Conflicto con Chile 2: la estrategia secreta de Pinochet en el amago de guerra de 1978 provocado por el Reino Unido

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El triunfo electoral en Chile por parte del candidato de la izquierda Gabriel Boric, quien de esa forma regresará a La Moneda 48 años después que el entonces presidente Salvador Allende fuera sacado muerto de ella, tras el golpe de estado encabezado por el general Augusto Pinochet, evidencia ser el definitivo cierre de la era abierta por este dictador en septiembre de 1973.

Ante este fin de era auspicioso, como complemento de la nota Conflicto Mar Austral con Chile 1: Argentina violó primero el Tratado de 1984, resulta oportuno exponer nuevamente el plan secreto de conquista que tenía este general y presidente chileno, con la finalidad de quedarse con porciones del sur argentino, ricos en petróleo. En combinación con el “estado profundo” del Reino Unido y Estados Unidos, quienes de esa manera pretendían disolver para siempre y sin esfuerzo propio el conflicto de Malvinas. Para quedarse con el petróleo existente en ella, e instalar allí una base seudo OTAN, con la finalidad de vigilar el Atlántico Sur ante el raudo avance de la Unión Soviética en él.

El impulso de esa estrategia lo dio el provocativo fallo de Su Majestad Británica respecto el conflicto el Beagle emitido en 1977, el que después de algunos intentos de negociación fallidos con Pinochet, llevó a la dictadura militar argentina a planificar la invasión militar del sur de Chile, con bombardeos a distintas ciudades chilenas. En base a un demencial plan denominado “Operación Soberanía” promovido por los entonces generales Luciano Benjamín Menéndez, Carlos Suárez Mason, y José Antonio  Vaquero, comandantes de los Cuerpos III, I, V, respectivamente, para el que incluso se habían falsificado los escudos o pesos chilenos.

El primero de los nombrados, fue luego reiteradamente condenado a cadena perpetua por delitos de lesa humanidad, y por entonces según el general Martín Balza proclamaba: “Cruzaremos los Andes, les comeremos las gallinas, violaremos a las mujeres, y mearé en el Pacífico”. El segundo falleció en el 2005 mientras era juzgado por delitos de la misma índole, mientras que el tercero no pudo ser juzgado a este respecto por padecer demencia senil.

Ver La deuda externa sucia que apareció entre el conato de guerra con Chile y la guerra de Malvinas

El plan tenía como base que Perú y Bolivia, comandada esta por el Gral. Hugo Banzer Suarez, eran aliados de Argentina. Pero este por su parte tenía una alianza secreta con Pinochet, bajo la denominación Plan Alpaca, razón por la cual tras la invasión argentina pasaría a ser aliado de Chile, en forma parecida a lo que sucedió en la Guerra del Pacífico, según se vio en la primera parte de esta nota. Quedando así Argentina rodeada por Chile, Bolivia, Paraguay, y Brasil, con quien Argentina mantenía litigios por las presa en el Alto Paraná.

A los que seguramente se sumarían Uruguay, y el Reino Unido desde Malvinas, debiendo así Argentina enfrentarse con seis enemigos simultáneamente, lo que la iba a llevar a su segura derrota militar. La cual sería completado con el colapso moral de la aparición de los campos de concentración clandestinos y desaparición de personas, que habían proliferado desde mediados de 1976, tras el aniquilamiento de la subversión armada, con la excusa de combatir la “subversión cultural”.

Quedando así Argentina y la dictadura argentina, como le pasó al Irak de Sadan Hussein una década después, sola y absolutamente aislada en la región y en el mundo, y en condiciones de hacerse con ella cualquier cosa. Incluida su partición, como le pasó a la Alemania nazi, logrando así limpiamente y sin mayor esfuerzo el Reino Unido y EEUU, el objetivo de disolver a su favor el conflicto de Malvinas.

Explicando la existencia de estos planes porqué Argentina no se endeudó externamente antes, y recién comenzó a hacerlo en forma exponencial a partir del año siguiente, 1979. El cual llegó a su culminación en 1982, con la declaración de default tras la derrota en la guerra de Malvinas. Operando ese endeudamiento externo como una red de seguridad para mantener sujeta a Argentina en el área del dólar. Tras haberse el Reino Unido esmerado en concretar un esfuerzo militar propio, con el ostensible apoyo de EEUU, para cambiar el statu quo de las islas, y establecer en ella la “Fortaleza Malvinas” al servicio de la OTAN.

Ver MALVINAS: cómo EEUU embocó a Galtieri y emboscó a Argentina

Los intereses petroleros tras el acuerdo con Chile

El texto que sigue a continuación en esta nota, está basado principalmente en la carta documento de once fojas que su autor dirigió al presidente Raúl Alfonsín el 20 de octubre de 1984, con motivo del llamado a referéndum popular que había concretado para resolver el conflicto con Chile por el Beagle. Con una actitud no solo ingenua en relación con la verdadera trama de esos hechos que podrían haber llevado a la destrucción de Argentina. Sino además espuria, al estar impulsado por intereses petroleros, al mismo tiempo que convalidaba con un decreto (3.338/84) el contrato firmado con la SHELL británica para la explotación del área “Magallanes”, resultando indispensable para su exploración y explotación resolver la disputa.

https://www.boletinoficial.gob.ar/detalleAviso/primera/7093681/19841031?busqueda=1

Conflicto con Chile, Reino Unido, EEUU

Ese affaire fue diligenciado por el secretario de Energía Conrado Storani. El mismo que previamente había logrado concretar un pacto radical petrolero, para ganar con el apoyo económico de estos la elecciones presidenciales de 1983. A cambio de la ratificación de los contratos petroleros que había firmado el último dictador, Gral. Reynaldo Bignone -quien luego fue condenado a cadena perpetua por crímenes de lesa humanidad- ad referéndum del próximo gobierno democrático.

Ver Breve semblanza de los mega lobistas prebendarios Rocca, Bulgheroni, Eurnekian

El gobierno radical y Storani cumplieron con creces ese pacto, al mejorar incluso aún más los términos concedidos por Bignone. Pero al menos Alfonsín por vergüenza propia consiguió que SHELL desistiera de ese contrato, por supuestamente no haber obtenido resultados auspiciosos en su exploración.

En forma parecida, y como una manera de saludar amigablemente al nuevo gobierno en Chile que pone punto final a la era Pinochet y sus afanes de conquista militar, Argentina debería dictar una ley modificatoria de la que convalidó la Plataforma Continental Argentina (Nº 27.557). Borrando con ella los puntos con que invadió el área declarada de Alta Mar en el tratado con Chile de 1984 (Nº RA-3839 y RA-3840).

Que en la realidad se trata solo de la punta del Espolón Tierra del Fuego, que no supera en sí los 100 kilómetros cuadrados, lejos de los 5.000 pretendidos erróneamente por Argentina. Sería un primer gesto de hermandad para superar una rivalidad estúpida, que trató de ser explotada por EEUU y el Reino Unido en post de su geopolítica en el Atlántico Sur.

Los antecedentes petroleros del conflicto con Chile

La reciente historia del conflicto del Beagle y del conflicto Malvinas, es la historia de una sola y misma disputa: la disputa por la posesión de la Cuenca petrolífera Austral, conformada por sus dos subcuencas; la de Magallanes y la de Malvinas. Ello como directo resultado del profundo cambio del mapa de poder mundial que acaece en el año 1972 con la decuplicación de los precios del petróleo, la imposición del “petro-power, y la aparición de los petrodólares.

Aunado al avance de la Unión Soviética sobre el Atlántico Sur, que hizo indispensable para EEUU contar con una base aeronaval en ella, similar a la de Diego García que había erigido en el archipiélago de Chagos en el océano Indico, que está en funcionamiento desde 1973. Desde donde partieron los ataques a Irak y Afganistan.

