperio informal) o neocolonialismo en Sudamérica. Basado en el comercio, las finanzas, el sometimiento mediante el endeudamiento externo, y la cooptación de las élites de las excolonias de España.
No fue nada casual que dicha doctrina fuera enunciada por Monroe en ese año 1823, antes de que el Reino Unido comenzara a reconocer a las nuevas repúblicas sudamericanas que se habían librado del yugo colonial de España. Lo hizo tras un intenso intercambio de consultas entre el embajador Rush, el secretario de Estado John Quincy Adams, y los expresidentes estadounidenses James Madison y Thomas Jefferson.
Al respecto resulta altamente ilustrativo lo que expresó el expresidente Jefferson, en su carta de respuesta a Monroe el 22 de octubre de 1823. En la cual, además de manifestar tempranamente sus anhelos de anexar Cuba y la Florida, enfatizaba el espíritu que solidificaba esa alianza con la “madre patria”. Entendiendo que “la cuestión presentada por las cartas que me ha enviado Ud. es la más importante que se ha ofrecido a mi contemplación desde la de Independencia”.
“Ésa nos hizo una nación, ésta fija nuestro compás y señala el curso que hemos de navegar a través del océano de tiempo que se abre ante nosotros. Y nunca pudimos embarcarnos bajo circunstancias más favorables. Una nación, más que ninguna, podría perturbarnos en esa empresa; ella ofrece ahora liderar, ayudar y acompañarnos en la misma. Accediendo a su proposición, la libramos de sus ligaduras, añadimos su poderoso peso a la balanza del gobierno libre, y de un golpe emancipamos un continente, lo que podría de otra forma prolongarse mucho en dudas y dificultades. La Gran Bretaña es la nación que puede hacernos más daño que ninguna otra, o que todas en la tierra; y con ella de nuestro lado no necesitamos temer al mundo entero.”
“Con ella pues, debemos cultivar sinceramente una amistad cordial; y nada conduciría más a atar nuestros afectos que luchar de nuevo, lado a lado, por la misma causa. No es que yo comprara hasta su amistad por el precio de participar en sus guerras. Pero la guerra en la que la proposición actual nos puede comprometer, si es ésa su consecuencia, no es su guerra sino la nuestra.”
“Su objeto es introducir y establecer el sistema americano, mantener fuera de nuestras tierras a todas las potencias extranjeras, nunca permitir a las de Europa interferir en los asuntos de nuestras naciones… la cuestión ahora propuesta es de consecuencias tan duraderas y efectos tan decisivos sobre nuestros futuros destinos como para reavivar todo el interés que he sentido hasta ahora en tales ocasiones, e inducirme a aventurar opiniones, que probarán solamente mi deseo de contribuir con mi óbolo a cualquier cosa que pueda ser útil a nuestro país.”
De esa manera la famosa doctrina Monroe sintetizada como “América para los americanos”, fue en realidad la piedra fundacional de la “alianza especial” angloestadounidense, que casi imperturbablemente, se ha mantenido a lo largo de más de doscientos años. Siendo solo una mínima muestra de ello actualmente, el reciente retiro de Irak de las tropas estadounidenses y británicas que operaban en conjunto allí, desde el 2003. Igual que lo hicieron en el 2021 en Afganistán. A la cual palurdamente se pretende oponer una supuesta estrecha amistad entre los presidentes Trump y Milei, nada diferente de la cultivada en tiempos de Galtieri.
La asombrosa saga de la “Doctrina Monroe”
Carlos Pereyra señala que la primera operación en tándem angloestadounidense en América, fue la ocupación de las islas Malvinas por parte del Reino Unido. Que por entonces y desde mucho tiempo atrás, era un centro muy concurrido por navíos de diversas nacionalidades que practicaban la caza de cetáceos, a los fines de obtener el preciado aceite lampante empleado para la iluminación, antes de que apareciera el querosén y la electricidad.
Malvinas 1: la guerra de 1832 planificada por el Reino Unido y ejecutada por EEUU
Una reconstrucción histórica de los acontecimientos de 1832 en las islas Malvinas, las acciones del Reino Unido y Estados Unidos, y los antecedentes de la ocupación británica del archipiélago.
Al respecto, el “intrigante” alemán Luis Vernet, comandante Político y Militar de las Islas Malvinas, nombrado por el gobierno de Buenos Aires, delegó en su lugarteniente y socio, el capitán escocés Matthew Brisbane que había servido para el Reino Unido, la represión de esa caza por parte de quienes la hacían sin el permiso correspondiente.
Brisbane por su parte capturó tres navíos con bandera de EEUU. Lo que suscitó la reacción de este país, con el envío de la corbeta USS Lexington, al mando del capitán Silas Duncan. Quien a fines de 1831 y principios de 1832, destruyó la colonia argentina existente allí, y llevó a la mayoría de sus integrantes a Montevideo.
Así, cuando Argentina intentaba reconstruir la colonia allí, arribó a Puerto Soledad a principios de enero de 1833, la corbeta inglesa HMS Clio al mando del capitán John Onslow, apoyada por la HMS Tyne. Quien exigió el retiro en 24 hs de las autoridades y de la guarnición argentina, a lo que finalmente accedió pacíficamente el coronel José María Pinedo, al mando de la goleta argentina Sarandí, tras algunos rezongos, diciendo que no podía guerrear contra un país con el que Argentina comerciaba. Onslow por su parte dejó como encargado de las islas al bribón Brisbane, quien poco después fue ultimado por el motín que encabezó el gaucho Rivero.
El súbito interés por esas remotas islas por parte de Inglaterra, a las que visitó Charles Darwin con la HMS Beagle pocos meses después de ese despojo, era porque había emprendido la difícil sustitución de la navegación a vela, que la había llevado a ser la “reina de los mares”, por la navegación a vapor. Y necesitaba por ende instalar allí una base de carboneo para la Royal Navy, y para el suministro del combustible en la ruta hacia sus colonias de Australia y Nueva Zelandia, además de vigilar el estratégico paso de Drake.
Esa operación en tándem angloestadounidense, dejó como saldo prácticamente la ruptura de relaciones entre Argentina y EEUU. Que permaneció en manos de encargados de negocios, y recién fue elevada al rango de embajada por parte de ambos países, en 1914/15, tras el comienzo de la 1ra Guerra Mundial.
Malvinas 2: el ataque de la USS Lexington de EEUU que abrió paso a la ocupación británica
Javier Llorens reconstruye el ataque de la corbeta estadounidense USS Lexington a Puerto Luis en enero de 1832, el desmantelamiento de la colonia argentina y los acontecimientos diplomáticos y militares que precedieron a la ocupación británica de las islas Malvinas en 1833.
Por su parte el gobierno de “Los estancieros”, liderado por Juan Manuel de Rosas, que no casualmente acabó sus días en Southampton, en vez de enfrentar esa inusitada agresión externa, organizó la campaña de Bahía Blanca contra el indio, para acceder a más tierras a costa de ellos. Y a la par propuso a Inglaterra pagar la deuda de Baring con las islas ocupadas; lo que le permitió también derogar la “ley de Enfiteusis” de Bernardino Rivadavia. Haciéndose así “los estancieros” con más tierras, siendo este el origen de la maldición de los latifundios en la economía argentina.
La maldición argentina (1): la tenencia de la tierra y los latifundios
La maldición argentina (2): los latifundios y sus artífices, la deuda y las 3R
De esa manera el Reino Unido, a fuerza de deudas externas, libre comercio, y cooptación de sus elites, fue implantando el neocolonialismo en las excolonias españolas de Sudamérica, divididas en países según su especialización. Tocándole a Argentina con su pampa interminable, con la Oligarquía y la Generación del 80 de por medio, y en base “al oro inglés y el músculo italiano”, desempeñarse como la Granja de Inglaterra, para mantener bajos sus salarios como pionera de la 1ra Revolución Industrial.
