Operaciones y desmentidas

Por Lázaro Llorens

No quiero y no puedo aquí afirmar que las investigaciones de Veja sobre estos episodios, siendo fidedignas y correctas en lo esencial, sean absolutamente verdaderas hasta en sus menores detalles. Lo que quiero y puedo afirmar es que en los 46 años de historia de Veja, llegar y mantenerse como la mayor, la más leída y respetada revista de informaciones de Brasil no es un hecho obtenido por publicar sólo verdades absolutas, sino por su propósito absolutamente claro de buscar la verdad”, aseguró categóricamente Eurípides Alcântara, director de la revista brasilera Veja, en una nota publicada el domingo pasado por el diario Perfil (http://www.perfil.com/columnistas/-Veja-le-responde-a-los-K-20150405-0055.html).

En ella, Alcântara buscó defender a capa y espada los dos controvertidos artículos de su periodista Leonardo Coutinho, que solamente con testimonios anónimos revelaron primero un supuesto “pacto” entre Irán y la Argentina amparado para encubrir el atentado de la AMIA, a cambio de tecnología nuclear. Luego la existencia de dos millonarias cuentas en Estados Unidos y las Islas Caimán, a nombre de Máximo Kirchner y la embajadora Nilda Garré, de 80 millones de dólares. Dos denuncias catalogadas por el Gobierno como una “canallada”.

Es exactamente eso lo que incomoda y nos distingue de acuerdos políticos con tendencia totalitaria. Ellos creen haber encontrado y haberse apoderado de la verdad. Nosotros siempre estamos en busca de ella”, añadió el director de Veja, propiedad de la familia Civita, socios en Brasil de Editorial Perfil, que la semana pasada, en consonancia con la denuncias de Veja, publicó en la tapa de su revista Noticias a Máximo Kirchner esposado.
Sin embargo, si se repasan los antecedentes periodísticos y empresariales de la revista Veja y sus dueños, que llegan hasta los tribunales de la Justicia brasileña y argentina con la causa Papel Prensa, se puede comprobar que ninguna de las proclamas de Alcântara es cierta. Y que en realidad, su búsqueda de “verdad”, fuera de “acuerdos políticos con tendencia totalitaria” es puro palabrerío.

Memoria de papel. Veja es un newsmagazine conservador, el de mayor tirada de Brasil, y el segundo del mundo después de Time. Pertenece a la Editorial Abril, propiedad de Alberto Civita, hoy una de las familias más ricas de ese país. A pesar de tener hoy sus negocios radicados en Brasil, esta editorial nació en la Argentina en 1941. Ese año, el ítalo-norteamericano Cesar Civita, “padre periodístico” de Jorge Fontevecchia, llegó a Buenos Aires como representante de Walt Disney, un territorio virgen para el negocio editorial.

Tras su desembarco inmediatamente fundó la Editorial Abril, con la cual empezó a publicar historietas con los personajes de Disney, una labor que Civita ya había realizado en Italia bajo el gobierno de Benito Mussolini.
En 1950, entusiasmado por el crecimiento de su negocio, Civita decidió abrir una filial en Brasil poniendo al frente a su hermano Vittorio, que hasta entonces vivía en Estados Unidos. Así nació Editorial Abril Brasil.

Entre 1950 y 1970, gracias a los auspicios de las grandes corporaciones norteamericanas y al “Estado de Bienestar”, las editoriales de los hermanos Civita no pararon de crecer, llegando a tener las imprentas más modernas de la región. Sólo en la Argentina, Editorial Abril llegó a tener una tirada de 22 publicaciones encabezadas por Primera Plana, Siete Días, Panorama, Claudia, Adán, Corsa, entre otras, que en total facturaban unos 50 millones de dólares.

Fue este exponencial crecimiento lo que llevó a Civita a meterse, en plena dictadura militar, en negocios con el Estado argentino, entre ellos la construcción de Papel Prensa. La primera empresa productora de papel para diarios y revistas de la Argentina, hoy controlada por Clarín y La Nación, cuyo contrato original le fue adjudicado de manera directa a la Editorial Abril, junto a importantes beneficios fiscales y crediticios, por el presidente de facto Alejandro Lanusse.

