En marzo de 2007, el general retirado del ejército de los EEUU, Wesley Clark, comandante de la OTAN durante la guerra en Yugoslavia, reveló en una entrevista en el programa televisivo Democracy Now!, cuáles eran los planes secretos del Pentágono en Medio Oriente, de los cuales se enteró diez días después de los ataques del 11 de septiembre de 2001.
En esa época el secretario de Defensa era Donald Rumsfeld, y el Subsecretario Paul Wolfowitz, quienes desde el think tank Project for the New American Century habían abogado por un rearme de EEUU, con presencia continua de tropas en Medio Oriente, para reafirmar su rol de gendarme mundial, y así forzar militarmente una reconfiguración mundial, aprovechando agresivamente el contexto de un mundo momentáneamente unipolar.
Estando en el Pentágono, el general se enteró con gran sorpresa de que se había decidido entrar en guerra con Irak, país que no tenía relación alguna con Al-Qaeda, el “culpable oficial” de los ataques del 2001. Llegó a sus manos un plan salido directamente de la oficina de Rumsfeld, que describía cómo se planeaba atacar seis países luego de Afganistán, en los siguientes cinco años, ninguno con la menor relación con los supuestos yihadistas. La lista seguía un orden: Irak, Siria, Líbano, Somalia, Sudán y finalmente, el hueso más duro de roer: Irán.
La verdad oculta del 11/S revelada por generales de EEUU en dos videos
En los años y décadas siguientes “casualmente” todos esos países tendrían problemas. Irak sufriría una invasión estadounidense con intentos de balcanización, que fueron resistidos, y volverían a repetirse más explícitamente con el ISIS, esa fuerza compuesta por mercenarios de diferentes países que llevaba la misión de balcanizar Siria e Irak inscrita en su nombre.
Siria, en otro contexto, sufriría un asedio prolongado por los mismos grupos armados irregulares, hasta la caída del régimen. Líbano sería igualmente agredido por Israel repetidas veces, y Somalia y Sudán terminarían balcanizados de facto por la acción de grupos armados. Aunque aparentemente se trató de conflictos diferentes, las manos de los mismos servicios secretos pueden rastrearse interviniendo en todos. Pero fuera como fuese, nos interesa simplemente resaltar que la idea de un ataque a Irán ya se barajaba hace mucho tiempo en los niveles más elevados del complejo militar de EE. UU.

Un extraño outsider llamado Donald
Mientras tanto, también en 2001, Donald Trump, quien era por entonces sólo un exitoso empresario de la construcción, expresaba su estupor sobre lo que había ocurrido en el World Trade Center en otra entrevista televisiva.
Sabía perfectamente que las Torres Gemelas tenían una estructura conformada por un perímetro de columnas de acero con espacios muy estrechos entre cada una de ellas, las cuales jamás podría haber sido atravesadas como si fuesen manteca, dejando un enorme agujero, por un Boeing 767, compuesto de una aleación liviana de aluminio, titanio y fibra de carbono.
Tampoco se podrían haber derretido esas vigas completamente por los incendios, haciendo que el edificio caiga prolijamente sobre su propia planta. Algo más extraño había ocurrido, pero no entendía qué era.
Nadie imaginaba que quince años después, ese conductor de televisión de modales zafios y habla rudimentaria estaría en carrera a la Casa Blanca. El fenómeno que culminaría en la presidencia de Trump tal vez haya empezado a gestarse en aquel lejano 2001, cuando parte de la clase dirigente norteamericana comenzó a ser consciente del poder que había tomado un inquietante Estado Profundo con agenda propia.
Cuyos intereses hasta ese momento habían estado alineados con los suyos, dirigidos a objetivos que traían beneficios económicos y geopolíticos al país, pero que ahora divergían cada vez más, hasta el punto en que parecían estar sufriendo un gigantesco engaño y un ataque en suelo norteamericano, diseñado con el solo objetivo de involucrarlos nuevamente en guerras lejanas.
Las empresas transnacionalizadas, que durante años habían hecho afluir riquezas de todo el mundo al suelo norteamericano, ahora más bien dejaban sin puestos de trabajo a las grandes ciudades industriales como Chicago, debido a la deslocalización de sus fábricas. Las guerras que le habían dado a EEUU su primacía como gendarme mundial, con la excusa de frenar primero al comunismo y ahora al terrorismo islámico, ya no eran redituables, y las excusas para iniciarlas eran cada vez menos creíbles.
¿Quiénes eran los principales beneficiados? Las empresas armamentísticas del complejo militar industrial e Israel. País que con su eficiente lobby y sus agentes de doble nacionalidad, veía realizarse paso a paso el plan Yinon de remodelación de Oriente Medio, publicado por Oded Yinon (asesor de Ariel Sharon) en 1982, cuyo objetivo era transformar a todos sus vecinos en estados balcanizados, débiles y/o fallidos.
Una caricatura reveló quien guía al presidente Trump, y desató la ira y censura de Israel
El impensado Trump tenía todo para espantar al votante medio neoyorkino. Su retórica parecía la de un líder populista del Tercer Mundo. Pero debemos reconocer que como representante de un EEUU con vocación imperial tenía la ventaja, respecto a sus antecesores, de hablar directo y sin disimulos.
Insinuaba de manera sobreentendida que las guerras en Medio Oriente se habían hecho sólo por petróleo, y no por ideales generosos de libertad, pero se quejaba de que finalmente no habían traído ningún beneficio a EEUU, y sólo hacían gastar millones de dólares de los contribuyentes norteamericanos para nada.
Su lema “Make America Great Again” no era un llamado a la paz y el aislacionismo total, ciertamente, más bien pasaba por volver a ser una potencia prepotente a la vieja usanza, concentrada en su esfera de influencia cercana. Si habría que resumir la actitud de Trump en una frase, sería algo como “Somos el gendarme del mundo, tenemos mucho poder, y no le estamos sacando suficiente provecho para nosotros, con agendas que no nos benefician.”

