¿Es el futuro de EEUU una guerra civil? ¿Se convertirá en una guerra mundial?

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Recientemente Striptease delPoder.com publicó la traducción del artículo de Thierry Meyssan  “La guerra civil se hace inevitable en ‎EEUU‎”, que anticipaba desde su punto de vista, la dramática situación actual que se vive en esa superpotencia. Ahora Striptease delPoder.com publica  otra nota que también aborda la gran crisis que vive EE.UU., y la eventualidad de su guerra intestina, cuya autoría es otro reconocido y polémico intelectual, Paul Craig Roberts.

Como lo demuestra su larga trayectoria, Roberts es un prominente intelectual de los Estados Unidos, con una sólida formación académica y una dilatada y notable intervención política. Tanto en el servicio público, fue subsecretario del Tesoro para Política Económica durante un breve período de la presidencia de Ronald Reagan; como en el asesoramiento y redacción de algunas leyes; o escritor de obras polémicas.

http://www.paulcraigroberts.org/pages/about-paul-craig-roberts/

Algunos de sus últimos libros son “El fracaso del capitalismo del laissez-faire”; “Cómo se extraviaron los Estados Unidos”; “La amenaza neoconservadora al orden mundial”; y además desde la tribuna del debate público, siempre se ha desempeñado como un polemista desinhibido y frontal. Como se puede apreciar en otras notas que hemos publicado de él, algunas de las cuales se verán refrescadas en la publicación de esta.

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Ideológicamente podría caracterizarse a Roberts como un liberal clásico, cristiano. “En nuestra cultura cristiana, el individuo cuenta. Esto permite que una persona individual se pare firme, adopte una posición de principios, se convierta en un reformador, y tome conciencia de la injusticia y luche contra ella”, explica.

A partir de su evolución en el consecuente ejercicio de sus principios, Roberts pasó de ser editor en el Wall Street Journal, a ser un escritor y polemista que está afuera de los medios de comunicación de la “mainstream”, medios a los que califica como “presstitute” (prensa prostituta). Su enfrentamiento con el establishment y, en especial, con sionistas y los “neocons” (neoconservadores), que son los principales impulsores del imperialismo norteamericano, se ha hecho cada vez más enconado y feroz.

El hecho se provenir de la élite intelectual, de actuar desde un lugar formalmente inorgánico (todos somos, de alguna manera orgánicos de una ideología), y de no tener reparos en expresar de manera cruda su pensamiento, le dan una especial lucidez. La de aquel que, conociendo la intimidad de Washington DC, de la oligarquía imperial estadounidense y de su clase política, se constituye en su crítico feroz.

En la traducción que Stripteasedelpoder.com ofrece a continuación, Roberts ofrece su perspectiva respecto de una posible guerra civil en los EEUU, como resultado de las contradicciones que se están desenvolviendo en una creciente escalada, en una polarización cada vez más pronunciada. Haciendo un breve recuento de los bandos en pugna y de lo que cada bando tiene a favor y en contra.

Es innecesario advertir que el hecho de que se publique este artículo no significa adherir a Donald Trump o cosa parecida. Por contrario en nuestras publicaciones hemos ido desarrollando la visión de que las actuales tensiones existentes en EEUU y en muchos países del mundo, se originan por la globalización distópica, impulsada desde hace cientos de años por el poder y la codicia, que imponen las elites sobre las mayorías, la que no obstante no sucumben sin oponer dura resistencia.

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Eso pasó en muchos lugares del mundo, y especialmente con la conquista o colonización de América, que destruyó e hizo desaparecer las culturas indígenas, muchas de ellas supremacistas. E impuso un “nuevo orden”,  económico, religioso,  y cultural.  Y ahora sucede algo parecido con los alicaídos WASP (White, Anglo-Saxon and Protestant) también supremacistas.

Quienes con el impulso de la globalización financiera e industrial, además de soportar un notable estancamiento o caída de su bienestar y poder adquisitivo, son despreciados por los grandes medios globalistas, como la “basura blanca” (white trash). Término que empleo la WASP Hillary Clinton, la secretaria de Estado de Barak Obama, quien con sus bríos globalistas, llevó adelante la caotización de Libia y Siria, planificó el asesinato de Khadafi, y perpetró otra gran cantidad de tropelías globalizadoras, etc.

