En tres entregas, Stripteasedelpoder.com publica la atrapante historia del multimillonario argentino Hugo Sigman, que producirá la vacuna contra el Covid-19 en nuestro continente. Relatándose en la presente el origen de su fortuna, surgida por los lazos del Partido Comunista Argentino (PCA) con el empresariado local. Sus comienzos en el ámbito de los negocios desde su exilio, y con ayuda de su suegro, el renombrado laboratorista tesorero del PCA Roberto Gold. Los provechosos años noventa, que lo llevó en la actualidad a encabezar la venta de remedios en las farmacias. La provechosa epidemia de la fiebre aftosa, y el fin de su relación con el menemismo. La fundación Mundo Sano y el inicio de su relación con Bill Gates.

Cada vez que hace una video-llamada, elige un cuadro pictórico distinto para el fondo. Para ésta entrevista por televisión, eligió uno con notable juego cromático de trazos irregulares. Ese fondo lo comprime como figura, caracterizada por la blancura de su tez, vestimenta, peinado y hasta el bigote. Endurecido, pero a la vez atormentado por ese encierro, se prepara para salir al aire.

-Vamos a hablar, como lo habíamos prometido, con uno de los empresarios más importantes de la Argentina. Es una entrevista que hace varios años quería  hacer. Así que vamos a darle el espacio que merece: Hugo Sigman, muchas gracias por aceptar a hablar, aunque sea de manera virtual.

-Buenas noches, Alejandro. ¿Cómo estás?

-Bien, muy bien… Bueno, eehh, es ineludible que se lo pregunte: usted sería uno de los primeros en ser alcanzados por un impuesto a las grandes fortunas, ¿es justo que la sociedad le pida a los que más tienen un esfuerzo extra en una crisis como ésta?

El entrevistado canoso sabe que algunos colegas suyos lo están viendo. Incluso, parece como si estuvieran adentro de su casa, ya que su rostro esquiva la pantalla, mirando a sus costados, como si hubiera presencias espectrales. Frustrado, con una voz débil y con pausas de por medio, responde:

-Alejandro, el tema es complejo… Y la verdad que, en estos momentos, no tengo muchas ganas de opinar sobre eso. Así que, lamentablemente, me excuso contigo. Pero no voy a opinar.

Por el apuro, la producción del programa escribe el siguiente zócalo: “Hugo Sigman responde a todo”.

Lo que vive hoy en día el mundo puede ser el gran acontecimiento para Hugo Sigman. Pero no lo fue ese momento televisivo. Si a partir de la pandemia del Covid-19, este hombre canoso con anteojos puestos, con un patrimonio que alcanza los dos mil millones de dólares, puede ser el paladín que nos salve de las peores pestes, mediante sus mejores remedios diseñados química y genéticamente, solo lo haría en base a la condescendencia de un sector gubernamental, que le elevaría sus expectativas de construir aquel sueño eterno que se llamó la burguesía nacional. Es decir, aquel empresariado que anteponga los intereses nacionales por encima de los lucrativos. Pero esa pregunta televisiva en particular, esa duda referida a un posible agravamiento progresivo tributario, solo estiraría aún más la eternidad de ese sueño. De hecho, hay quienes dicen que las empresas de Sigman no tributan lo suficiente en nuestro país, por tener sus sedes radicadas en España.

Hugo Sigman, aquel que prefiere que lo llamen psiquiatra y no tanto empresario, se somete a una actualidad que ha llevado a que su nombre aparezca en distintos portales y pantallas de televisión. Amante de las bellas artes y el art decó, tiene su simpatía por sacarse fotos con reconocidas figuras mundiales como Fidel Castro, José Saramago, Joan Manuel Serrat, y Pedro Almodóvar, pero sin acostumbrarse a tanta exposición pública.

Declama su interés por la social-democracia europea, y le da prurito recordar sus ideales marxistas juveniles. De un oneroso préstamo de un familiar, cuyo patrimonio creció bajo la tutela del Partido Comunista, pasó a ser uno de los mayores multimillonarios de habla hispana. De exiliado de la Dictadura, a amigarse con empresarios que sacaron provecho con el terrorismo de Estado. De su inclaudicable lucha contra las enfermedades tropicales, con ONG’s mediante, a controlar el oligopolio de la producción de vacunas en el país. De preocuparse por el hambre, a hacer negocios con Monsanto.