Sin embargo algunos de entre los más inteligentes entre los ideólogos del espacio M.A.G.A., como Tucker Carlson o el ex agente de la CIA Robert Steele, veían en las ambiguas declaraciones de Trump un intento de desligarse de los intereses “globalistas” que perjudicaban a los EEUU. No sólo de los organismos multilaterales.
La parte más inteligente de la alt right norteamericana había empezado a ser consciente de cómo eran manipulados por individuos enquistados en el Estado Profundo (administrativo, militar y de inteligencia) con sus agendas ocultas a largo plazo, y particularmente por el lobby israelí en política exterior, con las guerras en Medio Oriente, además de por los grandes bancos de la Reserva Federal en lo que hacía a las finanzas.
Su comprensión era en algunos casos limitada, pero estaban bastante más avanzados que la izquierda woke, que prácticamente no ve nada de eso hoy mismo. Tuvieron la esperanza de que un Trump disruptivo, que venía con sus modales brutales a sacudir la amable simulación de bipartidismo, podía ser el líder que esperaban.
Y algo de lo que esperaban hizo Trump al comienzo, al abandonar y desfinanciar espacios como la OMS, varias organizaciones de la ONU, o desfinanciar la USAID (pantalla de la CIA), que sostenía diversas publicaciones que el gobernante consideró woke, pero que realmente cumplían objetivos estratégicos de ingeniería social en diferentes países.
Si bien el primer aspecto de un Trump imperialista y territorial, amenazando con avanzar duramente sobre Latinoamérica, era y es un peligro para nuestra región, el Trump “antiglobalista” era ambiguo. Que destrozase esos espacios transnacionales de tramado de agendas oscuras, aunque fuera porque sentía que lo limitaban, podía traer más de un beneficio para todo el mundo.
La reacción de los principales medios (defensores conscientes o inconscientes de ese “orden global”) a la irrupción de este aparente outsider fue en principio agresiva, marcándole la cancha, y la prensa estadounidense lo mostró de entrada como un loco que iba a incendiar el mundo. Sin embargo, el Trump de su primer mandato no lo hizo.
A pesar de su retórica y sus delirios verbales, calculados o espontáneos, llegó a acuerdos con México en vez de construir el muro que había prometido, pacificó la situación con Corea del Norte, y disminuyó las tropas en Afganistán. Pactó con Putin para restar ayuda a Ucrania, con el fin de terminar el conflicto que desangraba a ambos países y amenazaba con volverse eterno.
El malestar de ciertas élites globales con esta pretensión de tener agenda propia (¡y a los ponchazos!) era evidente. En la reunión del Foro Económico Mundial de 2018, Klaus Schwab, sin nombrarlo directamente, lamenta las interferencias “populistas” que estaban retrasando la implementación de la agenda de la Cuarta Revolución Industrial y las demás agendas globales discutidas en ese espacio.
Pero a Trump le iban a durar poco las ínfulas de independencia. Eso ya fue evidente hacia el final de su mandato con una acción execrable, asesinando al general iraní Soleimani, un héroe que junto a Rusia, el ejército sirio y las milicias populares de Irak había logrado detener el cáncer del terrorismo de ISIS en la región. Pero que también contactaba con Hamas intentando que jugasen el papel de una verdadera resistencia profesional, y saliesen de la órbita engañosa de Qatar. Trump se hizo cargo de la operación como una decisión personal, aunque tal vez fue un hecho consumado realizado por actores dentro de sus FFAA.
En una elección reñida, Trump queda afuera de la reelección por decisión del Colegio Electoral. De allí aprende una lección y vuelve recargado. ¿Qué compromisos habrá asumido y quién los respaldaría para esta reaparición en la arena política? Lo cierto es que volverá más agresivo, tal vez ya sin la red de contención de algunos asesores, o decidido a realizar los actos más deleznables si con ello puede imponer su voluntad.
Jair Messias Bolsonaro presidente de Brasil, una súper producción israelí
Trump 2.0, redoblando lo peor.
Trump recargado vuelve en su segundo mandato con lo peor que ya se podía esperar de él, y nada de lo relativamente positivo. Como un autócrata, caricatura de sí mismo, atacando simultáneamente a Latinoamérica, Medio Oriente y hasta a Europa, rompiendo cualquier tipo de diplomacia con declaraciones absurdas y agresivas, mientras desata una represión interna a estilo fascista, que parece la materialización de la pesadilla de cualquier votante del partido demócrata.
El complejo militar al cual Trump responsabilizaba de la continuación de la guerra en Ucrania, ahora casi duplica su presupuesto de entonces. Donald se ha transformado en un belicista y el mejor aliado de Netanyahu, a medida que perdía otros apoyos. Las reuniones entre ambos mandatarios son muy frecuentes, y fue el único mandatario extranjero invitado por Trump a su fiesta de fin de año en Mar-a-Lago, justo antes de que comenzase el combo de ataques de Trump.
El norteamericano realiza obediente y abiertamente todo lo que el israelí desea respecto a su genocidio en Gaza, o digamos mejor, a la etapa más brutal e indisimulable de ese genocidio. Cada etapa necesita sus actores y sus rostros. Trump parece dispuesto a ceder todo por el apoyo israelí, como si creyese que eso le da más libertad para enfrentar a sus enemigos en el teatro de reparto del mundo con China y Rusia.
Sin embargo, a nadie se le oculta que esta aparente locura en la que el mandatario del Norte ha caído en los últimos meses, ocurrió luego de que se divulgara parte de los archivos de Epstein. Lo que muchos parecen no querer recordar es el vínculo comprobado de Epstein como agente del Mossad israelí.
Y que su función durante años fue justamente hacer de su isla un centro de fiestas y prostitución con menores de edad, con la finalidad de introducir a figuras conocidas de la política en situaciones comprometedoras y filmarlos con cámaras instaladas en toda su mansión, de manera de obtener material con el cual chantajearlos de por vida.

No es ningún misterio entonces, que Trump, para tapar el escándalo, se ofrezca a atacar a Irán, algo que Israel, con Netanyahu al mando, viene tratando de impulsar desde hace años, sin importarle el riesgo de desatar con ello una tercera guerra mundial.
La desclasificación de archivos relacionados con el asesinato de J.F.K. tal vez fue la última señal que Trump envió de que estaba siendo chantajeado o presionado. Visto en retrospectiva, es evidente que los israelíes sabían que lo tenían en un bolsillo desde el principio. ¿Habrá sido incluso una maniobra de su parte impulsar al candidato, con un contacto estrecho como su yerno Jared Kuschner, para desactivar la corriente contraria a sus intereses que se estaba gestando en MAGA?
Si fue así, salió bien. Actualmente Trump es el mejor amigo de Israel y se dispone a impulsar un megaproyecto inmobiliario sobre los cadáveres de decenas de miles de gazatíes, al que pomposamente llama Junta de Paz.
Trump se ha lanzado locamente a realizar acciones agresivas en todas direcciones, en una actitud que uno a esta altura no sabe si es una estrategia que usa para despistar a todos sobre sus próximos pasos. O síntomas de una demencia senil incipiente, que parecen notar muchos observadores médicos en su manera de comportarse en sus últimas apariciones públicas.
El espanto corroe incluso a sus partidarios. Su popularidad se termina, y parece querer recuperarla huyendo hacia adelante de manera alocada. Como dijo en su estilo exagerado Nick Fuentes, hasta ayer uno de sus partidarios de derecha: “Elegimos a Trump para rechazar el legado de los presidentes anteriores, pero ahora él los encarna todos a la vez. Es belicista como Bush, es un delincuente sexual como Bill Clinton y está loco como Joe Biden”. Si Fuentes y algunos otros de sus partidarios esperaban que Trump enfrente al AIPAC y su lobby sionista guerrerista, la desilusión debe ser bien grande.
Sin embargo, dejar todo en la personalidad del presidente, en un país como EEUU, donde todo mandatario está rodeado por una nube de asesores y de agencias de inteligencia y militares, sería ingenuo. Las últimas acciones de Trump parecen manotazos de ahogado, que rompieron todas las reglas de convivencia internacional, sin lograr aparentemente objetivos importantes.
Sin embargo, todas estas acciones no pudieron ejecutarse sin meses de planeamiento. Venían siendo estudiadas como diversas alternativas, qu´r en medio de la crisis política, el nuevo Calígula parece haber lanzado al mismo tiempo sobre la mesa, para distraer de las acusaciones sobre su persona, creando un terremoto mundial.
Pero detrás de él sigue estando ese complejo militar-industrial del que antes se quejaba, los grandes fondos de inversión que forman un directorio en las sombras de todas las grandes empresas norteamericanas, el mundo construido desde los tecnócratas de Davos, y el lobby israelí. Todas cosas que están bastante cerca una de la otra, aunque no parezca. La política se trata siempre de actuar e influir en las tomas de decisiones, dentro de los escenarios que se conforman, y lo más magistralmente maquiavélico es saber utilizar los planes de otros para hacer avanzar los propios.
El escenario mundial actual es claro: China avanza, y un EEUU en decadencia no quiere perder su importancia. Estas dos potencias y Rusia se reparten sus zonas de influencia, como las viejas potencias anteriores a la Segunda Guerra Mundial. Rusia avanza sobre Ucrania, desde donde la OTAN la agredía, y China afirma sus pretensiones sobre Taiwan. Trump pretende entonces pisar fuerte en el continente americano como su heartland natural.
Pero no se contenta con eso y, desde su narcisismo, quiere dominar también el resto del mundo. Los imperios en decadencia suelen cometer terribles errores, y los demás jugadores están viendo cómo capitalizarlos, mientras el mundo está en vilo ante la posibilidad de un conflicto en Medio Oriente de proporciones impredecibles.