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Ver Ataque de EEUU a Siria: Trump se rindió ¿Putin será el próximo?

Evidenciando notablemente que el derecho de las minorías se funda en el desprecio a las mayorías, como se vio notablemente en los procesos de colonización, dicha “basura blanca” antes supremacista, ahora es despreciada por sus creencias religiosas, idiosincrasia, modos de vida, localismo, y resistencia inconsciente a incorporarse a una globalización, que pretende anular las diversidades étnicas y culturales. A la par que promueve la diversidad sexual y el aborto, para tratar de bajar la fertilidad femenina ante la superpoblación.

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Con el objeto de hacer del mundo un gran mercado híper capitalista globalizado, donde sus habitantes sean solo consumidores. Quienes bajo un gobierno supranacional, trabajen largas jornadas como esclavos, para poder proseguir consumiendo más y más, mientras los mega ricos se hacen cada vez más mega ricos.

Esta masa crítica de una mayoría tradicional descontenta frente una globalización distópica impulsada por el poder y la codicia, es la que supo aprovechar a pleno el presidente saliente Donald Trump. Comunicándose con ella no a través del filtro censurador de los mass-media globalistas, sino a través de las novedosas redes sociales. A las que aprovechó a pleno, hasta que estas se decidieron a censurarlo, con vistas a que no volviera a ganar en la elección del año pasado.

Ver Estados Unidos: la clase trabajadora ganó la elección

Por lo tanto, salvando las distancias, poca diferencia habría entre los etnias indígenas dominantes que resistieron y sucumbieron ante la globalización o colonización de América. Y los WASP y otros similares que se cobijaron bajo las banderas del nacionalismo de Trump. Siendo notable que algunos de ellos se denominan “neo originarios”, y hayan aparecido disfrazados de indios el asalto al Congreso. Remedando así también el comienzo de la revolución americana contra la dominación colonial o globalista inglesa, con el Motín del Té.

En este contexto, Roberts aún siendo un ácido crítico de Trump, no por ello deja de analizar los hechos objetivos que suceden en el drama. Dando por descontado que hubo un fraude electoral en el que creen masivamente los partidarios de Trump,  el que casualmente esta refrendado con gráficos parecidos con los que el secretario General de la OEA Luis Almagro, se animó en el 2018 a acusar de fraude electoral al presidente Evo Morales por fraude en Bolivia. Explicados en este último caso, por la irrupción del voto indígena desde el interior. Y en el caso de EEUU por el cómputo a último momento de los votos enviados masivamente por correo, por la irrupción de la pandemia, cuya facilitación en diversos estados se realizó según sus críticos en forma sospechosa.

EEUU, guerra civil, guerra mundial

Se debe tener presente que cuando Roberts denuncia la tiranía y el autoritarismo policial que se profundiza hoy en los EEUU, lo hace desde el lugar de liberal clásico, del reformista que se opone a la tiranía, sin ofrecer otra opción que la de volver a la “buena democracia”. Lo que nunca existió en los EEUU, ni en sus mejores momentos, al ser el “gran elector” en ella, no los votos no obligatorios, concretados en un día hábil, como para desalentar la concurrencia de votantes.

Sino la cantidad de dinero que  logran reunir los candidatos de los sectores conspicuos del establishment, especialmente de Wall Street. Por lo que bien podría decirse que fraude, fraude hubo siempre. Siendo no obstante otra de las características del «populista» Trump, el haber logrado una notable financiación con los aportes del ciudadano común.

¿Es el futuro de EEUU una guerra civil? ¿Se convertirá en una guerra mundial?

Por Paul Craig Roberts. Traducción de Leonardo Del Grosso

Como persona que creció en la gloriosa posguerra de la Segunda Guerra Mundial, nunca se me ocurrió que en mis últimos años estaría pensando si Estados Unidos terminaría en una guerra civil o en un estado policial. Después de las elecciones presidenciales robadas, parece 50-50 tirando una moneda.

https://www.paulcraigroberts.org/2021/01/15/dont-fall-for-the-establishments-tall-tales-there-was-no-violent-assault-on-the-capitol-and-there-is-abundant-evidence-of-electoral-fraud/

Existe abundante evidencia de un estado policial. Una característica de un estado policial son las explicaciones controladas y la supresión del disenso. Nosotros ciertamente tenemos eso en abundancia.