Por su parte EEUU, que en 1803 había comprado Luisiana a Francia, y en 1818/21 había despojado a España de Florida; en 1836 logró la independencia de Texas, a la que anexionó en 1845. Y luego ejerciendo el más crudo colonialismo, justificado siempre como actos de defensa, entre 1846/54, Guerra con México de por medio y luego la Compra de la Mesilla, anexionó a California, Nuevo México, Arizona, Nevada y Utah. Quedándose así con la mitad de México y pasando a ser un país bioceánico.

Esa expansión colonial territorial tuvo un momentáneo paréntesis con la cruenta Guerra de Secesión (1861-1865). Instada subrepticiamente por Inglaterra, tratando de parar un socio que con su protección industrial que impedía el ingreso de manufacturas extranjeras, venía adquiriendo mucho músculo. Terminada ella, la siguió en 1867 con la compra de Alaska a Rusia, y en 1893 se quedó con Hawái, a cuya monarquía derrocó. Y en 1898 la siguió con las excolonias españolas, Puerto Rico, Guam, Filipinas, y Cuba mediante la guerra hispano – estadounidense.

Ya empoderado y en pleno ascenso, después de haberse expandido EEUU enormemente en Norteamérica y sus adyacencias; en 1904 en su mensaje anual al Congreso, el presidente Theodore Roosevelt, anunció una modificación sustancial a la Doctrina Monroe, conocida como Corolario Roosevelt.
Que así dejó de ser un no a la intervención europea, para pasar a ser una política de intervención armada de EEUU en América Latina. A la que actualmente el presidente Donald Trump ha reflotado con crudeza, ante el ocaso de EEUU, y su enfrentamiento existencial con la República Popular China, que lo tiene a mal traer.
Siempre en consonancia con Inglaterra y Europa, ese corolario surgió como consecuencia del bloqueo naval a Venezuela (1902/03) por parte de Gran Bretaña, Alemania, e Italia. Para con la toma de sus aduanas, como habían hecho en China, obligarla al pago de deudas externas y reclamaciones por daños a ciudadanos europeos. Lo que ponía en tela de juicio la “doctrina Monroe” de no intervención europea.
Ante ello Roosevelt estableció que EEUU asumiría el rol de «policía hemisférico». Si un país de América Latina tenía problemas económicos o inestabilidad política, EEUU intervendría para «poner orden», tomar el control de sus aduanas, y asegurar los pagos. Impidiendo así que los europeos tuvieran una excusa para cruzar el Atlántico. Ante lo cual Argentina opuso la “Doctrina Drago” que rechazaba el uso de la fuerza militar por parte de potencias europeas para cobrar deudas de los países americanos.
Este rudo enfoque colonialista, se conoció popularmente como la política del «Gran Garrote» (Big Stick), resumida en la famosa frase de Roosevelt: «Habla suavemente y lleva un gran garrote; llegarás lejos». Bajo este corolario, EEUU que en 1903 se había quedado con parte de Panamá para construir el canal del mismo nombre; la siguió con Nicaragua en 1912/33, Haití en 1915/34, y República Dominicana en 1916/24.
El impacto de estas políticas crudamente intervencionistas militarmente, generó un profundo recelo y hostilidad en la región, debido a las constantes intromisiones de Washington en asuntos internos de los países latinoamericanos. Frente a ello, un primo lejano de Theodore Roosevelt, casado con Eleanor Roosevelt, sobrina de Theodore, se encargó de dejarla momentáneamente de lado. Al anunciar en 1933 la política del Buen Vecino, con la promesa de respetar los derechos de los demás y la no intervención en los asuntos internos o externos de las naciones latinoamericanas.
No obstante, este enfoque de distensión terminó en la práctica tras la Segunda Guerra Mundial, con el inicio de la Guerra Fría; periodo en el que EEUU retomó la política de contención, ayuda militar, y apoyo a golpes de Estado en la región. Que ahora se ha exacerbado con la presidencia de Trump, ante el peligro existencial que representa la República Popular China para la hegemonía de EEUU.
La asombrosa saga de la “alianza especial” angloestadounidense
Malvinas no fue la única operación en tándem angloestadounidense contra Argentina. Para evitar que Argentina interviniera en la Guerra del Pacífico de 1879/83, por la cual Chile con la marinería británica se hizo de los yacimientos de nitrato de Chile de Bolivia y Perú, que eran la base de la dinamita y los fertilizantes de entonces, que de esa manera monopolizó el Reino Unido; EEUU impulsó el tratado de límites con Chile firmado en 1881.
Lo hizo con la intervención de sus encargados de negocios casi homónimos, destinados a ambos lados de la cordillera, Thomas O. Osborn en Argentina, y Thomas A. Osborn en Chile. Quienes plasmaron la ambigua cláusula “las más altas cumbres que dividen las aguas”, que envenenó las relaciones argentino-chilenas durante más de un siglo.
Sobre todo, en el confín austral, donde la cordillera de los Andes se hunde majestuosamente en los océanos Atlántico y Pacífico. Región que el Reino Unido conocía muy bien por los relevamientos que había efectuado allí la HMS Beagle, con su pasajero de lujo el naturalista Charles Darwin. Y a cambio de esa guerra y ese enredo, los Rockefeller de EEUU pasaron a detentar la mina de cobre a cielo abierto de Chuquicamata, la más grande del mundo, que antes de la guerra pertenecía a Bolivia.
Pero hubo más engaños de por medio. En 1887 el capitán Agustín del Castillo descubrió el carbón de Río Turbio, y tomó posesión de Puerto Natales como perteneciente a Argentina, para posibilitar su extracción por vía marítima. Y volvió maravillado a Buenos Aires, con el objetivo de anunciar su descubrimiento, que haría que Argentina prescindiera del carbón inglés de Cardiff, con el que operaban los ferrocarriles británicos y justificaban sus altas tarifas. Pero falleció súbitamente mientras preparaba su anuncio, y sus apuntes de la exploración desaparecieron.
Conflicto en el mar austral con Chile 1: Argentina violó primero el Tratado de 1984
Un análisis histórico y jurídico de la controversia entre Argentina y Chile por los espacios marítimos australes, los alcances del Tratado de Paz y Amistad de 1984 y las decisiones que reavivaron el conflicto bilateral.
Mientras Del Castillo profundizaba sus exploraciones en Santa Cruz, apareció en la isla Grande de Tierra del Fuego el aventurero rumano de origen judío Julius Popper; quien además de cazar onas, dijo haber descubierto oro en la bahía de San Sebastián. Como el meridiano pactado en 1881 atravesaba dicha bahía, y le daba salida al Atlántico a Chile; en defensa de ese oro que luego desapareció, el gobierno del presidente Carlos Pellegrini, tramitó una enmienda al tratado de 1881, bajo la fórmula que luego se hizo famosa “Argentina en el Atlántico, Chile en el Pacífico”.
El mismo fue firmado en 1893, en el comienzo de la presidencia de Luis Sáenz Peña, por el canciller Norberto Quirno Costa, ancestro del actual canciller Pablo Quirno. Ayudado quizás por el primer préstamo que efectuó el banco de EEUU JP Morgan, el mismo que hoy manda en el país, para sortear la Crisis de Baring de 1890, que tuvo su similitud con la crisis terminal del 2001.
LA ARGENTINA ROBADA – el corralito, los bancos, y el vaciamiento del sistema financiero argentino
En base a este nuevo principio, luego su Majestad Británica designada árbitro en la disputa de límites por los Pactos de Mayo de 1902, evitó que Puerto Natales fuera costa seca argentina, para poder extraer el carbón de Río Turbio que podría haber competido con el Cardiff inglés. El que recién se comenzó a explotar 60 años después, extrayéndolo con un ferrocarril de 200 kilómetros hasta el puerto Punta Loyola, cuando había dejado de ser el combustible estratégico, reemplazado por el petróleo.
Ese principio también envenenó las relaciones argentino-chilenas, hasta casi llevarnos un siglo después en 1978 a la guerra con Chile, por el conflicto del Beagle. Provocado con un nuevo fallo avieso de su Majestad Británica, con la intención de resolver el conflicto por Malvinas sin esfuerzo propio, a los efectos de instalar una base de la OTAN allí, como se ampliará seguidamente.
