Siendo un vicio execrable, la tortura que legalizó el Tribunal Supremo de Israel hace décadas se sabe dónde comenzó, pero no donde termina. Llegando incluso hasta la metódica violación de los detenidos en las cárceles de Israel; o como instrumento por parte de los colonos israelíes para forzar a los palestinos en Cisjordania a abandonar sus tierras, en la reptante limpieza étnica que tratan de llevar adelante para tratar de plasmar el Eretz Israel.
Esto ya lo habían denunciado la ONG israelí B’TSELEN y la misma ONU, en un informe emitido el año pasado. Pero ahora saltó nada menos que a las paginas rectoras del periodismo occidental, The New York Times, en una nota firmada por Nicolás Kristof publicada a mediados de este mes, El silencio que acompaña a la violación de palestinas, que seguidamente StripteasedelPoder.com traducida al español reproduce.
Nicolás Kristof es un periodista estadounidense ganador de dos premios Pulitzer, y postulante a otros tantos, y el presidente Bill Clinton dijo de él: “No hay nadie en el periodismo, al menos en EEUU, que haya hecho algo parecido al trabajo que él ha realizado para comprender cómo viven realmente las personas pobres en todo el mundo y cuál es su potencial. Por lo tanto, todo ciudadano estadounidense que se preocupe por esto debería estar profundamente agradecido de que alguien en nuestra prensa se preocupe lo suficiente como para viajar por todo el mundo y averiguar qué está pasando.”
La publicación de The New York Times / Kristof llenó de ira al premier Netanyahu, quien ordenó demandar a dicho medio por una cifra sideral. Al haber opacado el informe preparado durante dos años por una comisión civil integrada exclusivamente por israelíes oficialistas, con el tremebundo título No más silencios el terrorismo sexual al descubierto: las atrocidades olvidadas del 7 de octubre y contra los rehenes en cautiverio. Como otra pieza de desinformación de la guerra de Gaza, para justificar el genocidio que Israel perpetró allí. Por el cual su premier Netanyahu y sus ministros tienen orden de captura internacional emitida por la CPI, Corte Penal Internacional.
Apelando dicho informe desde su mismo título al clásico sambenito de “terrorismo”. El mismo que empleaban las dictaduras militares para deshumanizar y demonizar al adversario, y poder perpetrar contra ellos cualquier delito de lesa humanidad, por horrendo que fuera, violaciones incluidas. Habiendo eliminado de la historia Israel en la era Netanyahu, el terrorismo judío del que se jactaban hasta el fin de sus días los padres fundadores con el que implantaron a Israel en Medio Oriente, y luego incrementaron su territorio. E incluso fue ejercido contra el premier que se animó a reconocer al Estado Palestino, Isaac Rabin.
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Sobre llovido mojado, a ello se sumo el famoso video que publicó el ministro de Seguridad hebreo Ben Gvir, maltratando a los integrantes de la enésima flota humanitaria dirigida a romper el bloqueo a Gaza. Quienes habían sido secuestrados ilegalmente en aguas internacionales, apelando también al sambenito comodín de terroristas.
El cual lejos de ser un exceso, como trató de presentárselo desde Israel y ante el mundo, es una actitud amplificada cada vez más en la era Netanyahu. Facilitada, hasta llegar al genocidio, por la clásica postura de los gobiernos europeos de “Israel tiene derecho a defenderse”, con el contenido implícito de cualquier manera y como quiera.
Bill de impunidad que ha llevado a ser a Israel el estado más violento del mundo, al fincar todas las soluciones a sus problemas en el uso desproporcionado de la fuerza. Asesinando tanto a niños, mujeres, ancianos, médicos, paramédicos, científicos, o periodistas. Qué en este caso al afectar a sus propios ciudadanos europeos, les exigió a sus gobiernos hacer al menos un módico gesto de protesta.
Por su parte Clarin y LA NACION, que acostumbran a refritar en sus páginas columnas completas del The New York Times, siempre y cuando opere a favor de los intereses geopolíticos de EEUU y la OTAN, en este caso omitieron hacerlo. Vergonzantemente, solo publicaron en el primer caso, comentarios posteriores que hizo el autor ante la repercusión de la nota. Y en el segundo caso, una nota dando cuenta de esa publicación y sus reacciones, que mas bien parecen un desmentido de ella.
La cruda explicación de esto es la cooptación del periodismo argentino por parte de la DAIA (Delegación Asociaciones Israelitas Argentinas) que detenta la representación monopólica de esas asociaciones y su vínculo con el Estado de Israel. La que sin vergüenza alguna reparte premios a periodistas por el “apoyo al Estado de Israel”. Y estos a su vez, sin rubor alguno, lo exhiben en la fotografía, como si el “apoyar” fuera la función del periodismo “independiente”, y no la de un lobista dependiente y rentado.