Y también como resultado de una misma y sigilosa estrategia, consistente en la traición del aliado boliviano, como le sucedió al Perú en la Guerra del Pacífico de 1980, según se vio en la nota anterior. Y la aplicación del “derecho de represalia” como método de legitimación del despojo, aviesa variante del “derecho de presas” del siglo 18, hoy impracticable en el estadio actual del derecho internacional.

La codicia anglosajona por la cuenca petrolífera austral no solo se manifiesta por su secular retención de Malvinas, sino, ya a principios de siglo, aparece en los hechos de la Patagonia Trágica, que empalidecieron el primer gobierno de Hipólito Yrigoyen en la provincia más despoblada de Argentina, Santa Cruz. Sobre la que confluyeron el por entonces coronel chileno Carlos Ibáñez, la irritación social generada por terratenientes argentinos, “peones subversivos” y diplomáticos británicos y estadounidenses prestos a reclamar por la seguridad de sus súbditos. Su escenario estuvo ubicado precisamente sobre el área continental de la subcuenca de Magallanes.

En el segundo mandato de Yrigoyen, en enero de 1930, el mismo Ibáñez reapareció como general, presidente, y dictador de Chile, empleando al general alemán Hans Kund, servidor también del pro-nazi sir Henry Deterding, alias “El Napoleón del Petróleo”, presidente y factótum de la SHELL/Royal Dutch.

Los tres estuvieron involucrados en el affaire de concentraciones de tropas chilenas sobre los pasos neuquinos, preparando la invasión relámpago denunciada por el presidente de Alemania, Mariscal Hindenburg, a Yrigoyen y corroborada por el espionaje aéreo de la misión Sautú Riestra. Las líneas de invasión sobre la Patagonia de este general petrolero discurrían precisamente, como objetivos de máxima y de mínima, sobre la cuenca petrolífera neuquina y sobre la cuenca del golfo de San Jorge. Objetivo asegurado: la subcuenca de Magallanes.

Solamente ejerciendo el cretinismo en el abuso del derecho se pudo excusar a la SHELL de estar constituida con capitales británicos, como hizo el secretario de Energia Storani en 1984, cuando precisamente la casa matriz de Londres aportó el 1 enero de 1930 los dos millones de libras esterlinas a la SHELL MEX Argentina Ltda., destinados sustancialmente a financiar esa invasión chileno-petrolera de 1930. Y ante su fracaso, a costear el derrocamiento de Yrigoyen ocho meses después, en septiembre, como reacción ante la política petrolera dinamizada por el Gral. Enrique Mosconi, y sus históricas rebajas a los precios trust de la nafta y el querosén, en agosto de 1929 y febrero 1930.

Pero las andanzas latinoamericanas del “Napoleón del Petróleo” y su general alemán no acabaron allí. Kund apareció nuevamente en Bolivia preparando y dirigiendo la Guerra Chaco-Paraguaya de 1932/35, mientras Henry Deterding avalaba las compras de armas bolivianas ante la Vickers – Armstrong, también británica. Estos hombres, conquistadores de la sangre negra de la tierra, abonan sus conquistas con la sangre roja, de otros hombres.

El conflicto por el Beagle y sus islas Picton, Lenox, y Nueva

Entre 1967 y 1969 este nuevo conflicto con Chile adquirió sustancia, y se encaminó hacia la aberrante salida del arbitraje inglés, coincidiendo Nicanor Costa Méndez como canciller, y el interés exploratorio de la SHELL en la zona de la Cuenca Austral. La que luego de un reconocimiento superficial de la plataforma submarina desde la boca oriental del Estrecho de Magallanes hacia Malvinas, solicitó y obtuvo la sanción del decreto 59/71 firmado por Levingston, Colombo y Hayek, por el que se autorizó a YPF a realizar concursos destinados a acordar permisos de exploración en tal zona. Lo cual mediante la ley petrolera de Onganía (Nº 17.319) y la práctica del cartel petrolero internacional, significaba dejarla en manos de la SHELL.

El decreto recién fue publicado en el Boletín Oficial con fuerza de ley el 30 de julio de 1971, cuando ya el presidente de la Nación era el Gral. Agustín Lanusse, su canciller Luis María de Pablo Pardo, y ambos habían firmado siete días antes, el 22 de julio, el célebre Acuerdo Arbitral de 1971, poniendo el litigio del Beagle en manos británicas. Esto simultáneamente a las conversaciones mantenidas en Buenos Aires desde el 22 al 30 de junio entre las delegaciones argentinas y del Reino Unido referidas a Malvinas. Que dieron lugar a la declaración conjunta del 5 de agosto de 1971, respecto la apertura de comunicaciones entre Malvinas y el continente.

De tal forma, en menos de quince días y en una confusa negociación triangulada entre Beagle, Malvinas, y exploración petrolera, Lanusse otorgó todo a cambio de nada. Pues creyendo que le daba el cuero para jugar a la perfidia con la pérfida Albión, mediante el decreto posterior nº 3.180/71 derogó lo dispuesto en el 59/71, pero posteriormente, dos días antes de su despido, el 23 mayo 1973, sancionó el decreto ley 20.849, por el que posibilitaba la exploración of-shore de hidrocarburos con la mera autorización de YPF, reponiendo así con ventajas los permisos a la SHELL, que antes sucesivamente había otorgado y anulado.

Los zigzageos petroleros de Lanusse también se advierten en los contratos de explotación otorgados a las testaferras del cartel internacional, Astra y Bridas, completando así a Onganía en la reversión de la honesta política petrolera de Illía. Encontrando ese negro interregno petrolero de Lanusse a los coroneles Harguindeguy y Galtieri en el año 1972, como asesores del interventor de YPF, año en que comienza a desarrollarse en escala las maniobras con la nafta adulterada. En ese interregno también se desempeñaron como presidente del Banco Central Ricardo Gruneisen, y como secretario de Energía Jorge Haiek. Quienes luego pasaron a ocupar las presidencias de las petroleras cartelizadas ASTRA, y SOCMA de los Macri. El  petróleo pudre lo que toca.

En 1972 reincidieron Lanusse y de Pablo Pardo en su torpeza diplomática, agravando las anteriores, al firmar con Chile el Tratado General sobre Solución de Controversias, donde mediante otro camino se llegaba sugestivamente a las mismas personas designadas por su Majestad Británica para integrar la Corte Arbitral del Acuerdo de 1971; los integrantes de la Corte Internacional de Justicia. Como un palurdo en derecho, Argentina, gracias a Lanusse y su canciller, se auto bloqueó toda otra salida legal, poniendo exclusivamente la resolución de uno de los conflictos -subcuenca de Magallanes- en manos de su contrincante en el otro conflicto -subcuenca Malvinas-.

El “Proceso de Reorganización Nacional”  

A principios de 1976 se suscitó el conflicto con el buque RRS Shackleton, y la inmediata sugerencia del agente argentino ante la Corte Arbitral Dr. Julio Barboza, de recusar el arbitraje de la corona británica por aplicación del art. 3 del tratado. Atrajo también la inquietud del Senado, quien convocó a una reunión secreta para el 25 de marzo para analizar el tema, pese las reticencias del ministro Alberto Vignes.

Pero el día anterior, anticipándose, llegó el Proceso. Y con él, el ascenso de los perros de la guerra, respaldados a ambos lados de la cordillera por iguales mentores y financistas. Inmediatamente se hizo cargo nuevamente del conflicto del Beagle el ahora embajador en Ginebra, de Pablo Pardo, quien asesorando al contralmirante Raúl Fitte dictaminó que “se habla actuado bien y se continuase hasta el final con el arbitraje británico”.

Simultáneamente el 10 y 11 de julio del mismo año, resultado de reuniones secretas en Paris, César Guzetti -canciller desplazado mediante un tiro en la cabeza- y Gualter Allara, su subsecretario, decidieron continuar negociaciones con los británicos respecto a Malvinas, pese el mutuo y reciente retiro de embajadores acreditados.

