Para qué sirve la deuda externa (I) para impedir la autodeterminación de los pueblos

Una imagen vale mas de mil palabras, tal como se puede ver en la portada. Mostrando que la deuda externa desde hace 200 años, es el gran domesticador por parte de los imperios de los gobernantes pusilánimes. Quienes conforme el teorema de ex diputado Raúl Baglini, se ponen más mansos y dóciles cuando más se […]

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Neoolonialismo, libra esterlina, petrodólares, capitalismo anglosajón financiero, imperialismo financiero

Una imagen vale mas de mil palabras, tal como se puede ver en la portada. Mostrando que la deuda externa desde hace 200 años, es el gran domesticador por parte de los imperios de los gobernantes pusilánimes. Quienes conforme el teorema de ex diputado Raúl Baglini, se ponen más mansos y dóciles cuando más se acercan al poder, y cuando más apuros soportan por los problemas de la deuda. Y ni hablar por parte de los gobernantes admiradores de los imperios, y al servicio de estos.

Winston Churchill dijo que la “historia de la humanidad es la de la guerra”, y parafraseando se podría decir que “la historia de Argentina es la de la deuda”. La que nos acompaña desde hace 200 años y justamente este año podríamos festejar su bicentenario, y también estuvo mezclada con nuestras guerras, como se verá más adelante.

También se podría festejar el bicentenario de la fuga hacia el exterior o hacia la informalidad, de las divisas que tomamos prestadas, que es la otra cara de la deuda externa. Y por ello la “restricción externa”, que supuestamente nos provoca sucesivas crisis económicas, actualmente es una falacia, y en todo caso se debería llamar “restricción interna”.

Dado que la “Posición de Inversión Internacional” según el INDEC, es actualmente positiva en 116 mil millones de dólares. Y según el presidente del Banco Central, una cifra liquida similar es atesorada estérilmente en dólares billetes en nuestro país, tanto por parte de la clase alta, como la media, como la media baja, en sustitución del ahorro en nuestra moneda. Y eso ha traído la debacle de Argentina, su estancamiento económico, la pobreza, la marginalidad, y la inseguridad ciudadana, cada vez más agudas.

No obstante que Argentina cuenta con sus propios recursos para poder salir adelante, vemos a nuestros gobernantes mendigar por el mundo, en búsqueda de más deuda externa, o de perdones por no poder cumplir con ella. Sin obturar el barril sin fondo de dólares que requiere nuestra economía dolarizada, y el afán de los argentinos por ahorrar estérilmente en divisas. Ofreciendo a cambio sumisiones geopolíticas, o profundizar el extractivismo que caracteriza a nuestra economía, a favor del capital extranjero.

Que es otra forma de deuda externa, a la que hipócritamente se llama IED (Inversión Extranjera Directa) que se puede decir que hiede cuando los capitales sobran en Argentina. Lo cual revela la enorme degradación de la elite dirigencial argentina, especialmente la política, que evidencia ignorar enteramente la trepidante historia de la deuda externa, que nos acompaña desde nuestro reconocimiento como nación supuestamente soberana hace 200 años. La que tampoco percibe que cuenta con una solución a esa cuestión existencial al alcance de la mano, pero que depende enteramente del arte de la política que brilla por su ausencia.

La deuda con el imperio de la libra esterlina

La cuestión de las deudas externas comenzó hace doscientos años, ideada por el imperio inglés de la libra esterlina, tras fracasar con la conquista colonial de Sudamérica que intentó en Buenos Aires en 1806 y 1807, en base al “Plan Maitland. Confeccionado por el General y Sir Thomás Maitland, titulado “Plan para capturar Buenos Aires y Chile y luego ‘emancipar’ Perú y Quito”,

Ante ello el astuto genio ingles ideó el neocolonialismo, con el que sojuzgó a las ex colonias españolas en América. A las que con ese objeto había ayudado a liberarse del yugo colonial español, con la ejecución por parte del Gral. José San Martín del “Plan Maitland” de ocupación colonial inglés. Para atraparlas con el yugo neocolonial de las finanzas, el control de sus infraestructuras, y el comercio asimétrico del capitalismo de rapiña europeo, consistente en comprar barato y vender caro.

Así el Reino Unido (RU) reconoció a Argentina en 1824, tras habernos mega endeudado con la banca Baring en 1823, con un préstamo que recién terminamos de pagarlo el siglo siguiente. Cuyas divisas nunca llegaron al país, o si llegaron fueran letras a favor del Banco de Descuento, controlado por comerciantes ingleses. Que luego quebró, y como corresponde, fue estatizado por el naciente estado argentino.

Esa deuda externa moldeó a Argentina hasta el día de hoy, con la acaparación irracional y gratuita de las tierras con la ley de Enfiteusis, conque se garantizaba la deuda externa. Y su privatización posterior, entregada como regalo a sus conspicuos arrendatarios, por parte del “gobierno de los estancieros”. Acaparamiento que culminó con la “Conquista del desierto” medio siglo después, que poco y nada tenía de eso.

