La deuda externa sucia que apareció entre el conato de guerra con Chile y la guerra de Malvinas

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Argentina vive en un revival de situaciones del pasado, como si este nunca se hubiera ido. Y dos hitos notables de ello son la deuda externa impagable, que hoy nuevamente, como consecuencia del accionar  financiero del gobierno del presidente Mauricio Macri, se ha hecho presente con toda su crudeza. Y el conflicto con Chile por las islas del canal del Beagle, y su proyección marítima conforme el Derecho del Mar, que casualmente fue establecido por la ONU a la par que se libraba la Guerra  de Malvinas en 1982.

Ver El conflicto con Chile, el nuevo neocolonialismo con el Derecho del Mar, y Malvinas

Estos tres acontecimientos tienen una conexión común, dado que la deuda externa surgió abruptamente entre 1979 y 1981. Después del conato de la guerra con Chile por el conflicto por el Beagle en 1978, tras el falló en contra de Argentina por parte de Su Majestad Británica, al que una feroz tormenta austral y la intervención a último minuto del papa Juan Pablo II impidió su prosecución. Y antes de la Guerra de Malvinas en 1982, contra el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte.

Al respecto cada vez aparecen evidencias más contundentes, en relación de que la Guerra de Malvinas fue planificada por EEUU y ejecutada por el Reino Unido. Con la finalidad de establecer una base aérea de la OTAN en el Atlántico Sur, para frenar la expansión en el área de la URSS. Contaminada profundamente a su vez con intereses petroleros.

Ver MALVINAS: cómo EEUU embocó a Galtieri y emboscó a Argentina

Un jugada previa con ese mismo objetivo, para alcanzarlo con el mínimo costo posible, habría consistido en precisamente exacerbar el conflicto con Chile, con el fallo de su Majestad Británica. Para impulsar a Argentina a lanzarse a una demencial invasión a Chile, denominada “Operación soberanía”.

https://es.wikipedia.org/wiki/Operaci%C3%B3n_Soberan%C3%ADa_(Argentina)

En función de este plan, las fuerzas argentinas se organizaban de la siguiente manera:
Ejército Argentino —general Roberto Eduardo Viola—:
II Cuerpo de Ejército —general Leopoldo Fortunato Galtieri—. Misión asignada: Proteger la frontera norte con Brasil y detener cualquier ofensiva que ese país pudiera montar en contra de Argentina.

III Cuerpo de Ejército —general Luciano Benjamín Menéndez—. Misión asignada: Partiendo desde la zona de Mendoza, cortar las comunicaciones en el centro de Chile, conquistando los alrededores de Santiago y, si era posible, Valparaíso.

V Cuerpo de Ejército —general José Antonio Vaquero—. Misión asignada: Ofensiva estratégica a partir de las 24:00 (H+2), partiendo desde Santa Cruz, con el objetivo, probable, de conquistar Puerto Natales y Punta Arenas. Luego, apoyaría al Cuerpo de Ejército III en su avance por Puyehue hacia Chile, cortando las comunicaciones de la zona central con el sur del territorio chileno.

Además, había una reserva (Brigada de Caballería Blindada II), dependiente del II Cuerpo, en Comodoro Rivadavia, encargada de prevenir una posible invasión chilena por el sector de Río Mayo (Chubut).

Armada Argentina —contraalmirante Humberto Barbuzzi—
Misión: Oponerse a la acción de la escuadra chilena y apoyar la conquista de las islas al sur del Canal Beagle. Para ello la flota argentina se había dividido en tres grupos de tarea (GDT):

Fuerza Aérea Argentina —comandante brigadier general Orlando Ramón Agosti—
Sus objetivos eran, primero, iniciar bombardeos contra objetivos militares de las ciudades de Punta Arenas y Puerto Williams, y la destrucción de la Fuerza Aérea de Chile, usando una técnica muy semejante a la utilizada por Israel en la Guerra de los Seis Días en 1967.

En cuanto a las bajas, el plan estimaba que las fuerzas comprometidas entre ambos países llegarían a 200 000 hombres, con una estimación de entre 30.000 y 50.000 muertos en el transcurso de las operaciones.