Fueron reconocidos Carolina Amoroso, Diego Sehinkman, Romina Manguel, Mirta Legrand, Hernán Feler, Alfredo Leuco, Gustavo Baabour, Eduardo Feinmann, Cristina Pérez, Débora Plager, Luis Novaresio, Antonio Laje, Natasha Niebieskikwiat, Fabián Doman, Jaime Rosenberg, Fernando Subirats, Baby Etchecopar, Valeria Cavallo, David Kavlin, Nelson Castro, Esteban Trebucq, Silvia Mercado, Gustavo Szpigiel, Daniel Berliner, Nacho Goano, Jonatan Viale y Gustavo Mura.
Entre los reconocidos por la DAIA, se encuentra ocho mujeres: Carolina Amoroso, Romina Manguel, Mirta Legrand, Cristina Pérez, Débora Plager, Natasha Niebieskikwiat, Valeria Cavallo, y Silvia Mercado. Todas mujeres empoderadas, veloces para reclamar cuestiones de género, que parecen hacerlo siempre y cuando no sean mujeres palestinas.
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El silencio que acompaña a la violación de palestinas

Por Nicolás Kristof
Columnista de opinión, informando desde Cisjordania.
- 11 de mayo de 2026
Es una propuesta sencilla: independientemente de nuestra opinión sobre el conflicto de Oriente Medio, deberíamos ser capaces de unirnos para condenar la violación.
Los partidarios de Israel hicieron hincapié en este punto tras las brutales agresiones sexuales contra mujeres israelíes durante el ataque liderado por Hamás contra Israel el 7 de octubre de 2023. Donald Trump, Joe Biden, Benjamin Netanyahu y muchos senadores estadounidenses, incluido Marco Rubio, condenaron esa violencia sexual, y Netanyahu, con razón, hizo un llamamiento a «todos los líderes civilizados» para que «alcen la voz».
Sin embargo, en entrevistas desgarradoras, los palestinos me han relatado un patrón de violencia sexual israelí generalizada contra hombres, mujeres e incluso niños, perpetrada por soldados, colonos, interrogadores del Shin Bet, el servicio de seguridad interna, y, sobre todo, por guardias de prisiones.
No existen pruebas de que los líderes israelíes ordenen violaciones. Sin embargo, en los últimos años han creado un aparato de seguridad donde la violencia sexual se ha convertido, como señaló un informe de las Naciones Unidas el año pasado , en uno de los «procedimientos operativos habituales» de Israel y en «un elemento fundamental del maltrato a los palestinos». Un informe publicado el mes pasado por el Observatorio Euromediterráneo de Derechos Humanos, un grupo de defensa con sede en Ginebra que suele criticar a Israel, concluye que Israel emplea «violencia sexual sistemática» que se practica «ampliamente como parte de una política estatal organizada».

¿Cómo es este procedimiento operativo estándar? Sami al-Sai, de 46 años, periodista independiente, cuenta que mientras lo llevaban a una celda tras su detención en 2024, un grupo de guardias lo tiró al suelo. “Todos me golpeaban, y uno me pisó la cabeza y el cuello”, dijo. “Alguien me bajó los pantalones. Me bajaron los calzoncillos”. Y entonces uno de los guardias sacó una porra de goma que se usa para golpear a los prisioneros.
«Intentaban introducirlo a la fuerza en mi recto, y yo me preparaba para impedirlo, pero no pude», dijo, con creciente ansiedad. «Fue muy doloroso». Los guardias se reían de él, contó. «Entonces oí a alguien decir: «Dame las zanahorias»», recordó, y añadió que entonces usaron una zanahoria. «Fue extremadamente doloroso», dijo. «Rezaba por morirme».
Al-Sai, con los ojos vendados, dijo que oyó a alguien decir en hebreo, idioma que entiende: «No saques fotos». Esto le hizo pensar que alguien había sacado una cámara. Una de las guardias era una mujer que, según relató, lo agarró por el pene y los testículos y bromeó: «Estos son míos», y luego apretó hasta que gritó de dolor.
Los guardias lo dejaron esposado en el suelo y él olió a humo de cigarrillo. «Me di cuenta de que era su descanso para fumar», dijo. Tras ser arrojado a su celda, llegó a la conclusión de que el lugar donde había sido violado ya había sido utilizado antes, pues encontró vómito, sangre y dientes rotos de otras personas incrustados en su piel.
Al-Sai afirmó que le habían pedido que se convirtiera en informante de la inteligencia israelí y cree que el propósito de su arresto y encarcelamiento bajo el sistema de detención administrativa era presionarlo para que aceptara. Debido a su orgullo por su profesionalismo periodístico, dijo, se negó.
He dedicado mi carrera a cubrir guerras, genocidios y atrocidades, incluyendo violaciones, a veces en lugares donde la magnitud de la violencia sexual es mucho mayor que la cometida por militantes de Hamás, guardias israelíes o colonos. En el conflicto de Tigray, en Etiopía, hace unos años, se estima que 100.000 mujeres fueron violadas. Actualmente, se están produciendo violaciones masivas en Sudán .
Sin embargo, nuestros impuestos estadounidenses subvencionan al aparato de seguridad israelí, por lo que se trata de violencia sexual en la que Estados Unidos es cómplice.
Me interesé en informar sobre las agresiones sexuales contra prisioneros palestinos después de que Issa Amro, un activista no violento al que a veces se le llama el Gandhi palestino, me contara durante una visita anterior que había sido agredido sexualmente por soldados israelíes y que creía que esto era común, pero que no se denunciaba lo suficiente por vergüenza.