Ver La maldición argentina (1): la tenencia de la tierra y los latifundios
Ver La maldición argentina (2): los latifundios y sus artífices, la deuda y las 3R

Esto proeza de conquista indirecta fue llevada a cabo por el RU, que por entonces era la fábrica del mundo, en un marco geopolítico continental de pleno entendimiento con EEUU, acordado mediante la “doctrina Monroe”, inspirada por George Canning. Que prohibió la vuelta del colonialismo europeo a América, lo que le permitió a Inglaterra instaurar su neocolonialismo en Sudamérica. A la par qué en Norteamérica, más allá del colonialismo, EEUU conquistaba militarmente buena parte de lo que había sido el Virreinato de Nueva España, hasta hacerse un país bioceánico. Sin tocar a Canadá, dependiente del RU, que también se hizo un país bioceánico.

Esa entente o “alianza especial” anglo estadounidense, fue la que posibilitó la ocupación de Malvinas por Inglaterra en 1832/33, para que la Royal Navy vigilara el Paso de Drake. Con la temprana previsión de instalar una base de carboneo en ella, ante el advenimiento de la navegación a vapor que iba a reemplazar la navegación a vela. En la que Inglaterra era experta y por eso dominaba los mares.

Ver MALVINAS 1: la guerra de 1832 planificada por el Reino Unido y ejecutada por EEUU
Ver MALVINAS 2: el ataque de la USS Lexington de EEUU que  abrió paso a la ocupación británica

Geopolítica británica en Latinoamérica

El marco regional de esa geopolítica inglesa, fue la subdivisión de los virreinatos españoles en Sudamérica, en países “especializados” en diversas actividades. Donde la vasta Argentina pasó a ser la “granja de Inglaterra”, a los efectos de suministrar alimentos baratos a su fuerza laboral, para mantener sus salarios deprimidos, y así fortalecer la competitividad mundial de su industria.

En esa impronta, Inglaterra fomentó la independencia de Paraguay y Uruguay, para asegurar la libre navegación en el hinterland del Rio de la Plata y Rio Paraná. Y posteriormente cuando Paraguay se tomó en serio esa independencia, pretendiendo un desarrollo industrial y siderúrgico que contradecía los intereses ingleses, nos encargamos junto con Uruguay y Brasil de destruir ese país hermano, financiados con deuda externa del RU. Y por su parte Uruguay pasó a ser la Suiza sudamericana, adonde se refugian los capitales fugados de los otros países intervinientes en ese trágico enfrentamiento bélico entre hermanos.

A la par con el desarrolló el ferrocarril, Inglaterra dibujó subrepticiamente en el mapa argentino cuatro posibles países, desconectados enteramente entre sí. El de la red del ferrocarril pampeano de trocha ancha, con cabeza en Buenos Aires. El de la red del ferrocarril del Noroeste de trocha angosta, con cabeza en Rosario. Y el de la red del ferrocarril mesopotámico de trocha estándar, con cabeza en Panamá.

El cuarto país era la Patagonia sin ferrocarriles. Cuyos límites australes los dibujo Inglaterra con los fallos de Su Majestad Británica, para que el carbón mineral de Rio Turbio no tuviera salida por Puerto Natales. A los efectos de que no reemplazara las importaciones del carbón de Cardiff, que con su costo más flete era el paradigma del costo de la energía de entonces. Y determinaba las altas tarifas de los ferrocarriles ingleses, más allá que estos consumieran al punto de la extinción, la noble madera dura de nuestros bosques nativos.

Además con la ayuda de la diplomacia de EEUU, Inglaterra sembró la discordia en nuestra larguísima frontera con Chile. Mediante la ambigua y bivalente formula de fijación de ella, consistente en “las mas altas cumbres que dividen las aguas”. Para cuya dilución se aceptó luego el arbitraje inglés, con sus enormes consecuencias, como se verá más adelante.

Esto ocurrió durante la Guerra del Pacífico de 1980, con la cual a través de Chile, Inglaterra monopolizó los yacimientos de “nitro de Chile” únicos en el mundo, que pertenecían a Bolivia y Perú. Y eran la base del fertilizante y la dinamita, el explosivo estratégico de aquella época, patentado por Nobel, el mismo del Premio Nobel de la Paz. Por su parte el grupo Rockefeller se quedó con la mina de cobre y oro de Chuquicamata, en su tiempo las más grande del mundo, que antes pertenecía a Bolivia.

Las crisis financieras

Tras la unificación nacional a mediados del siglo XIX, la Argentina endeudada soportó sucesivas crisis financieras. A la par que se desarrollaba en base al lema de la Generación del 80, “con el oro inglés y el músculo italiano haremos grande a Argentina”. Siendo la peor de ella la de 1890, que produjo el cierre y quiebra de los “bancos garantizados”, y despertó la ira de multitudes que reclamaban por sus ahorros. Los que supuestamente contaban con la garantía del oro obtenido de préstamos externos, que como una calesita entraba y volvía a fugarse, haciendo la deuda externa cada vez más grande.