El remate de la molesta Venezuela.

El secuestro de Maduro en su propia residencia sorprendió a todo el mundo. Trump decidió algo menos comprometedor que una guerra, pero igualmente prepotente. Sin embargo, como síntoma del nuevo clima de pragmatismo, las quejas internacionales fueron moderadas, inclusive de parte de los aliados de Venezuela.
El motivo de esa moderación tal vez sea que Maduro ya no entusiasmaba a nadie, ni siquiera a los chavistas. El sucesor de Chávez no tiene ni su carisma ni su habilidad política. El régimen bolivariano se encuentra estancado sin poder ofrecer soluciones a la población. Para Putin, resultaba una inversión millonaria de la cual ya no sacaba ningún rédito. Para China, había significado la puerta de entrada a Latinoamérica, pero luego había establecido negocios más seguros y relaciones con casi todos los demás países del subcontinente. Sin embargo, ambos países han tomado nota y se preparan para conflictos mayores.
El loco plan del Dr. Neurus Trump para dominar nuevamente el mundo comenzó en Venezuela
La descarada operación fue justificada por la existencia de un supuesto “cartel de los Soles”, que el mismo gobierno de EEUU se encargó de desmentir luego de finalizarla. En realidad, fue una vulgar excusa para poder encuadrar la operación legalmente como una acción contra el narcotráfico, considerado un delito transfronterizo por la legislación norteamericana, y no como una acción de guerra, que hubiese requerido una declaración formal.
Pero el secuestro de Maduro no significó la caída del régimen, ni las multitudes de opositores invadieron las calles de Caracas, sino al contrario. El saldo de ganancia para EEUU parece muy poco, en relación a lo desproporcionado de su acción, al estilo Trump.

Sin embargo Trump fue explícito en declarar descaradamente que su único interés era el petróleo, y que no le importaba que el régimen continuase, siempre y cuando se aviniese a sus condiciones. Rubio se reunió con la vicepresidenta Delcy Rodríguez y negociaron. Donald Trump aseguró que las autoridades acordaron entregar entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo a EE.UU. (actualmente eso equivale a la producción que le entrega en unos cinco meses).
Mas esto tampoco es del todo cierto. En realidad el petróleo de Venezuela no le es necesario a los Estados Unidos, que después de haber mejorado la técnica de fracking, se ha transformado en uno de los mayores productores de petróleo del mundo. Exxon mismo declaró que no le era rentable invertir en Venezuela.
Lo que ocurre es que si bien las reservas de petróleo de Venezuela son unas de las más grandes del mundo, su calidad es muy mala. De las destilerías existentes en el continente americano, actualmente sólo puede ser refinado en una de Estados Unidos (que fue levantada con inversiones venezolanas, pero EEUU la confiscó después de la revolución bolivariana, por estar en su territorio). Dada la mala calidad del petróleo venezolano, los expertos calculan que serían necesarios hasta 9 años de inversión en infraestructura para alcanzar los 3 millones de barriles de petróleo al día, cuando en Medio Oriente se producen 30 millones de barriles al día.
El verdadero objetivo no puede ser el petróleo en sí. Más bien parece ser el dólar, o sea, el petrodólar. Venezuela vendía a China su petróleo en yuanes. A medida que más naciones se salen progresivamente del dólar, dentro de los espacios alejados de la influencia de EEUU, éste pierde su supremacía como moneda de comercio internacional, que es lo único que lo protege de devaluarse. Y Trump quiere mantener esa supremacía del dólar, en medio de los planes de la banca internacional de pasar las monedas de todo el mundo a CBDC o transacciones electrónicas.
EEUU arrastra una deuda pública de 38 billones de dólares, mayor a su PBI, y la posibilidad de una crisis financiera global viene rumoreándose hace tiempo.
En realidad, al terminar con el régimen ya desgastado de Maduro, aumentar su presión sobre Cuba y México, y apuntalar al desastroso Milei, Trump busca disciplinar a los gobiernos díscolos a estar bajo la zona de influencia de EEUU, y alejar a Rusia y China. Manda un mensaje de terror muy claro a todos, basado en su única superioridad real, la maquinaria de guerra. Declara que Latinoamérica es literalmente de los norteamericanos, según la nueva doctrina “Donroe”, continuación con brutal desparpajo de la doctrina Monroe. Sin embargo, es dudoso que logre expulsar a China de su inserción lograda en el subcontinente.
La operación de secuestro de Maduro parece haber implicado algún grado de traición interna y de los socios que debieron alertar. Es elocuente al respecto el silencio del gobierno venezolano sobre las razones de la falla de sus sistemas antiaéreos, por qué la Fuerza Aérea no combatió a los aviones que sobrevolaron Caracas, o las graves fallas de inteligencia y seguridad que permitieron que las fuerzas especiales norteamericanas neutralizasen tan fácilmente el complejo militar Fuerte Tuna, la base aérea La Carlota y el centro de comunicaciones del cerro El Volcán.
Eso aún teniendo en cuenta que un ataque electrónico paralizó las comunicaciones en toda Caracas, y tal vez también los sistemas de misiles, si es cierto lo que ha dicho Trump sobre un nuevo sistema de guerra electrónica llamado “discombobulator”. La operación fue muy rápida, y las fuerzas armadas bolivarianas estaban relajadas, pensando que nada iba a ocurrir. Pero ello no nos importa juzgarlo ahora.
Trump necesitaba una operación quirúrgica exitosa, ya que una invasión militar en Latinoamérica no es viable, crearía un estado de recelo extremo entre los demás países de la región. Ahora Maduro transita un juicio en New York con cargos absurdos como “posesión de ametralladoras”.
La presidenta interina Delcy Rodríguez declaró en su primer discurso luego de los hechos que el secuestro de Maduro “sin duda” tenía un “tinte sionista”. ¿A qué se debió esta declaración, que parece señalar un instigador y motivos muy diferentes a los que están considerando los analistas? Maduro ya había acusado a “los sionistas de extrema derecha” de querer “entregar este país a los demonios”, en un evento del Comité de Base Integral Bolivariano, el 15 de noviembre de 2025.
Para Israel, la caída del régimen de Maduro es una forma de cortar uno de los pocos apoyos externos que restaban de la red pacientemente tejida por Irán, luego de la eliminación de Nasrallah, el líder de Hezbollah, y de la caída del régimen sirio en manos del terrorista Al-Julani, proxy no reconocido de Israel. Es cierto que Irán aún tiene la ayuda nada menos que de Rusia y China, pero los une el espanto y necesidades estratégicas que pueden fluctuar, no la afinidad.
El día de la caída de Maduro, Isaac Herzog felicitó a Donald Trump en su cuenta oficial de X por “hacer del mundo un lugar más seguro” en una batalla global contra los “regímenes brutales y desestabilizadores”.
Aunque resulte difícil de comprender, para la mentalidad paranoica de la dirigencia israelí, Venezuela era un problema, ya que era uno de los pocos países aparte de Irán, que difundían “antisemitismo” (esto quiere decir, que criticaban abiertamente y daban a conocer las tropelías de Israel), según declaró el mismo Isaac Herzog en una entrevista televisiva en 2009 a un canal Israelí, donde dijo que se estaban discutiendo algunas opciones sobre Venezuela “de las cuales no podía hablar”.
Israel siempre se las ingenia para sacar provecho de los objetivos de otros, o que otros saquen algún provecho de sus objetivos.
Adicionalmente, no podemos dejar de notar que la lista de países presentada al principio de este artículo, incluía varios regímenes que, aún desgastados, se resistían a entrar mansamente al nuevo “Orden Mundial”, el Gran Reseteo (como lo llamase Klaus Schwab en 2020), para el que trabajan casi todos los mandatarios europeos y de los países del G-20.
Ese nuevo orden tecnocrático de países interconectados tecnológicamente a nodos remotos de control, como hemos dicho, se discute en Davos, para lo cual basta ver su página web, donde exponen sus reuniones anuales, cuyas distintas secciones comienzan con las palabras “Modelando el futuro”:
Modelando el futuro de la producción y la manufactura avanzada; del consumo; de la economía digital; de la energía, de los nuevos materiales e infraestructura; del sistema financiero; de los bienes públicos “globales”; de la salud; de las inversiones; de los medios, del entretenimiento y el deporte; de la movilidad; de la Inteligencia Artificial con Aprendizaje Automático; del comercio; de la Internet de las Cosas y la transformación urbana; e incluso ¡de la Nueva Economía y la Nueva Sociedad!
Venezuela no era un escollo para estos ideólogos del mundo futuro, pero si el mundo debe interconectarse y uniformizarse, el paso previo tal vez sea justamente, en este momento, que los países díscolos se integren primero a una zona mayor relativamente uniforme, como las trazadas por Samuel Huntington, la cual en este caso sería la gran zona de dominio (norte)americano. Por lo tanto a la larga, Trump puede estar jugando para esos objetivos globalizadores sin pretenderlo.
Delcy Rodriguez ha inaugurado una nueva etapa de “relaciones amistosas” con EEUU. La reforma de la Ley de hidrocarburos realizada a fines de enero, permite que empresas extranjeras participen en la explotación petrolera en Venezuela. La captura, en un operativo conjunto de fuerzas del FBI y venezolanas, en territorio colombiano, del ex Ministro de Industria chavista Alex Saab, quien ya había estado preso en EEUU por sobornos, demuestra cuán cercanas están siendo esas relaciones durante la presidencia interina de Rodriguez.
El objetivo largamente asediado: Irán.
Acabamos de mencionar a Irán, otro país díscolo, pero mucho más importante y con una enorme voluntad y habilidad para resistir cualquier injerencia extranjera. Apenas ocurrida la agresión a Maduro, ya todos los ojos estaban puestos en lo que ocurría allí, preguntándose si Venezuela no había sido el ensayo, e Irán el objetivo anhelado.