Conflicto con Chile 2: la estrategia secreta de Pinochet en el amago de guerra de 1978 provocado por el Reino Unido
Javier Llorens reconstruye la crisis del Beagle de 1978, los planes militares de las dictaduras argentina y chilena y los intereses geopolíticos y petroleros que, según su investigación, influyeron en la escalada y en el riesgo de una guerra entre ambos países.
Al comienzo del siglo XX, la Royal Navy enfrentó un nuevo desafío para asegurar su supremacía en los mares: la reconversión de su flota que quemaba carbón que tenía en abundancia en Cardiff, para hacerlo con petróleo del que carecía enteramente. Por eso desesperadamente se lanzó a buscar petróleo en la costa de los mares, y lo encontró en el hemisferio norte en Shatt al-Arab, Persia; y en el hemisferio Sur, en Comodoro Rivadavia. De donde lo extraía de contrabando con la empresa de origen rumano ASTRA, para alimentar la estación de Malvinas reconvertida de carboneo a petróleo.
La Primera Guerra Mundial
Al mismo tiempo el Reino Unido enfrentaba la amenaza de sus primos hermanos, el Imperio Alemán, que avanzaba raudamente con su revolución industrial científico técnica, apoyada desde sus universidades; y no empíricamente desde los talleres como fue la inglesa. Y a su vez se expandía con colonias en Asia y África; y pretendía tender el ferrocarril Berlín – Bagdad, en búsqueda del petróleo del Medio Oriente. Avance que Inglaterra impidió fomentando las Guerras Balcánicas.
Finalmente, acorde con la Trampa de Tucídides, la potencia hegemónica Inglaterra, que veía peligrar su supremacía, se decidió por una contienda militar, basada en una guerra de trincheras. Contando con que detentaba el monopolio del nitrato de Chile, la base del explosivo estratégico de entonces, la dinamita inventada por Alfred Nobel el del premio por la Paz. De esa manera proyectaba que agotadas sus municiones, Alemania se rendiría.
Pero se llevó la sorpresa estratégica de su existencia, porque Alemania con su desarrollo científico técnico, obtuvo el nitrógeno del aire con el proceso Haber – Bosch. Y como contraestrategia con la flota del Graf Spee (Almirante Spee) se lanzó al Pacífico Sur a atacar las nitreras chilenas, y seguidamente tras reabastecerse de carbón, puso rumbo a Malvinas, para cortarle la ruta del nitrato de Chile al Reino Unido.
Intento que derivó en la cruenta batalla naval de Malvinas de 1914, la estratégicamente más importante de esa guerra. Para la cual el Primer Lord del Almirantazgo Winston Churchill, previsoramente había apostado en Malvinas sus buques más modernos, que quemaban petróleo de Comodoro Rivadavia. Que con su superior performance hundieron casi la totalidad de la escuadra de Graf Spee, y mandaron a este y a sus dos hijos, más 1.600 marineros alemanes al fondo del mar.
Pero el estancamiento de esa guerra, que propulsó el complejo militar industrial en todos los países intervinientes, trajo una derivación absolutamente inesperada. La caída en febrero de 1917 del Imperio Ruso, aliado de Inglaterra; y la posterior revolución bolchevique en octubre de ese año, que creó la Unión Soviética. Facilitada de diversas maneras por Alemania, para aliviar su frontera oeste.
Ante el cariz que tomaba la guerra, cambiando el orden mundial, y las dificultades que atravesaba su “aliado especial”, en abril de 1917 EEUU le declaró la guerra a Alemania. Justificada por la reanudación de los ataques submarinos alemanes a buques de EEUU, que aportaban subrepticiamente alijos bélicos a Inglaterra. Y con el famoso Telegrama Zimmermann, con el que Alemania propuso una alianza militar a México, para que este recuperara los territorios perdidos en el siglo anterior en manos de EEUU.
De esa manera, esa guerra que costó 20 millones de muertos parió una potencia anticapitalista, la URSS. La que además de tratar de expandirse ideológicamente en el mundo, despojó a los angloestadounidenses de los ricos yacimientos de petróleo que detentaban en el Cáucaso y el mar Caspio. En momentos en que ese combustible pasaba a ser altamente estratégico por la motorización a explosión.
La 2da Guerra mundial
Por ello la “alianza especial” angloestadounidense quedó absolutamente disconforme con ese resultado; y a partir del pacto Briand-Kellogg de 1928, liderada por Winston Churchill y Franklin Roosevelt -quien se había desempeñado como secretario de la Marina durante dicha guerra, en estrecha combinación con el Primer Lord del Almirantazgo Churchill- pusieron en marcha una subrepticia estrategia para primero, impedir la expansión ideológica del comunismo mediante el fascismo de Benito Mussolini.
Y luego, revertir ese resultado, mediante apoyar el ascenso del nacionalsocialismo de Adolf Hitler al poder en Alemania; y facilitar su rearme y la obtención de combustible sintético a partir de su carbón, de lo que existen múltiples pruebas; para que se lanzara contra la URSS, y acabara con ese fenómeno comunista anticapitalista, por considerar a Alemania responsable de su aparición.
En pos de ese objetivo, y ante la aparición de la explotación estatal del petróleo en competencia con las compañías privadas, en la que YPF del Gral. Enrique Mosconi fue señera, las petroleras angloestadounidenses que venían librando una guerra de precios entre ellas, mediante el acuerdo de Achnacarry se cartelizaron como las famosas “7 Hermanas”. Y el primer golpe que asestaron, fue el derrocamiento del presidente Hipólito Yrigoyen, quien, con Mosconi, pretendía llevar audazmente una guerra de precios contra ellas (la Shell y Standard Oil, ESSO) importando barato el petróleo soviético.
El polígono de ensayo de esa nueva guerra futura, fue la Guerra Civil Española de 1936/39. Pero mientras esa estrategia de rearme alemán avanzaba, los angloestadounidenses recibieron secretamente otra sorpresa estratégica por parte de Alemania. Consistente en la carta que el 2 de agosto de 1939 Albert Einstein envió al presidente Roosevelt, advirtiéndole el desarrollo de la bomba atómica por parte de Alemania, mediante la reacción en cadena del átomo.
Lo cual sumado al avión a reacción y la cohetería, situaría a Alemania en una supremacía estratégica inalcanzable. Y no casualmente pocos días después, el 3 de septiembre de 1939, el Reino Unido le declaró la guerra a Alemania. Y ese mismo día su premier Arthur Chamberlain volvió a nombrar como Primer Lord del Almirantazgo a Churchill
Quien públicamente se pronunciaba sobre el peligro del rearme alemán, como para disimular la alianza secreta con Hitler. Una de cuyas evidencias es el enigmático aterrizaje en paracaídas en Inglaterra en mayo de 1941, de Rudolf Hess, el lugarteniente de mayor confianza de Hitler. Con el objetivo de negociar personalmente un acuerdo de paz con Churchill, mientras Alemania atacaba a la URSS. Cosa que concretó al mes siguiente, en junio de 1941, con la Operación Barbarroja.
Por el contrario, desde que asumió, Churchill se negó terminantemente a negociar con Hitler, y tuvo luego a su haber en ese mismo año 1939, el hundimiento del acorazado de bolsillo Graf Spee, bautizado así en honor del almirante caído en la batalla naval de Malvinas. Al que su capitán Wilhelm Langsdorff lo hundió en el Río de la Plata, y luego se suicidó al negarle ayuda Uruguay y Argentina como países neutrales.
Poco después, el 10 de mayo de 1940, Churchill asumió como primer ministro y secretario de Guerra, pasando a ser el gobernante inglés más poderoso de la historia. Por su parte en diciembre de 1941, EEUU entró oficialmente en la guerra, sumándose al bando de los Aliados. Tras el ataque japonés a Pearl Harbor, que EEUU propició al haber previamente bloqueado los suministros petroleros a Japón; y cuya existencia sabía de antemano al haber roto el código Púrpura de sus comunicaciones secretas.
