La Córdoba inundada, entre el cemento y el desierto verde

La Córdoba inundada, entre el cemento y el desierto verde

Bajo la caída de enormes precipitaciones en la provincia cordobesa, se ha puesto en debate sobre el rol que cumplen el desarrollismo inmobiliario por un lado y por el otro el avance del sector sojero.

Por Lea Ross (*)

La terrible situación de las inundaciones nos lleva a números que provocan escalofríos. Todo comenzó con la caída de un temporal, ocurrida el pasado 13 de febrero, con un total de 300 milímetros durante doce horas en el noroeste de la provincia de Córdoba. Es decir: la tercera parte de lo que llueve en todo un año, se acumuló durante toda una madrugada.

Hoy, el saldo es de 2.000 cordobeses evacuados. Casas, rutas y puentes destruidos, estimadas en una perdida de 450 millones de pesos. Y nueve muertos, aunque hay denuncias de que las cifras serían mayores.

La tormenta va teniendo una direccionalidad de oeste a este. Y, en estos momentos, ya está afectando a lugares de Santa Fe. Mientras el gobierno provincial cordobés calificó a esto como “un tsunami caído del cielo”, el panorama existente en la provincia deja entrever varias dudas sobre la teoría reduccionista climatológica.

El bosque nativo cumple un rol fundamental dentro del llamado ciclo del agua. Tanto las raíces como los suelos, manejan el famoso efecto esponja, que permite la absorción del agua de lluvia para canalizarla hacia el subsuelo y, de allí, llegar a las superficies.

Lo que había 12.000 km2 de bosque nativo en toda la provincia de Córdoba, a comienzos del siglo XX, hoy solo queda 6.400km2. Los cordobeses solo tienen un 5% de lo que tenían hace un siglo atrás.

Con la llegada de la soja transgénica en 1996, Córdoba se suma al negocio que llevará a la re-primarización de la economía. Apenas asume José Manuel De la Sota a la gobernación de Córdoba, los rindes sojeros de la provincia comienzan a superar la media nacional.

Para comprender las distintas geografías, dividiremos la provincia en tres eco-regiones: la región noroeste, que forma parte del Chaco Seco y que se encuentran en ella las Sierras Chicas; la región centro-espinal; y finalmente, la región sudeste o pampa húmeda.

Las Sierras Chicas tiene la particularidad de tener alternadamente temporadas de sequías y de inundaciones. De hecho, a principios del año pasado, fue noticia la queja de los vecinos de la zona por los permanentes cortes de suministro de agua corriente en sus casas. Hoy, el agua que no llega a sus canillas, se esparció por los suelos.

A partir de la soja, se giran las rentas agropecuarias al rubro inmobiliario, por lo que las manchas urbanas se expanden en el país. En el caso de Córdoba, al no conformarse con la ciudad capital, la urbanización consigue un mayor crecimiento en las Sierras Chicas, obteniendo la forma de un brazo que se expande hasta llegar a la localidad de Ascochinga, ubicada al noroeste de la capital. Esto trae aparejado la propagación del desmonte y la pavimentación a posterior, provocando un tobogán de cemento, con ausencia de capacidad de absorción al agua.

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Durante el período 1998-2006, dicha región norteña-cordobesa presentó la tasa de deforestación más alta de la República Argentina. El dato fue revelado por la Unidad de Manejo del Sistema de Evaluación Forestal, perteneciente a la Dirección de Bosques de la Nación (-2,98%).

“El crecimiento urbanístico en las Sierras Chicas (durante el siglo XX) se realizó en las cuencas, en las uniones de los arroyos, como pasa el arroyo de Saldan con la de Cabana en Unquillo, como pasa en la unión del arroyo Seco con la de Saldan en Villa Allende, o como pasa con el arroyo de Los Manantiales con el dique La Quebrada en Río Ceballos. Todos estos arroyos han sido urbanizados en sus márgenes”, señala el geólogo Joaquín Deón al presente cronista. La cercanía de estas instalaciones trae aparejado los peligros de convivir con la crecida de los arroyos.

La actual privatización de los suelos, en manos del negocio inmobiliario, nunca ha estado exenta de polémicas por los modos en que obtuvieron los permisos por parte de los respectivos municipios.

Hoy en día, son tres los futuros emprendimientos que presentan polémicas por parte de los vecinos, en las Sierras Chicas. Uno es el emprendimiento El Terrón, un negocio de la concesionaria Tagle, cuya finalidad es armar cinco countries y una gigantesca cancha de golf bajo un área de 280 hectáreas en Mendiolaza; en dicha ciudad, la mitad de las tierras está cubierta por barrios privados. Un segundo emprendimiento es El Montecito, que pertenece a Cahuana SA, y pretende instalarse en la localidad de Unquillo. Finalmente, el emprendimiento Villa Serrana Candonga, de la empresa Ticupil SA, en Chavascate, cuyo blanco es la cuenca que se abastece de los ríos Agua de Oro, El Manzano y Cerro Azul.

Estos tres emprendimientos están denunciados, por la Coordinadora Ambiental y de Derechos Humanos Sierras Chicas, de lotear tierras en lugares declarados como zonas rojas, es decir, en pleno bosque nativo y que por ley se prohíbe la tala.

Pasando al eco-región de espina -cuyo interior contiene los ríos Suquía (Primero), Xanaes (Segundo) y Ctalamochita (Tercero)-, la región centro también padeció la expansión agrícola. Esto impulsó a que la actividad ganadera fuera empujada hacia áreas más marginales.

Hoy, las crecidas del río Ctalamochita causa preocupación para las ciudades cercanas a la misma, tales son los casos de Villa María y Bell Ville.

Finalmente, el paso de la soja tendrá su verdadero impulso en la región sudeste. En este caso, la pampa húmeda, trata básicamente del polo productivo de la provincia. Incluso del país, si sumamos a la región centro de la provincia de Santa Fe. Los departamentos cordobeses de Río Cuarto, Unión y Marcos Juárez son los lugares donde se concentran el mayor trabajo de soja de la más alta tecnología en materia agropecuaria, como así también bajo una organización a nivel empresarial. La presencia de bosque nativo es prácticamente nula.

Mientras las inundaciones se esparcen en un tobogán de cemento, por el otro lado se mantienen sobre un desierto verde.

La situación de Idiazábal es el caso más extremo: se ordenó el éxodo total de su población, conformada por 1.800 habitantes, y ahora es un pueblo fantasma sumergido. El pueblo se ubica en el departamento Unión, a 230 kilómetros del sudeste de Córdoba capital. No debe ser casual que Idiazábal esté rodeada por campos de soja.

(*) Artículo para ECOS Córdoba, Marcha y Striptease del Poder

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