Hoy, ya es tiempo que ese laboratorio llamado Hugo Sigman abra sus puertas, tomemos un microscopio y empecemos a analizar sus muestras.

La cuna soviética

Hugo Arnoldo Sigman nació el 30 de septiembre de 1944 en la Capital Federal. En ese entonces, el negocio de las farmacéuticas en Argentina estaba iniciando un paulatino proceso de concentración, donde se creía que solo lo iban acaparar dos familias: los Bagó y los Roemmers. Pocos meses después, Roberto Gold, quien sería su futuro suegro, fundaría su propia empresa familiar: una farmacia ubicada en la ciudad de Valentín Alsina.

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Roberto Gold y su esposa, durante un viaje de negocios. Ph: Gentileza Mundo Sano.

Para esa misma década, el Partido Comunista Argentino (PCA) crea una comisión auxiliar, íntegramente conformada por empresarios locales, y sin que figuren sus nombres en alguna planilla oficial del partido. A ésta estirpe se la llamó el “Directorio”, y su función era el sostenimiento financiero clandestino de la organización.

Así lo estableció el periodista Isidoro Gilbert (1931-2018), quien además de haber trabajado con otros destacados del oficio, como Rogelio García Lupo, Andrés Rivera y Juan Gelman, fue corresponsal de la Agencia de Telégrafos de la Unión Soviética (TASS). Su libro más conocido fue El oro de Moscú: Historia secreta de la diplomacia, el comercio y la inteligencia soviética en la Argentina, publicada en 1994.

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Según narra Gilbert, en aquellos años cuarenta, el economista y empresario José Ber Gelbard –quien treinta años después, Juan Domingo Perón lo designó como su ministro de Economía para su tercer mandato como presidente en 1973-, estuvo afiliado, en forma encubierta, al PCA. Fue una de las figuras centrales para el armado de éste grupo de burgueses, simpatizantes con el materialismo dialéctico, para lograr un financiamiento al partido que bregaba por la sublevación de la clase obrera. Hablamos de un organismo “ultrasecreto”, cuyos “directores” o miembros iban variando con el correr del tiempo, pero que no superaban los siete integrantes. Todo, bajo la supervisión del secretario general del partido, Victorio Codovilla.

 “Además de Gelbard, participaban del Directorio, Ernesto Paenza, que fue su íntimo amigo y colaborador tanto en la Confederación General Económica (CGE) como en el Ministerio de Economía durante el tercer gobierno de Juan Domingo Perón; Simón Duschatzky, Roberto Gold, Mauricio Golberg [sic], Julio Guransky y otros que aún viven y cuya mención pueden dañar sus intereses o su patrimonio, sobretodo en un país como la Argentina, donde el macartismo continúa vigente a pesar de la caída del Muro de Berlín”, señalaba Isidoro Gilbert.

De ésta manera, el PCA buscaba la manera de administrar dinero, no solo a partir de los posibles fondos que se enviaban desde la Rusia soviética, sino también mediante la generación del propio capital en suelo autóctono, algo impensado en los tiempos actuales, pero comprensibles en los inicios y mediados de una guerra fría, donde se disputaban dos modelo económico mundiales.

Tal es así que el circuito retro-alimentario de inversión, generación de ganancias, y financiación del partido, atravesó en la actividad de insospechadas empresas, y que muchas veces recibían el cariño de los ideales del capitalismo, como es el caso de la planta de embotellamiento de Coca-Cola. Incluso por las oficinas de entidades bancarias, como fue el caso supuesto del Banco de Buenos Aires, y de algunas agencias de publicidad.