A esta controvertida contratación, consumada en mayo de 1972, le siguió una irregular venta de acciones por 4 millones de dólares de parte de Civita a sus socios minoritarios Luis Rey –luego presidente de Pluspetrol– y Cesar Alberto Doretti, ex esposo de la periodista Magdalena Ruiz Guiñazú, que en un mismo día –26 de diciembre de 1973– terminaron en manos de Pedro Martínez Segovia, primo del ex ministro de Economía de la dictadura José Alfredo Martínez de Hoz, y del banquero David Graiver, señalado de ser un reciclador de dinero de Montoneros.

Todas estas irregularidades fueron advertidas por el ex fiscal nacional de Investigaciones Administrativas Ricardo Molinas en 1984, quien solicitó la nulidad de todo lo actuado. “A pesar de las expresas restricciones a la transferencia de las acciones de clase A, el grupo fundador (Editorial Abril) comenzó, al poco tiempo de la suscripción de estas acciones, a transferir, por medio de cesiones privadas de derechos y acciones, el control del paquete accionario, entre los propios socios y nuevos aportantes de la empresa (Graiver-Segovia)”, destacó el ex fiscal.

Chau Argentina. En 1977, en plena dictadura militar, luego de esa millonaria venta de Papel Prensa a Segovia y Graiver, Cesar Civita decidió desprenderse también de Editorial Abril Argentina. Su comprador fue el grupo Rizzoli, propiedad del famoso financista Licio Gelli, miembro de la Logia P2, a la que también perteneció el ex almirante Emilio Eduardo Massera, encargado de área de comunicaciones de la dictadura.
Al frente de la Editorial Abril Argentina quedó Raúl Horacio Burzaco, mano derecha de Civita, padre del ex jefe de la Policía Metropolitana macrista Eugenio Burzaco, quien con publicaciones casi orwellianas pasó a defender abiertamente la dictadura militar, llegando a publicar, en Siete Días, revista de la cual era su director, El libro negro de la subversión.

Negocios con la dictadura brasileña. Claro que no sólo con el sangriento gobierno militar argentino los Civita hicieron pingues negocios. También lo hicieron en Brasil, adonde se trasladó Cesar, con el gobierno militar que, apoyado por el gobierno de Estados Unidos, en 1964 había derrocado al presidente João Goulart. En ese contexto, en 1968, Vittorio Civita, asociado con el periodista Mino Carta, lanzó la revista Veja, como un émulo del newsmagazine Time.

Los primero chisporroteos surgieron a mediados de los setenta, cuando su fundador Mino Carta se alejó de Veja. Su partida, según lo señaló el propio periodista, hoy director del semanario Carta Capital, fue por un crédito de 50 millones de dólares que la dictadura brasileña le habría dado a la Editorial Abril a cambio de su salida de la revista. “Mi cabeza se vendió por 50 millones de dólares. He intentado dos veces para un puñetazo en la cara de Roberto Civita (hijo de Vittorio Civita y sobrino de Cesar), y escapé”, rememoró Carta, quien hoy desde su revista cuestiona la línea editorial de Veja.

Fue justamente por esa época cuando la revista Veja, que nunca incomodó a la dictadura brasileña, se hizo conocida a nivel mundial. No por la calidad de sus investigaciones, sino por sus flagrantes mentiras periodísticas que pueden conocerse con sólo entrar a Wikipedia y poner la palabra Veja (http://es.wikipedia.org/ wiki/Veja_%28revista%29).
Una de estas noti-mentiras es un reportaje publicado en diciembre de 1975, donde Veja afirmó que científicos habían obtenido imágenes inéditas del monstruo del lago Ness, de Escocia, y que este era un plesiosauro. Fueron seis artículos en total, sobre la existencia de este animal extinto hace 70 millones de años, que causó un gran revuelo en el mundo. La verdad recién se supo en el último reportaje, cuando luego de haber vendido millones de ejemplares, Veja admitió que las fotos no existían y que todo era un fraude.

La otra noti-mentira de Veja se publicó en abril de 1983, en su sección de ciencia, cuando afirmó que investigadores alemanes habían creado un método científico para fusionar células animales y vegetales que permitía que nacieran en árboles productos híbridos de carne bovina y tomate. En este caso, para sostener semejante disparate, Veja se basó en un artículo humorístico de la revista británica New Science, publicada el Día de los Inocentes. Fue el periódico O Estado de S. Paulo quien salió a desmentirlo obligando a Veja a desdecirse y pedir disculpas a los lectores.