Lo que hubiese con Argentina después de emprender esa demencial aventura, se puede colegir con solo ver lo que le sucedió al Irak de Sadan Husein cuando este unos años después, en 1990, decidió invadir a Kuwait. Contando para ello con el guiño o “hands off” de la embajadora de EEUU  April Glaspie. Similar al que recibió el presidente Gral. Leopoldo Fortunato Galtieri en el caso de Malvinas por parte de generales del Pentágono y el subsecretario de EEUU Thomas Enders, quién visitó Buenos Aires unas semanas antes de la ocupación de las islas el 2 de abril.

https://en.wikipedia.org/wiki/April_Glaspie

Argentina como país agresor, seguramente habría soportado una reacción internacional parecida a la que soportó Irak, con la intervención de una fuerza de coalición autorizada por la ONU, que la habría convertido en un paria internacional. Y seguidamente, potenciada por la aparición de los campos de concentración clandestinos desperdigados entonces por todos el país -parecidos guardando las escalas, con los de la Alemania nazi- la habría llevado a su partición y disolución como país.

Con lo cual limpiamente los aliados angloestadounidenses, EEUU y el Reino Unido, podrían haberse quedado con las islas Malvinas, para establecer allí su ansiada base aérea en el Atlántico Sur. La que incluso podría haberse justificado para reprimir esa demencial aventura bélica argentina, contando para ello con la colaboración de Brasil y Uruguay, con quienes Argentina también tenía diversos conflictos.

Deuda externa, Guerra con Chile, Guerra de Malvinas, Conflicto del Beagle
RAF Mount Pleasant Islas Malvinas

Y esta estrategia de EEUU y el Reino Unido, explica por un lado que Argentina no haya aumentado su deuda externa hasta 1978, ya que su disolución posterior hubiese hecho que no habría un responsable directo que se haga cargo de ella. Y por otro lado su súbito endeudamiento fraudulento posterior, previo a la guerra de Malvinas, habría sido una operación pre bélica por parte de EEUU y el Reino Unido, para tener atrapada a Argentina en una red de seguridad, o chaleco de fuerza financiero. Para que en esos vaivenes bélicos donde impera lo imprevisto, no se le ocurriera a sus dirigentes emprender acciones alocadas, entre ellas profundizar las relaciones que mantenía con la URSS, tal como incluso se planteó durante la dictadura militar.

Ver MALVINAS ¿Sarlo, Sábato, Ajmecht y otros,  influencers del Reino Unido?

En directa relación con la antedicho, seguidamente se transcribe del libro “La Argentina robada – El corralito, los bancos y el vaciamiento del sistema financiero argentino” editado en el año 2002, cuyos autores son el fallecido ex diputado (MC) Mario Cafiero y Javier Llorens, el capítulo titulado “El endeudamiento fraudulento de 1979 – 1982 que emergió  entre dos guerras”.

El endeudamiento fraudulento de 1979 – 1982 que emergió  entre dos guerras

Pocos han advertido que el endeudamiento externo argentino durante el Proceso Militar, tuvo dos características singulares. Una, que se precipitó tardíamente con respecto a otros países. La otra, que aumentó velozmente, en forma inusitada con respecto otros países. Hasta fines de 1978, el endeudamiento neto argentino había aumentado muy poco respecto al existente en 1976, previo al golpe militar, manteniéndose en el orden de los 6.500 millones de dólares. Sin embargo a fines de 1982 había trepado a más de 40.000 millones. Creció cinco veces en cuatro años, a una escalofriante tasa del 50 % anual acumulativo en dólares. Mas escalofriante es el hecho de que en Argentina no haya quedado rastro visible alguno de ese endeudamiento, y de que se hizo con esas divisas, cosa que en otros paises endeudados no resulta tan ostensible, al haberse invertido al menos parte de la deuda,  en obras y activos que están a la vista.

¿Qué factor desconocido, «X», determino este  comportamiento? Por lo pronto es notable que ese endeudamiento  fraudulento, lo mismo que el de la Generación del ´80, se produjo entre dos guerras. En un extremo, el intento de guerra contra Chile, con motivo del conflicto por el Beagle, que tenía incluso su día  «D», fijado por la extraviada cúpula militar argentina, para iniciarla con una invasión a Chile, que se iba a concretar a fines de 1978. Y en el otro extremo la guerra pérdida contra Gran Bretaña en 1982, con motivo de la ocupación argentina de islas Malvinas.