Y también, en el rubro de la medicina. Entre ellas: Chemotécnica Sintyal, empresa que nació en 1943 mediante la fusión de la farmacéutica Sintyal Estrona y La Chemotécnica, conocida en ese entonces por producir parasiticidas, y que fue comprada por Roberto Gold en 1959, cuando ya era miembro del “Directorio”. Es decir, muy probablemente comprada con los fondos que generaba el reducido soviet empresarial del Directorio. En aquella fecha, Huguito Sigman, su futuro yerno y, luego, patrón del cartel del negocio farmacéutico argentino, tenía apenas quince años de edad.

En Sintial (sic), el gran laboratorio medicinal, no quedan marcas de origen por cambios del capital accionario, que incluyó la compra del que controlaban comunistas orgánicos. Creció en los años 60 con el control del Directorio”, señala Gilbert en El oro de Moscú. Es decir, que así como se sospecha que el “Directorio” le otorgó los fondos a Gold para comprar Sintyal, las ganancias de Sintyal, a su vez, aportaban a las arcar del Directorio. Por lo menos hasta que éste dejó de funcionar en 1977, en plena políticas de terror de la última dictadura.

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En la actualidad, Chemotécnica tiene una planta productora de herbicidas, en un predio de 11 hectáreas.

Durante aquella etapa, un joven Hugo Sigman comenzó su carrera de Medicina en la Universidad de Buenos Aires y de ahí recibió su graduación en 1969. Luego de eso, continuó con sus estudios en la Escuela de Psicología Social de Enrique Pichon-Rivière, una figura central en el estudio del psicoanálisis en nuestro país, que luego pregonó una concepción alejada de la perspectiva del individuo atomizado, para llevarlo a una epistemología que indague la interacción del sujeto con el entorno.

Durante aquel período universitario, Hugo conoció a la hija de Roberto, Silvia Gold, quien se recibió como bioquímica. La pareja ejerció su militancia o simpatía política en aquellos efervescentes años, poniendo sus nombres como afiliados del PCA.

Para 1970, Hugo se incorporó como residente en el Hospital Aráoz Alfaro de Lanús, en el Servicio de Psiquiatría del Policlínico, dirigido por el doctor Mauricio Goldenberg, un referente que polemizó con los modelos de los manicomios, y otro de los selectos miembros del “Directorio”. Luego, Sigman ocupó el cargo de Jefe de Residentes, y fundó la Unidad de Emergencias Psiquiátricas del mismo hospital.

Durante ese período, al codearse con referentes que cuestionaron los métodos clínicos tradicionales, nunca se imaginó que bajo la influencia de su suegro, se alejaría bastante de aquellos ideales que pregonaban una sociedad que virara hacía el socialismo; y que optaría por un camino que lo llevaría a ser uno de los sujetos de habla castellana más acaudalados del capitalismo más contemporáneo.

Memorias desde el exilio

Yo era psiquiatra. Y la psiquiatría estaba vista como sinónimo de insubordinación, de rebeldía… Muchos colegas míos del hospital universitario sufrieron mucho. Una compañera mía muy querida, hija única del decano de la facultad de Medicina de la UBA, el profesor [Mario] Brea, un cirujano histórico de Argentina, desapareció. Fue un golpe muy fuerte. Pensé en mi mujer, en mis hijos, en mí mismo. Entonces me vine a España”, recordó Sigman para una publicación española titulada Los que dejan huella, de edición KPMG, recordando su cruce por el océano Atlántico, de la mano de su esposa Silvia, su suegro Roberto, y dos hijos, Mariano y Leandro, y también un tercero en camino: Lucas.

Apenas arribó al viejo continente, Hugo aprovechó una beca para trabajar en el Hospital Clínico de Barcelona. Rápidamente, colaboró con el profesor Joao Obiols, decano del departamento de medicina, y luego rector de esa universidad, donde le propuso trabajar en su consultorio privado, a solo seis meses de su arribo a Europa.

Un año después, comenzó su etapa emprendedora, y realizó un máster en la Escuela de Dirección de Empresas, creada por la Compañía de Jesús. Todo bajo el impulso de su propio suegro, Roberto Gold, dueño de una empresa asociada con accionistas italianos, mientras se comunicaba con sus socios de la Chemotécnica para mantener fluido sus negocios en Argentina. En ese entonces, Italia era el principal proveedor de materia prima para las industrias farmacéuticas. “Mirá, nosotros tenemos necesidad de resolver la compra de algunas materias primas en Europa, porque son desarrollos que nosotros hacemos en Argentina. Hay que hablar con fabricantes de materias primas… tú eres profesional”, dicen que le dijo su propio suegro.