A fines de diciembre de 2025, los medios mundiales comenzaron de manera uniforme la propaganda de guerra, informando de graves disturbios y violaciones de derechos humanos en el país persa, luego de manifestaciones masivas en las principales ciudades del país, que llegaron a las agencias de noticias internacionales. Números de muertos siderales, propios de un genocidio, imposibles de verificar, crecían cada vez más hasta límites horrorosos en las portadas de los principales medios internacionales, y en la misma medida subían de tono las amenazas de EEUU de una intervención armada.
Una de las principales fuentes de esas cifras era el llamado Centro para los Derechos Humanos en Irán (ICHRI), financiado por la NED, que se encuentra en realidad en New York, sin acceso al teatro de los acontecimientos, y es dirigido por una estadounidense especialista en propaganda de guerra.
La otra fuente más activa fue Iran Human Rights, con sede en Oslo. El Sunday Times llegó a publicar la fantástica cifra de 16.500 muertos en 3 días. La autora del artículo era Christina Lamb, quien había inventado violaciones y asesinatos de bebés en el ataque de Hamas del 7 de octubre, en Israel.
Los videos reales de protestas en las calles de las principales ciudades de Irán, comenzaron a mezclarse con videos falsos generados por IA, o en la última etapa, con videos de marchas a favor del gobierno, presentadas como marchas en contra. En artículos de diarios, reportajes a mujeres iraníes siempre anónimas relataban horrores jamás verificados, como que el régimen buscaba a los heridos durante las protestas en los hospitales y los mataba salvajemente. Fotos exactamente iguales de mujeres con velo islámico (hiyab) encendiendo un cigarrillo con la foto en llamas del Líder religioso ‘Ali Jamenei inundaron la web. Tomaron como modelo una fotografía sacada en Canadá, aparentemente por una emigrada iraní, al principio de las protestas.
Ahora que la operación se ha caído, podemos reconstruir la verdadera secuencia de los acontecimientos: En un principio las protestas fueron originadas por la situación económica, con una inflación galopante, debida a un brutal desplome del valor del rial en los primeros días de enero (simultáneamente a la operación en Venezuela).
Que bien pudo ser provocada deliberadamente por especuladores externos, actuando sobre la base de una economía en dificultades crónicas por razones similares a la nuestra: dependencia del dólar y falta de acceso a esa divisa. En parte la dificultosa situación del país es debida a las brutales sanciones externas, y en parte por malas políticas económicas del gobierno. Pero lo importante es que no había ninguna consigna de cambio de régimen, salvo tal vez algunos casos aislados.
El esperpento en versión continuada del caso AMIA en búsqueda de un casus belli contra Irán
Las marchas fueron infiltradas por elementos violentos, a partir exactamente del 8 de enero, sobre todo en las provincias occidentales, que limitan con Irak. Una táctica que usaron repetidas veces los alborotadores fue la de comenzar un disturbio con golpizas dentro de las marchas, para obligar a las fuerzas de seguridad a intervenir, y entonces sacaban armas ocultas y comenzaban un enfrentamiento armado, con los civiles de por medio.
El gobierno iraní ha mostrado pruebas de disparos recibidos por los manifestantes en ángulos que indican que fueron realizados desde azoteas, o a muy corta distancia, en algunos casos con armas de guerra, y también atacados con puñales. Los alborotadores atacaron también mezquitas y símbolos del régimen, para darle el tinte insurreccional deseado, y también domicilios y vehículos particulares. Degollaron y prendieron fuego vivos a guardias y policías, para generar caos. Se atacaron ambulancias y camiones de bomberos. Las tácticas, brutales, son muy similares a las utilizadas por el ISIS y grupos de la misma calaña.
Según los recuentos ofrecidos por el gobierno iraní, los disturbios arrojaron un saldo de 2.986 muertos, de los cuales más de 2.400 eran civiles inocentes y personal de las fuerzas de seguridad, y el resto los terroristas abatidos. Se destruyeron y dañaron cientos de mezquitas, escuelas, bancos, centrales eléctricas y centros científicos. Los agitadores pagos fueron contactados vía web y se les pagó en criptomonedas. El pago era más alto si la violencia utilizada era mayor o el objetivo era más importante. Se les pagaba por incendiar edificios, pero la paga más alta era por asesinar a alguien, policía o civil.
Para quienes no confíen en las cifras dadas por el gobierno iraní, están las de los sitios de noticias internacionales, que elevan estas cifras a montos tan dispares como 6.000 o 30.000. Sin embargo estos números resultan poco confiables, desde el momento en que son estimaciones basadas en testimonios, y sobre todo porque quienes las difunden niegan la acción de grupos terroristas, que sin embargo está perfectamente documentada.
Esto evidencia la intención de utilizarlas como propaganda contra el régimen. Un número tan alto de asesinatos gratuitos de manifestantes inocentes implicaría un grado de tiranía y desesperación que no es compatible con las imágenes vistas en estos días de un masivo apoyo popular al gobierno.