Ataque que el presidente Roosevelt buscó deliberadamente, para poder movilizar a una opinión pública, que era absolutamente reacia a entrar en una nueva guerra en la lejana Europa. Y a continuación, en contra de la estrategia desarrollada previamente, a través del programa Préstamo y Arriendo, Roosevelt comenzó a prestar una ayuda militar masiva al Ejército Rojo de la URSS.
Y a exigir, junto con Churchill y Joseph Stalin, la rendición incondicional de Alemania, que recién se produjo cuatro años después, en mayo de 1945. Con los esfuerzos bélicos por parte de EEUU y la URSS, de tratar de llegar primero a las áreas donde Alemania había concretado su desarrollo nuclear y misilístico.

Existiendo serias versiones de que los artilugios atómicos que EEUU empleó poco después contra Japón, en Hiroshima y Nagasaki, provenían al menos su materia fisible de la Alemania nazi. Como colofón de una guerra demencial, que costó la vida de 80 millones de personas, cuyos principales criminales de guerra deberían llevar el nombre del dipsómano Churchill y el paralítico Roosevelt.
Además esa “alianza especial” angloestadounidense, le pagó muy mal, traicioneramente, a Argentina, el haberse mantenido neutral en función de los intereses de ella. A los efectos de evitar -igual que en la 1ra Guerra Mundial- que los envíos por vía marítima de alimentos y otros suministros hacia Inglaterra y Europa a favor de los Aliados, fueran atacados por Alemania. Al haberse convertido el Río Uruguay en la “cocina del mundo”, mediante la elaboración de carne vacuna enlatada, que era la ración con que se alimentó a las tropas angloestadounidenses.
No obstante ello, Inglaterra apoyada por EEUU, alegó aviesamente en contra de Argentina la neutralidad que los había favorecido, y declaró la inconvertibilidad de la libra esterlina, negándose a pagar esos suministros. Y alentando el nacionalismo, impuso la solución de cancelar esa deuda con la entrega de especies, consistentes en los ferrocarriles británicos, cuando se estaban por acabar los subsidios con los que se había favorecido su instalación.
Operación que llevó adelante el primer peronismo, y representó una oportunidad perdida, con una descapitalización neta. Por el no cobro en divisas de esos suministros, y porque esos capitales ya estaban en Argentina. Que el Gral. Juan Perón aceptó, confiando en que Argentina seguiría siendo la Granja de Inglaterra y Europa. Que estuvo lejos de cumplirse, al haber optado por la soberanía alimentaria, tras las hambrunas sufridas por esa demencial guerra. Lo que deprimió los precios agropecuarios internacionales y junto con la sequía, puso en serias dificultades al plan de industrialización liviana que el peronismo llevó adelante.
La Guerra Fría
Esa alianza antinatura capitalista comunista contra Hitler, de EEUU, Reino Unido y URSS, terminó apenas terminó la 2da Guerra Mundial. Y así el mundo se hundió en la Guerra Fría, dividido en dos bloques: el capitalista liderado por EEUU y el comunista liderado por Rusia. La que para sorpresa de EEUU, en agosto de 1949 explotó su primera bomba atómica. Siguiendo a continuación un acopio de ellas por parte de ambos, como para extinguir el planeta.
Eso precipitó el primer distanciamiento en la “alianza especial” angloestadounidense, ante la sospecha de EEUU de que el Reino Unido había facilitado secretos atómicos a la URSS. Lo que trajo sus consecuencias, manifestadas en la Crisis de Suez de 1956, con la invasión a Egipto por parte de Israel, Inglaterra, y Francia. Ante la cual EEUU y la URSS se opusieron firmemente, y presionaron junto con la ONU para que esos tres países se retiraran de allí.
También tuvo su reflejo en Argentina, con el golpe de Estado de septiembre de 1955 que derrocó a Juan Perón. Quien se había apoyado últimamente en EEUU, a cambio de la concesión petrolera en la provincia de Santa Cruz a favor de la Standard Oil of California, hoy Chevron. A la que pretendía también desde tiempos lejanos el Reino Unido, con la famosa Carta Patente de 1908 emitida por el rey Eduardo VII, denominada “Tierra de Isabel”.
El presidente Perón, para evitar la posibilidad de un golpe militar por parte de la Armada Argentina, abiertamente probritánica y antiperonista, había resguardado las espoletas de los proyectiles ingleses Vickers en un arsenal común. Pero estas les fueron suministradas desde Malvinas, y así el almirante Isaac Rojas, con el crucero que luego del golpe pasó a llamarse Gral. Belgrano, pudo bombardear Mar del Plata. Y amenazar hacer lo mismo con La Plata y su destilería de YPF; y Buenos Aires y el Dock Sud de combustibles. Ante lo cual Perón optó por abandonar el poder.
Sin embargo, en la década siguiente la “alianza especial” angloestadounidense dinamizada por el petróleo, se había recompuesto. Ante la perspectiva de la explotación del petróleo offshore en el Atlántico Norte y en Alaska, para lo que era necesario un sustancial aumento de su precio. Y así en 1966 propició un nuevo golpe de Estado en Argentina, contra el presidente Humberto Illia.
Quien al asumir en octubre de 1963, en base a un guiño recibido por parte del presidente John Kennedy, anuló los leoninos contratos petroleros firmados por el presidente Arturo Frondizi. Pero un mes después Illia quedó colgado del pincel, tras el magnicidio del presidente Kennedy. Y esas anulaciones se fueron enervando, hasta el arribo al poder del dictador Gral. Juan Carlos Onganía. Quien con su ministro de Economía Adalbert Krieger Vasena, se encargó de dejar sin efecto esas anulaciones e indemnizar a las compañías petroleras angloestadounidenses.
Durante esa dictadura, se produjo la primera oferta por parte de un gobierno laborista inglés, para llegar a un arreglo por la cuestión Malvinas, tras el triunfo diplomático argentino en 1965 con la resolución de la ONU 2065, que se detalla más adelante.
En concreto, el presidente Kennedy obstaculizaba llevar adelante el Gran Plan ideado por el estratega del grupo Rockefeller, Henry Kissinger, que luego lo plasmó como consejero de Seguridad y secretario de Estado de EEUU, entre 1969 y 1977. Que compatibilizaba los mega intereses petroleros angloestadounidenses, con el objetivo de imponerse en la Guerra Fría con la disolución de la URSS.
Necrología no autorizada de David Rockefeller I: magnicidio, los Kennedy y sus móviles
Una mirada crítica a la trayectoria de David Rockefeller, la influencia de las grandes élites económicas y las hipótesis planteadas en torno a los asesinatos de John y Robert Kennedy y sus posibles móviles.
Consistente en efectuar una escalada en la Guerra de Vietnam, para tras llegar una entente de retirarse de allí, a cambio de obtener el control de Egipto, el país rector de los países árabes. A los efectos de, manipulando el nacionalismo petrolero de la OPEP (Organización Países Exportadores Petróleo), administrar el conflicto árabe israelí y lograr con un embargo petrolero árabe, la decuplicación (multiplicación por 10) del precio del petróleo. Que se plasmó con la Guerra de Yom Kipur árabe israelí, y el shock petrolero de 1973.
El cual, además de aportar siderales ganancias a las “7 hermanas” angloestadounidenses, que pasaron a ubicarse en el tope de los rankings de facturación; posibilitar la explotación del petróleo en Alaska y el mar del Norte; y enriquecer como Creso a los países árabes; originó la creación de los petrodólares. Que EEUU emitió a mansalva para el pago de las siderales facturas petroleras, habiendo abandonado previamente el patrón oro. Cuyo reciclaje financiero le permitió mediante la vieja política del préstamo y dominación inglesa, alinear a los países No Alineados.
Y emprender una carrera armamentística con la URSS, sin esfuerzo propio, hasta agotarla políticamente y lograr su disolución; lo que la “alianza especial” angloestadounidense logró a fines del año 1991. Cerrando así el siglo XX corto que se inició en 1917, pasando así EEUU secundado por el Reino Unido a liderar un mundo momentáneamente unipolar.