Así nació la firma Chemo en 1977, dedicada desde España a la compra-venta de materias primas para los laboratorios. Para eso, Hugo y Silvia invirtieron en el alquiler de una oficina en Barcelona, ocupada por la pareja y una secretaria. Básicamente, el único cliente que compraba esos suministros era el laboratorio que pertenecía a Gold. Mientras que los proveedores eran de Italia.

Así, mediante un préstamo aportado por su propio suegro y cliente, consistente en la generosa suma de 400 mil dólares, más la disposición de Hugo para realizar viajes al país romano, fueron conformando una nutrida lista de proveedores, que gran parte eran empresarios allegados a Gold.

Según los registros del Boletín Oficial, el gobierno de facto de Argentina firmó el Decreto Nº 3.936, con fecha del 30 de marzo de 1978, para beneficiar a la Chemotécnica Syntial, con la contratación directa de la adquisición de vacunas contra el sarampión. Cuya producción se logró con insumos provenientes de proveedores italianos, teniendo a las oficinas de Chemo en España como intermediario. En base una decisión que había tomado la dictadura de Jorge Rafael Videla el 23 de diciembre de 1977, pocos meses después de la desintegración del Directorio secreto del Partido Comunista. Y con ello, el misterio sobre el destino de las ganancias acumuladas.

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Para Sigman, su propia formación técnica, universitaria y científica, fue el “plus” que marcó una diferencia con el resto de la competencia basada estrictamente en la formación mercantil, ya que permitió un trato psicológicamente más empático con sus potenciales proveedores. Pero sin duda alguna, el historial de su propio suegro fue primordial para alcanzar esas alianzas. Existe una teoría más amplia, que tiene que ver con la perspectiva internacionalista que tenía el Partido Comunista, que le habría permitido a Gold tener una mayor facilidad en la entrada a los países de China, Cuba y la Unión Soviética.

Luego, en el transcurrir de 1978, Italia reglamentó una ley de patentes. Allí, cambió el ranking de los principales proveedores de materia prima farmacéuticas, porque como España no tenía esa regulación, el negocio viró por el lado hispano, y los acuerdos con Chemo se amontonaron más de la cuenta.

Con los años, sus ganancias le permitieron invertir en su primera fábrica propia: Industriale Chimica, emplazada en suelo italiano en 1984, y dedicada a la producción de principios activos hormonales.

Para 1986, cuando ya había pasado tres años del retorno de la democracia, Chemo abrió su oficina comercial en Argentina, bajo el nombre de Romikin, focalizada en el desarrollo y la fabricación de principios activos para la industria farmacéutica y veterinaria, que luego se expandiría a los países vecinos.

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Boletín Oficial 20/07/1987.

De hecho, los años ochenta de la Argentina, se caracterizaron por la expansión de laboratorios locales, alcanzando su asentamiento en países limítrofes. En particular, por cuatro empresas: Roemmers, Bagó, Sidus, y Sintyal, el activo de Gold en nuestro país.

Mientras tanto, desde España, Chemo compró la empresa Química Sintética, que obtiene su aval por parte del FDA (Food and Drug Administration) de Estados Unidos. Para el año próximo, el grupo realizó inversiones en la República de China, el gran país asiático gobernado por un Partido Comunista que avizoraba la debacle de la Unión Soviética.

Los provechosos años noventa

La década posterior a la caída del Muro de Berlín, y con la inminente desintegración de la URSS, fue también la década inicial en donde los negocios de Sigman se expandieron sobre el territorio argentino, gracias a las políticas de la presidencia de Carlos Saúl Menem, acordes con el Consenso de Washington.

En las décadas pasadas, Argentina tenía un margen de producción local de vacunas, sueros y otros productos biológicos, permitiéndose así su propia provisión de insumos farmacéuticos. Todo cambio en los noventa, donde el cero por ciento de arancel para los medicamentos, generó una entrada voraz de las multinacionales y un cambio de dinámica en las firmas locales, donde pasaron de la producción local, a la compra de productos importados, sea de insumos o del producto final.