A los expertos no se les permiten foros en los que desafiar la posición oficial sobre Covid.  Los maestros son suspendidos por ofender al usar pronombres de género. Estrellas de la música son descartadas por sus estudios de grabación por asistir al mitin de Trump. Padres denunciados por sus propios hijos son despedidos de sus trabajos por asistir al mitin de Trump   Antifa es libre de alborotar, saquear, intimidar y molestar, pero los partidarios de Trump son insurrectos.

https://www.rt.com/usa/512048-capitol-riot-employees-fired/

Los blancos son racistas que usan palabras y conceptos llenos de odio, pero los que demonizan a los blancos están corrigiendo errores.

La supresión del disenso y el comportamiento controlador son características del estado policial. Para algunos podría ser menos claro por qué dictar el uso permisible del lenguaje es control del estado policial. Piensa en ello de esta manera. Si se puede controlar el uso de los pronombres, también se puede controlar el uso de todas las demás palabras. Como los conceptos involucran palabras, ellos también se pueden controlar.

De esta manera, pensamientos y expresiones inconvenientes junto con descripciones precisas encuentran su camino hacia el Agujero de la Memoria [en la novela distópica “1984”, de George Orwell, el agujero de la memoria es un dispositivo para tirar y quemar los elementos materiales que tienen significados inconvenientes para el régimen. Nota del Traductor].

Con la Primera Enmienda [A la Constitución de EEUU, dice así:  “El Congreso no promulgará ninguna ley con respecto al establecimiento de una religión o que prohíba el libre ejercicio de la misma; o restringir la libertad de expresión o de prensa; o el derecho del pueblo a reunirse pacíficamente y a solicitar al Gobierno la reparación de agravios”. Nota del Traductor) desaparecida, o restringida a la demonización de personas objetivo, como «los Deplorables de Trump», «supremacistas blancos», «racistas del sur», la Segunda Enmienda (Dice así: “Siendo necesaria una milicia bien regulada para la seguridad de un Estado libre, no se infrigirá el derecho del pueblo a poseer y portar armas”) no puede tener mucha vida.

Como las armas están asociadas con los estados rojos, es decir, con los partidarios de Trump, prohibir las armas es una forma de criminalizar a la mitad roja de la población estadounidense que el establishment considera «deplorable». Aquellos que defiendan su derecho constitucional serán encarcelados, y se convertirán en mano de obra barata para las corporaciones globales de Estados Unidos.

¿Podría todo esto conducir a una guerra civil o los estadounidenses están demasiado derrotados para resistir eficazmente? Eso no lo sabremos hasta que lo pongan a prueba.

¿Hay claras líneas del frente? Políticas de Identidad han dividido a la gente en todo el país. Los estados rojos son solo mayoritarios rojos. Es tentador ver las fronteras como el centro rojo (base de Trump) contra las costas azules (base demócrata) del noreste y el oeste, pero eso es engañoso. Georgia es un estado rojo con un gobernador y una legislatura rojos, pero había suficientes demócratas en el poder a nivel local para robar las elecciones presidenciales y de senadores de Estados Unidos.

Otro problema para los rojos es que las grandes ciudades -los centros de distribución- como Atlanta, Detroit, Chicago, Nueva York, Filadelfia, Seattle, Portland, San Francisco, Los Ángeles, están en manos azules al igual que los puertos y los aeropuertos internacionales. Efectivamente, esto corta a los rojos de los recursos externos.

¿Qué haría el ejército estadounidense? Claramente, el Estado Mayor Conjunto y el complejo militar/de seguridad son establishment y no trumpeters anti-establishment. Con los propios soldados constituyendo ahora una mezcla racial y de género, los soldados estarían tan divididos como el país. Aquellos que no están con el Establecimiento carecerían de apoyo de nivel superior.

¿Dónde están la juventud y los adultos más jóvenes? Están en ambos campamentos dependiendo de su educación. A muchos de los blancos que fueron a la universidad les han lavado el cerebro contra ellos mismos y consideran a los estadounidenses blancos como «racistas sistémicos» o «supremacistas blancos» y se sienten culpables. Aquellos que no fueron a la universidad, en su mayor parte han experimentado en su contra el favoritismo dado a las personas de color y tienen resentimiento.