La post Guerra Fría y la continuación de la “alianza especial” angloestadounidense
Durante el cual EEUU al mando de George W. Bush exagerando su poder, pero siempre secundado por el Reino Unido y contaminado por los intereses de Israel, incurrió en notables errores estratégicos. Con la invasión a Afganistán en el 2001, tras el sospechoso 11/S, seguida de la invasión a Irak en el 2003. Sin mandatos por parte de la ONU, y con planes para seguirla con otros países de la región.
Lo que alteró el equilibrio regional y permitió la expansión de la influencia iraní en la región. Y para contrarrestarla, la “alianza especial” angloestadounidense junto con Israel y Francia, tuvo que caotizar el Medio Oriente, con las andanzas del ISIS y DAESH, para derribar el régimen sirio aliado con Irán. Quedando no obstante este conflicto con final abierto, ante la resiliencia iraní, que aliada con Rusia y China se animó a enfrentar en solitario a EEUU e Israel, detentando como arma económicamente explosiva a nivel mundial, el control sobre el estrecho de Ormuz.
Lo cual ha puesto en jaque la fuente de los petrodólares en Medio Oriente, que es la base del poder imperial de EEUU. Y ello explica el súbito interés manifestado por el presidente Donald Trump por Malvinas y su petróleo, bajo control de su “aliado especial” el Reino Unido. El cual en el medio del océano sin vecinos, bien podría reemplazar el petróleo politizado y militarizado del Medio Oriente; y sustituir el agotamiento del petróleo Brent del Mar del Norte.
A la par la OTAN, liderada por el Reino Unido y en un principio por el presidente de EEUU Joe Biden, avanzó sobre Rusia. Para tratar de contrarrestar la pretensión de Vladimir Putin de que vuelva a ser un polo de poder mundial. Dispuesta en ese empeño a luchar hasta el último ucraniano, en una guerra que lleva ya cuatro años, que ha fortalecido la alianza chino rusa.
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Siendo el fenómeno del empoderamiento de la República Popular China, lo que más preocupa a EEUU y el Reino Unido, las ex fábricas del mundo que han sido desplazadas por quien antes era el Celeste Imperio. Por eso la “alianza especial” angloestadounidense, salvo algunas rispideces momentáneas, se mantiene imperturbable, con su FIVE EYES, la comunidad de inteligencia integrada por la anglosfera: EEUU, Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda.
A la que se sumó ahora el AUKUS, integrado por Australia, Reino Unido y EEUU. Quienes concretaron un pacto de seguridad y defensa trilateral, mediante la operación de una nueva generación de submarinos de propulsión nuclear dotados de armas nucleares; con el objetivo de contrarrestar la influencia de China en la región Indo Pacífico.
Ante ese tremendo pasado de la “alianza especial” de los primos hermanos angloestadounidenses con su desafiante futuro; es propio de un palurdo o de un malintencionado, creer que se la pueda alterar a su favor, en base meramente a hacer un seguidismo obsecuente a EEUU.
Por el contrario, esos antecedentes cantan que las publicadas y mínimas diferencias entre ellos serían solo una pantomima para poder avanzar con una ahistórica y colonialmente oprobiosa “solución Hong Kong” en el conflicto de Malvinas. Usando al presidente Milei, consciente o inconscientemente, como instrumento para poder lograrla.
El presidente Milei introdujo a Argentina en una guerra demencial
Un análisis de las decisiones del Gobierno de Javier Milei frente al conflicto en Medio Oriente, el alineamiento internacional de Argentina y las implicancias políticas, diplomáticas y estratégicas de su posicionamiento.
Las negociaciones por Malvinas con el Reino Unido y sus guerras
Durante la dictadura del Gral. Onganía, en el año 1968, durante la gestión del embajador argentino en Londres brigadier Eduardo Mac Loughlin, se logró llegar a un borrador de Memorándum a los fines de cumplir con la resolución 2065 de la ONU de tres años atrás. Que dispuso que solo se debían tener en cuenta los intereses de los isleños, no sus deseos, al tratarse de una población colonialmente implantada.
En el cual a esos efectos, se proponía “realizar rápidos progresos con medidas prácticas para promover la libertad de la comunicaciones y movimientos” entre el continente y las islas. Previendo que una vez concretado esto, y existiendo las necesarias garantías de que “los intereses de los isleños” estarían asegurados, el Reino Unido “reconocerá la soberanía de la República Argentina sobre las islas a partir de una fecha a ser convenida”. Siendo este el punto más cercano al que se llegó en ese conflicto ancestral.
Sin embargo, el canciller de entonces Nicanor Costa Méndez, que luego también se desempeñó durante la Guerra de Malvinas de 1982, demoró largamente en pronunciarse al respecto. Y cuando lo hizo se encontró que los conservadores habían despertado una furibunda oposición a ese convenio.
Liderados entre otros por el ejecutivo de la Shell Lord Carrington, el socio de Kissinger Associates Inc, que se desempeñó como canciller del Reino Unido cuando Argentina recuperó en 1982 momentáneamente las islas, y renunció por supuestamente no haber previsto esto. Evidentemente la cuestión del petróleo submarino, a la par que el Reino Unido exploraba el Mar del Norte, había hecho su efecto.
No obstante, la saga aviesa de esto fue el “Acuerdo de comunicaciones” convenido en julio de 1971 entre Argentina y el Reino Unido, durante la dictadura del Gral. Alejandro Lanusse. Que posibilitó la construcción de una base aérea en Puerto Argentino; vuelos regulares de LADE entre el territorio continental y las islas; el acceso a estas sin el pasaporte; la enseñanza bilingüe en sus escuelas; y el suministro de combustibles, etc.
Como si el memorándum de 1968 acorde con los principios de la resolución 2065, pudiera llevarse adelante, cuando estaba lejos de ello. Pero esto fue solo una estratagema para que Argentina, a través de su canciller Luis María de Pablo Pardo, accediera a que su Majestad británica continuara como árbitro en el conflicto por el Beagle con Chile, cuyo fallo adverso a Argentina estuvo a un tris de llevarnos a una demencial guerra.
Tras la caída de la dictadura, en junio de 1974, durante el gobierno de Juan Perón, cuando ya la cuestión de la existencia de petróleo en la cuenca de Malvinas era vox populi, y Clarín por ello ya hablaba de “Argentina potencia”, el canciller argentino Alberto Vignes recibió por parte del embajador inglés en Buenos Aires James Hutton, una novedosa propuesta de condominio o co-soberanía de las islas.
Poco antes había asumido como premier inglés el laborista Harold Wilson, en reemplazo del conservador Edward Heath (Partido Conservador). Y la propuesta implicaba el uso de ambas banderas, idioma oficial bilingüe español inglés, doble nacionalidad para los isleños, y designación rotativa del gobernador por parte de Argentina e Inglaterra. Pero nada hablaba de la explotación de sus recursos naturales.
Al recibir la propuesta, Perón no dudó y le dio instrucciones a Vignes, expresando: «Aceptemos. Una vez que pongamos pie en las Malvinas no nos saca nadie y poco tiempo después la soberanía será total». La Cancillería argentina recibió con entusiasmo la idea y comenzó a redactar una contrapropuesta, pero solo tres semanas después Perón falleció.
Tras asumir la presidencia Isabelita (María Estela Martínez de Perón) el gobierno británico comenzó a ver con desconfianza la estabilidad política y económica de la Argentina. Y ante el temor de que el nuevo gobierno no pudiera cumplir con las salvaguardas pactadas, Londres decidió enfriar las negociaciones secretas y retirar la oferta.
Seguidamente en marzo de 1975, ante el interés manifestado por distintas compañías petroleras por la zona de Malvinas, y el informe favorable de la Universidad de Birmingham al respecto, la cancillería emitió un enérgico comunicado haciendo saber que Argentina no reconocería ningún derecho en materia de exploración o explotación de recursos minerales o hidrocarburos.
Postura que llegó a su clímax con el incidente en febrero de 1976 con el HMS Shackleton, al que el ARA Almirante Storni le efectuó disparos por sobre la cubierta en las inmediaciones de las islas Malvinas. Generando esto el retiro de embajadores por ambas partes que recién se repusieron tres años después, a fines de 1979.