Además, la primera mitad de los años noventa fue muy convulsionada para el empresariado sanitario local. Desde finales de los ochenta y principios de los noventa, el Estado Nacional empezó a tomar medidas en la lucha contra la fiebre aftosa, que afectó la ganadería vacuna, principalmente. En 1992, el noroeste del país padeció una epidemia de cólera, que forjó el nacimiento del ANMAT, la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica. Y en 1995, se discutió una ley de patentes para medicamentos, por exigencia de los laboratorios internacionales.

Durante la Convertibilidad, los laboratorios nacionales Roemmers y Bagó se posicionaron a la cabeza en materia de ventas, apareciendo seguidamente empresas extranjeras como Pfizer, Ivax, Bayer y Roche. En el piso del top veinte, figuraba el laboratorio Sintyal, de la familia Gold. Así lo expone, por ejemplo, el siguiente cuadro extraído en un informe de archivo, elaborado por Artemio López para la CTA, donde expone la facturación de ventas en remedios entre los años 1992 y 1996.Hugo Sigman, Covid 19, Vacuna, Bill Gate, PCA Partido Comunista Argentino, Roberto Gold, Mundo Sano, Bug Pharma, Laboratorios, Farmaceutica, Alberto Fernandez, Menem, fiebre aftosa

Todo esto llevó a que, luego de la crisis del 2001, se tomaran cartas en el asunto, como la Ley 25.649 del año 2002, que obliga a los médicos no mencionar marcas comerciales en sus recetas -en particular las más privilegiadas- y solo el nombre genérico de los remedios.

Es en ese contexto donde Hugo Sigman retorna a su país natal, y que allí comenzó a meterse en un mercado tendiente a cartelizarse durante las próximas décadas. Esto llevó a que en la actualidad, veinte laboratorios concentran el 70% de la facturación total (tanto locales como extranjeros) pero que solo participan del 1% del PBI, y menos de la décima parte de la producción industrial, debido a su demanda de empleo calificado, capital intensivo, e insumos importados.

La compra de los dos laboratorios de los Sielecki

El primer negocio, y quizás el más importante que el psiquiatra emprendió en los años del sushi con champagne, lo realizó en pleno año 1990, cuando la familia Sigman y Gold compraron el Laboratorio Elea, especializada en productos hormonales de alta complejidad.

Para lograr ésta adquisición, se realizó una asociación con sus dueños, la familia Sielecki, quienes además poseían los laboratorios Phoenix. Nada difícil siendo ambos de origen judío. Dentro de la familia Sielecki, está su heredera Anabel Sielecki, hija de Manuel Sielecki (1909-1998), fundador del Phoenix en 1939, e importador de la penicilina y la vacuna contra la poliomielitis en nuestro país. Anabel era la esposa de Héctor Timerman (1953-2018), futuro canciller del kirchnerismo, e hijo de Jacobo Timerman, referente de la generación setentista del periodismo, y alguien que se había codeado en alguna que otra ocasión con el suegro de Sigman, Roberto Gold.

Así como los lazos de familia y de negocios comenzaron a brotar bajo los encantos de las políticas monetaristas del inicio del noventismo, para finales del mismo, la numerosa familia lo cuestionará al financiar medios gráficos, con líneas editoriales progresistas con mirada crítica, como serían la revista Tres Puntos, y actualmente la versión local de Le Monde diplomatique.

Para 2010, la familia Sielecki vendió los laboratorios Phoenix al grupo británico GSK. Pero en 2017, el laboratorio Elea volvió a comprárselo a los británicos. Y así los Sigman se quedaron con los activos de los Sielecki, tanto Elea como Phoenix.

Hoy, Elea-Phoenix congrega un portafolio repleto de productos en áreas dedicadas a la salud femenina, la oncología, la cardiología, la neuropsiquiatría y todo lo relacionado con la venta libre. Cuenta entre sus marcas la Adermicina A, Biogrip, Bronquisedan, Caladryl, Nopucid, Neumotex nasal, Pervinox, Evatest, entre otros.