El provocativo fallo de Su Majestad Británica

Seguidamente el año 1977 trajo el gracioso fallo de Su Majestad Británica. No era un fallo sino provocación múltiple, al definir una “Patagonia propiamente dicha” como tierra de nadie, al restringir aún más el principio bioceánico, planteándolo exclusivamente para el área continental, con lo que extendía tácitamente el área en conflicto a la Isla Grande de Tierra del Fuego y a la boca oriental del Estrecho de Magallanes -centro de la subcuenca de Magallanes-.

Y al ignorar las  nuevas concepciones del Derecho del Mar y su proyección de 200 millas. De tal forma el laudo multiplicaba aviesamente las controversias que pretendía solucionar. Pinochet le dio presto cumplimiento, ocupando las restantes islas y creando el mar “interior Atlántico chileno”. Pese ello Argentina no reaccionó, atónita con sus conflictos en la Cuenca del Plata, Malvinas, y la amistad entre los presidentes Pinochet y  Banzer de Bolivia, estado tapón.

Y el tapón fue el que se movió, dando un cuarto de giro. Inesperadamente en noviembre 1977 Banzer convocó a elecciones generales, invocando “razones geoestratégicas” ante el centenario en 1979 de la Guerra de Pacifico y la pérdida boliviana de su litoral marítimo. Y el 1 diciembre Banzer apuró el juego, perdiendo y ganando poder, al renunciar “históricamente” a su candidatura presidencial y reasumir como comandante en Jefe de la FF.AA. bolivianas, cargo inexistente desde 1973, allí recreado.

Su ex-ministro del Interior general Juan Pereda Asbún lo heredó políticamente. Simultáneamente el general Agustín Toro Dávila, enviado secreto de Chile a Buenos Aires, plasmó la reunión en Plumerillo del presidente Jorge Rafael Videla con Pinochet del 19 de enero de 1978. Luego, el 25 enero Videla decretó la nulidad del laudo arbitral, y el 20 febrero Videla y Pinochet firmaron el Acta de Puerto Montt, la que sorpresivamente introduce en la controversia sobre el Beagle “las cuestiones relacionadas con el Estrecho de Magallanes”.

Quedó cumplido así otro precepto geopolítico básico de Pinochet: “Uno de los objetivos de la geopolítica es el de proporcionarnos antecedentes en el periodo de desarrollo”. El acto de Puerto Montt estuvo matizado desde su principio hasta el final con una comedia de enredos y provocaciones por parte de Pinochet, quien propuso inicialmente como lugar de reunión a Antofagasta —ciudad boliviana capturada por Chile— y clausuró el acto con un estentóreo y agresivo discurso que demudó y dejó sin habla a Videla y su comitiva.

Vino así marzo de 1978, mes del huevo de la serpiente, puesto secuencialmente día a día. El 15 de marzo la cancillería argentina soportó una nueva bofetada de la Corte Arbitral británica. Su presidente, el inglés sir Gerald Fitzmaurice, dictaminó el 8 de marzo que “carece de toda fuerza o efecto jurídico la declaración de nulidad”, que las medidas adoptadas por Chile para ejecutar el fallo “le han dado ejecución material y completa al laudo”, que “el derecho de revisión no fue requerido, por lo tanto dicho derecho a caducado, convirtiendo al laudo en final y definitivo” con “plena vigencia y obligatoriedad jurídica” y “confiado al honor de las naciones signatarias”.

Bolivia y más olor a petróleo

Seguidamente el 16 de marzo finalizó la segunda ronda de conversaciones de la Comisión Mixta (Comix) 1 convenida en Puerto Montt, con evidente desaliento argentino ante el estancamiento de las negociaciones. El 17 marzo Banzer da otro cuarto de giro, y sorpresivamente rompió relaciones diplomáticas con Chile, las que habían sido reanudadas el 8 de febrero de 1975, tras el Abrazo de Charana de Banzer con Pinochet. Invocó para la ruptura la impertinente exigencia de “canje territorial” de Pinochet, como contrapartida de la salida de Bolivia al Pacífico.

El 18 marzo las FF.AA. bolivianas “respaldan plenamente” la actitud de Banzer, y su delfín político Pereda Asbum proclama “ruptura que es bandera”. Luego continua el carnaval donde la “prensa seria” e “independiente” argentina comenzó a cantar églogas boliviaranas respecto a la Guerra del Pacífico, destacando la integración argentino-boliviana, y el aislamiento diplomático al que se encuentra sometido Chile. Y también comenzó a resaltar el Derecho del Mar y sus ingentes riquezas, y a amplificar las “Jornadas sobre el Beagle” y su soberanía, desempolvando a vetustos expositores. El 23 marzo, en conmemoración del “Día del Mar” se organizó una concentración simbólica de tropas y campesinos bolivianos en la frontera con Chile.

El día 28 el canciller argentino vicealmirante Oscar Montes, integrante del Grupo de Tareas  3.3.2 de la ESMA, luego condenado a cadena perpetua por delitos de lesa humanidad, viajó a Perú, logrando un reacercamiento argentino peruano y entendimientos de cooperación económica y nuclear. Finalmente el día 30 Bolivia denunció incursiones chilenas en su territorio, y anuncio que no concurriría a la cuarta conferencia castrense tripartita con Chile y Perú.

Mientras que Perú advirtió “Perú es pacifista, pero está militarmente preparado”. También el 30 el almirante Isaac Rojas declamaba en el Luna Park, en el “Acto de Reafirmación de la Soberanía”: “felizmente la reacción popular se ha producido”. Mientras Brasil y Paraguay preanunciaban el fracaso de sus negociaciones con Argentina respecto las presas en el Alto Paraná.

Argentina era empujada, interna y externamente a ir sobre Chile, y aparentemente tenía padrinos para ello. David Rockefeller ratificó su total respaldo a Martínez de Hoz, al crear la comisión binacional argentina – estadounidense en el seno del Consejo Empresario Argentino, integrada por los hombres del petróleo de siempre: Gruneisen, Lanusse, Eduardo Oxenford, etc. Simultáneamente el cartel petrolero cubrió apuradamente posiciones en el área marina de la sub-cuenca de Magallanes, ubicándose Bridas, con adecuado barniz europeo, al sur de la boca oriental del Estrecho, firmando ansiosamente el contrato el 3 de julio, aprobado luego por Videla el 7 de diciembre de 1978.

Se cobijó precariamente bajo la ley del petróleo (Nº 17.319), a la que en el año 1972 el cartel le había manifestado público y ostensible repudio, con motivo de las mismas licitaciones. Velozmente, el 14 abril de 1978, salió una nueva ley de Contratos de Riesgo (Nº 21.778) gracias a la cual la SHELL obtuvo su contrato exactamente en la boca del Estrecho, y ESSO, completando el ta – te-ti, se ubicó al Este de estos, mirando Malvinas.

Los padrinos para ir a la guerra con Chile

Junio de 1978 con su mundial de Futbol en Argentina, trajo el parto de la culebra. Lo estimuló la nota chilena del día 8 “haciendo formal reserva de todos los derechos en la región del acceso oriental al Estrecho de Magallanes y en la exploración y explotación de sus recursos naturales”. Y se precipitó el abrupto final de la reunión de la Comisión Mixta 2, provocada por las novedosas y desmesuradas exigencias hechas por parte de Argentina.

También se produjo la oportuna creación del CARI, Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales, imitación del Council Foreing Relations sostenido por la Fundación Rockefeller. Fue fundado por los “quirites” de la futura derrota de Malvinas: Nicanor Costa Méndez, Muñiz, Arnaldo Musich, Mariano Grondona, Felix Peña, Eduardo Roca, Carlos Ortiz de Rozas, etc., quienes tenían como factor común sus vínculos con los intereses petroleros. Los que en su primera disposición designaron miembro de honor a Henry Kissinger -director de Estudios Especiales de la Fundación Rockefeller- y lo invitaron a inaugurar el CARI. Lo hizo disertando sobre “el temor a la guerra es un chantaje”.