Según un recuento, Israel ha detenido a 20.000 personas solo en Cisjordania desde los ataques del 7 de octubre, y más de 9.000 palestinos seguían detenidos este mes. Muchos no han sido acusados, sino detenidos por motivos de seguridad poco definidos, y desde 2023, a la mayoría se les ha negado el acceso a visitas de la Cruz Roja y de abogados.

«Las fuerzas israelíes emplean sistemáticamente la violación y la tortura sexual para humillar a las mujeres palestinas detenidas», señala el informe de Euro-Med. El informe cita el testimonio de una mujer de 42 años que afirmó haber sido esposada desnuda a una mesa de metal mientras soldados israelíes la violaban durante dos días, al tiempo que otros soldados filmaban los ataques. Posteriormente, según su relato, le mostraron fotografías de la violación y le advirtieron que se publicarían si no cooperaba con la inteligencia israelí.
Es imposible saber con qué frecuencia se producen las agresiones sexuales contra los palestinos. Este artículo se basa en conversaciones con 14 hombres y mujeres que afirmaron haber sido agredidos sexualmente por colonos israelíes o miembros de las fuerzas de seguridad. También hablé con familiares, investigadores, funcionarios y otras personas.
Encontré a estas víctimas preguntando a abogados, grupos de derechos humanos, cooperantes y a los propios palestinos. En muchos casos, fue posible corroborar los relatos de las víctimas hablando con testigos o, más comúnmente, con aquellos en quienes habían confiado, como familiares, abogados y trabajadores sociales; en otros casos no fue posible, quizás porque la vergüenza hacía que la gente se mostrara reacia a reconocer el abuso incluso ante sus seres queridos.
Save the Children encargó el año pasado una encuesta a niños y jóvenes de entre 12 y 17 años que habían estado detenidos en Israel; más de la mitad informaron haber presenciado o sufrido violencia sexual. Save the Children afirmó que la cifra real probablemente sea mayor, ya que el estigma social impide que algunos reconozcan lo sucedido.
El Comité para la Protección de los Periodistas, una respetada organización estadounidense, encuestó a 59 periodistas palestinos que habían sido liberados por las autoridades israelíes tras los ataques del 7 de octubre. El 3% afirmó haber sido violado y el 29% declaró haber sufrido otras formas de violencia sexual.
El gobierno israelí rechaza las acusaciones de abuso sexual contra palestinos, del mismo modo que Hamás negó haber violado a mujeres israelíes. Israel acogió con beneplácito un informe de las Naciones Unidas que documenta agresiones sexuales contra mujeres israelíes por parte de palestinos, pero rechazó la recomendación del informe de investigar las agresiones israelíes contra palestinos. Netanyahu ha denunciado las «acusaciones infundadas de violencia sexual» formuladas contra Israel.
El Ministerio de Seguridad Nacional de Israel declinó hacer comentarios para este artículo. El servicio penitenciario «rechaza categóricamente las acusaciones» de abuso sexual, declaró un portavoz que prefirió permanecer en el anonimato, añadiendo que las denuncias son «examinadas por las autoridades competentes». El portavoz se negó a precisar si algún miembro del personal penitenciario había sido despedido o procesado por agresiones sexuales.
Los palestinos que entrevisté relataron diversos tipos de abusos, además de la violación. Muchos informaron que a menudo les tiraban de los genitales o les golpeaban los testículos. Se utilizaban detectores de metales portátiles para sondear entre las piernas desnudas de los hombres y luego se les estrellaban contra sus partes íntimas; algunos hombres tuvieron que someterse a la amputación de sus testículos por parte de médicos tras las palizas, según el monitor Euro-Med.
Una de las razones por las que estos abusos no reciben más atención son las amenazas de las autoridades israelíes, que periódicamente advierten a los presos liberados que guarden silencio, según palestinos que han sido liberados. Otra razón, según me contaron supervivientes palestinos, es que la sociedad árabe desaconseja hablar del tema por temor a dañar la moral de las familias de los presos y a socavar la narrativa palestina de detenidos desafiantes y heroicos.
Las normas sociales conservadoras también dificultan el diálogo: dos víctimas me contaron que un preso que reconociera haber sido violado perjudicaría la capacidad de sus hermanas e hijas para encontrar marido.
Un agricultor accedió inicialmente a que usara su nombre en este artículo. Tras ser liberado a principios de este año después de meses de detención administrativa —sin que se presentaran cargos en su contra—, relató lo que, según él, ocurrió un día del año pasado: media docena de guardias lo inmovilizaron sujetándole los brazos y las piernas mientras le bajaban los pantalones y la ropa interior y le introducían una porra metálica por el ano. Los violadores se reían y vitoreaban, afirmó.
Varias horas después, según relató, se desmayó y fue llevado a la enfermería de la prisión. Tras despertar, dijo, fue violado una vez más, de nuevo con la porra metálica. “Estaba sangrando”, recordó. “Me derrumbé por completo. Estaba llorando”. Tras ser devuelto a su celda, según relató, pidió a un guardia papel y bolígrafo para redactar una denuncia por las agresiones. Su petición fue denegada.