Por ese motivo a principios de siglo uno de los artífices de esa era dorada de la deuda, el senador oficialista Carlos Pellegrini, tras un viaje a la metrópoli financiera imperial de Londres, impulsó un proyecto de “unificación” de la deuda, con títulos con garantía de los ingresos de la Aduana. Lo que suscitó un enorme rechazo popular, razón por la cual finalmente el presidente Julio Roca que cumplía su segundo mandato, tuvo que retirar el proyecto del Congreso.

Lo que motivó la ruptura entre esos dos personajes que habían motorizado la política Argentina durante un cuarto de siglo. Medida qué no obstante pocos meses después se vio enteramente justificada, ante el bloqueo de las costas venezolanas por parte de las marinas de guerra de Inglaterra, Alemania, e Italia, que pretendían cobrar manu militari la deuda externa, ante la suspensión de sus pagos dispuesta por Venezuela.

Este acto de guerra dio origen a la “doctrina Drago”, enunciada por el canciller argentino Luis María Drago. Que ante la omisión por parte de EEUU de aplicar la “doctrina Monroe”, estableció que ningún Estado extranjero podía utilizar la fuerza contra una nación americana, con la finalidad de cobrar una deuda financiera. La cual, con la presión de EEUU de por medio, hizo que esa flota de cobranzas de deudas externas soberanas se retirara de las costas venezolanas.

Seguidamente en el bicentenario de la Independencia en 1910, Argentina con su alianza estratégica dependiente y complementaria de Inglaterra, lucía ante el mundo con uno de los ingresos per cápita más altos del mundo, solo por debajo de EEUU, Australia, y el Reino Unido. Pero ese era solo un promedio estadístico, entre hacendados terratenientes, muchos de ellos provenientes de la política, que se creían condes o marqueses, construyendo castillos en sus estancias y pasando buena parte de sus días en París. Y una clase laburante agropecuaria e incipientemente industrial, cada vez más revoltosa ante ese orden desigual y conservador establecido mediante la deuda externa.

El que funcionaba mediante una ficción de democracia, con elecciones que se ganaban mediante el fraude y el peso de las armas, hasta que en 1912 llegó el sufragio obligatorio y universal. Pero al respecto el neocolonialismo británico, previsoramente, tenía preparada eventualmente otra salida, dado que el ideador de la separación de los poderes, el inglés John Locke, en la práctica había previsto no tres, sino cuatro poderes.

El Legislativo, Ejecutivo, Judicial, y el Federativo o “moral”, que debía intervenir en situaciones de crisis, englobando a los otros tres, papel que en el orden neocolonial le estaba reservado a las Fuerzas Armadas. Cultivando a esos efectos en ellas, con numerosos intercambios, un sentimiento de superioridad de gueto. Que en el caso del Ejercito fue su supuesta existencia anterior a la Nación, donde convivían dificultosamente un ala nacionalista y otra liberal. Y en el caso de la Marina su admiración por la Royal Navy, y el luto por el almirante Nelson que supuestamente llevan con la banda negra que lucen en sus gorras de plato.

La debacle de la libra esterlina y de Argentina

Sin percatarse de ello, a partir de allí fue el comienzo de la debacle de Argentina como socia subordinada del Ru, arrastrada por la debacle de su imperio mundial. Que comenzó con la Primera Guerra Mundial, en la cual Argentina sin saberlo participó, no solo solo proveyéndole alimentos como correspondía, y por ello su condición de neutral, para evitar que sus envíos fueran hundidos en el océano por la marina alemana. Sino suministrándole petróleo en negro a la estación de carboneo petróleo inglesa instalada en Malvinas, a través de la firma supuestamente rumana ASTRA.

En el marco de la sustitución por parte de la Royal Navy, del consumo del carbón por el petróleo, que mejoraba notablemente la performance de sus buques de guerra. Por eso el RU salió a principios del siglo XX a buscarlo desesperadamente en las costas de los mares, hasta encontrarlo en Chat Tel Arab en el Golfo Pérsico, y en Comodoro Rivadavia. Bajo la ficción en este último caso, explotando neocolonialmente la potencia del estado argentino, que se estaba buscando agua para una localidad casi inexistente.

Ver Malvinas y petróleo: el barco petrolero que halló el ARA San Juan sigue husmeando allí

Ese suministro clandestino, le permitió a Inglaterra imponerse en la estratégica batalla naval de Malvinas. En la cual quemando petróleo argentino persiguió y hundió a la flota alemana de Graf Spee, que funcionaba a carbón, mandando al fondo del mar a este, sus dos hijos, y otros 1.600 marineros alemanes.  Con la que Alemania como contra estrategia, pretendía cortar la ruta del Nitro de Chile que abastecía al RU, tras haberle deparado a esta la sorpresa estratégica de extraer el nitro del aire.