¿Y las armas? ¿Cómo pueden perder los rojos cuando las armas son un artículo del hogar y los azules nunca se ensuciarían por poseer una? La respuesta es que, a diferencia de la Guerra de Agresión del Norte en la década de 1860, hoy las armas en manos de los militares son devastadoras en comparación con las que están en manos del público.

A diferencia del pasado, es imposible que una milicia ciudadana se oponga a las armas y chalecos antibalas que tiene el Ejército. Entonces, a menos que las fuerzas armadas se dividan, los rojos están en desventaja. Nunca crea que el Establishment no liberaría agentes químicos y biológicos contra las fuerzas rojas. O para el caso armas nucleares.

¿Y las comunicaciones? Sabemos a ciencia cierta que los monopolios tecnológicos están alineados con el Establishment contra la gente. Tanto es así que el presidente Trump, en el proceso de preparación para el enjuiciamiento, no pudo comunicarse con sus partidarios tanto en las redes sociales como en el correo electrónico.

El Establishment estadounidense le está haciendo al presidente Trump exactamente lo que le hizo al presidente ucraniano Yanukovych en la «Revolución Maidan» orquestada por Washington, llamada «la Revolución de la Dignidad» por los mentirosos en Wikipedia, y precisamente lo que le hizo a Chávez, Maduro, y le gustaría que hacer con Putin.

Supongamos que ocurre una guerra civil estadounidense. ¿Cómo es probable que se desarrolle? Antes de investigar esto, primero considere cómo el Establishment podría prevenirlo llevando a los estados rojos en su defensa. Los partidarios de Trump son los únicos patriotas de la población estadounidense. Suelen llevar la bandera en la manga.

En contraste, los habitantes del estado azul definen el partiotismo como reconocer los males de EEUU y tomar represalias sobre los racistas/imperialistas blancos que cometieron los males. En los estados azules, los disturbios contra el «sistema racista» dan como resultado la eliminación de fondos para la policía.

Si las milicias de Antifa y Black Lives Matter se lanzaran contra la región de Biden, los patriotas estatales rojos podrían ver «su país» bajo ataque. Es posible que los «Proud Boys» (“muchachos orgullosos”) salgan en defensa de Biden, no porque crean en Biden sino porque Estados Unidos está bajo ataque y él es «nuestro presidente».

Alternativamente, un ataque de Antifa al régimen de Biden podría retratarse como un ataque antipatriótico contra EEUU y usarse para desalentar la oposición del estado rojo al estado policial, al igual que la «Insurrección» ha dado lugar a que muchos partidarios de Trump declaren su oposición a la violencia. En otras palabras, es muy posible que el patriotismo de los “deplorables de Trump” divida a la oposición del estado rojo y conduzca a la derrota.

Suponiendo que el Establishment sea demasiado arrogante y seguro de sí mismo o demasiado estúpido para pensar en esta estratagema, ¿cómo se desarrollaría una guerra civil? El establishment haría todo lo posible por desacreditar el caso de los «rebeldes». Los verdaderos rebeldes, por supuesto, serían el Establishment que ha derrocado el orden constitucional, pero ningún medio de comunicación lo señalaría. Controlando los medios de comunicación, el Establishment, conociendo el patriotismo de sus oponentes, retrataría a los “rebeldes” como agentes extranjeros que buscan derrocar la democracia estadounidense.

La «amenaza extranjera» siempre capta la atención del patriota. Lo vemos ahora mismo con los partidarios de Trump cayendo en la desinformación de que Suiza e Italia están detrás de las elecciones robadas. Anteriormente, eran los servidores de Dominion en Alemania y Serbia los que lo hacían.

¿A quién atribuirá el Establishment la culpa de «la guerra contra Estados Unidos»? Hay tres candidatos: Irán, China y Rusia. ¿Cuál elegirá el Establecimiento?

Dar crédito a Irán transmite demasiado poder sobre Estados Unidos a un país relativamente pequeño. Culpar a Irán de nuestra guerra civil sería menospreciante.