Esa misma noche, un grupo de guardias se presentó en la celda. “¿Quién es el que quiere presentar una queja?”, se burló un guardia, según relató, y otro lo señaló. “La paliza comenzó de inmediato”, recordó. Y luego lo violaron con la porra por tercera vez ese día, añadió. Recordó que alguien le dijo: «Ahora tienes aún más cosas que incluir en tu queja».
Unos días después de la entrevista, el granjero me llamó para decirme que, al final, no quería que se publicara su nombre. Acababa de recibir la visita del Shin Bet, que le había advertido que no causara problemas, y también temía que su familia reaccionara mal ante tanta atención.
“El abuso sexual generalizado de prisioneros palestinos es una realidad; se ha normalizado”, afirmó Sari Bashi , abogada israelí-estadounidense de derechos humanos y directora ejecutiva del Comité Público contra la Tortura en Israel . “No veo pruebas de que se haya ordenado. Pero existen pruebas contundentes de que las autoridades saben que está ocurriendo y no lo impiden”.
Otro abogado israelí, Ben Marmarelli , me dijo que, según las experiencias de los detenidos palestinos a los que ha representado, la violación de prisioneros palestinos con objetos «está ocurriendo de forma generalizada».

Bashi afirmó que su organización ha presentado cientos de denuncias que detallan abusos atroces contra detenidos palestinos, y que en ningún caso se presentaron cargos. La impunidad, añadió, crea una «luz verde» para los abusadores.
Según informes, un prisionero palestino de Gaza fue hospitalizado en julio de 2024 con una laceración en el recto, costillas fracturadas y un pulmón perforado. Los investigadores obtuvieron un video de la prisión que supuestamente mostraba los abusos. Las autoridades detuvieron a nueve soldados reservistas, pero la derecha israelí estalló en indignación, y una multitud de manifestantes furiosos, incluidos políticos, irrumpió en la prisión para mostrar su apoyo a los guardias. Los últimos cargos contra los soldados fueron retirados en marzo, y el mes pasado el ejército aprobó su reincorporación al servicio.
Netanyahu celebró el retiro de los cargos como el fin de una “calumnia de sangre”. “El Estado de Israel debe perseguir a sus enemigos, no a sus heroicos combatientes”, dijo . Bashi describió el resultado de esta manera: «Yo diría que retirar los cargos es dar permiso para violar».
Según se informó, ese prisionero, que posteriormente necesitó una bolsa de colostomía para recoger sus excrementos, fue devuelto a Gaza. Un conocido suyo declaró que pasó meses hospitalizado recuperándose de sus lesiones internas. El conocido añadió que el ex prisionero se negó a conceder entrevistas.
Los enjuiciamientos y la atención pública pueden frenar este tipo de violencia. En 1997, agentes de policía de la ciudad de Nueva York violaron brutalmente con un palo a Abner Louima , un inmigrante haitiano, causándole graves lesiones que requirieron hospitalización y cirugías. Los neoyorquinos se indignaron, el alcalde Rudy Giuliani visitó a Louima en el hospital y los agentes fueron procesados en un caso histórico. Esto transmitió un mensaje contundente a toda la policía: quienes agreden a detenidos pueden ser castigados. Y ese es el mensaje que deben transmitir las fuerzas de seguridad israelíes.
Si la administración Trump insistiera en la reanudación de las visitas de la Cruz Roja a los presos, si el embajador estadounidense visitara a las sobrevivientes de violación con cámaras, si condicionáramos la transferencia de armas al fin de la violencia sexual, podríamos enviar un mensaje moral y práctico de que la violencia sexual es inaceptable, independientemente de la identidad de la víctima. Para empezar, el embajador podría garantizar que aquellos palestinos que se atrevieron a hablar para este artículo no sean brutalizados nuevamente por su valentía.
¿Cómo se produce este tipo de violencia? Décadas cubriendo conflictos me han enseñado que la combinación de deshumanización e impunidad puede empujar a las personas a un estado de naturaleza hobbesiano. He presenciado esta deriva hacia la barbarie en campos de exterminio desde el Congo hasta Sudán y Myanmar, y creo que también explica, en líneas generales, cómo los soldados estadounidenses llegaron a abusar sexualmente de prisioneros en Abu Ghraib, Irak.
La cruda realidad es que, cuando no hay consecuencias, los seres humanos somos capaces de una inmensa depravación hacia aquellos a quienes se nos enseña a despreciar como infrahumanos.

Itamar Ben-Gvir, ministro de Seguridad Nacional de Israel, calificó a los detenidos de «escoria» y «nazis», y se jactó de endurecer las condiciones carcelarias para los palestinos. Cuando prevalecen estas actitudes, el abuso sexual puede convertirse en una herramienta más para infligir dolor y humillación a los palestinos. Ben-Gvir declinó, a través de una portavoz, hacer comentarios sobre las agresiones sexuales cometidas por los servicios de seguridad.