Razón por la cual la guerra de trincheras prevista por el RU para detener la expansión alemana que amenazaba su hegemonía mundial, que según sus planes debía durar seis meses hasta la falta de Nitro de Chile por parte de Alemania, se extendió cuatro años. Y ante para lograr el triunfo, fue necesario que forzara la intervención de su aliado estratégico desde 1824, EEUU. Quien de esa manera pasó a ocupar el lugar del jefe en esa “alianza especial”.

Henry Kissinger dijo que “por el sur nunca pasó la historia”. Pero si pasó con esa batalla naval decisiva por sus recursos naturales, y empleando sus recursos naturales, que habría cambiado enteramente el curso de la guerra, si otro hubiese sido su resultado. Solo que no la sabemos ver.

Esa Gran Guerra golpeó enormemente la economía argentina, cuyo PBI cayó un tercio por la caída de las exportaciones y las importaciones, y el aumento del costo de los fletes; pero a la par le dio un impulso industrial para la sustitución de estas. La que además cambió enteramente el orden mundial, con la Revolución Rusa y la aparición de la RSFS de Rusia (República Socialista Federativa Soviética). E igual que antaño la Revolución Francesa, inspiró en el mundo y en Argentina nuevos reclamos populares y de independencia, ante lo que Lenin llamaba el “imperialismo financiero”.

El petróleo, divisa de divisas y el primer golpe de estado

Lenin afirmaba a principios de siglo, que el trigo era la divisa de divisas. Pero como se verá a lo largo de ese siglo, fue reemplazado por el petróleo. El cual por la demanda de las marinas de guerra y la explosión de la motorización con el motor a explosión, en reemplazo de las máquinas a vapor, pasó a ser una cuestión estratégica para los principales países del mundo. Y dio origen en Argentina, por la prédica del Gral. Enrique Mosconi, a la explotación estatal del petróleo con YPF, que fue pionera en esa modalidad, y que imitativamente se expandió por la región y el mundo.

Esa cuestión estratégica, lo fue especialmente para la “alianza especial” anglo estadounidense. Llevando a que las petroleras de una y otra potencia, que habían perdido el petróleo del Caucaso en manos de los bolcheviques, dejaran de competir y hacer guerras de precios entre sí, con el acuerdo arribado en 1928 en el castillo escocés de Achnacarry. Que dio origen a las 7 Hermanas petroleras anglo estadounidenses, estrechamente vinculadas con el poder político.

Por esa razón sobrevino el golpe de estado de 1930, con la intervención del poder “federativo” previsto por el inglés Locke, que derrocó al presidente Hipólito Yrigoyen. Quien con Mosconi llevaban adelante un audaz plan con YPF, desconociendo quizás la profundidad en la que se metían. Consistente en comprar barato petróleo ruso, para hacer bajar el precio de la nafta en Argentina, compitiendo con la ESSO de EEUU y la Shell inglesa. A la par de que el modelo argentino de la explotación estatal del petróleo se expandía por la región.

Simultáneamente una Inglaterra tambaleante, enfrentó la crisis económica financiera de 1929 y su zaga, que en Argentina fue la “Década Infame” del ‘30. Con la proscripción del radicalismo, y una vuelta al pasado conservador, con la aparición de los vástagos de los personajes de antaño, como fue el caso del hijo de Julio Roca, que asumió como vicepresidente de la Nación, con elecciones amañadas con el “fraude patriótico. De esa manera solo 16 años había durado una experiencia genuinamente democrática, y tardó otros 53 años en reaparecer sin interrupciones golpistas de por medio.

En dicha década se creó el Banco Central, para operar en función de los intereses de intercambio comercial con los británicos, y se firmaron pactos indignos a favor del RU, como el Roca – Runciman. Que se cobró la vida del senador Enzo Bordabehere, y el posterior suicidio de su colega Lisandro de la Torre, tras descubrirse la doble contabilidad que llevaban los frigoríficos ingleses en Argentina, para disimular sus enormes ganancias. Mientras que Argentina era descripta en Londres como “la gema más preciada del Imperio Británico”, y los más adecuado sería haberla descripto como “la granja más apreciada del Imperio Británico” en decadencia.

La 2da Guerra Mundial y sus cambiantes alianzas

A la par durante esa década, el Reino Unido y EEUU incubaron la 2da Guerra Mundial, facilitando el reame alemán, y la licuefacción de su carbón, para que sus tanques y aviones pudieran avanzar sobre la estepa rusa, con la finalidad de su aniquilación mutua. Y así extirpar el fenómeno comunista que había aparecido imprevistamente durante la 1ra Guerra Mundial, tras haber facilitado Alemania el traslado en un tren blindado de Zúrich a San Petersburgo del líder bolchevique Vladimir Ulianov, alias Lenin. De esa manera con el triunfo de la revolución bolchevique, Alemania desactivó el frente bélico con Rusia con el tratado Brest-Litovsk.