 Entre esos dos conflictos se produjo el endeudamiento argentino fraudulento. El primer conflicto tuvo objetivamente como agente provocador, al fallo de su Majestad Británica respecto las islas del canal del Beagle, que fue denunciado por Argentina por arbitrario y nulo. Y en el otro tuvimos como enemigos directos a Gran Bretaña, país que Argentina parece estar destinada a encontrarlo permanentemente en su camino.

Este doble rol de agente provocador en un conflicto, y enemigo declarado en el otro, resulta profundamente sugestivo. Máxime si se considera que en ese ínterin surgió el endeudamiento externo fraudulento que nos ocupa, que resulta a su vez una repetición de la maniobra efectuada por Gran Bretaña en el siglo pasado. Se superponen de esta forma tres sugestivas coincidencias, que por su importancia resulta indispensable explorarlas brevemente.

 El conflicto con Chile tuvo también como instigadores intelectuales en 1978, a prominentes personalidades inglesas e israelíes, que visitaron Argentina y ensalzaron la fortaleza argentina y los derechos de «sangre y batalla«, como el vizconde del Alamein y el comandante Mordachi Gur, etc. Visitó también a Argentina a medidos de ese año, coincidente con la visita del presidente y general boliviano Hugo Banzer Suarez, el ex secretario de Estado Henry Kissinger, con motivo del Mundial de Futbol, y para inaugurar el CARI (Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales), en donde disertó expresando que «el temor a la guerra es un chantaje«, alentando así a la cúpula militar argentina a ir contra Chile, de la misma manera que la había alentado a proseguir la «guerra sucia«.

En la instigación a la insensatez de la guerra con Chile, también dijeron presentes los grandes medios de comunicación, que de repente, después del Mundial de Fútbol, descubrieron que los valores de la argentinidad eran casi inconciliables con la existencia de Chile, y se ufanaron al terminar su campaña mediática a fines de 1978, que «la reacción popular se había  producido«.

La guerra con Chile se abortó sobre la hora, por dos razones. Una porque el Papa y el presidente Carter se opusieron firmemente a ella, y desplegaron todos sus esfuerzos para evitarla. Y la otra porque cuando se estaba por lanzar, el abogado Anibal Aguilar Penarrieta denunció ante la Corte Suprema de Bolivia, con inmediata repercusión en Argentina, la existencia de un plan  denominado «Alpaca«, consistente en una alianza secreta entre el presidente de Bolivia supuestamente pro argentino, Gral. Banzer Suarez, con el presidente de Chile, Gral, Pinochet. Esta a su vez era parte de un eje Santiago – La Paz – Brasilia (potencia esta última con quién Argentina mantenía litigios por las presas en el Alto Paraná), que se contraponía con al eje ideado por los estrategas militares argentinos, Buenos Aires –  La Paz – Lima.

Se puede hacer una intelección de que hubiese pasado si Argentina invadía Chile, remedando estrategias de la segunda Guerra Mundial, y el marco de la alianza regional que presuponían los estrategos argentinos se deshacía, para encontrarse Argentina jaqueada militarmente en todos los frentes, con la participación decisiva de Brasil como enemigo. Argentina no solo hubiese perdido la guerra, sino que hubiese sido sindicada como la agresora, transformándose probablemente en un estado paria, como le sucedió una década después a Irak tras su aventura contra Kuwait, en la que según distintos analistas, se habría metido en base a un guiño cómplice que le deslizó la embajada de Estados Unidos.

Incluso Argentina podría haber sido obligada a su disolución,  partiéndose posiblemente en los mismos paises  potenciales que los geoestrategas británicos habían dibujado un siglo atrás, con los tenues trazos de las trochas de sus tres sistemas ferroviarios, según se expuso anteriormente.  Esta hipótesis no es ciencia ficción, o devaneos trasnochados, el mismo Kissinger había anticipado unos años antes, que Argentina podría ser «desmembrada» («break up»), y que Brasil sería la potencia hegemónica en el subcontinente.