B’Tselem, una organización israelí de derechos humanos, documentó un patrón grave de violencia sexual contra los palestinos. Citó el testimonio de Tamer Qarmut, un prisionero de Gaza, quien afirmó haber sido violado con un palo. Según B’Tselem, la tortura se ha convertido en una práctica habitual.
Un exoficial israelí, recluido en la enfermería de una prisión, describió en su testimonio al grupo israelí Breaking the Silence lo que significa en la práctica ese tipo de aceptación: «Ves a gente normal, gente bastante corriente, que llega a un punto en el que abusan de otros por pura diversión, ni siquiera durante un interrogatorio ni nada parecido. Por diversión, para tener algo que contarles a los demás o por venganza».
La mayoría de las violaciones y otros actos de violencia sexual se han dirigido contra hombres, principalmente porque más del 90% de los presos palestinos son varones. Sin embargo, hablé con una mujer palestina que fue arrestada a los 23 años tras el ataque de Hamás en octubre de 2023.
Me contó que los soldados que la arrestaron la amenazaron con violarla a ella, a su madre y a su sobrina pequeña. Su calvario en prisión comenzó con un registro corporal realizado por guardias femeninas, «pero entonces entró un soldado cuando yo estaba completamente desnuda», añadió. Durante los días siguientes, según relató, fue desnudada repetidamente, golpeada y registrada por equipos de guardias, tanto hombres como mujeres.
El patrón era siempre el mismo: varios guardias, hombres y mujeres, entraban en su celda, la desnudaban a la fuerza, le esposaban las manos a la espalda y la inclinaban hacia adelante desde la cintura, a veces metiéndole la cabeza en el inodoro. En esa posición, la golpeaban y la manoseaban por todo el cuerpo, afirmó.
“Me tocaban por todo el cuerpo”, dijo. “Para ser honesta, no sé si me violaron”, añadió, porque a veces perdía el conocimiento por las palizas. Ella cree que el objetivo del abuso era doble: quebrar su espíritu y, además, permitir que hombres israelíes abusaran impunemente de una mujer palestina desnuda.
“Me desnudaban y me golpeaban varias veces al día”, dijo. “Era como si me presentaran a todos los que trabajaban allí. Al comienzo de cada turno, traían a los chicos para que me desnudaran”.
Según contó, cuando estaba a punto de salir de prisión, la llamaron a una sala con seis funcionarios y le dieron una severa advertencia de que nunca concediera entrevistas. «Me amenazaron con violarme, matarme y asesinar a mi padre si hablaba», declaró. Como era de esperar, prefirió permanecer en el anonimato.
Algunos de los peores abusos sexuales parecen haber sido perpetrados contra prisioneros de Gaza. Un periodista de Gaza compartió conmigo su relato de los abusos que sufrió tras ser detenido en 2024.
«Nadie se libró de las agresiones sexuales», dijo. «No todas fueron violadas, diría yo, pero todas sufrieron agresiones sexuales humillantes y repugnantes». En una ocasión, contó, los guardias le ataron los testículos y el pene con bridas durante horas mientras le golpeaban los genitales. Durante los días siguientes, dijo, orinó sangre.
En una ocasión, según relató, lo inmovilizaron y lo desnudaron. Mientras le vendaban los ojos y lo esposaban, llamaron a un perro. Con la ayuda de un adiestrador que hablaba hebreo, el perro lo montó. “Estaban usando cámaras para tomar fotos, y oí sus risas y carcajadas”, dijo. Intentó apartar al perro, pero este lo penetró.
Otros presos palestinos y defensores de los derechos humanos también han denunciado casos de perros policía adiestrados para violar a prisioneros. El periodista afirmó que, al ser liberado, un funcionario israelí le advirtió: «Si quieres seguir con vida a tu regreso, no hables con los medios de comunicación».
Entonces, ¿por qué estaba dispuesto a hablar? “Hay momentos en que recordar se vuelve insoportable”, dijo. “Sentí que el corazón se me iba a parar mientras te hablaba de esto hace un momento. Pero recuerdo que todavía hay gente ahí dentro. Así que hablo”.
Numerosos testimonios indican que la violencia sexual se ha dirigido incluso contra niños palestinos, quienes suelen ser encarcelados por lanzar piedras. Localicé y entrevisté a tres niños que habían estado detenidos, y todos describieron haber sufrido abusos sexuales.
Uno de ellos, un chico tímido con una camisa Hilfiger que tenía 15 años al momento de su arresto, se negó a decir si también había presenciado violaciones. Pero afirmó que las amenazas eran habituales: «Me decían: «Haz esto o te vamos a meter este palo por el culo»».
Los otros chicos relataron historias muy similares de violencia sexual en el contexto de las palizas y señalaron que las amenazas de violación no solo iban dirigidas a ellos, sino también a sus madres y hermanos.
Los colonos israelíes no son una rama oficial del Estado como lo es el sistema penitenciario, pero las Fuerzas de Defensa de Israel protegen cada vez más a los colonos mientras atacan a los aldeanos palestinos y utilizan la violencia sexual para obligarlos a huir.