Con esa guerra “proxy”, subsidiaria, o por delegación, empleando a Alemania, para que esta fuera la que se encargara de revertir lo que antes propició, EEUU y el RU pretendían también recuperar el petróleo del Cáucaso, cuyas concesiones Lenin se había negado a indemnizar. Y el conflicto tuvo su ensayo previo en la cruel guerra civil española, con la participación de Alemania y Rusia en uno y otro bando.

Pero cuando el lanzamiento de esa estrategia anglo estadounidense había llegado a su climax, el presidente de EEUU Franklin Roosevelt se enteró a través de una carta enviada por el Premio Nobel en física Albert Einstein, de una nueva sorpresa estratégica propinada por Alemania. Su desarrollo nuclear, que se sumaba a la cohetería y el avión a reacción, y le daba a Alemania una superioridad estratégica sobre sus adversarios y supuestos amigos.

Esto trastocó enteramente los planes anglo estadounidenses, al punto que tuvieron que unirse con la Rusia comunista, para exigirle a Alemania su rendición incondicional, sin ningún armisticio o negociación. Y el final de esa guerra trajo la partición de Alemania, con el colapso moral de la aparición de los campos de concentración y los juicios de Nuremberg.

Ello deparó además una nueva expansión del comunismo con la conversión de RSFS de Rusia en la URSS (Unión Repúblicas Socialistas Soviéticas) y sus países satélites. Y también la debacle definitiva del RU, que desplazada por EEUU, convertido ahora en la fábrica del mundo, lo obligó a abandonar su neocolonialismo en Sudamérica, a la que EEUU pasó a considerarla su patio trasero, como antes era México, y luego Panamá, Cuba, y Filipinas.

Dicha guerra dio un nuevo impulso a la industrialización en Argentina, en sustitución de las importaciones. Y ya sobre el final de esa guerra, en 1943 sobrevino en Argentina otro golpe del “poder federativo” militar, en este caso con tinte nacionalista. El qué no obstante mantuvo la neutralidad durante el conflicto, dispuesta por el anterior gobierno, en forma similar a la del anterior enfrentamiento bélico mundial. Con la finalidad no declarada de que sus exportaciones siguieran llegando al RU y sus aliados.

La extinción de la deuda externa

Dicho golpe de estado logró luego su continuidad con el presidente Juan Domingo Perón, quien se impuso en las elecciones de 1946 en base al lema “Braden o Perón”, o sea en oposición con EEUU. A la par que el astuto genio inglés fomentaba el nacionalismo en sus ex neocolonias, con el objeto de retirarse de ella lo más lucrativamente posible, en relación con la infraestructura que antes detentaba.

Entre tanto, paradojalmente, el fenómeno neocolonial de la deuda externa se había revertido. Y ahora era Argentina la acreedora de Inglaterra, por los saldos impagos de sus exportaciones durante la guerra. Respecto los cuales el RU, con la complicidad de EEUU, declaró su default, llamándolo “congelamiento”. Aduciendo malévolamente la neutralidad que había mantenido Argentina durante el conflicto, en beneficio de ambos.

La cual como un surplus no buscado, había deparado el episodio del asilo a los tripulantes del acorazado alemán Admiral Graf Spee, bautizado así en nombre del almirante caído junto con dos de sus hijos en la batalla de Malvinas, en la guerra mundial anterior. Que tenía como misión patrullar el Atlántico Sur hundiendo los buques mercantes no neutrales, y finalmente fue acorralado por la flota inglesa en el Rio de la Plata, y por ello fue echado a pique por su capitán Hans Langsdorff,  quien luego se quitó la vida.

El resultado de ese congelamiento de fondos, fue que el flamante peronismo estatizo los vetustos ferrocarriles ingleses, con equipamiento obsoleto de locomotoras a vapor, cuando ya había aparecido las electrodiesel, cuyas franquicias de la Ley Mitre vencían pocos meses después. Los pagó con la deuda que el RU tenía con Argentina, malbaratando la oportunidad que nos brindaban esos ahorros forzosos, con la visión que la Argentina de las vacas y el trigo, seguiría funcionando como la granja de Inglaterra y de otros países de Europa.

Pero las cosas habían cambiado radicalmente. Porque tras las penurias de la guerra, los países europeos decidieron ser soberanos alimentariamente, hasta llegar actualmente a la PAC (Política Agropecuaria Común) y así comenzaron las barreras arancelarias y sanitarias que derrumbaron el precio de los commodities agropecuarios. Y además, al pasar al área de influencia del imperio surgente EEUU, nuestra economía en lugar de complementaria, pasó a ser competitiva con este.