Esta entonces podría ser la razón por la que previo al conflicto con Chile en el año 1978, no habría habido interés en practicar con Argentina la «política del endeudamiento» ideada por Inglaterra, dado que después no habría quien se hiciera responsable de su deuda . Por otro lado el beneficio para Inglaterra de la disolución de la Nación Argentina es fácil de deducir: le hubiese significado ganar limpiamente el contencioso de las islas Malvinas, por la extinción del contendiente, sin esfuerzo propio y sin disparar un tiro.

Esto autoriza a suponer entonces, que podría haber existido una estratagema por parte del Reino Unido, de inducir a Argentina a invadir Chile en el año 1978, para de esa forma ganar limpiamente el contencioso de las islas Malvinas. El motivo de ella también es fácil de deducir: el petroleo, el «oro negro», la «divisas de divisas», que parece ser el móvil de todas las que guerras modernas, principalmente las que acometen el Reino Unido y Estados Unidos juntos, como sucede actualmente en Medio Oriente.

Existen estimaciones de diversos expertos, que comenzaron a trascender públicamente a partir de los libros de Adolfo Silenzi de Stagni editados en 1982 y 83, con los sugestivos títulos «Las Malvinas y el petroleo» (I y II), que alrededor de las islas Malvinas existirían reservas de petróleo, que serían nueve veces superiores a las del Mar del Norte, y podrían llegar a representar entre el 10 y el 20 % de las reservas mundiales, es decir que serían similares a las de Irak.

 Si esto es cierto, es fácil deducir que las islas Falklands o Malvinas, tendrían un altísimo interés estratégico para Inglaterra. Su conservación sería para esta, un supremo objetivo nacional, máxime que son una perfecta réplica de su modelo geopolítico fundamental, que le ha permitido su actual resurgimiento: dos islas separadas por una canal, rodeadas de petróleo, igual que las británicas.

El experto en guerra psicológica francés Maurice Megret, nos advierte respecto la proverbial tenacidad de Inglaterra en la consecución sus objetivos, que reputa similar a la del pueblo romano; y su pragmatismo para conseguirlos, advertencia que por otra parte debería sernos innecesaria, porque como se vio en los capítulos anteriores, ya lo deberíamos haber aprendido.

Maurice Megret expresa: “Los ingleses no tuvieron que inventar la guerra psicológica porque, en cierto sentido, la habían practicado siempre. Y no es nueva la comparación que se ha efectuado entre la tenacidad británica y la del pueblo romano. La guerra psicológica vista desde Londres, es una minuciosa y paciente dosificación de todos los factores, políticos, económicos y sociales, pero también psicológicos, capaces de entrar como componentes en la valoración y conducción de una política experimental que, al servicio exclusivo de la supervivencia de las islas británicas, es tan indiferente a las especulaciones ideológicas como infatigable en su ejecución. Esta es, en definitiva, la razón por la cual la guerra psicológica es designada en Inglaterra con el término de Political Warfare -Guerra Política– y efectivamente, siempre ha estado íntimamente asociada a la conducción de la política general, sin plegarse jamás a las sutilezas técnicas de la Psychological Warfare americana.”.

Ahora bien, esta inquietantes hipótesis abren mas interrogantes de los que cierran, porque a partir del fallido intento de la guerra con Chile, es evidente que se puso en marcha, como se verá a continuación, una inusitada maniobra de endeudamiento fraudulento, similar a las practicadas por Inglaterra en el siglo pasado, que tuvo su remate en 1982, coincidente con la ocupación Argentina a las islas Malvinas. Es decir que Argentina, justamente cuando había acabado la referida maniobra de endeudamiento fraudulento, hizo exactamente lo que no le convenía hacer, y lo que le convenía al Reino Unido que hiciera, lo que lleva a plantear la hipótesis, a los efectos de develar los móviles de ese súbito endeudamiento fraudulento, de si fracasado el plan de empujar a la extraviada cúpula militar argentina hacia el Oeste, hacia Chile, no se habría puesto en marcha un plan para hacerla marchar hacia el Este, hacia Malvinas.