Según un nuevo informe del Consorcio para la Protección de Cisjordania, una coalición de organizaciones de ayuda internacional liderada por el Consejo Noruego para los Refugiados, «la violencia sexualizada se utiliza para presionar a las comunidades» a abandonar sus tierras.
El consorcio encuestó a agricultores palestinos y descubrió que más del 70 por ciento de los hogares desplazados informaron que las amenazas contra mujeres y niños, en particular la violencia sexual, fueron la razón decisiva para marcharse. «La violencia sexual», dijo Allegra Pacheco, de la coalición, «es uno de los mecanismos que obligan a la gente a abandonar sus tierras».

En una remota aldea de agricultores beduinos del valle del Jordán, conocí a Suhaib Abualkebash, un agricultor de 29 años, que me contó cómo una banda de unos 20 colonos arrasó las casas de su familia, golpeando a adultos y niños por igual, robando joyas y 400 ovejas; además, le cortaron la ropa con un cuchillo de caza y luego le ataron el pene con bridas de plástico y tiraron de él.
“Tenía miedo de que me cortaran el pene”, me dijo Abualkebash. “Pensé que era mi fin”.
Algunos podrían preguntarse si los palestinos inventaron acusaciones de agresión sexual para difamar a Israel. A mí me parece una idea descabellada, ya que ninguno de los entrevistados me buscó ni sabía con quién más estaba hablando, y se mostraron reacios a hablar. Sin embargo, existen indicios de que los abusos sexuales en Israel se han vuelto tan frecuentes que las normas sociales están cambiando y las víctimas palestinas están cada vez más dispuestas a denunciar.
“Durante seis meses no pude hablar de ello, ni siquiera con mi familia”, dijo Mohammad Matar, un funcionario palestino que me contó que los colonos lo desnudaron, lo golpearon y lo pincharon con un palo en las nalgas mientras hablaban de violarlo. Durante el ataque, los agresores publicaron en las redes sociales una fotografía suya con los ojos vendados y en ropa interior.
Con el tiempo, Matar decidió alzar la voz para intentar romper el estigma. Ahora conserva en la pared de su oficina una copia ampliada de la foto que le tomaron los colonos.
Para intentar comprender lo que había descubierto, llamé a Ehud Olmert, quien fue primer ministro de Israel entre 2006 y 2009. Olmert me dijo que no sabía mucho sobre la violencia sexual contra los palestinos, pero que no le sorprendían los relatos que había escuchado.
—¿Creo que sucede? —preguntó—. Sin duda. “En esos territorios se cometen crímenes de guerra a diario”, añadió.
Así pues, volvemos al punto que señalé al principio de esta columna: los partidarios de Israel tenían razón en 2023 al afirmar que, independientemente de nuestra opinión sobre Oriente Medio, deberíamos ser capaces de repudiar la violación.
“¿Dónde diablos están?”, preguntó Netanyahu a la comunidad internacional en aquel entonces, exigiendo que condenara la violencia sexual cometida por lo que el gobierno israelí ha llamado el “régimen violador de Hamás”.
Hamas ha violado brutalmente los derechos humanos. Los funcionarios israelíes también deberían examinar sus propias violaciones, en particular lo que un informe de las Naciones Unidas de 49 páginas del año pasado denominó tortura sexualizada a la que Israel somete sistemáticamente a los palestinos, con al menos el apoyo implícito de la cúpula civil y militar.
Piénsenlo así: el horrible abuso infligido a las mujeres israelíes el 7 de octubre ahora les ocurre a las palestinas día tras día. Persiste debido al silencio, la indiferencia y la incapacidad de funcionarios estadounidenses e israelíes por igual para responder a la pregunta de Netanyahu: ¿Dónde diablos están?
Nicholas Kristof se convirtió en columnista de la sección de opinión de The Times en 2001 y ha ganado dos premios Pulitzer. Su nuevo libro de memorias se titula » Chasing Hope: A Reporter’s Life » ( En busca de la esperanza: La vida de un reportero ).@NickKristof
Sus preguntas sobre la columna de Nicholas Kristof acerca de los palestinos y la agresión sexual.
21 de mayo de 2026

El Times recibió numerosas reacciones a la columna de Nicholas Kristof, que detallaba agresiones sexuales contra palestinos por parte de israelíes. El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, acusó al Times de difundir una «calumnia de sangre». Algunos lectores afirmaron que el Sr. Kristof hacía propaganda a favor de Hamás. Algunos cancelaron sus suscripciones. Otros lectores, entre ellos algunos que se identificaron como judíos, escribieron expresando su agradecimiento por la publicación de la columna.
A continuación, el Sr. Kristof y Kathleen Kingsbury, directora de la sección de opinión del Times, responden a algunas de las preguntas más comunes y urgentes.
Muchos lectores preguntaron: Dada la gran cantidad de críticas recibidas, ¿mantiene usted esta columna?
Kathleen Kingsbury: Sí. Nick se basó en un creciente conjunto de pruebas sobre el maltrato a los detenidos en Israel. Numerosas organizaciones de derechos humanos y medios de comunicación de prestigio —incluidos importantes medios israelíes— han documentado abusos por parte de las fuerzas de seguridad israelíes y los colonos. Entre los informes anteriores se incluyen denuncias de violencia sexual y degradación física.