El disertante Kissinger y el general boliviano Hugo Banzer Suarez, fueron los dos únicos invitados oficiales de Videla para las finales del Mundial de Fútbol, coincidiendo ambos en Buenos Aires entre los días 23 y 25 de junio. El 27 de junio se reunieron en Buenos Aires los perros de la guerra, los altos mandos del Ejército presididos por Videla, asistieron los generales Roberto Viola, Suarez Mason, Menéndez, Leopoldo Galtieri, Vaquero, Santiago Riveros, Albano Harguindeguy, Diego Urricarriet, Carlos Laidlaw, y Fernando Santiago.

Simultáneamente reapareció en la cartelera, rápidamente higienizado de sus procesos por el Proceso, el general Lanusse. Quien se alejó del país bajo el honorable rumor de haber solicitado la baja del ejército, y se dedicó a pasear displicentemente su figura de futuro “De Gaulle” de la derrota por las capitales europeas y americanas, mientras la “prensa seria” local lo mantenía discretamente en vigencia. Estaban cultivando al hombre “del desastre”.

Mas padrinos para ir a la guerra y el golpe en Bolivia

En julio del 78 se registraron las “geoestratégicas elecciones” bolivianas del día 9, que proclamaron inicialmente como candidato ganador al oficialista Pereda Asbun, delfín de Banzer. Mientras Pinochet azuzaba a Bolivia, catalogándola de “país mediterráneo”, y agredía a Argentina achacándole “presiones extranjeras”. Por su parte el británico sir Fiztmaurice —presidente de la Corte Arbitral— con una nota del 10 de junio dio su última bofetada a Argentina, informando a Su Majestad que la Corte se disolvía:

“En vistas que no parece que exista nada que deba hacerse en orden a ejecutar el laudo, y que cualquier intento unilateral de anular, alterar o modificar la situación establecida constituiría una violación al mismo”. Afirmando como epitafio de su ruin arbitraje, “todas las islas, islotes, arrecifes, bajíos y otras formaciones situadas al sur” son chilenas, enajenando así también en los papeles a la Antártida Argentina.

Simultáneamente ilustres visitantes pasearon por Argentina y fueron recibidos por Videla: rumbosos banqueros de la City de Londres, entre ellos Montgomery -visconde del Alamein- quien calificó a Martínez de Hoz como “un genio”. Y valientes guerreros, como el ex-comandante de las fuerzas israelíes Mordachi Gur, ideólogo de las expediciones punitivas, de los “derechos de sangre y batalla”, del asentamiento militarizado de poblaciones en zonas limítrofes, autor de la toma de Jerusalén en la Guerra de los Seis Días, y planificador de la Operación Enthebe. Quien mantuvo reuniones estrictamente secretas con el general Viola, jefe del Estado Mayor del Ejército y ya designado futuro Comandante en Jefe.

Pero los resultados de las “geoestratégicas elecciones” bolivianas cayeron en la incertidumbre, ante las denuncias de todo el espectro político que las calificó de “fraude gigantesco”, “jamás visto en la historia democrática universal”, “sorprendente por su magnitud y descaro”, “superior a un 60 %. Se denunciaron asesinatos, atentados, intimidaciones, amenazas de represalias sobre las familias de los opositores, incautación ilegal de urnas con vehículos del estado, existencia solo de boletas de Pereda Asbún, secuestro de urnas por oficiales del ejército, mayores votantes que empadronados, etc.

Entre tanta anomalía se destacó el misterioso asesinato de dos guardaespaldas del candidato Franco Guachala, vicepresidente de Pereda Asbún, ejecutados ambos mientras dormían juntos, con un tiro en la cabeza y otro en el pecho. Las “geoestratégicas elecciones” bolivianas, de importancia tal que el hombre de Banzer, Pereda Asbún, pretendió ser impuesto “democráticamente” a sangre y fuego, se desmadejaron finalmente con una huelga de hambre de Hernán Siles Zuazo; la anulación de las elecciones por la Corte Nacional Electoral; y el “autogolpe nacionalista” de Pereda Asbún del 21 de julio como vía alternativa de aferrar el poder. La Argentina fue el primer país del mundo en reconocer al nuevo gobierno, e inmediatamente corporaciones norteamericanas y alemanas lo alentaron ofreciéndole 2.500 millones de dólares en préstamos.

En agosto de 78 la culebra engordó. Comenzó la melopea belicista de Papel Prensa y su “prensa seria”. Se hizo oficial y pública la zahiriente auto disolución de la Corte Arbitral británica. Asumió Viola como Comandante en Jefe y declamó “la soberanía no se negocia”. Se auguró la inminente caída de Pinochet y su régimen, y la suspensión de la ayuda militar estadounidense a Chile. A la par trascendió que Chile estaba obteniendo apoyo financiero para la adquisición secreta de armamentos de alta sofisticación en cantidades asombrosas.

Por su parte Bolivia reclamó la internacionalización de Arica, negándose a reanudar relaciones con Chile hasta que no se solucione la “vergüenza continental” de su encierro, pero “vislumbrando días dichosos en que el litoral marítimo volverá a la’ patria”. Trascendió el plan británico de extender 200 millas su presunta soberanía en torno a Malvinas, “un pleito que hemos ganado, pero que estamos perdiendo en la ejecución de sentencia” graficó Miguel Angel Zavala Ortiz.

Además las negociaciones de la COMIX 2 se estancaron, por la actitud argentina incompatible con el progreso de las mismas, explicaron voceros chilenos. Lanusse se entrevistó con Kissinger en Nueva York, y se jactó que a un “De Gaulle –argentino- no se hace por decreto”. Y en el último día del mes Pereda Asbún ofreció a Banzer la embajada en Argentina. De tal forma, el gabinete de Banzer y Pereda Asbún, luego de un minué presuntamente pro-argentino, quedaba integrado por: Presidente; Pereda Asbún, ex-ministro del Interior de Banzer. Ministro de Defensa, Walter Castro Avendaño, ex-embajador de Banzer en Argentina. Comandante en Jefe de las FF.AA.; Angel Salmón, ex-ministro del Interior de Banzer. Ministro del Interior; Faustino Rico Toro. Embajador en Argentina; Banzer, ex-presidente de todos ellos.

Banzer Suarez embajador en Argentina

En septiembre de 78 la culebra echó cuerpo, resultando un mes clave para la consolidación de la estratagema. Banzer se hizo el remolón como embajador en Argentina, y viajó a Estados Unidos “por razones de salud”, luego de mantener una reunión secreta con Pereda Asbún. Recaló el día 9 en Río de Janeiro, y apareció el 16 en Buenos Aires. Donde no obstante el carácter particular de su visita, fue recibido en Ezeiza por el director del Dep. América Latina de la cancillería, Medina Muñoz, y por el encargado de negocios bolivianos, entrevistándose el día 18 con Videla.

Finalmente el 27 de setiembre Banzer aceptó la embajada en Argentina, tras entregar información “reservada” de carácter internacional a los mandos castrenses” según informo Rico Toro, quien agregó: “Banzer trasmitió una información de carácter reservada que poseía como ex-presidente al haber ocupado la primera magistratura y el mando en jefe de las FF.AA. de Bolivia. Pereda consideró muy importante que Banzer continuara una serie de contactos por el bien del país, razón por la cual resolvió designarlo como embajador de Bolivia en Argentina”.

A su vez Banzer acoto que habiéndose tratado la situación entre Chile y Argentina, se “había analizado la problemática internacional que puede afectar la vida de la República en toda su amplitud. Dejando entrever haber trasmitido información sobre preparativos bélicos por parte de Chile y la posibilidad de un acuerdo de defensa mutuo entre Bolivia y Argentina”.

Al día siguiente Pereda dispuso una reunión urgente del alto mando militar a la que fue convocado especialmente Banzer, para “estudiar la situación del Cono Sur”, ya que “Bolivia podría ser afectada en su existencia como república por las derivaciones de los actuales problemas geopolíticos de la región”, dramatizaron sus voceros.