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Todas estas marcas comerciales permitieron que los Sigman tuvieran un notable ascenso en la tabla de los laboratorios que más ganan en materia de ventas. Así como la empresa de su suegro pasó al tibio piso del top 20, Hugo pasó al puesto número 2, según el ranking de la Cámara Industrial de Laboratorios Farmacéuticas de Argentina, referido a las facturaciones del año pasado, que se reproduce seguidamente.

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A la vez, Elea provee a compañías como Merck, Pfizer y AstraZeneca, laboratorios de rango internacional, que incluso trabajan con Sigman en la producción de la vacuna contra el Covid-19.

La fiebre por la aftosa y el negocio de Biogénesis

La fiebre aftosa, o glosopeda, es una enfermedad viral y epidémica, que afecta a animales con pezuñas hendidas y les provoca lesiones en la boca, dificultándoles el acto de comer. En distintos tramos del siglo XX, Argentina padeció ésta problemática, acarreando problemas a la actividad ganadera, donde los vacunos figuran a la cabeza, tanto para consumo interno como para las exportaciones.

En 1990, el Estado Nacional impuso al SENASA (Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria) la concreción de un plan de erradicación, mediante una vacunación masiva. Y en diciembre de 1993, se sanciona la ley Nº 24.305, que lo declara de interés nacional.

Ahí es donde juega la empresa Biogénesis, quien logra desarrollar la primera vacuna anti-aftosa de América Latina, libre de proteínas no estructurales. Un año después, en 1994, Chemotécnica Sintyal, la principal empresa de un avejentado Roberto Gold, se fusiona con Biogénesis y de esta manera dan a luz Biogénesis Sintyal, para la producción de suministros necesarios para vacunar todas las cabezas de ganado requeridas.

Un plan que dio sus buenos resultados llegando en el final de la década. Para ese entonces, en el mes de abril de 1999, el presidente Carlos Menem realizó la última inyección anti-aftosa, con exposición fotográfica para la prensa, en una estancia de Colonia Caroya, provincia de Córdoba. Para mayo del año 2000, se reconoció a la Argentina como “País Libre de Fiebre Aftosa sin Vacunación”, según la OIE (Organización Mundial de Sanidad Animal).

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Foto de archivo de Menem efectuando lo que sería la última vacunación anti-aftosa.

Pero tres meses después, en agosto de ese año, se detectaron tres focos de aftosa en el norte argentino. En ese entonces, se señaló que el virus provino del otro lado de la frontera, en ganados que fueron traídos desde Paraguay. Esto generó una gran polémica durante la presidencia de Fernando de la Rúa, ya que en un principio, distintos funcionarios y referentes ligados a la actividad ganadera habían negado el resurgimiento de la enfermedad.

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Finalmente, en marzo de 2001, el Estado Nacional admitió el retorno de la aftosa, y se inició un nuevo plan de vacunación. Entre 2003 y 2006, aparecen nuevos brotes por la introducción de ganado de Bolivia. También, surgieron otros casos, pero sin confirmar sus causales, cuyas posibilidades fueron el contrabando de animales, la no vacunación de algunos ganados, la baja calidad de las vacunas, o la mutación del virus. Para 2006, se declaró un nuevo foco de infección ubicado en la provincia de Corrientes.

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Resolución 36/2006 del SENASA que resuelve actuar sobre el foco aftosa de Corrientes.

La aparición del foco correntino, facilitó la concentración empresarial que venía llevando adelante Sigman, concretada cuando las firmas Biogénesis Sintyal y el departamento de la familia Bagó dedicado a la salud animal, se fusionaron para constituirse en una sola firma compartida: Biogénesis Bagó, dedicada a la biotecnología y la sanidad animal, que en la actualidad provee de antígenos (virus inactivados de la vacuna) a Estados Unidos y Europa.