No solo en cuanto lo agropecuario, sino también en relación a los intentos de industrialización, respecto el cual EEUU no tenía ningún intento de fomentarlos. Y lo mismo en relación con la actividad petrolera, en la que entorpeció suministros claves para que esta pudiera expandirse. Razón por la que puede decir que a partir de allí Argentina comenzó a navegar en aguas complicadas, que tuvieron su culminación con la feroz sequía que soportó el país entre 1949 y 1952.

El fracaso del peronismo

Perón había acogido en las ciudades a la masa de trabadores rurales que eran expulsados por la motorización agrícola, dotándola de empleo formal con el desarrollo de la industria liviana de sustitución de importaciones, y cobijándola con las leyes que habían propuesto el socialismo décadas atrás, adquiriendo así el peronismo una notable raigambre en la población.

Pero el aumento de las importaciones que ello requería, la insuficiencia de la industria pesada, y la caída brutal de las exportaciones agrícolas, hacían insostenible esa apuesta. Razón por la qué a partir de 1953, tras la llegada a la presidencia de EEUU del Gral. Dwight Eisenhower, preocupado por la Guerra de Corea y la expansión del comunismo, intento encontrar una complementariedad con EEUU.

Tras la visita a Buenos Aires del hermano del presidente Eisenhower, Milton Eisenhower, la encontró con el petróleo, concesionando una extensa área del entonces Territorio Nacional y actual provincia de Santa Cruz, a la integrante de las 7 Hermanas, Stándar Oil of California, hoy Chevron.

En un área que el RU había considerado suyas en mapas publicados hasta principios de ese siglo, como “Tierras de la Reina Isabel”, sabiendo del petróleo existente allí. A la par había existido un enfriamiento en la “alianza especial” anglo estadounidense, por la sospecha por parte de EEUU, de que el RU había traspasado secretos atómicos a la URSS.

Que también se vio reflejada en la Crisis de Suez de 1956, donde por primera vez desde 1824 el RU y EEUU operaron en total desarmonía. Al exigir en conjunto EEUU y la URSS la retirada de las tropas inglesas, francesas, e isralies, que habían marchado hacia allí tras la nacionalizacion del Canal de Suez por parte de Egipto gobernado por el socialista Gamal Abdel Nasser.

Pero previamente el año anterior, esa desarmonía se había reflejado en Buenos Aires. Primero con el intento del golpe de estado del “poder federativo” probritánico, con el sangriento bombardeo a Plaza de Mayo por parte de la aviación naval. Seguido poco después con la denominada “Revolución Libertadora”, que se impuso con la amenaza por parte de la Armada, de bombardear las ciudades de La Plata y Buenos.

Acción que el peronismo había desarticulado, con la creación de un arsenal central, donde había incautado las espoletas de los proyectiles ingleses Vickers con los que contaba la Armada, que le fueron provistas desde las islas Malvinas. Y para mostrar que la acción era posible, bombardeó instalaciones de YPF en Ensenada, La Plata

Esos trágicos sucesos se desataron tras haberse partido la sociedad en dos desde la elección de Perón, quien llevó adelante un gobierno autoritario de “culto a la autoridad” propio de aquellas épocas, que se agravó notablemente por la cuestión de la concesión a la Stándar Oil of California, y sobre todo por el enfrentamiento de Perón con la Iglesia Católica, que llegó al paroxismo con la quema de templos tras el bombardeo a Plaza de Mayo. Como si la mano traviesa del “divide et impera” inglés, anduviera jugando con las emociones de los argentinos, como remembranzas de décadas anteriores.

Aparece el FMI y los contratos petroleros de Frondizi

El gobierno golpista fue encabezado primero por el Gral Eduardo Lonardi, quien trató de llevar adelante una politica conciliadora con el peronismo, bajo el lema “ni vencedores ni vencidos”.  Pero eso no duró mucho y por presión de la Armada fue sustituído por el Gral Pedro Eugenio Aramburu, quien encabezó un gobierno duramente represivo, dando origen a la “resistencia peronista”.

Lo primero que hizo ese golpe de estado “federativo”, fue anular el contrato con la hoy Chevron, e incorporar a Argentina al FMI, medida la que se había opuesto Perón, comenzando así el largo y ruinoso maridaje que se extiende hasta nuestros días. Organismo en el que EEUU con una modesta proporción de aportes del 16 %, ejerce el privilegiado poder de veto, al exigirse un consentimiento del 85 % de sus aportantes para sus decisiones.

A ello se agregó la creación del Club de Paris, para tratar la deuda comercial argentina con atraso en sus pagos, pasando a ser Argentina un conspicuo miembro de ese club, otro engranaje en el sistema de la deuda externa. Al que luego paulatinamente se fueron incorporando más de un centenar de países deudores.

La zaga de ese golpe fue la proscripción electoral del peronismo, y el arribó a la presidencia del desarrollismo, liderado por el radical intransigente Arturo Frondizi en 1958. Con la premisa de la necesidad de desarrollar la industria pesada mediante la variante de la deuda externa de la IDE, Inversión Extranjera Directa.