Culminaba así un mes donde los incidentes menudearon como por encargo, comenzando con la penetración de tropas chilenas que desplazaron el hito fronterizo nº 38 hacia territorio boliviano. Continuaron con la movilización de reservistas y la instrucción militar de las mujeres, requerida por la Asociación Boliviana de Militares Retirados. Y terminaron con el aumento retroactivo a un año atrás de la tarifa de fletes por parte de la “Antofagasta Bolivian Ralway Co.” -chileno británica- a la Corporación Minero Boliviana.

Simultáneamente se registraba el esfuerzo oficial boliviano de lograr una franca aproximación política con Perú, proponiendo “unificar sus historias y crear las bases de una acción conjunta y simultanea para negociar con Chile la devolución de los territorios usurpados”, al mismo tiempo que se trataba de conformar al frente interno prometiendo elecciones generales para julio de 1980.

La clave el PLAN ALPACA, la alianza secreta chileno boliviana

La clave de la combinación chileno boliviana en la trama de los acontecimientos, la lanzó el ex-ministro de trabajo de Víctor Paz Estenssoro y de Hernán Siles Zuazo, y ex-asesor de la OIT, el abogado Aníbal Aguilar Penarrieta. Mediante artículos periodísticos por los que denunciaba que Chile había instalado en Bolivia “una amplia red de espionaje que ha logrado infiltrarse en las instituciones del Estado”, precisando:

“El presidente de Chile tiene siempre a mano la “carpeta Bolivia”, cuya clave es ALPACA”, mientras arreciaban simultáneamente acusaciones y rumores de la “chilenofilia” de Banzer y Pereda. Y la clave de situación la completó el embajador venezoIano en La Paz que afirmó: “Venezuela estará apoyando siempre a los países donde haya justicia y no así a aquellos que perturban la paz y estropean los derechos humanos. El otorgamiento de una salida al Pacífico para Bolivia es un problema internacional, que no sólo debe ser solventado por los países involucrados en élpor siempre estaremos al lado de los bolivianos”.

De tal forma Bolivia se convertía en la llave del conflicto argentino – chileno, pudiendo no sólo trocar el eje Lima – La Paz – Buenos Aires, por Brasilia – La Paz – Santiago, sino también convertirse en el conmutador del apoyo latinoamericano, otorgándoselo a uno y quitándoselo al otro, dirimiendo así efectivamente el conflicto armado.

En Argentina mientras tanto el conflicto del Beagle hacía correr ríos de tinta, conferencias patrióticas, arengas y disquisiciones, sólo proporcionales a la perfidia del árbitro y de su arbitraje. Al mismo tiempo que se le declaraba la “guerra de los camiones” a Brasil, impidiéndoles su tránsito a Chile, mientras Costa Méndez y  Alvaro Alsogaray propugnaban la internacionalización del área en conflicto, incluida Tierra del Fuego y el Estrecho de Magallanes, en consonancia con la internacionalización de Arica reclamada por Pereda Asbún y Banzer.

Mientras Kissinger terminaba sus trebejos entrevistándose el 30 nuevamente con Martínez de Hoz en Nueva York, y el subsecretario de Relaciones Exteriores Allara magnificaba la reapertura de las negociaciones por Malvinas, que se efectuarían en el diciembre próximo. “Que por primera vez en la historia de la disputa versarían sobre la soberanía”. Una vez transcurrido el mes M.

En octubre del 78, último mes del plazo de la Comix 2 convenida en Puerto Montt -vencía el 2 de noviembre- los acontecimientos se precipitaron. Aumentó el ulular belicista de la “prensa seria” argentina, y aumentó Pinochet su provocativa danza guerrera tras la cordillera. Culminado la incitaciones de aviones y soldados chilenos en territorio argentino de meses anteriores, con las detonantes declaraciones del jefe del Estado Mayor chileno en Brasilia, la visita del almirante  Jose Toribio Merino -jefe de la Armada chilena y miembro de la Junta Militar- a las islas en disputa, y el desparpajado reclamo del embajador Sergio Jarpa Reyes de una salida chilena al atlántico.

Cerrando el mes vino presuroso Banzer desde La Paz, para una apresurada presentación de credenciales ante Videla el lunes 23. Y el miércoles 25 se concretó el atolondrado viaje de Videla a Pocitos, arrastrado por Banzer. Allí se produjo el “Abrazo de Yacuiba” entre Videla y Pereda Asbún, y su posterior plática secreta; y a su regreso a Buenos Aires se precipitó la aparente crisis de gabinete con la renuncia del canciller Montes y otros ministros, excepto Martínez de Hoz y Harguindeguy. Quedaba así Videla con las manos libres para inaugurar su Gabinete de Guerra, el DIA D a la HORA H: veinticuatro horas posteriores al término de la Comix 2. El sábado 4 de noviembre de 1978 a la cero hora, Argentina se lanzaba sobre Chile en una alucinante guerra de ocupación, remedo de estrategias bélicas de cincuenta años atrás.

Golpe en Bolivia

El largo brazo de Washington y el pacifista Carter conjuraron el intento. El 31 de octubre anterior estalló en La Paz una asonada militar para derrocar a Pereda Asbún, que este conjuró dificultosamente deteniendo a los colaboradores de Siles Zuazo, imponiendo la censura sobre temas militares, y mediante la renuncia en pleno de su gabinete. Mientras que el vocero del Departamento de Estado, Hodding Carter, insistió persuasivo el 1 de noviembre “en una solución pacífica de la controversia a través de negociaciones bilaterales”.

Al mismo tiempo que se introducía una cuota de recelo en el conflicto, al presentarse ante el juez federal estadounidense Aubrey Robinson el 28 de octubre anterior, evidencias que sindicaban a Hernán Cubillos, canciller chileno desde abril, como agente de la CIA implicado con la ITT en el derrocamiento de Allende.

Descompaginada la llave boliviana del conflicto, Pinochet trocó la ferocidad del león por la astucia de la zorra. Videla lo imitó, ambos con la esperanza de volver a afinar la clave de La Paz. En una comedia de perfidias sudamericanas, donde ambos enemigos coincidían en el mismo objetivo táctico: estabilizar el régimen de Banzer – Pereda Asbún. Videla contándolo como su aliado explícito indispensable, Pinochet sabiéndolo su aliado secreto incondicional. Así, sobre el filo del vencimiento del plazo de la Comix 2 -noviembre 2- Chile propuso someter el conflicto a la Corte Internacional de Justicia, o a la mediación de un gobierno a elegir.

Videla por su parte aceptó el impasse, suspendió la reunión de generales de Brigada prevista para el lanzamiento del plan militar del día 3, encarpetó su Gabinete de guerra, suspendió la acción sicológica lanzada desaforadamente por los medios de comunicación, y respondió ambiguamente a Pinochet. En Bolivia Pereda Asbún y Banzer lograron estabilizar dificultosamente su gabinete, conservando a sus prohombres, Ricardo Anaya continúo como canciller y ministro de Hidrocarburos, Rico Toro en Interior, y Castro Avendaño en Defensa. Pero la presión externa se hace sentir, y por ello Pereda Asbún dejó entrever que podría reanudar relaciones oficiales con Chile.

Pinochet por su parte apreció que su elucubrada estratagema se había desarmado, y salió inopinadamente a “bajar tensiones que se han creado artificialmente”. “No hay ningún problema bélico, los dos países están en muy buen predicamento, la guerra descartarla de la cabeza”, fijándose un plazo de tres semanas para resolver si recurriría a la Corte Internacional de Justicia o la mediación. Salió también en su ayuda Gran Bretaña, súbitamente conciliadora y deslindando toda responsabilidad en el conflicto, afirmando que “el fallo arbitral no incluye ninguna referencia concreta sobre el problema de las aguas territoriales, lo que debe resolverse mediante acuerdo de partes, y que tampoco el laudo se pronunció respecto a las islas al sur de la Picton, Lennox y Nueva”.