¿Operaciones? La destitución del presidente Fernando Collor de Mello en 1992, por corrupción, es uno de los trofeos periodísticos que hoy muestra Veja. Claro que detrás de él se oculta que fue la propia Veja y la Editorial Abril quienes ayudaron a construir la candidatura e imagen de Collor de Mello. También que las familias Civita y Collor de Mello tenían intereses encontrados, dado que el presidente destituido, luego absuelto por la Justicia, también era propietario de medios de comunicación. Y que en realidad su candidato era Fernando Enrique Cardoso.

Por esta razón, hasta la fecha, Collor de Mello, actual senador por el estado de Alagoas, mantiene una rivalidad casi a muerte con la familia Civita. “Desafío al líder más grande de esta facción, el Sr. Roberto Civita (sobrino de Cesar), que comparezca también al Congreso para hablar de convivencia que, por orden suya, la revista de su propiedad y de algunos de sus periodistas mantienen con el crimen organizado”, denunció públicamente el ex presidente ante el Congreso.

A lo anterior se sumó una clara campaña periodística contra el gobierno del PT (Partido de los Trabajadores) que desde el 2002 gobierna Brasil. La revista tiró sus primeros cañonazos en enero del 2002. Pocas horas antes de las elecciones presidenciales, en la cual Luiz Inácio Lula Da Silva asomaba como el candidato favorito, Veja publicó en tapa una nota titulada “Lo que quieren los radicales del PT”, junto a una foto de Lula tironeado por una correa con un perro de tres cabezas con las caras de Lenin, Marx y Trotski.
Lo siguió una denuncia, con endebles datos y fuentes, donde Veja en el 2005 reveló supuestos vínculos del PT con las FARC y el narcotráfico. La misma motivó un pedido de derecho a réplica por parte del PT, algo que Veja casi nunca acepta, que luego de una larga batalla legal, en agosto de 2010, fue aceptado por el Tribunal Superior Electoral de Brasil (TSE). “Hay una línea tenue que separa el legítimo derecho de ejercer la libertad de prensa y sus abusos”, dijo al respecto Hamilton Carvalhido, miembro del TSE, quien obligó a la revista de Civita a publicar una página completa con el descargo del partido de Lula.

Este traspié no llevó a la reflexión a Veja y sus dueños. Por el contrario, en el 2011, con una nota en tapa titulada “La república de la cocaína”, cuya fuente eran únicamente “informes producidos por una Unidad de Inteligencia de la Policía Boliviana”, la revista brasileña vinculó a dos altos funcionarios de Evo Morales (Juan Ramón Quintana y Jessica Jordán) con el narcotráfico.
También ese mismo año, el periodista Leonardo Coutinho, el mismo que con testimonios anónimos informó sobre las cuentas de Máximo Kirchner y Nilda Garré, en base a informes del gobierno de Estados Unidos, denunció que miembros de los grupos fundamentalistas islámicos Al Qaeda y Hamas operaban en la zona de la Triple Frontera reclutando militantes y planeado ataques terroristas.

Por esta nota titulada “Los brotes de terrorismo en la frontera”, publicada en tapa, Coutinho y Veja fueron demandados por la comunidad árabe, que se sintió injuriada. “Veja y Leonardo Coutinho fueron denunciados judicialmente por algunas de las personas identificadas en el reportaje. Las acusaciones contra Veja y su periodista no prosperaron en la Justicia, donde ya fueron o siguen siendo recusadas por jueces de diversas instancias. Como sucede con frecuencia con periodistas que trabajan con seriedad, transparencia y claridad de propósitos”, aclaró al respecto Alcântara en Perfil, soslayando otros hechos aquí narrados.

Por último, las andanzas periodísticas de Veja continuaron el año pasado, el 24 de octubre del 2014, dos días antes de la elecciones presidenciales de Brasil, cuando adelantando su salida a la calle, la revista de los Civita denunció vínculos entre Dilma Rousseff, candidata a la reelección, y Lula Da Silva con el escándalo de corrupción de Petrobras. En este artículo, la fuente de Veja fue el testimonio de Alberto Youssef, quien según la revista habría declarado ante la Justicia: “Ellos sabían todo, Lula y Dilma”. Declaración que fue negada por el propio abogado de Youssef, Antonio Figueiredo Basto, quien públicamente afirmó: “Yo nunca oí nada que confirmase eso. No conozco esas declaraciones, no conozco su tenor. Estoy sorprendido

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