Malvinas y petróleo: barco petrolero halló al ARA San Juan y sigue husmeando allí
Una investigación sobre el buque británico vinculado a la exploración petrolera en el Atlántico Sur, su relación con el hallazgo del submarino ARA San Juan y las actividades hidrocarburíferas en aguas disputadas alrededor de las islas Malvinas.
La feroz dictadura, el petróleo, Malvinas, y sus guerras
En ese mismo mes, mientras se incubaba el golpe de Estado más sangriento que soportó nuestro país, la revista golpista Restauración, ligada a la inteligencia militar y sucedánea de la revista Cabildo que entonces estaba prohibida, publicó un notable artículo con título “Las Malvinas y el Petróleo Submarino”.
En él decía “La cuestión de las islas Malvinas, tan cara al sentimiento argentino, ha tomado, según trascendidos muy verosímiles, un giro inesperado. Este nuevo cariz ha incrementado, si cabe, la trascendencia de la solución que se obtenga, porque, a la luz de esta circunstancia, puede comprometerse el futuro geopolítico y geoeconómico del país.”
“Las reservas de petróleo ubicadas en la plataforma submarina que se extiende entre el continente y las islas son de tal magnitud, que la Argentina tendría asegurado su abastecimiento por mil años. El valor de tales reservas, a precios de hoy se elevaría a la suma de dos billones de dólares. Es decir, el país se encuentra, tal vez inopinadamente, con un capital que nadie, que sepamos, había incluido en el cálculo de posibilidades para su desarrollo.”
Por supuesto, semejante riqueza no pasó inadvertida para los grandes inversores internacionales, que han propuesto diversas fórmulas para asociarse a la Argentina para la explotación de unos yacimientos de petróleo que, literalmente hablando, pueden cambiar su estructura económica y política, su equilibrio de poderes reales y las constantes de su política exterior. En el fondo del problema reside la gran cuestión de la soberanía nacional en la región comprometida y en la Antártida aledaña.
Al mes siguiente se produjo el nefasto golpe de Estado de marzo de 1976, iniciando una brutal dictadura nunca vista ni prevista. Que superó incluso a la del Gral. Pinochet en Chile, acaecida tres años antes con el guiño de Kissinger, al otro lado de la cordillera que tantos conflictos había suscitado en países hermanos, liberados juntos del dominio español.
Kissinger también le hizo un guiño a la dictadura argentina, diciéndole que con los derechos humanos hicieran lo que quisieran, siempre que fuera rápido. Y así con el cuento de la “guerra sucia” contra la “subversión cultural”, los campos clandestinos de detención, tortura y eliminación de presuntos opositores, pulularon en todo el país. Como un remedo absurdo y agravado de los “campos de concentración” nazi.
Así, considerando que el horno ya tenía su temperatura, en 1977 su Majestad Británica alegando el principio unioceánico de Carlos Pellegrini, se despachó a favor de Chile en el conflicto por el Beagle. Lo que inflamó de furia a los militares argentinos. Sucediéndose a continuación las visitas de prominentes generales ingleses e israelíes, que hablaban del derecho de sangre y batalla. Lo que culminó con la visita de Kissinger con motivo del Mundial de Fútbol 1978, en el que salimos campeones, durante el cual disertó en el CARI (Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales) con la temática bélica “el temor a la guerra es un chantaje”.
Así, en diciembre de ese año, Argentina estuvo en un tris de acometer una demencial invasión a Chile, impedida por la intervención in limine del Papa Juan Pablo II. Con el objeto de ocupar la mitad de su territorio, para la que incluso había falsificado la moneda chilena. Lo que nos habría convertido en un paria internacional, como sucedió con el Irak de Sadam Husein pocos años después.
Agravada sustancialmente por la emergencia pública de los campos de detención clandestinos, que como sucedió con la Alemania nazi, habrían colapsado la moral y la cohesión de la población argentina. Y la existencia de esa guerra, que seguramente se iba a transformar en regional, habría justificado la instalación por parte de la OTAN de la actual base Mount Pleasant en Malvinas, cambiando para siempre el statu quo de estas. Con la perspectiva incluso de un desmembramiento de Argentina en varios países. Tal como fueron diseñados por los ferrocarriles ingleses, con sus tres trochas distintas según las distintas regiones, “break up” que incluso había sido insinuado por el mismo Kissinger, como sucedió poco después con Yugoslavia.
Fracasado ese intento de llevarnos a la guerra hacia el Oeste, vino la alternativa de llevarnos a la guerra hacia el Este, hacia Malvinas. En 1979 el liberal Martínez de Hoz inauguró la tablita cambiaria, con la que regalaba dólares obtenidos mediante el endeudamiento externo. Y en marzo de 1980 se precipitó un masivo crac bancario, con el cierre de cientos de entidades, que previamente durante la dictadura habían pululado como moscas.
Pero que contaban “liberalmente” con la garantía de depósitos del BCRA, el que de esta manera emitió dinero a mansalva, y facilitó la fuga de esos capitales, quedándose a cambio con la cartera incobrable de esas entidades. Ese fue el origen de la deuda externa que hasta hoy agobia a Argentina.
Entre mediados de 1979 y 1980, en lo que evidencia un último intento de evitar la guerra por parte del gobierno conservador de Margaret Thatcher, sobrevino la Misión Ridley. Llevada a cabo por el subsecretario de Estado británico, barón Nicholas Ridley, quien efectuó sucesivas visitas a las islas Malvinas y a Buenos Aires. Con ella se repusieron los embajadores por parte de Argentina y el Reino Unido, y por primera vez se habló de la vetusta y oprobiosamente colonial “solución Hong Kong”. Que fue rechazada de plano tanto por los isleños, como por la dictadura militar que la consideró inaceptable.
El último intento Ridley, que ahora quiere reintentar el presidente Milei, se concretó con el Acuerdo Secreto de Ginebra plasmado entre el 10 y 11 de septiembre de 1980 en Suiza, entre Ridley y el subsecretario de Relaciones Exteriores argentino comodoro Carlos Cavándoli. El objetivo central fue formalizar y estructurar el mecanismo de leaseback (arrendamiento):
Con una transferencia formal e inmediata de la soberanía de las Malvinas a Argentina. El Reino Unido mantendría la administración compartida o exclusiva del territorio, por un período prolongado. Se barajaron alternativas de 99 años similar al estatus de Hong Kong, o un término intermedio a definir. Con inclusión de salvaguardas estrictas para preservar el modo de vida, leyes, idioma y costumbres de los isleños.
No obstante, el plan colapsó. En noviembre de 1980 fue rechazado por el Parlamento Británico. Por su parte los isleños rechazaron tajantemente quedar bajo el pabellón argentino. Y por su lado la Junta Militar argentina, consideró inaceptable esperar casi un siglo para ejercer el control efectivo de las islas.
En marzo de 1981 el dictador Gral. Jorge Videla fue reemplazado por el Gral. Roberto Viola, inaugurando un interregno en que se profundizó la recesión, la inflación, y el endeudamiento, en el que tuvo participación el “liberal” Domingo Cavallo. Y a fines de 1981, tras una nueva visita de Kissinger a Buenos Aires, Viola fue reemplazado por el comandante en Jefe Gral. Leopoldo Fortunato Galtieri, quien venía de ser homenajeado como un “general majestuoso” en Washington, y que pocos meses antes, en junio, había calificado a la “solución Hong Kong” de colonialista, como se verá seguidamente. Y con semejanza con el presidente Milei, creía infantilmente que su colaboración con la “guerra sucia” en El Salvador y Nicaragua, podía superar como nuevo “aliado estratégico” de EEUU, a la “alianza especial” integral con el Reino Unido.
Malvinas 1982: la guerra planificada por EEUU y la OTAN y ejecutada por el Reino Unido
Una investigación sobre la guerra de Malvinas de 1982, las estrategias militares y diplomáticas de Estados Unidos, la OTAN y el Reino Unido, y los intereses geopolíticos que condicionaron el conflicto y sus consecuencias para Argentina.