Pero pasadas tres semanas, el 24 de noviembre, cayó definitivamente el régimen de Pereda Asbún, mediante un incruento golpe militar, siendo reemplazado por el general Padilla Arancibia, líder del “grupo generacional” que tomó el poder, declarándose “profesionalista e institucionalista”. Convocó de inmediato a elecciones generales para julio de 1979, y obtuvo así el total respaldo político. Consecuentemente el mismo día 24 la cancillería argentina respondió la nota de su par chilena del día 20, aceptando la invitación a una reunión de cancilleres para designar mediador, en lugar y fecha a determinar.

A fines de noviembre el nuevo gobierno boliviano se consolidó, declarándose en “sesión permanente para encarar los problemas nacionales y delinear la política interna y externa”. Su nuevo canciller Raúl Botelho, la expresó terminantemente, al ser consultado si el nuevo gobierno era partidario de un eje La Paz – Buenos Aires. “Bolivia no forma parte de ningún eje” respondió. Pero la estabilidad, mediante una Bolivia democrática, aún no había llegado a la región, ya que como afirmó Silez Zuazo “si algún riesgo existe para la democracia, se llama Banzer”. Máxime si Pinochet, Videla, o ambos simultáneamente, consideraban a Banzer su aliado indispensable.

Padilla Arancibia manejó sibilinamente el presente griego de Banzer como embajador en Argentina. El 29 de noviembre, luego de una personal entrevista, lo confirmó como embajador, obteniendo así el inmediato reconocimiento argentino de su gobierno. Al día siguiente, 30 de noviembre, lo destituyó, esperando pasar un diciembre tranquilo.

La denuncia del PLAN ALPACA

No lo consiguió, ya que Videla y Pinochet convinieron los primeros días de diciembre en realizar la preanunciada reunión de sus cancilleres el 12 de diciembre, en base a un nuevo objetivo común incomunicado, e insospechado por Videla, de reponer nuevamente a Banzer en el poder antes de tal fecha. Simultáneamente, visto la condicionalidad de la estratagema chileno – británica, con la caída de Bolivia como aliada secreta, se produce una descompresión en la presión a que había sido sometida Argentina hasta entonces.

De tal manera se reanudaron las largamente congeladas negociaciones con Brasil y Paraguay por las presas en el Alto Paraná, luego de la reunión de la Cuenca del Plata que se efectuó el 4 de diciembre en Punta del Este. Ocasión en que el canciller boliviano Raul Botelho aprovecho para reiterar enfáticamente la neutralidad boliviana, conceptualizándola como un nexo interamericano, participando en sus dos grandes cuencas hídricas y constituyendo su nudo vial y ferroviario. Tras aceptar el “respaldo moral” argentino al derecho boliviano a su salida al Pacífico, abundó diciendo que “esas grandes decisiones que deberá adoptar el país, se postergarán hasta la asunción del gobierno constitucional” asegurando que ello surge “del propio convencimiento de quienes hoy gobiernan Bolivia”.

Al mismo tiempo Martínez de Hoz cumplía una exitosa gira por Brasil, logrando entendimientos “económicos y políticos”, y el cardenal Raúl Primatesta persuadía a Videla de la necesidad de contemplar la mediación papal. Así llegó el día 8 de diciembre, día en que Padilla Arancibia conjuró su primer intento de golpe de estado en Cochabamba, denunciando su ministro del Interior, Raúl López Leyton, un complot subversivo, alentado por sectores de la “empresa privada” destinado a reponer en el poder a Banzer. Allí las cosas se precipitaron. El día 9 el embajador estadounidense en Bolivia Paul Bocker, amenazó con el lanzamiento de las reservas estratégicas de estaño de EE.UU, si se interrumpía el proceso eleccionario boliviano.

El día 11, mientras el Papa hacía un llamado a Pinochet y Videla por la fraterna convivencia de los pueblos, y Carter mediante su embajador Gale MacGee solicitaba la intervención de la OEA en el conflicto, reapareció súbitamente en La Paz el abogado Aníbal Aguilar Penarrieta, haciendo pública la querella que en esos momentos por razones de seguridad estaba presentado su esposa ante el secretario de la Corte Suprema de Justicia con sede en Sucre.

En ella demandaba un “juicio de responsabilidad” contra los ex-presidentes Hugo Banzer Suarez y Juan Pereda Asbún y los ex-embajadores de Bolivia en Chile Guillermo Gutiérrez Vea Murguía y Adalberto Violand, a quienes imputó los siguientes cargos: “Espionaje, revelación de secretos políticos y militares concernientes a los medios de defensa y a las relaciones exteriores a favor de Chile, infidelidad en negocios internacionales, genocidios y actos ilegales exclusivamente relacionados con la reivindicación marítima de Bolivia”.

A Banzer Suarez lo acusó específicamente de alentar y fomentar el montaje de un aparato de espionaje chileno en Bolivia, bajo los términos de un “PLAN ALPACA” trazado por el gobierno del general Augusto Pinochet. Respecto de este plan y otro documento denominado “carpeta Bolivia”, Aguilar Penarrieta sostuvo que copias de ambos fueros sustraídos para asombro de Pinochet, de su propio despacho presidencial de La Moneda.

Al general Pereda Asbún lo acusó entre otros cargos, de similar complicidad con el espionaje chileno y de firmar convenios con los servicios de seguridad de ese país. A los embajadores Vea y Violand los imputó de contactarse con los servicios de inteligencia chilenos, visar pasaportes de espías chilenos, y de engañar al pueblo boliviano en las negociaciones que entablaron como diplomáticos. Aguilar Penarrieta reveló también que después de advertir periodísticamente en setiembre pasado de los riesgos de la infiltración y espionaje chilenos, los agentes de la DINA chilena lo buscaron por toda América Latina con el propósito de eliminarlo.

De tal forma Chile, casi exactamente cien años después, sirviendo a los mismos espurios intereses anglosajones, estuvo a punto nuevamente de alcanzar la victoria bélica, “ley suprema de las naciones”, empleando para ello la antiquísima estratagema de la traición de un aliado, mediante una contra alianza secreta. En este caso con un mismo judas boliviano. Sólo que dado la mutación del derecho de presas por el de represalia, había que transformar al incauto en colérico, provocando su agresión.

A tal fin los “perros de la guerra” argentinos, que confundieron lo militar con el oficio de muerte y aniquilamiento, carenciados de las cinco virtudes de “El Comandante” de Sun Tzu “sabiduría”, “sinceridad”, “benevolencia”, “coraje” y “rigor”. A tal fin las islas del Beagle como señuelo. A tal fin el aberrante laudo arbitral como provocación. A tal fin los artilugios bélicos de origen anglosajón inservibles, bombas y torpedos que en Malvinas no estallaron. A tal fin la presión regional en la Cuenca del Plata y Malvinas.

De tal forma que al ir Argentina sobre Chile, mediante la inversión de la alianza boliviana con Banzer y Pereda Asbun, habría quedado Argentina sola y aislada -militar y diplomáticamente- en la región y en el concierto de las naciones, debiendo pagar sus errores con mutilación territorial. Para Chile la “Patagonia propiamente dicha” del laudo arbitral, y el extremo austral. A Bolivia, Salta y Jujuy. Al Paraguay el chaco-formoseño. A Brasil, Misiones y la proyección antártica argentina. A Gran Bretaña la disolución del conflicto sobre Malvinas, que le permitiría a EEUU instalar su base aeronaval allí, para controlar el Atlántico Sur. Conformando al Perú, reponiéndole su Pampa de Taramugal en el Pacífico.

Se cumpliría así el pronóstico de Kissinger “Argentina será descuartizada”, pasando a manos del cartel petrolero internacional sus grandes cuencas petrolíferas: la Noroeste, la Neuquina, la del Golfo San Jorge y la codiciada Austral. El sueño de sir Henry Deterding, el “Napoleón del petróleo”, hecho realidad.

La reculada de Pinochet y el nuevo día D

Viendo Pinochet que se caía su estratagema, comenzó a recular apresuradamente, pero como buen trampero tratando de no perder el señuelo: el laudo favorable sobre el Beagle. Así en la reunión del día 12 de diciembre en Buenos Aires, el chileno Hernán Cubillos aceptó al Papa como mediador, y al Acta de Puerto Mont como base para el mismo, pero no aceptó la caducidad del laudo inglés, ciñéndose a su objetivo de mínima.