El objetivo de un plan de esta naturaleza, a la luz de lo que efectivamente ocurrió, es fácil de deducir. Obtener como objetivo de máxima (tal como intentó la mediación de Gral. Haig), que Argentina aceptara una consulta a los isleños supervisada por la ONU, para que estos decidieran a que país querían pertenecer, cosa que era innecesaria, porque su resultado estaba cantado, pero podía ser la forma de «legalizar el despojo«. O de contrario proceder a una recuperación militar de las islas (tal como sucedió), que le permitiera a Gran Bretaña ganar por vía bélica, lo que había perdido diplomáticamente, e implantar así por vía de los hechos, un nuevo statu quo en la región (tal como finalmente sucedió).

Un repaso de los diarios de esa época pone en evidencia que los medios de comunicación, como todos los acontecimientos nefastos para Argentina, jugaron un papel esencial, para alentar a esa insensata ocupación por parte de la cúpula militar Argentina. Lo hicieron ostensiblemente, como el diario LA PRENSA, a través de su columnista estrella, el español al servicio de quien sabe, Jesús Iglesias Rouco; y veladamente, como lo hizo el diario LA NACION.

Además durante el conflicto, los medios de comunicación fueron partícipes de una insensata campaña existista, que hizo en definitiva que a la noche estuviéramos ganando, y a la mañana siguiente nos despertáramos con la novedad que nos habíamos rendido. Una sorpresa parecida a la que se llevaron los ahorristas con la caída del sistema bancario a fines del 2001, que hasta pocos días antes según los medios de comunicación, era más sólido que la banca suiza.

Las evidencias que corroboran esta inquietante hipótesis, son gruesas y múltiples, y lo más llamativo de todo es que nadie las haya discutido públicamente hasta ahora, como si el tema fuera tabú, como su momento lo fueron los desaparecidos, la convertibilidad, y la deuda externa. Tal por ejemplo el hecho muy grueso (que parece no haberle llamado la atención a nuestros agudos periodistas de investigación, que con solo un rumor o un llamado telefónico anónimo pueden acreditar un soborno) de que los principales cuatro personajes  extranjeros de esa tragedia, Lord Peter Carrington, Thomas Enders, Alexander Haig, eran socios (partner) en a la consultora de asuntos estratégicos Henry Kissinger Associates Inc, cuyo titular Kissinger estuvo casualmente de nuevo en Argentina a fines de 1981, en momentos en que asumió la presidencia el general Leopoldo Fortunato Galtieri, y se puso en marcha el plan para ocupar las islas.

Carrington, ex ejecutivo de la SHELL y ex secretario de Energía, fue el canciller inglés que renuncio por supuestamente no haber sabido prever la ocupación. Enders, el secretario de asuntos Interamericanos de Estados Unidos Enders y «experto en energía» de Kissinger Associates, fue quien le hizo a Costa Mendez y Galtieri en su visita a Buenos Aires en marzo de 1982, la seña equívoca del «hands off» de Estados Unidos. Haig, el secretario de Estado y «experto militar» de Kissinger Associates, fue supuestamente quien medió entre Inglaterra y Argentina, ciñéndose su gestión a tratar de que la Junta Militar aceptara una consulta a los isleños supervisada por la ONU, que en caso de ser aceptada hubiese «legitimado el despojo«. Y Kissinger fue quién inspiró, a través de Costa Mendez  y de sus «Memorias», que casualmente publicó el diario LA NACION a principios de 1982, la absurda estrategia Argentina de ocupar militarmente las islas, para «conmover la diplomacia«

Hay un piélago de otros datos,  que escapan por entero a este libro, y que darían lugar a otro libro. Tal como que lo primero que hizo el secretario del Foreign Office Nicholas Ridley, al ser designado en 1979, fue viajar a las Malvinas y Buenos Aires, donde se entrevistó con sus ex colegas en Eton, Martínez de Hoz y Costa Mendez; y volvió a hacerlo en 1980, para formular la propuesta de retroarriendo de las islas, ilusionando así a la corrupta Junta Militar Argentina, de que podría haber un canje de soberanía por petróleo. La absurda tesis sostenida por el comandante en Jefe de la Marina, Elbio Anaya, y el secretario de Inteligencia Naval (SIN), Gualter Allara, que habían sido agregados militares en Inglaterra, de que esta no iba a reaccionar militarmente, puesto que «lo único que le interesaba es el petróleo».