Antes de su publicación, el reportaje de Nick fue sometido a un riguroso proceso de verificación por parte del departamento de comprobación de datos de la sección de Opinión para garantizar que cada testimonio y anécdota que él mismo reportó estuviera respaldado por fuentes independientes, como ocurre con todos los artículos delicados.
Los equipos de normas y legales del Times también revisaron la columna y ofrecieron comentarios. Tras la publicación, revisamos las objeciones planteadas por los lectores y otras personas, como es práctica habitual con cualquier artículo publicado. Los editores no encontraron errores.
El equipo de redacción del Times en Oriente Medio no tuvo ninguna participación en la columna de Nick. La redacción ya había cubierto anteriormente la violencia sexual contra palestinos, incluidos los de Cisjordania y Gaza , independientemente del trabajo de Nick. Asimismo, la redacción ha escrito repetidamente sobre agresiones sexuales cometidas por palestinos, la más reciente en un artículo la semana pasada sobre un informe israelí acerca de dichos abusos .
Los críticos que se centran en los antecedentes de fuentes específicas suelen pasar por alto el enorme volumen y la coherencia de dichos relatos. La columna de Nick, en definitiva, fue un llamado a la acción, instando a quienes ostentan el poder a condenar la violencia sexual en todas sus formas.
Nicholas Kristof: Viajé a Cisjordania y entrevisté a 14 supervivientes de violación u otras agresiones sexuales. Cité tres encuestas que evidenciaron la magnitud de esta violencia, respaldadas por el trabajo de nueve organizaciones y dos abogados israelíes que han trabajado en estos temas. El Ministerio de Seguridad Nacional de Israel declinó hacer comentarios; el Servicio Penitenciario de Israel respondió con una negación general que se incluyó en la columna, pero no respondió a preguntas específicas.
En el caso de cada persona que cité, también hablé con un testigo del abuso; con un familiar, abogado o trabajador social en quien la persona había confiado; o bien, corroboré su relato con declaraciones públicas que había hecho previamente. Las acusaciones coincidían con informes externos, encuestas, la documentación de grupos de derechos humanos y, en un caso, con el testimonio presentado ante las Naciones Unidas.
Encontré a los 14 hombres y mujeres que aparecen en esta columna del mismo modo que he encontrado fuentes en todas las zonas de conflicto donde he trabajado durante las últimas tres décadas: preguntando a mi alrededor. Hablé con abogados, cooperantes, colegas periodistas y palestinos comunes. Nadie me buscó.
Fui claro sobre lo que sabía y lo que no sabía, y así lo expresé en la columna. El cuarto párrafo comienza: «No hay pruebas de que los líderes israelíes ordenen violaciones». Más tarde escribí: «Es imposible saber con qué frecuencia se producen las agresiones sexuales contra los palestinos».
¿Por qué el artículo del Sr. Kristof se publicó en la sección de Opinión y no en la sección de noticias de The Times? ¿Acaso ambas secciones tienen criterios diferentes?
Kingsbury: Nick es columnista de la sección de opinión del Times, con décadas de experiencia informando sobre abusos sexuales en zonas de conflicto. Sus columnas se publican en esta sección. Muchos artículos, editoriales, programas y ensayos de opinión incluyen reportajes para respaldar sus argumentos, como entrevistas realizadas sobre el terreno en Oriente Medio, Ucrania, Sudán, India y China. Todos los artículos de opinión publicados deben cumplir con altos estándares de precisión e imparcialidad. La columna de Nick cumplió con dichos estándares.
La diferencia entre los artículos de la redacción del Times y los artículos de opinión no radica en la rigurosidad periodística, sino en la forma y el propósito. Una columna de opinión plantea una cuestión que el autor invita a los lectores a considerar. Los artículos e investigaciones de la redacción, en cambio, desentierran y confirman hechos e información de interés periodístico para compartirlos con los lectores, no para argumentar.
¿Cómo puedes confiar en esas fuentes? ¿Acaso no tienen intereses ocultos y prejuicios contra Israel?
Kingsbury: Informar sobre la violencia sexual en centros de detención implica, por su propia naturaleza, informar sobre personas detenidas o encarceladas. The Times no descarta entrevistar a personas ni considerarlas creíbles por el hecho de haber estado en prisión o detenidas.
En Times Opinion, tampoco consideramos creíble o no el relato de una persona sobre violencia sexual basándonos en su historial en redes sociales. Evaluamos la credibilidad mediante la corroboración y otras pruebas, así como mediante la verificación de datos y, a menudo, con una investigación periodística más exhaustiva.
Kristof: Dos fuentes, Issa Amro y Sami al-Sai, han sido objeto de un escrutinio particular. Los verificadores de datos de Opinion revisaron los relatos previos de ambos hombres. Con el tiempo, ambos proporcionaron detalles adicionales sobre sus agresiones. Los editores de Opinion corroboraron sus experiencias con otras fuentes antes de determinar la credibilidad de sus relatos.