Videla y el canciller Carlos Pastor habían abordado, sin saberlo, al núcleo malicioso del conflicto, y por primera vez Argentina hizo un planteo claro y entero; caducidad del laudo británico, para no ir desahuciados a una mediación. La reunión fracasó, y Pinochet en su recule comenzó a tirar todos los obstáculos diplomáticos que encontró a mano, ayudado por el establishment anglosajón internacional.

El 14 de diciembre Brasil exhortó vehementemente a los dos gobiernos y también lo hizo Viron Vaky, subsecretario de Estado, mientras Pinochet se abrazaba desesperadamente a la mediación papal. El 15, el embajador ante la ONU de EEUU Rober Pastor amenazó premonitoriamente al embajador Guillermo Moncayo en Washington con caernos encima con la OTAN, como luego sucedió en la Guerra de Malvinas. Mientras que Kurt Waldhein convocaba en las Naciones Unidas a los embajadores chilenos y argentinos.

También Brasil se ofrecía como mediador, y Pinochet también aceptaba la intervención de la OEA, mientras sus “perros de la guerra”, el almirante José Toribio Merino de la Armada y el Gral. Guillermo Ramirez, jefe del Estado Mayor del ejército, trocaban sus ladridos en ronroneos: “No creo que haya guerra’, “las situaciones deben solucionarse de acuerdo con las normas que rigen los países civilizados” expresaron.

El 16, Hodding Carter vocero del canciller de EEUU Cyrus Vance, insistió en su preocupación de “que los acontecimientos se vayan de las manos y se comiencen e intensifiquen las acciones”, mientras la cancillería argentina recibía solícitas expresiones de agradecimiento del embajador chileno Hernán Cubillos por las atenciones recibidas. El 17 Carter mandó una carta personal a Videla y Pinochet; éste expresó que el diálogo con los “hermanos argentinos” no se había roto, que aún se mantenían gestiones, y pidió el envío de observadores estadounidenses a la zona del conflicto, mientras el Vaticano se declaraba conmovido por la posibilidad bélica.

El 18 Carter declaraba que no enviaría veedores, pero tenía en acción su “diplomacia privada”, mientras el general Harguindeguy se declaraba ambiguamente partidario de la paz, y Chile bloqueaba preventivamente los pasos fronterizos. Todo ello porque si bien Pinochet había perdido la llave boliviana del conflicto con el eclipse de Banzer, la misma llave, sin Banzer, aún podía funcionar para Videla. Y la estaba buscando.

El día 17 La Nación censuró su nota de página 4 anunciada “Bolivia, en medio de intensos rumores sobre golpes de estado, la junta Militar emprendió la renovación de los mandos de las FF.AA.”. El día 18 la Corte Suprema Boliviana rechazó la querella de Aníbal Aguilar Penarrieta, por no estar registrado como abogado habilitado. El día 19 Padilla Arancibia se auto designó Jefe de las Fuerzas Armadas, y reiteró firmemente la neutralidad y pacifismo de Bolivia descreyendo de un evento bélico en la región. El día 20 Siles Zuazo denuncié otro complot contra Padilla organizado por “la nueva rosca de militares reaccionarios y sectores de la empresa privada”.

El día anterior Brasil había insistido en su absoluta imparcialidad en el conflicto, negando ninguna alianza con Chile. La CEE también exhortaba a Argentina y Chile a entenderse pacíficamente, mientras se suspendía el recorrido de trenes a Bariloche y se realizaban nerviosas reuniones entre Videla, Primatesta, y Raúl Castro, para rebajar al Papa de mediador a componedor. Mientras que el chileno Cubillos, por nota del día 20 insistía plañideramente en la mediación Papal.

Llegó así el día 21 de diciembre. Luego de una reunión del Comité Militar, Argentina rechazó con extrema firmeza la nota de Cubillos del día anterior, Chile interpretó en la misma una contenida amenaza, y solicitó en la OEA la urgente aplicación del TIAR. Mientras Argentina presentaba una nota de carácter Urgente al Consejo de Seguridad de la UN, lo que preanunciaba que muy pronto se producirían hechos de gravedad. Estando desde primera hora en Mendoza los “perros de la guerra”, Menéndez y Suárez Mason, jactándose sin tino.

Ese día 21 Carter extremó toda su “diplomacia privada”. Padilla Arancibia anunció desde Cochabamba que tenía a los golpistas bajo control, y que Bolivia debía prepararse para defender su posición neutral entre Argentina y Chile, con la “esperanza que no se llegue a un conflicto armado, que sería fatal”. En Buenos Aires el ministro consejero Maxwell Chaplin ajustó las clavijas a Videla, mediante una entrevista reservada con el canciller Pastor, requiriéndole el cese de los fragotes bolivianos. Y en Roma Agostino Casaroli en nombre de Juan Pablo II ofreció el inmediato envío de un representante de alto nivel en misión pública y urgente, al que Pinochet se abrazó aceptándolo en el acto, y dándolo oficialmente por hecho, en público anuncio el mismo 21.

Videla y el zorro Viola, ante la presión externa, recularon. El 22 de diciembre Videla aceptó el ofrecimiento papal y acuñó la frase “ganar la paz”. Viola el mismo día convocó a los jefes de cuerpo, los “perros de la guerra”, que si son fáciles de soltar y azuzar, difícil es volverlos a la traílla. Allí fue donde la situación se invirtió grotescamente, y fue Argentina la que bloqueó sus fronteras, para evitar expediciones provocativas hacia el otro lado. Pinochet canceló su cacareado viaje al sur para las navidades, y fueron los tres comandantes argentinos, Viola, Lambruschini, y Agósti quienes lo realizaron.

Pasaron la Navidad junto a la tropa para evitar que ésta, sobremotivada, se desmande hacia la frontera, mientras Pío Laghi y el embajador de EEUU en Argentina Raúl Castro se mordían las uñas por temor a un incidente, esperando la llegada para el día 26 de Antonio Samoré, Enviado Especial de Su Santidad. Entretanto un Pinochet temeroso, trató entonces de amedrentar y disuadir: “Toda la escuadra, toda la infantería, todo lo que tenemos está en el sur” dijo Toribio Merino, miembro de la junta militar chilena.

La caída del PLAN ALPACA

Simultáneamente a estos acontecimientos, aparecieron otros indicios del Plan ALPACA. El ministerio de justicia estadounidense acusó ante un juez de Washington a organizaciones chileno-norteamericanas “de llevar a cabo una campaña secreta e ilegal, dirigida a provocar las simpatías de periodistas, congresistas, académicos y del público a favor de Chile, sostenida con fondos ocultos del gobierno chileno”.

Al mismo tiempo se llevaban a cabo en Ginebra, entre el 18 y 20 de diciembre, las preanunciadas conversaciones para Malvinas entre Argentina y Gran Bretaña, presididas las delegaciones por Gualter Allara y Ted Rowlands respectivamente. Las que pese el anuncio resonante con que se la rodeó al anunciarla en setiembre, tuvieron un final diplomático anodino y un final humano tenebroso.

En el anochecer del 20 de diciembre fue secuestrada Elena Holmberg, funcionaria de la cancillería que prestó servicios en los Departamentos Malvinas, de Tratados y Límites, y en París, sobrina de Lanusse, e hija de Adolfo M. Holmberg. Autor del libro “Cree usted que los ingleses nos devolverán las Malvinas? Yo NO”, publicado en 1977 en el que decía de ellas:

“Son una colonia de población frustrada, una factoría de producción única y explotación monopolizada, una base naval abandonada, una estación logística vacía, un puerto solitario y una gobernación sin recursos y deficitaria, con un programa de obras que no se harán jamás. Pero Gran Bretaña insiste en mantenerse allí porque el secreto de su diplomacia en el litigio de las Malvinas no es otro que codiciar el tesoro del petróleo yacente en la entraña de la cuenca sedimentaria Austral”.