Las autoridades iraníes afirmaron además que interceptaron 14 toneladas de armas que iban a entrar al país, y que en los cuerpos de los manifestantes asesinados encontraron municiones de fabricación israelí.
Con el estilo de desparpajo propio del trumpismo, el ex Secretario de Estado durante la primera presidencia de Trump, Mike Pompeo, escribió en X un posteo que comenzaba diciendo “El régimen iraní está en problemas…. Disturbios en docenas de ciudades y el Basij bajo asedio” y cerraba “Feliz Año Nuevo a cada iraní en las calles. También a cada agente del Mossad caminando junto a ellos…”.
Sin embargo, el caos desatado no condujo a la caída del régimen, como esperaban sus promotores desesperadamente, sino lo contrario. Quienes estaban verdaderamente descontentos con el gobierno, viendo que Trump pensaba utilizarlos para bombardear el país y que la situación se tornaba violenta, dejaron las marchas. En cambio, aparecieron marchas masivas a favor del gobierno, mucho más grandes y extensas que las anteriores, al punto que los medios ya no pudieron ocultarlas.

La caída del sistema de gobierno entero era muy poco probable, dado que aunque un sector lo detesta, es muy popular en amplios sectores de la población, y no hay una opción de oposición viable. El intento de presentar como alternativa al hijo del antiguo Sha Reza Pahlavi, una figura sin popularidad alguna que vive en EEUU, dispuesto a restaurar la monarquía, fue patético. La promoción de este personaje había comenzado a mediados del año pasado en la web por parte de la inteligencia israelí, usando cuentas falsas y contenido generado por I.A., según informó entonces el periódico israelí Haaretz.
Pero si la caída del gobierno y el sistema de la República Islámica ideado por Jomeini no se conseguía, la situación en cambio sí servía como casus beli para una intervención norteamericana. La coordinación entre las acciones de los infiltrados y el gobierno norteamericano fue evidente. La excusa de Trump para intervenir fueron siempre las tremendas matanzas de manifestantes pacíficos inventadas y divulgadas por la prensa, las cuales achacaba exclusivamente al gobierno iraní.
La intervención norteamericana estuvo a punto de producirse, pero la aceitada respuesta iraní logró detenerla por el momento. Como es sabido, en primer lugar, el gobierno cortó internet, desde donde se reclutaba a los alborotadores y se agitaban las marchas. A continuación, con el uso de tecnología tal vez provista por Rusia, lograron intervenir Starlink, la red de satélites de Elon Musk y el Pentágono, lo cual sorprendió a todos. Esto les permitió detectar a todos los mercenarios que recibían comunicaciones desde el exterior por esa red, y detenerlos inmediatamente.
Convocaron seguidamente a todos los embajadores de los países europeos que habían emitido declaraciones contra la masacre de manifestantes pacíficos, y se les mostraron las pruebas reunidas de lo que realmente estaba ocurriendo. Advirtieron a los países árabes con bases norteamericanas que, si alguna de ellas era usada para atacarlos, devolverían el ataque, con lo cual Arabia Saudita no permitió a EEUU que utilice su espacio aéreo.
Aparentemente Trump fue disuadido por los mismos militares norteamericanos e israelíes. Midieron el despliegue de fuerzas iraníes y estimaron que un ataque sería demasiado costoso. Durante la guerra de los 12 días, los israelíes pudieron ver el poder de los misiles iraníes Emad 1, Shahab 3 y otros. Trump se adjudicó la decisión, alegando que había detenido el ataque porque el gobierno iraní había suspendido varias ejecuciones, lo cual es falso, ya que los juicios a los detenidos apenas empiezan.
Pero puede ser sólo una demora estratégica. La situación dentro de Israel es compleja. Si bien muchos militares israelíes consideran demasiado costosa una guerra con Irán, algunos de los grupos fanáticos religiosos cercanos a Netanyahu consideran que un enfrentamiento a gran escala entre Israel y sus enemigos es un requisito previo a la llegada del Mesías, y están dispuestos a impulsarlo.
Netanyahu mismo cree estar cumpliendo una parte muy importante de una misión colectiva al “finiquitar” el desalojo y exterminio de los gazatíes, que planea extender también a Cisjordania con la ayuda de los grupos paramilitares de colonos, a los cuales el gobierno ha autorizado recientemente a portar armas.
A nadie se le oculta que esta escalada bélica que pone al mundo al borde de una guerra mayor, fue una continuación de la guerra de los 12 días, y que el verdadero instigador fue Israel.
Recordemos que en aquella oportunidad, Israel tomó por sorpresa a Irán. Con operaciones de precisión quirúrgica lograron inutilizar sus defensas antiaéreas y asesinar a varios de sus altos mandos. Estuvieron a punto de eliminar a todo el equipo de gobierno, bombardeando su bunker. Pero Irán se recuperó rápidamente y dio a Israel una paliza con sus misiles directamente en Tel Aviv, que los hizo rogar una tregua.
La guerra había comenzado en realidad antes, desde el mismo momento en que Israel comenzó la limpieza étnica en Gaza en 2023, y provocativamente bombardeó la embajada de Irán en Siria para decidirlos a entrar en el conflicto, lo cual fue seguido de una inesperada lluvia de misiles sobre Tel Aviv que burlaron la supuesta Cúpula de Hierro, con el auxilio de drones. Pocos meses después ocurriría el sospechoso accidente de helicóptero en el cual murió el presidente Ibrahim Raisi; según creen muchos iraníes, fue una venganza del Mossad.
Esta segunda vez, como no pudieron descabezar al gobierno, intentaron voltear el régimen mediante un levantamiento popular, como otras tantas veces, pero igual que otras veces fracasaron. Sin embargo, este capítulo apenas entró en un impasse, y la alerta de guerra sigue en rojo.

EE.UU. sigue descargando equipo militar en sus bases en Medio Oriente. El portaaviones USS Abraham Lincoln, acompañado de destructores y cruceros con capacidad para lanzar misiles Tomahawk, ya se encuentran en la zona. La Marina estadounidense desplegó aviones de combate F-35C y F/A-18, y aeronaves de guerra electrónica EA-18G Growler. Varios escuadrones de cazas estadounidenses y británicos han sido desplegados en Jordania y Qatar, y se han desplegado defensas antiaéreas THAAD y Patriot en bases estadounidenses e Israel.
Irán, por su parte, está equipado con un arsenal muy diverso de misiles de corto y largo alcance, que sigue siendo cuantioso a pesar de los que se vio obligado a gastar en la guerra de 12 días. Los misiles Abu Mahdi, que pueden lanzarse desde plataformas móviles en tierra, pueden hundir un portaaviones. Su capacidad terrestre es formidable, con más de 1700 tanques y la capacidad de movilizar a 50 millones de habitantes en edad activa.
Rusia entregó a Irán, sin oficializarlo, un lote de helicópteros de ataque Mi-28E. Irán probó un misil que atravesó el mar de Siberia, con venia rusa. Aviones de carga militares chinos, rusos y pakistaníes aterrizaron igualmente en Teherán con ayuda desconocida. Más allá de estas ayudas valiosas, no es probable que Rusia y China se involucren directamente en una guerra de la misma manera en que EE. UU. se involucraría del lado israelí, salvo que el conflicto realmente se salga de control.
Irán advirtió a través del comandante del Estado Mayor, Ali Abdollahi, que “cualquier ataque convertirá de inmediato todos los intereses, bases y centros de influencia de Estados Unidos en objetivos definidos y accesibles”. Irán ha vuelto a aclarar que es amigo de los países de la región, pero que si es atacado desde bases norteamericanas en su suelo lo considerará una acción de guerra de su parte. El Tehran Times, cercano al gobierno, publicó un mapa de todos los objetivos que sus misiles pueden alcanzar en Israel, diciendo que Irán “no tiene la intención de golpear a nadie”, pero está preparado para una “ofensiva rápida y dura” si es atacado.