El aparente desinterés manifestado por Gran Bretaña en el año 1981, con el desguace de la estación de observación científica de las Georgias y del buque Endurance, que origino serios cuestionamientos por parte de los isleños, que fueron acallados con la admonición de que no se metieran en asuntos de «altas esferas». El meticuloso relevamiento de las costas de la islas que realizó en el año 1979 el comandante británico Southby-Tailyour, hijo de un ex comandante general de la Marina Real, con el que adquirió «un conocimiento enciclopédico de las costas de las islas», en base al cual la Task Force inglesa seleccionó los puntos de desembarco en junio de 1982, etc, etc, etc

El libro de cabecera de los estrategas británicos, citado reiteradas veces por el estratega inglés de la «aproximación indirecta» Liddel Hart, es «El arte de la guerra» de Sun Tzu (500 a C.). En su primera lección «Haciendo Planes»  dice: «17. Todo el  arte de la guerra está basado en el disimulo. 18. Por eso cuando eres capaz, finge incapacidad; si eres activo, pasividad. 19. Si estás próximo, has creer que estás lejos; si alejado, que estás cerca. 20. Ofrécele un señuelo a tu enemigo para hacerle caer en una trampa; simula desorden y sorpréndelo. 22. Provoca la ira de su general y desoriéntalo. 23. Finge estar en inferioridad de condiciones, estimula su orgullo. 26. Atácalo en donde no este preparado; avanza por donde menos se lo espere. 27. Estas son para el estratega las claves del triunfo. No es posible anticiparse para resistirlas«.

Las evidencias en cuestión resultan incluso ominosas, porque de ellas se desprende que la actitud de los medios de comunicación, de euforizar al pueblo argentino tras la ocupación militar de las islas, habría contribuido objetivamente al éxito del plan inglés, al haber precipitado un cambio fundamental en la estrategia militar argentina, que a la postre nos causó la derrota.

Según el Informe Rattenbach (CAERCAS, Comisión de Análisis y Evaluación de las responsabilidades en el conflicto del Atlántico Sur, 291), la «euforia nacional» desatada por los medios de comunicación,  habría obligado políticamente a la extraviada Junta Militar, a cambiar el plan original de «ocupar para negociar», en el que se preveía mantener un reducido contingente armado; por el de «»reforzar para disuadir a Gran Bretaña de recuperar las islas por la fuerza y obligar a negociar «, que ante la monocorde exigencia británica, de que Argentina aceptara la consulta a los isleños, terminó en una guerra sin esperanza de victoria para Argentina.

Casualmente la agencia de noticias DYN, controlada por los diarios LA NACION y CLARIN, se fundó en diciembre de 1981, simultáneamente con el ascenso de Galtieri a la presidencia, cuando traía ya en mente la ocupación de las islas. Se puso en operaciones en marzo de 1982, en vísperas de la ocupación. Además en febrero de 1982, dos meses antes de la ocupación, coincidentemente con la estadía en el país de incógnito del presidente de la EXXON, propiedad de los Rockefeller, se registró un súbito cambio en la tenencia del paquete accionario de CLARIN. El desarrollismo fue desplazado por el grupo de Héctor Horacio Magnetto, el mismo que hoy es dueño entre bambalinas de Página 12. Este traspaso societario trajo un profundo cambio en el staff de la redacción del diario, y en su línea editorial.

Ver La intriga en la Guerra de Malvinas: polémica entre el editor de Clarín y de StripteasedelPoder

El mencionado presidente de la SIP, Roberto Cox, manifestó recientemente la necesidad de que los medios de comunicación den a conocer los nombres de sus propietarios: «Es muy importante. En los Estados Unidos una vez por  año se publica la integración de los medios de comunicación. Esa información tiene que ser transparente. Así al leer un diario o ver la TV, la gente puede saber como influye la formación en su vida. Los dueños de los medios, a veces, son peores que los banqueros o los empresarios. No quieren ser transparentes y eso es inmoral.»

La paradojal situación que surge de esas evidencias,  de un agresor sin plan, y un agredido que pese a la «sorpresa», parece haber tenido un prolijo plan de reacción, muestra claramente que existiría un revés de la trama en la historia de la guerra de Malvinas, que es la del agredido que, repitiendo una viejísima estratagema, indujo la agresión. La posibilidad que hoy agitan algunos medios de comunicación extranjeros, de secesionar la Patagonia, de la cual dependen territorialmente y políticamente las islas Malvinas, se inscribiría en la misma línea geoestratégica, ya que ella también podría derivar en la definitiva solución del conflicto de las islas Malvinas a favor de Gran Bretaña.