Lo primero que hizo su gobierno, fue arribar a un primer acuerdo con el FMI, con sus clásicas recetas de devaluación y depresión, para disminuir las importaciones y aumentar las exportaciones, con el lema “hay que pasar el invierno”.  Y “nacionalizar” la explotación del petróleo, otorgándole su monopolio a YPF. Pero con la obligación de firmar contratos de locación con compañías privadas extranjeras, entre ellas Shell y ESSO, para su extracción y entrega a YPF, a precio equivalente al internacional.

Lo que originó un gran revuelo, incluso dentro del mismo gobierno, al ir contra el ideario previo del mismo Frondizi, manifestados en su libro “Petróleo y Política”. Quien finalmente fruto de sus contradicciones, y el haber permitido que el peronismo compitiera electoramente y se impusiera en algunas provincias, fue derrocado con un nuevo golpe de estado del poder militar “federativo”.

El mismo fue disimulado con la ascensión del senador Tomás Guido a la presidencia, mientras Frondizi permanecía detenido en la isla Martín García. Y seguidamente durante el mandato de este, se sucedieron los remezones militares entre azules y colorados antiperonistas, creídos ambos del poder moral de intervención “federativa” ideado por el inglés Locke. Remedando entre ambos bandos a lo largo de diez meses de enfrentamientos bélicos, con mas de un centenar de bajas, que estuvieron a punto de convertirse en una guerra civil, las guerras civiles que se sucedieron en nuestro país durante el siglo XIX.

Illia, la rescisión de los contratos petroleros y su zaga

Tras ese interinato, el que ganó las elecciones en1963 con el peronismo proscripto, fue el radical Arturo Illia. Quien lo primero que hizo fue anular los contratos petroleros de Frondizi, en base a un giño proveniente del presidente de EEUU Kennedy, quien pocos días después fue asesinado. Y además se las ingenió para no firmar ningún acuerdo con el FMI y bajar la deuda externa.

En 1966 vino otro nuevo golpe de estado “federativo”, que derrocó a Illia. Ejecutado minuciosamente con una intensa guerra periodística de desgate previa, fue encabezado por el Gral. Juan Carlos Onganía, líder de los militares azules que se habían impuesto militarmente sobre los colorados.

Denominado “Revolución Argentina” y con una impronta contradictoria liberal nacionalista tildada de facista, se proponía cambiar sustancialmente a la sociedad. Y lo que hizo a poco de andar fue revocar las anulaciones de los contratos petroleros dispuesta por Illia, firmar sucesivamente un par de acuerdos con el FMI, y disponer una macro devaluación, compensada con la imposición de enormes retenciones sobre los productos agropecuarios. Tras permitirle hacer esto al Poder Ejecutivo con una reforma del Código Aduanero que a la fecha subsiste.

También sancionó una Ley del Petróleo que rige hasta ahora, aunque en la práctica no se la cumpla, redactada por un experto estadounidense asesor de la CIA. La que sin embargo actualmente parece revolucionaria, al limitar la extensión de las concesiones, un impuesto a las ganancias de las petroleras de un 50 %, y una diferencia de los precios internos de los internacionales, si estos aumentan excesivamente. Además le sacó dos ceros al peso moneda nacional, que pasó a denominarse pesos Ley 18.188, coincidiendo el número de la ley con los 88 años que había durado su predecesor.

También cooptó a la CGT peronista, con la creación de las Obras Sociales Sindicales, que derivaron una enorme masa de dinero a sus arcas. Dando así inició a los “gordos” de la CGT, quienes a partir de allí procuraron eternizarse en sus puestos, como ratones que no quieren dejar el queso. Olvidándose mucho de ellos con sus enriquecimientos, de la defensa de clase obrera, que en todo caso ahora no va más allá de la de sus sindicalizados.

Cuatro años después cayó el gobierno de Onganía, tras el Cordobazo y el inexplicado asesinato del Gral. Pedro Aramburu que se auto arrogó Montoneros, quién se proponía dar un golpe de estado “democrático” con nuevas elecciones como había hecho en 1958. Y tras el interregno del Gral. Roberto Levingston, apareció en la presidencia el Gral. Alejandro Lanusse, de estirpe liberal probritánica.

Durante su mandato se firmó el Acuerdo de Comunicaciones en Malvinas, con la emisión de tarjetas blancas para viajar a ella sin pasaportes. Y nuevamente se dejó en manos de Su Majestad Británica un arbitraje, en este caso por la disputa con Chile por el Canal de Beagle. Instalando así los dos factores que luego estuvieron a punto de llevarnos a una demencial guerra con Chile, con resultados imprevisibles; y el que nos llevó a la Guerra con Malvinas.

Interin inspirados en la Sierra Maestra cubana, apareció la guerrilla rural y urbana en Argentina, con distintas peripecias. Como una guerra proxy o subsidiria motivada por el enfrentamiento de EEUU y la OTAN con la URSS. En donde tal como lo describió el represor boliviano Gral. Hugo Banzer, “las superpotencias ponen las ideologías y nosotros los muertos”.