Es cierto que las violaciones son difíciles de documentar y a menudo se ponen en duda. Y sí, a veces la gente miente sobre haber sido violada. Lo que he observado es que las sociedades suelen tardar en creer a las acusadoras, no en creerlas rápidamente. En casi todas partes, las violaciones se denuncian menos de lo que realmente ocurren debido a la vergüenza que suelen acompañarlas. Se necesita valor para sentarse con un periodista y reconocer haber sido agredida sexualmente.
No beneficia a nadie descartar automáticamente los testimonios de las personas por su identidad o creencias. No quiero una jerarquía en la que se crea a algunas víctimas y se dude de otras porque sus relatos no coinciden con lo que queremos creer sobre el acusado.
Siempre estoy alerta ante el riesgo de ser manipulado por personas con intereses políticos. En este caso, quienes hablaron tenían mucho que perder.
Euro-Med, un grupo de defensa de intereses, es citado varias veces en el artículo. ¿Acaso no muestra un sesgo significativo contra Israel?
Kristof: Euro-Med está dirigida por un presidente cuyas declaraciones en apoyo de los ataques liderados por Hamás el 7 de octubre no pueden tomarse a la ligera, y me tomo muy en serio la indignación por la inclusión de este grupo en mi columna. Al mismo tiempo, citar una fuente no implica respaldar las opiniones políticas de su liderazgo ni su actividad en redes sociales.
Además, la información específica que cité de Euro-Med no se utilizó de forma aislada. Cité a nueve organizaciones, incluidas las Naciones Unidas, una organización israelí sin ánimo de lucro llamada B’Tselem y otras, que documentaron abusos similares. Euro-Med no participó en la búsqueda de las víctimas cuyos testimonios detallé.
Los lectores han afirmado que las acusaciones sobre perros que maltratan a detenidos no solo son imposibles, sino también una «calumnia de sangre» contra Israel y sus ciudadanos.
Kristof: Este pasaje provocó la mayor repugnancia e incredulidad. Un periodista palestino detenido en 2024 me contó que lo inmovilizaron, desnudaron, vendaron los ojos y esposaron mientras traían a un perro que, alentado por su adiestrador, lo montó y lo penetró. Antes de hablar conmigo, confió su relato al Comité Público contra la Tortura en Israel, una organización israelí de derechos humanos.
Reflexioné detenidamente sobre si incluir esto. Finalmente lo hice porque él ya había contado su versión y porque lo que describió ya había ocurrido antes. Otros presos palestinos y defensores de los derechos humanos han citado informes de perros que agreden sexualmente a prisioneros. El régimen de Pinochet en Chile utilizó un perro para violar a presos políticos. La literatura médica revisada por pares documenta lesiones rectales causadas por la penetración canina.
¿Por qué el Sr. Kristof mencionó las acusaciones de violación contra Hamás del 7 de octubre de 2023, cuando no existen pruebas sólidas de las mismas?
Kingsbury: Discrepamos rotundamente de la afirmación de que no existen pruebas sólidas de violencia sexual derivada de los ataques del 7 de octubre. La redacción del Times, junto con numerosas organizaciones independientes de derechos humanos y otros medios de comunicación, ha documentado las brutales agresiones sexuales cometidas por militantes liderados por Hamás. Los reportajes del Times al respecto se basan en testimonios verificados e investigaciones exhaustivas sobre el terreno.
Los lectores sugirieron que la sección de opinión del Times publicó este reportaje para desviar la atención de una investigación independiente realizada por una organización civil israelí que documentaba agresiones sexuales cometidas por Hamás el 7 de octubre de 2023 y posteriormente. El gobierno israelí afirmó que el Times rechazó una oferta para revisar las conclusiones del reportaje.
Kristof: El trabajo de la comisión no influyó en la fecha de publicación de mi columna, que llevaba semanas en proceso de verificación y edición. De lo contrario, les remito a la reciente declaración de Charlie Stadtlander, portavoz de The New York Times: «El Times nunca filtró el informe de la Comisión Civil ni fue informado sobre su finalización o la fecha de su publicación. Una vez que el informe se hizo público, cubrimos sus conclusiones».
¿Acaso sus reportajes no empeoran el problema del antisemitismo?
Kristof: Es una pregunta pertinente, pues el antisemitismo es un problema creciente. He lidiado con versiones de esta cuestión a lo largo de toda mi carrera. Cuando los periodistas cubrimos el atentado terrorista de Hamás del 7 de octubre de 2023, éramos conscientes de que una cobertura detallada de las atrocidades de Hamás corría el riesgo de exacerbar la islamofobia.
Una semana después del atentado, un hombre en Chicago apuñaló mortalmente a un niño palestino-estadounidense de 6 años, supuestamente gritando que los musulmanes «deben morir». La solución no fue suavizar la cobertura de Hamás. Cuando cubrí el genocidio de Darfur —cometido por árabes contra varios grupos étnicos africanos— sabía que mi cobertura podría agravar la intolerancia contra los árabes.
La solución no es mirar hacia otro lado. Cuando has entrevistado a supervivientes de violación y has visto su trauma y su valentía al alzar la voz, quieres denunciarlo, ya sea en Sudán o en Cisjordania.-
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