Aquello que a lo largo de casi 160 años por entonces, había dinamizado la historia del mundo, llevándolo a sus peores horrores como se vio previamente. Comenzando con la ocupación británica de Malvinas, previa destrucción por parte de EEUU de la colonia argentina existente allí, seguida de un largo enfriamiento diplomático. Hecho histórico que tanto a Galtieri como a Milei, deberían al menos haberlos llevado a dudar de las verdaderas intenciones de su supuesto aliado estratégico.
Así Galtieri, acometió la gesta de tratar de reflotar la fracasada y agónica dictadura militar, con la gesta de recuperar Malvinas. Contó para ello con la complicidad del comandante en Jefe de la Armada Isaac Anaya. Quien como agregado militar en la embajada en Londres, y deslumbrado con la actividad petrolífera que el Reino Unido realizaba en el Mar del Norte, que le había permitido recuperar antiguos esplendores, había sido pacientemente intoxicado con la desinformación de que al Reino Unido no le interesaba la soberanía en Malvinas, sino solo su petróleo.
Engaño que fue confirmado con las falsas señales de un supuesto plan de desguace de la Royal Navy, que incluía hasta el HMS Endurance, el rompehielos con destino en Malvinas. A lo que se sumó la tesis insinuada por el Reino Unido en las negociaciones de los años 1981/82, y comprada por el canciller Nicanor Costa Méndez, de que la disputa no era por las islas Malvinas, sino por el Territorio de las islas Malvinas, que según la burocracia inglesa abarca también las remotas islas Georgias y Sandwich del Sur.
En consecuencia, el plan inicial de la Junta Militar, sin fecha fijada y sin alternativas previstas, contando con esa supuesta alianza y falsas informaciones, era conmocionar la diplomacia mediante una recuperación incruenta de las islas, dejando allí una mínima dotación. Igual que pretende hacer ahora Milei con la presentación ante el Tribunal del Mar, para que dicte una cautelar que impida la explotación del petróleo en la ZEE de Malvinas.
A los efectos de lograr que diplomáticamente el Reino Unido reconociera la soberanía argentina en las islas, con la intermediación de EEUU. A cambio de llevarse todo su petróleo, para lo cual habían anunciado modificar la ley de Hidrocarburos. Igual que ahora pretende hacer el presidente Milei con la ahistórica y colonialmente oprobiosa “solución Hong Kong”.
Con la diferencia de que el objetivo estratégico supremo de la estratagema de entonces, era poder instalar una base de la OTAN allí, para enfrentar la expansión de la URSS en el Atlántico Sur. Y ahora el objetivo estratégico supremo, ante el agotamiento del petróleo en el Mar del Norte y los problemas derivados en Medio Oriente por la falta de control del estrecho de Ormuz, sí es el petróleo.
Guerra de Malvinas 1982: la verdad histórica y no la historieta oficial que cuentan Clarín y La Nación
Una revisión de la guerra de Malvinas de 1982 a partir de documentos y antecedentes históricos, que cuestiona los relatos difundidos por Clarín y La Nación sobre las causas, el desarrollo del conflicto y las responsabilidades de sus protagonistas.
El resultado de ese absurdo plan de la Junta Militar, primero fue la sorpresa táctica recibida por el incidente en las islas Georgias con los chatarreros de Davidoff. Motivado porque el canciller Costa Méndez, bajo el concepto de Territorio de las islas Malvinas inoculado por la diplomacia inglesa, les entregó para su desembarco allí, las “tarjetas blancas” que solo eran válidas para Malvinas.
Esto, sumado al rumor del envío de submarinos nucleares ingleses, que impedirían para siempre la ejecución del plan diplomático militar en ciernes, lo que hizo fue precipitar la recuperación de las islas Malvinas por parte de la Junta Militar. No obstante que ni los aprestos militares y menos aún los diplomáticos se habían concretado debidamente. Al punto que recién acababa de asumir el amigo íntimo de Costa Méndez, Eduardo Roca, como embajador ante la ONU.
Y así vino otra sorpresa, en este caso estratégica para la Junta Militar. Con la aprobación de la Resolución 502 por parte del Consejo de Seguridad de la ONU. Que condenó la recuperación de las islas por parte de Argentina, y legalizó la reacción militar inglesa. Tras un inusitado discurso de Costa Méndez, en el que reconoció la existencia de una agresión por parte de Argentina, violatoria de la Carta de la ONU. En respuesta a la agresión que casi 150 años atrás había concretado no el Reino Unido, sino EEUU.
En consecuencia, lo que vino después fue pura improvisación por parte de la Junta Militar. Que ante esa resolución externa y la reacción positiva de la opinión interna, abandonó el plan “Ocupar para negociar”, y lo reemplazó por “Reforzar para obligar a negociar”. Abrazándose así a la presunta mediación del entonces secretario de Estado, excomandante en jefe de la OTAN, y socio de Kissinger y de Lord Carrington en Kissinger Associates Inc. Quien la única salida pacífica que le brindó a la acorralada Junta Militar, fue el reconocimiento de los deseos de los isleños, renunciando así Argentina al triunfo diplomático de la resolución 2065.
La última presión para que la Junta Militar se aviniera a ello fue la perpetración del crimen de guerra del crucero General Belgrano, fuera de la zona de exclusión, incurriendo así el Reino Unido en la perfidia sancionada en las convenciones de guerra. Siendo este el mismo buque con el que el almirante Rojas, con sus cañonazos con espoletas inglesas provistas desde Malvinas, había logrado el derrocamiento de Perón 27 años atrás.
Así sobrevino una guerra sin esperanza de victoria, al enfrentar en los hechos Argentina, a las dos potencias militares mundiales de entonces, respaldadas además por la OTAN. El único entorpecimiento que encontró en esa faena el Reino Unido, fue el impedimento del desembarco de las tropas británicas y sus famosos gurkhas, por el osado desempeño de la aviación argentina, con la aproximación a sus buques de desembarco por debajo del umbral del radar.
No obstante el bajo desempeño de bombas inglesas que no explotaban al impactar contra ellos, por la defectuosa calibración de sus espoletas. Y lo mismo le sucedió al submarino ARA San Luis, con sus torpedos ingleses filoguiados que se cortaban. Dejando como moraleja que no se debe hacer la guerra, y menos con las armas del enemigo.
Logrado el desembarco de tropas que venían de entrenar en Finlandia expresamente para esto, con equipos de última generación y apoyo de helicópteros, el resultado era irreversible. Contra tropas argentinas que no obstante su falta de equipo y entrenamiento, y con las penurias sufridas por muchos días a la intemperie invernal, estuvieron lejos de hacérsela fácil.
Por su parte a la Junta Militar, más allá de sus tremendos errores, falencias, y corrupto oportunismo, debe reconocérsele que no cedió un ápice a la pretensión de EEUU de revocar la resolución 2065, que es la esencia del conflicto. Ni siquiera ante la perspectiva de que una derrota militar manchara para siempre sus carreras militares, por lo que incluso fueron condenados penalmente y luego indultados.
Ante todo esto, la pretensión del presidente Milei de reflotar la ahistórica y colonialmente oprobiosa “solución Hong Kong”, intentada por el Reino Unido en 1979/80 como último intento para no llegar a la guerra que estaba planificando meticulosamente, es una defección que linda con la alta traición, al echar por la borda todo ese sufrimiento.
Galtieri rechazó la “solución Hong Kong” por colonialista
El 29 de mayo de 1981, el comandante en jefe del Ejército Gral. Galtieri, pronunció un extenso discurso con motivo del Día del Ejército. Que el diario LA NACION del día siguiente destacó desde su tapa y reprodujo íntegro textualmente en su página 10.