La re alianza anglo estadounidense y la nueva política de la deuda

El momentáneo distanciamiento entre EEUU y el RU en su relación nacida en 1824 con la doctrina Monroe, que posibilitaron el bombardeo a Plaza de Mayo, la Revolución Libertadora,  y la crisis de Suez, duró poco. La misma se reafianzo con el revelamiento a fines de los ‘60 de las reservas petrolíferas del Mar del Norte, y las de Alaska, pero cuya extracción comercial solo era posible con una notable alza de su precio.

A ese respecto Henry Kisinger, el estratega de la Fundación Rockefeller, ideó un Gran Plan, que además de permitir explotar esas riquezas hidrocarburíferas y obtener descomunales ganancias con el petróleo, permitiría dotarse de un arma financiera, enteramente novedosa para imponerse sobre la URRS y alinear a los Países No Alineados: los petrodólares, como una versión recargada de la libra esterlina.

Para muñirse de ella, era necesario administrar el conflicto árabe israelí. Motivado por el enclave occidental que la alianza anglo estadounidense había facilitado su inserción en Medio Oriente, para vigilar las estratégicas reservas de petróleo existentes en la península arábiga. Para obtener ese control, EEUU efectuó una escalada en la Guerra de Vietnam, tras el asesinato del presidente John Kennedy que se oponía a ello. A los efectos de lograr una nueva entente con la URRS, de las tantas que según Kissinger se habían convenido previamente.

De esa manera, a cambio de la retirada de Vietnam, EEUU obtuvo el control de Egipto, el país árabe rector en Medio Oriente. Tras la sorpresiva muerte de su presidente socialista Nasser, y el surgimiento en su reemplazo del general pro norteamericano Anwar al Sadat. A la par que controlaba desde décadas atrás a Arabia Saudí, el país rector en el mundo en la explotación del petróleo a bajo costo, y fomentaba el nacionalismo petrolero con la creación de la OPEP (Organización Países Productores Petróleo).

Ver Necrología no autorizada de David Rockefeller (I) El magnicidio de los Kennedy y sus móviles

Seguidamente en 1973, los países árabes encabezados por Egipto atacaron Israel, en la denominada Guerra de Yon Kippur. Y ante la contraofensiva de Israel, Arabia Saudí con la intervención del ministro del Petróleo jeque Zaki Yamani, educado en EEUU y luego refugiado en Londres tras ser acusado de agente extranjero, dispuso el embargo del petróleo a los países europeos.

Lo cual llevó que su precio de menos de u$s 2 el barril, se decuplicara hasta llegar a los u$s 20, y trepara casi a u$s 40 en 1979, tras la revolución iraní de los Ayotallah. Lo que le permitió a EEUU imprimir una enorme cantidad de dólares, empapelando el mundo, con la excusa de atender el pago de las nuevas facturas petroleras, para lo cual preventivamente había dispuesto el abandono del patrón oro por parte del dólar.

A su vez el reciclaje de esos petrodólares, principalmente por la banca anglo estadounidense, le permitió afrontar una carrera armamentística contra la URSS con enormes recursos financieros, a los fines de agotar a su adversario soviético. Y también para ofrecerlos en préstamos a los Países No Alineados, para alinearlos financieramente con las deudas externas, igual que hacía el RU con la libra esterlina.

Por su parte las 7 Hermanas petroleras anglo estadounidenses, pasaron a encabezar los rankings de facturación mundiales, que superaban al PBI de muchos países. Y por su parte el ex imperio inglés con la puesta en explotación del petróleo del Mar del Norte y la expansión de las finanzas con los petrodólares, logró recuperar parte de su brillo de antaño.

Ese shock petrolero que llevo el costo de la energía a las nubes, introdujo una enorme alteración en la economía mundial, al punto que a partir de él el FMI dividió a los países del mundo en PEP (Países Exportadores Petróleo) o PIP (Países Importadores Petróleo). Y por su parte en EEUU y el RU, comenzó a consolidarse lo que se denomina capitalismo anglosajón financiero, en oposición al capitalismo renano industrial.

De esa manera EEUU comenzó a partir de allí, afianzado y confiado en la potencia financiera del dólar, a dejar de ser la fábrica del mundo. A la par que inconscientemente el estratega Kissinger, con sus trebejos en la relación de EEUU con China, con la intención de dividir al comunismo y alejarla de la URSS, puso la base fundacional para que la patria de Mao Tse Tung pasara a ser la gran fábrica del mundo. Y en pocas décadas creciera al punto de plantarse como el rival estratégico de EEUU, amenazando su hegemonía mundial, generándose así actualmente una situación tan compleja como las existentes en las dos Guerras Mundiales del siglo pasado.-

Próximamente:  Para que sirve la deuda externa (II) las tres guerras de Argentina y de nuevo la deuda

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