El día 12 de enero emergió el cadáver de Holmberg, ejecutada con un tiro en la cabeza y enterrada como N.N. y simultáneamente comenzó el eclipse diplomático del subsecretario de relaciones exteriores Gualter Allara, creador del Grupo de Tareas 3.32 de la ESMA. Quien no obstante luego paso a desempeñarse como jefe de Inteligencia en el Estado Mayor General de la Armada. Y fue uno de los impulsores de la ocupación de Malvinas en 1982, en la que ostetando el grado de contraalmirante fue el comandante de la Flota de Mar que concretó el desembarco en ella.

Los últimos días de 1978 registraron también las últimas dentelladas de los “perros de la guerra”. El mensaje de navidad de Videla que repitió la palabra “paz” veinticuatro veces, echando aceite en la tempestad. La sorpresiva reestructuración ministerial de Pinochet del día 26, eliminando su gabinete de guerra. La orden general de destinos de las FF.AA. bolivianas del mismo día, por la que Banzer, su ex-comandante en Jefe Angel Salmón, y otros conspicuos banzeristas son pasados a la reserva. La elevación de notas el 27 por parte de Argentina y Chile ante el Consejo de Seguridad de las UN, abriendo así otras puertas para resolver el conflicto.

Las diligentes explicaciones por parte de Cubillos y el ex-ministro de guerra de Pinochet, Herman Brady, al Perú por el caso de los espías chilenos, en los días 28 y 29. La asunción en este mismo día del general Padilla Arancibia como comandante en Jefe de las FF.AA. bolivianas, y su solicitud para Bolivia como sede de la novena asamblea de la OEA, al cumplirse el centenario de la Guerra del Pacifico, declarando así a Bolivia Nación Abierta. Y el editorial del ‘‘New York Times” que sintetizó la cuestión: “el prestigio del Papa salvaguarda la paz en la región del Cabo de Hornos”, “disipó la amenaza de una guerra que habría arrasado la parte meridional de América Latina”.

La variante Malvinas

El “manisero” Carter –oficio con que los despreciaban los militares del Proceso- salvó a la Argentina de ser descuartizada. Y los estrategas geopolíticos y napoleones del petróleo apreciaron que en América Latina pese a sus tragedias y sus horrores, existe una sutil trama de contrapesos que impiden balcanizarla como a Africa, o conquistarla como a Indonesia. El conquistador debía venir desde afuera, detenible solo por su propia voluntad, y en objetiva alianza con el estado rector continental, Estados Unidos. Ello se concretó en el año 1982 en la otra sub-cuenca, la de Malvinas. Pero previamente, para quien conoce del “Arte de la Guerra” como SunTzu (siglo V. a.C.) debía hacerse:

“Confunde a los hombres más sensatos y mejores del enemigo, de manera que quedará sin consejeros. Introduce traidores en su país, de manera que la política del gobierno resulte intrascendente. Fomenta la intriga y el engaño y de este modo siembra disensión entre el gobernante y sus ministros. Por medio de astutas maquinaciones causa deterioro entre sus hombres y la dilapidación de su tesoro. Corrompe sus costumbres mediante insidiosos regalos que lo lleven al exceso”. Sobrevino así el vaciamiento del país, el crac bancario, su endeudamiento externo sucio, la “solución final” de los “desaparecidos están muertos”, la corrupción y los negociados. Todo ello como lacras exuberantes del Proceso.

Ver Altas autoridades de EEUU reconocen que la deuda es un instrumento de dominio

Luego, quizás como castigo de haber derramado sangre entre hermanos e intrigado la guerra entre americanos resulta oportuna la cita bíblica de Isaías 5: “El Señor levanta una bandera y a silbidos llama a una noción lejana, de lo más lejano de la tierra la hace venir. Viene enseguida, llega con gran rapidez: no hay entre ellos nadie débil ni cansado, nadie que no esté bien despierto, nadie que no tenga el cinturón bien ajustado, nadie que tenga rotas las correas de sus sandalias. Tienen flechas bien agudas y todos sus arcos bien tensos. Los cascos de sus caballos son como dura piedra y como un torbellino la rueda de sus carros; su rugido es como el rugido de un león, que gruñe y agarra la presa, y se la lleva sin que nadie se la pueda quitar. Esa nación, al llegar el dio señalado, rugirá como el mar” contra Argentina.

Final

La entereza y claridad argentina de exigir la caducidad del laudo británico, previo a la mediación, para no ingresar a ella desahuciados, no duró mucho tiempo. Un Videla sin tino ni rumbo la dejó perder entre presiones internas y externas, zalamerías diplomáticas y las sotanas de la mediación, mientras Martínez de Hoz se afirmaba como primer ministro de su gabinete. El 30 de diciembre 78 Chile solicitó la mediación, exponiendo sus bases y alcance. Lo propio hizo Argentina el 2 de enero 79. El 8 de enero se firma el borroneado Acuerdo de Montevideo en que su art. 8) expresa ambiguamente “la búsqueda de una solución del diferendo para el cual ambos gobiernos convinieron buscar el método de solución pacífica que consideraron más adecuado”. Clausulado sigilosamente completado con los art. 1 y 11.

El 25 de enero, luego de que Su Santidad oteó prudentemente la efectiva distensión en las fronteras argentino-chilena, un escueto comunicado vaticano daba cuenta de que “Juan Pablo II aceptó la solicitud formulada por los gobiernos de Chile y Argentina para una mediación de la Santa Sede”, también escuetamente reproducido en Buenos Aires. En el trayecto quedó olvidada y arrumbada la caducidad del laudo arbitral, configurando ello una negociación diplomática perjudicial a la Nación.

Al firmarse el Acta de Montevideo, el 8 de enero, Samoré explicó “No es la cuestión del Canal de Beagle, sino de la Zona Austral”. Precisamente al día siguiente, 9 de enero 1979, Pinochet lo ratificó al inaugurar personalmente en Punta Catalina, en la boca oriental del Estrecho de Magallanes, la puesta en explotación del yacimiento de petróleo Ostión, en cumplimiento del programa “Costa Afuera” de la ENAP, previéndose un total de 150 pozos de exploración y 1.100 pozos de explotación, lo que llevará a Chile al autoabastecimiento petrolero. Sus empresas operadoras son las “hermanas” del cartel petrolero internacional.

La carta enviada al presidente Alfonsín por el autor de esta nota terminaba diciendo: “La paz no fue asegurada mediante los subterfugios diplomáticos de Samoré, los que llevaron a la dictadura argentina entrar a sangre y fuego; tortura, secuestro, muerte y narcotráfico en Bolivia en julio de 1980, para reimponer a los sicarios de Banzer y recuperar así la “llave” boliviana de su estrategia bélica. Tampoco fue asegurada mediante la mediación tramposa de Haig, que pretendió arrancar la autodeterminación de los kelpers como forma de legitimar un despojo, llevando al país a una contienda bélica desesperada, sin esperanza de victoria y sin tino militar.»

«Tampoco podrá ser asegurada mediante las concesiones petroleras soterradas de Caputo – Storani a la SHELL, para lograr el desistimiento de Pinochet en sus pretensiones respecto a la boca oriental del Estrecho de Magallanes y blandir así un simbólico principio bioceánico. Pero menos aún podrá ser asegurada si esa paz la firma precisamente con el chacal de la guerra que pretendió introducir nuevamente esa peste en el continente americano, como que carecería de sentido firmarla con los perros de la guerra, Suárez Mason, Menéndez, Galtieri, o Videla.-

Ver MALVINAS 1: la guerra de 1832 planificada por el Reino Unido y ejecutada por EEUU
Ver MALVINAS 2: el ataque de la USS Lexington de EEUU que  abrió paso a la ocupación británica

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Javier Llorens
Investigador en temas económicos y jurídicos | Asesor de la Comisión de Investigaciones del Senado de la Nación | Asesor Legislativo | Co-autor del libro: «La Argentina Robada»
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