Mostrando su poderío y a la vez su voluntad de paz, Irán traslada la presión del inicio de la guerra a los políticos irresponsables de Occidente e Israel, que están bajo la observación de la opinión pública de sus propios países, a la vez que les deja claro que están dispuestos a luchar hasta el final.

Trump, por su parte, ha continuado con su verborrea, con amenazas incoherentes. Amenazó indistintamente con un bloqueo naval (amenaza vana, porque quien realmente puede bloquear el Golfo Pérsico es Irán, asestando un golpe al comercio de petróleo mundial), y con realizar ataques de precisión, como en Venezuela. Irán respondió que si intentan dañar a Jamenei (como hicieron con Soleimani o con Maduro), será el comienzo de la guerra. En respuesta Trump intentó jugar el papel de víctima, y en una entrevista con la cadena NewsNation dijo haber recibido supuestas amenazas de parte de Irán, diciendo que, si algo le ocurre a su persona, ha dejado instrucciones y “los van a borrar de la faz de la Tierra”.
En declaraciones en la red social Truth, Trump amenazó con usar la “violencia, si es necesario”, y aseguró “un ataque mucho peor”. Luego bajó el tono y reclamó negociaciones sobre la cuestión nuclear. Estas ya se habían logrado con Obama, hasta que el mismo Trump se salió unilateramente del tratado, sembrando con ello la semilla del conflicto actual.
Cuando finalmente se conocieron las exigencias estadounidenses, fue evidente que sólo se estaba simulando un intento de negociación, ya que son inaceptables: Eliminación del arsenal misilístico iraní de largo alcance, paralización total del programa de enriquecimiento de uranio, y cese de ayuda al llamado “frente de la resistencia” (básicamente el Hezbollah libanés y los huties yemenies). Los iraníes deben haberse reído al leerlo. Adelantaron su negativa total a cumplir esos requisitos absurdos.

Por su parte, Netanyahu ha entrado en el juego de amenazas abiertamente. En una conferencia televisada ha dicho: «Si Irán comete el grave error de atacar a Israel, responderemos con una fuerza sin precedentes».
El megalómano y chantajeado Trump es un peligro mundial. Sin embargo, los gobiernos europeos que tanto se quejan de los delirios belicistas y prepotentes del norteamericano cuando se trata de Groenlandia, no han tenido problema en sumarse a la usina de propaganda de guerra para el ataque a Irán, aunque eso no los beneficiaba en nada, es riesgoso para la paz mundial y podría costar cientos de miles de vidas.
Netanyahu no piensa dejar pasar la oportunidad de un presidente tan poco preocupado por las excusas y formalidades. ¿Quién lleva la batuta realmente? La sumisión de Trump a los deseos israelíes es evidente, pero sus titubeos demuestran que no sabe cómo complacerlos. Ha pedido a sus asesores militares opciones para un ataque rápido y “decisivo” que no implique una guerra total, pero no se la han podido dar. Un ataque aéreo no garantizará el colapso del régimen, y una campaña terrestre es sumamente dificultosa.
Irán está casi solo, aún con las ayudas de Rusia y China, y los heroicos huties de Yemen y milicias aliadas regionales. Pero doblegarlo será muy difícil, como han demostrado ya en sus ocho años de guerra contra Saddam Hussein. Están equipados militarmente para vencer en una contienda, con formidables misiles de fabricación nacional. Son patriotas y tienen una concepción trascendente de la vida. Esta vez no responderán con mesura, como lo han hecho otras veces.
Por su parte, Israel cuenta hasta con armas nucleares y todo el poder bélico de EEUU de su lado, pero su población está mucho más dispuesta a huir a los países donde muchos de ellos ya tienen residencia, en Europa, EEUU o Argentina. El gobierno no puede sostener una guerra larga.
Pero ello no es necesariamente una buena noticia, ya que bien podría, por ello mismo, si los daños que recibe son grandes, decidirse por un golpe letal que incluyese el uso de algunas de sus más de 200 ojivas nucleares no declaradas, diseminadas en 50 bunkers subterráneos con bases de lanzamientos de cohetes en las colinas de Judea.
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Aunque ello no les supone aparentemente un problema moral, y ya han amenazado con usarlas en otras ocasiones en que han creído estar en peligro, desearían algo menos riesgoso. Pero su deseo de derrocar al régimen iraní no cesará, ya que tienen sus propios planes expansionistas de larga data que piensan cumplir a como dé lugar, aún si para ello tiene que incendiar Medio Oriente.
La movilización de contingentes militares parece indicar que la guerra realmente se aproxima. En el momento de publicarse esta nota, una delegación iraní y otra norteamericana tienen conversaciones en Omán. Por la parte iraní se ha presentado el canciller Abbas Araghchi, y por la norteamericana Jared Kushner y Steve Witkoff. Que Trump haya puesto a dos sionistas comprometidos a negociar demuestra que no hay muchas intenciones de llegar a un acuerdo.
Como muestra de ello, mientras las negociaciones se realizan, la Embajada Virtual de EEUU en Irán emitió una alerta de seguridad exhortando a los ciudadanos estadounidenses a salir del país inmediatamente. La guerra parece inminente, pero no será un “paseo” esta vez, como en Venezuela, sino que puede ser una catástrofe para EEUU, y tal vez su mayor derrota desde Vietnam.
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El misterio de Groenlandia
Como si no tuviera ya suficientes frentes de conflicto, Trump ha decidido abrir otro con sus mejores socios. El capricho del autócrata de adquirir Groenlandia es tal vez el más desconcertante de todos, y el que más podemos atribuir a su impredecible personalidad, y tal vez a cierta inestabilidad mental. Es cierto que el interés de los militares estadounidenses por la isla no es nuevo.
Ya Harry Truman había intentado adquirirla en 1946 por 100 millones de dólares, pero los daneses rechazaron su oferta, ofendidos. Sin embargo, desde entonces, no fue un objetivo considerado importante por los analistas políticos y militares. Tal vez dentro de la particular ambición continentalista de Trump sí lo sea. Sabemos que ya había discutido la posibilidad de comprar la isla con sus asesores en 2019.
Los norteamericanos ya tienen una base permanente en Pituffik, en el sudoeste de la isla. Quedarse con los recursos de países del Tercer Mundo, vaya y pase, pero amenazar a Europa es inaudito. Los gobiernos de Europa son lacayos de las guerras de EEUU y los intereses globales a través de la OTAN desde hace años, pero al menos los presidentes norteamericanos no los ofendían públicamente como a países de cuarta categoría.
Semejante fractura inter pares es la que más revuelo ha levantado en el seno de los organismos internacionales, y de no ser por ella, hay que decirlo, las demás tropelías de Trump tal vez hubiesen causado mucha menos indignación. Nuevamente, el costo que está pagando parece no tener sentido alguno.
No es que el objetivo carezca totalmente de sentido. Groenlandia es estratégica militarmente, sobre todo para los misiles norteamericanos, ya que permite estar mucho más cerca de Europa, de todo el territorio ruso, y por qué no, también de China y de Irán. De manera qué entre Alaska y Groenlandia, permite tener a tiro a toda Rusia, el norte y centro de Asia. Mientras Trump le deja manos libres a Putin en su avance sobre la zona de influencia europea, pretende vigilar desde su posición ártica toda Asia.
Sin embargo abre un conflicto demasiado costoso con sus socios europeos. Como respuesta a las amenazas de Trump, Francia envió 15 efectivos a la isla, Alemania 13, mientras que Noruega y Bélgica enviaron 3; Finlandia, Suecia, Holanda y Eslovenia, 2, y el Reino Unido 1. Toda una muestra de fuerza, ¿verdad?.
También puede haber otras razones tras el interés norteamericano por el gigante de hielo. Un objetivo secundario puede estar siendo impulsado por un grupo de tecnócratas de Silicon Valley. Estos se encuentran detrás de la empresa Praxis, que busca crear en Groenlandia una suerte de enclave autónomo con leyes propias y una economía basada en la IA y el blockchain.
En 2024 cuatro de los directivos de la empresa intentaron sin éxito comprar el territorio, promoviendo desde entonces su independencia, a cambio de prometer una gran cantidad de inversión privada para desarrollos urbanos y tecnológicos nunca vistos. La idea es que el lugar funcione, junto a otros enclaves alrededor del mundo, como laboratorio de ensayo de la utopía (o más bien distopía) tecnológica que Davos proyecta para el planeta entero.
Se estima que Praxis recibió más de quinientos millones de dólares de inversión de fondos de riesgo financieros, algunos especializados en tecnología y criptomonedas, como Arch Lending, Gem Digital, y algunos financistas conocidos como el transhumanista Peter Thiel (quien desea abiertamente un mundo administrado por las grandes corporaciones) y Ken Howery (otro de los fundadores de PayPal, llamados por algunos “la mafia PayPal”), amigo cercano de Elon Musk. Una de las pruebas de que el grupo no es ajeno a la iniciativa de Trump, es que éste ha nombrado provocativamente a Howery como embajador en Dinamarca.