Ante esas múltiples y gruesas evidencias de que habría existido una conspiración externa, para llevar a Argentina a recuperar las Malvinas en 1982, es probable que algún escéptico o interesado crítico va a descalificar lo expuesto, colgándole el mote de “teoría conspirativa de la historia”, y asegurando que ese cúmulo de hechos son meras casualidades. Opondrán a ello la burda historia oficial impuesta a los argentinos, de que todo fue culpa de un general borrachín, que tomó unos whiskys de más, y una madrugada decidió invadir, como es la tesis central difundida por el libro clásico sobre el tema, de los periodistas de CLARIN, Cardoso, Kirschbaum y Van der Koy («MALVINAS, la trama secreta«), difundido inmediatamente después de la derrota, que sume al lector en la perplejidad, pese a que en la contratapa dice que tiene por objeto evitar que «la propaganda de los vencedores se convierta en la historia oficial de los vencidos«, cosa que al final el libro lo consigue.

Evitando ponderar los ostensibles datos de la realidad expuestos, el libro machaca, como dice en su contratapa, sobre la «gran frustración nacional que lleva el nombre de Malvinas«, que prescindiendo del extravío de una criminal Junta Militar, fue una de las últimas grandes manifestaciones de unión y solidaridad que tuvo el pueblo argentino. Esta evidente campaña de «desmalvinización» por parte de los medios de comunicación, junto el rotundo fracaso de la democracia que vino después, explica gran parte del cinismo, descreimiento y anomia que tiene hoy el pueblo argentino, razón por la que va en vías de su disolución como tal, ya que un pueblo que no cree en si mismo, deja de serlo, siendo una de las manifestaciones mas claras de esto, la actual afición que tiene por la moneda extranjera, y el repudio a la nacional.

La penosa lectura del informe Rattembach (CAERCAS) y sus conclusiones de las causas de la derrota, y los tremendos cargos que hace en el nivel Estratégico Militar contra los responsables del Poder Ejecutivo, del Gabinete Nacional, de los Comandantes en Jefe del Ejercito, la Armada, la Fuerza Aérea, y del Estado Mayor Conjunto, hace pensar que todos sus integrantes estaban borrachos. De esa manera, se habrían dedicado a tomar siempre la peor decisión, cosa que viola a las leyes estadísticas, ya que imposible tanta regularidad para el desacierto, sin tener un solo acierto. Como contraparte aparece un adversario que pese a ser supuestamente el sorprendido, violó permanentemente las leyes estadísticas pero a la inversa, al registrar solo aciertos y ningún desacierto.

El extracto de las conclusiones del Informe Rattembach apunta como «Fallas de orden político: «.. la falta de una apreciación correcta e integral del conflicto en todas sus alternativas y dinámica, originó la carencia de una estrategia general que integrara la conducción parcial en los distintos campos que cubría (Polítco, Militar, Económico, y sciológico/Social) (760).

Como «Fallas en el Planeamiento: «Los procedimientos adoptados por la Junta Militar condujeron a la Nación a la guerra sin una adecuada preparación, contradiciendo normas especiales de planificación y engendrando errores y omisiones fundamentales que afectaron la orientación estratégica militar y la coherencia de la planificación contribuyente. Todo ello constituyó una causa decisiva de la derrota» (764)

Como «Fallas en la oportunidad: «La oportunidad libremente fijada por la Junta Militar para la recuperación de los archipiélagos del Atlántico Sur, benefició fundamentalmente al enemigo. (788)

La existencia de estos múltiples y gruesos hechos concurren a una única inferencia abductiva, que según el semiologo norteamericano Charles Pierce es la forma superior de la inteligencia, al permitir realizar la indispensable intelección de los acontecimientos, para saber que pasó y adonde estamos, y tiene un gran parecido con la «intuición femenina», que es capaz en base algunos indicios, muchas  veces un mínimo ademán o gesto, de percibir un complejo cuadro de situación sin errarle.