Culpar a China no funcionará, porque Trump culpó a China de socavar económicamente a Estados Unidos y los partidarios de Trump son generalmente anti-China. Así que acusar a la oposición roja de ser agentes de China no funcionaría.

La culpa será de Rusia.

Este es lo fácil. Rusia ha sido el sombrero negro desde el discurso del Telón de Acero de Churchill en 1946. Los estadounidenses están acostumbrados a este enemigo. La Guerra Fría reinó desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta el Colapso soviético en 1991. Muchos, incluidos generales estadounidenses retirados, sostienen que el colapso soviético fue una farsa para despistarnos en la conquista.

Cuando el Establishment decidió incriminar al presidente Trump, el Establishment eligió a Rusia como cómplice de Trump contra la democracia estadounidense. Russiagate, orquestado por la CIA y el FBI, aseguró durante tres años que Trump fuera acusado en los medios occidentales de estar confabulado con Rusia. A pesar de la falta de evidencia, un gran porcentaje de la población estadounidense y mundial estaba convencida de que Putin había puesto a Trump en el cargo, manipulando de alguna manera el voto.

El lavado de cerebro fue tan exitoso que tres años de sanciones de Trump contra Rusia, no pudieron hacer que los pueblos occidentales volvieran a la realidad objetiva.

Con Rusia como el histórico y orquestado enemigo, cualquier cosa que suceda en los Estados Unidos que pueda ser culpado en otro lugar, será culpa de Rusia. La presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, el ex embajador de Estados Unidos en Rusia, Michael McFaul, y el ex asesor adjunto de Seguridad Nacional, Ben Rhodes, ya han asociado la “insurrección de Trump” con Rusia.

https://www.rt.com/russia/512071-capitol-violence-consequences-fear/

Supongamos que una guerra civil estadounidense se vuelve intensa. Supongamos que la propaganda del Establishment contra Rusia se convierte en la creencia reinante como casi siempre se vuelve la propaganda, ¿cómo puede el Establishment no acabar con la amenaza de insurrección mediante el ataque al país responsable? El Establishment quedaría atrapado en su propia propaganda. Las emociones huirían. Rusia escucharía amenazas que habría que tomar en serio.

Puede apostar a que el gobierno neoconservador de Biden incitará esto.   Excepcionalismo estadounidense. Hegemonía estadounidense. La quinta columna de Rusia, los integracionistas atlantistas, que desean absorberse en el degenerado y fallido mundo occidental, se harán eco de las acusaciones contra Rusia. Esto convertiría la situación en un incidente internacional grave, con Rusia como el villano amenazado.

¿Qué haría el Kremlin? ¿Aceptarían los líderes de Rusia otra humillación y una falsa acusación? ¿O la ira del pueblo ruso, acusado para siempre y nunca defendido por su propio gobierno, obligará al Kremlin a tomar conciencia de que Rusia podría ser atacada en cualquier momento?

Incluso si el Kremlin es reacio a reconocer la amenaza de guerra, ¿qué pasa si se recibe otra de las numerosas falsas advertencias de misiles balísticos intercontinentales entrantes?  A diferencia del pasado, ¿será creído esta vez?

Las elecciones robadas en Estados Unidos, el emergente Estado policial estadounidense, más cruel y mejor armado que cualquier otro en el pasado, podría resultar en un caos estadounidense que podría ser una grave amenaza para la Federación de Rusia.

Lo que Trump y sus partidarios, y quizás el Kremlin, no entienden, es que la evidencia real ya no cuenta. El Establishment inventa la evidencia que necesita para sus agendas.   Considere lo fácil que fue para la Policía del Capitolio eliminar barreras y permitir que algunos de Antifa, mezclados con partidarios de Trump, ingresaran al Capitolio.

Esto fue todo lo que se requirió para crear una “insurrección liderada por Trump” que puso fin a la presentación de pruebas de fraude electoral y convirtió la manifestación masiva de apoyo a Trump en un lastre. Trump ahora deja la presidencia como un «insurreccionalista», y está bien puesto en la mira para el continuado acoso y enjuiciamiento.

Como escribí anteriormente, las elecciones robadas y su aceptación en el exterior significan el fracaso de la democracia occidental. El colapso del mundo occidental y sus valores afectará al mundo entero.-

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