Groenlandia además alberga una cantidad considerable de tierras raras necesarias para las tecnologías de la “nueva economía”, comparables tal vez a las de todo el territorio de los EE.UU. Sin embargo, aún cuando el retroceso de los glaciares podría hacer viable su explotación, aún serían necesarios al menos diez años de inversiones en infraestructura para obtener de ello ganancias apreciables. China actualmente controla el 90% de la capacidad de refinado de tierras raras.
En la última reunión del Foro de Davos, Trump insistió en su demanda de adquirir Groenlandia en términos groseros e inadmisiblemente belicosos. Luego se reunió con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, y afirmó con una sonrisa haber alcanzado un acuerdo beneficioso para todos, que pronto se hará público. Por el momento la tensión parece haber disminuido.
El frente interno
Como si no fuera poco el caos que ha desatado en el mundo, Trump también lo ha desatado internamente con ICE, la fuerza paramilitar encargada de “cazar” brutalmente inmigrantes latinos, reviviendo las tradiciones del KKK, y tiñendo con más desprecio su relación con los latinoamericanos.
Esta fuerza está capacitada para detener personas sin ningún cargo, suele mantenerlas incomunicadas y deportarlas sin más, y la violencia de su comportamiento ha ido escalando. Su planta de personal se ha duplicado en el último año, acogiendo desde ex-soldados hasta novatos con poca formación.