Sin embargo es predecible que a esta inferencia, que solo se podría comprobar fehacientemente si el Foreing Office abre sus archivos, cosa que en algunos casos no hace desde hace 250 años, le caerá el sambenito de «teoría conspirativa«, no siendo casual que los comunicadores que generalmente apelan al él, son los mismos que transforman no un hecho, sino un rumor (la versión sin responsables de la existencia de un supuesto hecho), en un acontecimiento mediático, preguntándose entonces uno si eso no es una conspiración.

Según el incuestionable Jorge Luis Borges, “solo los tontos creen en las casualidades”, y ya sea para efectuar un robo, vaciar un banco, publicar un diario, hacer una operación de prensa, fabricar un automóvil, ganar una elección o una guerra, o conseguir cualquier otro resultado concreto, es necesario “conspirar”, es decir “hacer concurrir varias cosas hacia un mismo fin”. De esa forma, “conspirando” a favor de sus intereses, Gran Bretaña de una isla se transformó en un imperio, y EE.UU. de colonia que era de ella, en actualmente la “única superpotencia”.

Sin embargo los argentinos, como si Maquiavelo no hubiese existido, prescindimos de gruesos hechos, para construir una historia boba, en donde los que tienen éxito triunfan no porque hagan planes, sino porque se lo merecen, y los que fracasan lo hacen por su culpa. Parecería que la «políticamente correcto» en Argentina, es creer y sostener que todo es espontáneo y nadie hace planes contra nadie, en este planeta de incautos, y menos los Estados, y en consecuencia los hechos no tienen trasfondo, salvo las pequeñas perrerías que se hacen entre si, esos seres depravados que se llaman políticos, para concretar sus mezquinas ambiciones. Y acá no se trata de denostar a los que hacen planes (conspiran)  en función de sus intereses, ya que así es la historia del mundo, desde que  Jacob se quedó con una dinastía, «mas innumerable que las estrellas del firmamento«, mediante la estratagema de un plato de lentejas.

Por contrario la culpa es de nuestros dirigentes, y también nuestra, al dejarnos engañar por los historiadores de historieta, compiladores de hechos sin trasfondos, o revisionistas o antirrevisionistas, que cantan eglogas o satanizan a sus personajes, y no pueden ver la profundidad  y riqueza de los hechos, por tener la mente llena de ideología o preconceptos. No perciben la fragorosa historia que hay debajo de la superficie en los acontecimientos de la edad moderna, en la que se han eteralizado y potenciado los medios de opresión; pero la codicia y la ambición siguen siendo las mismas.

Scalabrini Ortíz en el prologo de su libro «Política británica en el Rio de la Plata» nos insta a ver la realidad tal como es, y a que abandonemos la visión pánfila del mundo y de la historia: «América no estaba aislada. Al contrario. Fuerzas terriblemente pujantes, astutas y codiciosas nos rodeaban. Ellas sabían amenazar y tentar, intimidar y sobornar, simultáneamente. El imperialismo económico encontró aquí campo franco. Bajo su perniciosa influencia estamos en un marasmo que puede ser letal. Es falsa la historia que nos enseñaron. Falsas las creencias económicas que nos imbuyeron. Falsas las perspectivas mundiales que nos presentan y las disyuntivas políticas que nos ofrecen. Irreales las libertades que los textos aseguran.»

Aceptada la hipotesis de que habría existido una maniobra angloestadounidense para inducir a la cúpula militar argentina a invadir las islas Malvinas, es factible inferir entonces que el endeudamiento externo fraudulento que se precipitó súbitamente en forma previa a dicho conflicto, una vez abandonado la hipótesis de guerra con Chile, habría sido en realidad una maniobra de índole pre-bélica, que tenía como objeto principal, tender una red de seguridad en el conflicto que se estaba por suscitar, a los efectos de asegurar la sumisión de Argentina y su alineamiento a  Occidente , pese a ser hostigada por sus dos potencias líderes.-

Ver MALVINAS 1: la guerra de 1832 planificada por el Reino Unido y ejecutada por EEUU
Ver MALVINAS 2: el ataque de la USS Lexington de EEUU que  abrió paso a la ocupación británica

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Mario Cafiero y Javier Llorens
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