En el cual, tras referirse encomiosamente a la lucha antisubversiva, aludió al conflicto por el Beagle defendiendo fervorosamente la postura argentina. Y seguidamente, aludiendo al conflicto por Malvinas, dijo textualmente respecto de la “solución Hong Kong” tramitada con la Misión Ridley, tal como se puede apreciar en la siguiente imagen:
“No admitiremos, por el contrario, pretensiones hegemónicas de las cuales se pretende hacer cómplices a países tradicionalmente amigos o a potencias a las cuales se les otorgan graciosamente títulos de propiedad sobre aquello que constituye un despojo, aún cuando atávicas ambiciones geopolíticas se presenten bajo la forma ostensible de planes para la defensa, en áreas que son de nuestra exclusiva responsabilidad”. Dando a entender de esta manera que EEUU apoyaba la “solución Hong Kong” para las Malvinas, previendo la instalación de una base militar en ella.

Y en relación con la explotación del petróleo con la “solución Hong Kong”, Galtieri agregó mientras se discutía intensamente desde 1973 en la ONU la CONVEMAR que se aprobó en 1982: “Tampoco estamos dispuestos a admitir, de quien concierta con nosotros la devolución de territorios insulares que son herencia histórica y derechos legítimos argentinos, la más mínima interferencia en la búsqueda y explotación de las riquezas de nuestra plataforma submarina continental.”
Y acabó diciendo respecto del conflicto por Malvinas: “Nadie puede ni podrá afirmar que no hemos sido extremadamente serenos y pacientes en el tratamiento de problemas internacionales no provenientes de nuestras apetencias territoriales. Pero tras un siglo y medio se vuelven más y más insoportables.”
Por su parte el diario LA NACION lo impulsó a Galtieri a que Argentina se proyectara hacia el exterior en los conflictos por el Beagle y Malvinas. En su Editorial del mismo día, página 6, afirmaba al final del mismo, tal como se puede apreciar seguidamente: “En cuanto a la preservación de la soberanía nacional, el comandante en jefe del Ejército ha formulado indicaciones que aluden precisamente a los conflictos con Chile en la región austral, y con Gran Bretaña por las Malvinas.”

Y agregaba seguidamente: “En cambio, la idea de “consolidar una firme política exterior, cuyos lineamientos nos lleven a ser la gran nación deseada”, puede inducir a una confusión de objetivos. A la grandeza nacional conduce una política global, sustentada primordialmente en los factores internos. La política exterior solo se proyecta”.
Casualmente, en la página 7 Opuesta Editorial enfrentada a la Editorial, aparecía una nota que daba cuenta de la existencia del secretario de Estado Alexander Haig, como integrante del entorno íntimo del presidente de EEUU Ronald Reagan. Quien fue un personaje central en la Guerra de Malvinas de 1982 como supuesto mediador, y renunció un par de semanas después de que esta acabara.

Al día siguiente, 31 de mayo, debajo de la nota con el sugestivo título Trances que modifican sustancialmente el sentido de la existencia, de Florencio Escardó, venía un recuadro con la firma de Nemo, con un título aún más sugestivo: Las pulgas siempre se detienen sobre fondos blancos. Los cuales, con su contenido enigmático, habían comenzado a aparecer a mediados del año 1979, tras el conato de guerra contra Chile, y una reforma en la diagramación del diario LA NACION.

Y en su texto aclaraba “sobre las pulgas, animales que “siempre se detienen sobre fondos blancos. Ese instinto les ha sido dado para que los hombres podamos atraparlas con mayor facilidad. No se explica en la versión que tenemos por que motivo las pulgas instintivamente se empeñan en ser capturadas”.
Pero esta es otra historia asombrosa, la de la Trama ultrasecreta de la Guerra de Malvinas, que está escondida en los ejemplares del diario LA NACION, con los mensajes secretos convencionales elípticos insertos en su página Opuesta Editorial. A través de los cuales nuestro canciller Nicanor Costa Méndez, fue enrolado, instruido, y apoyado psicológicamente en el cumplimiento de su misión, como topo angloestadounidense. Para dar verosimilitud diplomática a los planes de la Junta Militar respecto de la recuperación militar de las islas, e incidir en el curso del conflicto a favor del enemigo inglés.
Conclusiones
El nuevo curso de acción propuesto por el presidente Milei respecto del conflicto de Malvinas, que según él mismo debe desembocar en una “solución Hong Kong”, sería una nueva trapisonda angloestadounidense; destinada a poner en plena explotación con total seguridad jurídica, el petróleo de las islas Malvinas, que se reputa como un “nuevo Kuwait”.
A los efectos por parte del Reino Unido, de enfrentar el agotamiento del petróleo Brent del Mar del Norte. Y por parte de EEUU salir del atolladero del Medio Oriente. Por la incapacidad de ambos de controlar efectivamente el estrecho de Ormuz, y así poder revertir la declinación de los petrodólares en que se basa el poderío de EEUU.
En esa trapisonda, respecto del rol que cumple el presidente Milei, existe la baja posibilidad de que esté actuando inconscientemente, como consecuencia del desconocimiento palurdo que tiene tanto él como su entorno, de los entresijos de la historia en general, y de Malvinas en particular.
Y la alta posibilidad de que sea el precio que conscientemente debe pagar, a costa del futuro de los argentinos, para que siga existiendo una ayuda total de toda índole por parte de EEUU, para imponerse en las próximas elecciones presidenciales, que vienen complicadas para ello.
Por su parte la ley enviada al Congreso con motivo del conflicto de Malvinas, además de reforzar las sanciones contra las empresas que intenten explotar unilateralmente el petróleo existente allí; parece prever las dificultades que encontrará en ciertos sectores de la opinión pública movilizados por Malvinas el imponer esa solución.
Y ello explica que de sus ocho títulos, siete de ellos parecen haber sido redactados por la famosa Escuela de las Américas; resucitando la Doctrina de Seguridad Nacional aplicada en los tiempos más sombríos de las dictaduras militares. Con instrumentos muchos de ellos flagrantemente inconstitucionales, para poder apagar las opiniones de quienes se opongan a esa colonialmente oprobiosa “solución Hong Kong”, que pretende llevar adelante el presidente Milei.
Por último, ante la enorme dimensión de este conflicto, la única posibilidad que existiría para salir ganancioso en él, es revelar con el auxilio de la semiótica, la profunda verdad de este por increíble que sea, que está escondida en las páginas Opuesta Editorial del diario LA NACION, para mostrarla ante el mundo y lograr su apoyo.
Lo cual no solo sanearía el conflicto de Malvinas, sino también la democracia y la comunidad argentina. Dado que ninguna de ambas puede realizarse efectivamente, si los medios de comunicación más influyentes están al servicio del enemigo externo, intoxicando como “quintacolumnistas” la opinión pública interna.
Afirmación que abarca al Grupo CLARIN, que también tuvo una participación decisiva en el conflicto, a los efectos de torcer el plan diplomático militar de la Junta Militar, de “Ocupar para negociar” a “Reforzar para obligar a negociar”. Propiciando la euforización de la sociedad ante lo primero; y dejando así postrada a Argentina ante la alternativa de una derrota diplomática que felizmente no sucedió, o la trágica derrota militar que sí sucedió.
Para lograr ello, en febrero de 1982 previo a la recuperación momentánea de Malvinas, en el Grupo CLARIN se registró un cambio de manos. Con la expulsión de los “desarrollistas” del mismo, y el ascenso de Horacio Magnetto. Y a la par junto con LA NACION, pusieron en marcha la agencia de noticias DYN (Diarios Y Noticias). Con la cual, propiciaron nacionalmente a través de los diarios del interior la euforización, en contra de los intereses genuinos del país. Y luego fueron los agentes de la desmalvinización que tanto costó revertir.
A ello se agregó por parte de tres editores del Grupo CLARIN, el fallecido Oscar Cardoso, Ricardo Kirschbaum, y Eduardo van der Kooy, la edición de un libro que parece escrito en inglés (“MALVINAS. La trama secreta”- Sudamericana Planeta). Que como primera versión de esa trágica guerra, presenta a los mandos ingleses como caballeros que distraídamente dejaban caer falsas señales respecto del conflicto; y a los mandos argentinos como palurdos corruptos que las creían. Haciendo así honor al dicho de que las historias de las guerras las escribe el vencedor.-
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