La fuerza, con no pocos conflictos de jurisdicción con las policías locales y estatales, depende directamente del presidente, como lo hace el FEMA en el área de Emergencias, y ambas dependen del Departamento de Seguridad Nacional, uno de esos engendros sospechosos del “Estado Profundo” creados tras el 11 de septiembre de 2001.
En 2020, Trump se quejaba de que las protestas a raíz de la muerte de George Floyd habían degenerado en saqueos y disturbios desproporcionados, insinuando que se los organizaba para desgastar a su gobierno. Curioso que eso sea lo que él ha hecho realmente ahora en Irán.
Hoy en día el escenario de los enfrentamientos civiles y policiales es nuevamente Minnesota, con ICE realizando toda clase de brutalidades en la calle con agentes enmascarados, y la provocación viene del bando trumpista, con activistas como Jake Lang, defensor de ICE, organizando una quema pública de coranes, con la excusa de la inmigración somalí local.
Mientras Trump amenazaba a Irán por las marchas de protesta que ocurrían allí, las marchas en Minnesota contra la brutalidad del ICE crecían hasta llegar a miles de personas. Se ha generado un grave conflicto con el gobernador local, quien movilizó a la Guardia Nacional estatal. En respuesta el Pentágono puso en alerta a 1500 soldados.
No es extraño que el trato de ICE con los detenidos sea brutal, ya que han sido entrenados con tácticas e instructores israelíes, pero estos últimos las utilizan contra los palestinos, no contra su propia población.
Tanto Obama como Biden deportaron migrantes ilegales y delincuentes haciendo uso de ICE, en más cantidad que Trump hasta el momento, pero lo que ha recrudecido son los métodos violentos, las detenciones indiscriminadas y las deportaciones sin orden judicial, dejando incluso a niños abandonados sin sus padres.
Algunos detenidos han testimoniado que se los encierra en celdas con la luz prendida las 24 horas, durante meses, y se les suministra comida en mal estado, para luego abandonarlos en la frontera. Originalmente el ICE debía ocuparse de tratar con sospechosos de terrorismo, y de allí vienen tales técnicas reñidas con los derechos humanos.
El asesinato deliberado, a plena luz del día, de la abogada Renee Nicole Gold, a quien se venía rastreando como a una criminal, y del enfermero Alex Jeffrey Pretti, son excesos desconcertantes. A estos se suman actos de violencia aleatorios o contra manifestantes. Uno se pregunta si todo esto se debe a la locura del propio presidente, la cadena de mandos de esa fuerza y sus integrantes, o si hay alguna otra razón.
Hace ya varios años que algunos analistas prevén, cada tanto, en algún paper especializado o en nota de prensa, que habrá una guerra civil en EEUU, según dicen, por las diferentes e irreconciliables facciones ideológicas que conviven en su amplia geografía. Uno de ellos fue Ray Dalio, multimillonario y filántropo fundador de Bridgewater Associates, uno de los fondos de cobertura más grandes del mundo, quien previó en 2024 “una batalla existencial de la extrema derecha contra la extrema izquierda” con la fractura del país en diversos estados en rebelión. Esos análisis siempre nos llamaron un poco la atención, porque son claramente exagerados; no parece posible que realmente ese país experimente una guerra civil si no hubiese algún catalizador que la dispare.
Sin embargo, buscar las debilidades que se deben trabajar, las líneas de quiebre en las poblaciones, para poder lograr las situaciones que se “predicen”, es muy típico de algunos analistas del ámbito militar. ¿Será verdad que hay alguna mano oculta intentando agitar también la situación interna en EEUU?
¿O esa idea, denunciada otrora por algunos partidarios de Trump sin muchas pruebas concretas, es simple paranoia de quienes ven en lo que ocurre espontáneamente en su suelo, un reflejo de lo que ellos hacen en otros lados? En todo caso, es cierto que un cambio en el orden mundial suele implicar el debilitamiento de la potencia dominante del viejo orden. Ello parece estar realizándolo Trump de todas formas, sin que nadie aparentemente lo obligue, en su burdo y desesperado intento por evitar el declive nacional y personal, los cuales parece incluso confundir.
“El orden mundial ha estallado” y un nuevo mundo comienza.
En el Foro de Davos, celebrado en enero de 2026, el Primer Ministro de Canadá pronunció un discurso que dio mucho que hablar y fue reproducido por los principales medios del mundo, el cual buscó resumir la nueva situación del orden internacional.
El orden internacional basado en reglas ha estallado por los aires, declaró Mark Carney. En medio de los acontecimientos tumultuosos del momento, parecía más cierto que nunca. Después de todo, una cosa es amenazar a países del Tercer Mundo, o asesinar a sus líderes. Pero ¿amenazar a Canadá y la Unión Europea? ¿Al presidente de la Reserva Federal? Eso ya es cruzar una línea roja…
Ha terminado una “ficción agradable” y ha comenzado una “realidad brutal”, donde los intereses geopolíticos de las potencias no tienen restricción, dijo Carney. Indirectamente se refería a Trump, aunque aprovechó para pegarle a Rusia y China. Realmente las acciones de esos países no son equiparables. Al menos no son tan arbitrarias.
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El discurso es una pieza de oratoria que merece un análisis detallado. Básicamente, Carney llega a la conclusión de que ya no hay bandos, ni alianzas ideológicas permanentes, sino intereses que pueden cubrirse recurriendo a distintos aliados, aunque respetando ciertos valores y principios, al menos los países medios que deseen hacerlo, para no caer en la simple Ley de la Selva.
En realidad, esta inestabilidad de alianzas en el mundo multipolar no es sólo una cuestión de los países medianos. La situación es hasta cierto punto igual para China o Rusia. Se demostró con Venezuela. Las alianzas son circunstanciales.
Las potencias medias deben actuar en base a acciones coordinadas e intereses comunes para defenderse de las prepotentes, continúa. El canadiense parece haber descubierto lo que siempre sostuvieron los gobiernos soberanistas del Tercer Mundo. No subordinarse a la arrogancia de las grandes potencias y tejer alianzas con otros países medianos, según las conveniencias, debería ser desde siempre la política de todos los países en vías de desarrollo, como el nuestro.
Sin nombrar a China, el Primer Ministro mencionó que en materia de minerales críticos, Canadá busca formar un club de compradores con el G7 para escapar a la concentración de ofertas, y que en IA, cooperan con “democracias con el mismo punto de vista” para evitar recurrir a “potencias hegemónicas o proveedores a gran escala” (grandes compañías).
El antiguo orden “no volverá”, y es momento de “construir algo mejor y más fuerte”, concluyó. El diagnóstico de Carney es certero, nos parece brillante en muchos sentidos, y su desprecio ante los tiranos autócratas podemos compartirlo, pero sin olvidar que el que habla es un exgobernador del Banco de Inglaterra, presidente del Consejo de Estabilidad Financiera del G20, y ex empleado de Goldman Sachs.
Los grandes bancos y los organismos multilaterales también pueden convertirse en los peores tiranos cuando es necesario, como ha quedado demostrado en 2020 con la OMS, y en los planes actuales de la banca internacional de sustituir todas las monedas por una moneda global programable controlada por ellos, que sería la mayor “tiranía blanda” concebible. Pero estos pequeños tiranos, que son quienes realmente moldean el mundo futuro en sus reuniones periódicas en Davos, actúan a largo plazo, diplomáticamente y disimuladamente.
¿Acaso Trump, con su comportamiento destructivo e impredecible, está rompiendo con esos planes de los “globalistas”?
En lo más mínimo. Un mundo multipolar para 2030 y una pérdida de poder de EEUU, con el surgimiento de China y Rusia como rivales, es algo que está en el escenario mundial previsto por los analistas del Foro de Davos desde hace años. Los bancos más importantes del mundo están operando desde la plaza China hace tiempo. China es la fábrica del mundo, y busca estar a la vanguardia de los desarrollos de IA y otras tecnologías clave de la economía del futuro. Su acaparamiento de oro y otras medidas económicas la mantendrán a salvo y en crecimiento en caso de una cada vez más probable crisis financiera mundial.
Un cambio completo de paradigma está también en los planes de los tecnócratas de Davos y los grandes fondos de inversión que los sustentan. Klaus Schwab ha sido el primero en hablar de un Gran Reseteo, de una serie de crisis financieras o tecnológicas posibles, y un futuro Gobierno Mundial surgido luego de ellas o para manejarlas. Estas crisis acelerarían cambios disruptivos en el sistema financiero y la matriz tecnológica-productiva. Es destacable que ello siempre se prevé que ocurrirá en el contexto de un mundo multipolar, con EEUU en declive.
De suerte que esta etapa de potencias prepotentes que surge ahora, en las previsiones de los financieros millonarios, parece ser una etapa pasajera, y parecen desear que, por un proceso de antítesis y síntesis, conduzca a un mundo interconectado global, donde los estados nacionales sean, en palabras de Schwab (La Cuarta Revolución Industrial) “células de poder mucho más delgadas y más eficientes, dentro de un entorno de nuevas y competitivas estructuras de poder”, o “centros de servicio público que serán evaluados en función de su capacidad para expandir el servicio entregado de la manera más eficiente”.
Y como postre… otra vez Epstein.
Como si no fuera suficiente con todo lo reseñado, en medio aún de la escalada bélica alrededor de Irán, explota la revelación de una segunda tanda de archivos Epstein, tres millones de páginas en total. El contenido horrendo supera todo lo esperado. La prensa está en silencio de shock. En los testimonios y mails, acompañados en algunos casos por videos y fotografías, Trump, los Clinton y George Bush aparecen ligados a fiestas pedófilas.
Lo más comprometedor son los mails y fotografías, que indican al menos una relación muy estrecha con el convicto sexual, aunque lo más terrible son algunos testimonios, que llegan a hablar de tortura, asesinatos por placer, situaciones de esclavitud y rituales oscuros en la isla. Hay fotografías comprometedoras del príncipe Andrew y el embajador Peter Mandelson, del Reino Unido. Se mencionan figuras del espectáculo o profesores universitarios de EEUU, Europa y Asia, algunos incidentalmente, y otros en conversaciones que parecen indicar claramente su participación en los abusos.

Epstein aparece como un operador del Mossad, a través de su mentor Les Wexner, y de la familia Rothschild (en sus propias palabras), con un alcance internacional mayor al esperado. Es además un financista muy dedicado, especialmente interesado en experimentos relacionados con la agenda tecnocrática y transhumanista, como bebés de probeta o tecnología de interfaces cerebrales no invasivas.
El escenario se enrarece aún más, y el entramado subyacente de los acontecimientos se vuelve todavía más turbio, al punto de obligarnos a repensar qué clase de dirigentes tenemos en Occidente y en qué mundo vivimos.
Si al principio todo parecía indicar que la filtración con cuentagotas de los archivos del caso Epstein le era funcional a Netanyahu para chantajear a Trump, los últimos develamientos parecen exceder esa hipótesis, al menos que… en los dos millones de páginas sin develar haya cosas aún peores que las ya expuestas.
La autoridad moral de Trump y de Israel para iniciar una guerra ya no existe, pero eso no significa que se vaya a detener. Luego de Gaza, la fuerza bruta parece ser el nuevo idioma internacional.
La guerra parece acercarse, impulsada incomprensiblemente por fuerzas oscuras. Pero Irán está preparado para enfrentarla, y no parece que EEUU tenga oportunidad de acabar las cosas rápido o siquiera salir bien parado, lo mismo que Israel. Gran parte del futuro, el próximo orden mundial y sus valores, se decide estos días en Medio Oriente.-
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