En el 2010, la planta de Biogénesis Bagó, que ocupa un predio de 10.000 metros cuadrados en Garín, al norte de la provincia de Buenos Aires, fue incluida entre los 300 lugares del mundo que el Departamento de Estado de Estados Unidos decidió proteger de un ataque terrorista, según un cable filtrado de los Wikileaks de fecha febrero de 2009. Según el documento, para los altos funcionarios de la Casa Blanca, resulta primordial el abastecimiento de antígenos que fabrica esa planta de Sigman.

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Sede Biogénesis Bagó.

Pero dentro de la guerra comercial geopolítica actual, no hay pruritos al respecto. Ya que en el 2013 Biogénesis se asoció con la china Hile Biotechnology en una joint-venture, que provee al gobierno chino de 90% de las vacunas antiaftosa.

Ahora bien, para el año 2020, a partir que el nombre de Sigman se “viralizó” por los intereses de Biogénesis Bagó de atraer inversiones chinas para instalar mega criaderos porcinos, más el hecho que el empresario es la cara visible de la fabricación de la vacuna contra el Covid-19 en nuestro país, distintos portales y redes sociales han barajado la sospecha que fue el yerno de Roberto Gold el que implantó el virus de la aftosa en el inicio del presente siglo, para mantener en funcionamiento el principal negocio de Biogénesis Bagó.

Un dato a tener presente al respecto, es que en el 2004, Sigman realizó inversiones en Corrientes para ampliar su facturación en el negocio de la actividad forestal y de la manipulación genética, donde armó el establecimiento Garruchos. El brote de aftosa correntina de 2006, ocurrió a principios de febrero, en una  hacienda ubicada en el departamento de San Luis del Palmar, a 25 kilómetros de la frontera con Paraguay, donde se afectaron 70 bovinos de raza Bradford, la misma que cría Sigman en la actualidad.

Por ese entonces el presidente Menem se esforzaba hasta el último suspiro en una carrera jurídica a contrarreloj, para obtener su tan deseada candidatura para la re-reelección. La que luego se vio renovada al presentarse como candidato en las elecciones presidenciales del 2003, donde ganó en la primera vuelta, pero desistió presentarse en la segunda. Siendo una de sus banderas electorales la del mandatario que borró la aftosa en todo el territorio, sin necesidad de vacunación, como lo exige preferentemente el comercio internacional de carnes, pretensión que se mantuvo durante el gobierno de la Alianza.

Lo cierto es que el resultado concreto de esos brotes de aftosa, es el de haber preservado el gran negocio de la vacuna contra la aftosa de Sigman. Al haberse resignado el país a tener la zona  núcleo  de su actividad ganadera, bajo la calificación de “Zona libre de Aftosa cpn vacunación, conforme se puede apreciar en el siguiente mapa del SENASA.

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https://www.argentina.gob.ar/senasa/programas-sanitarios/cadena-animal/bovinos-y-bubalinos/bovinos-y-bubalinos-produccion-primaria/fiebre-aftosa#:~:text=La%20Rep%C3%BAblica%20Argentina%20posee%20el,y%20zona%20libre%20sin%20vacunaci%C3%B3n).

Esa pretensión de Menem de lograr un “País Libre de Aftosa sin vacunación” contrariando los negocios del psiquiatra y empresario Sigman, explicaría que un fragmento de su renta la destinó a producciones periodísticas de índole progresista. En una Argentina que se encaminaba a un desolador desenlace socioeconómico en el año 2001, deparando esto un descontento generalizado respecto la “década menemista”.

Ver VACUNAS COVID: El curro de U$S 320 millones de PFIZER, ELEA y Sigman

Mundo sano y la ventana a Bill Gates

También, en los noventa, con el paulatino abandono de los estado nacionales en sus funciones sociales, surgió un boom de ONG’s filántropas dedicadas a ayudas caritativas, impulsadas por grandes corporaciones. La familia Sigman y Gold no se quedaron atrás, y en 1993 por impulso de Gold, se creó la fundación Mundo Sano, dedicada a reducir el impacto de las denominadas “enfermedades desatendidas”, o sea dentro del entorno de su área de negocios.

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Entre sus iniciativas, se encuentra la lucha contra el mal de Chagas-Mazza, que afecta a familias que habitan en viviendas de precarias condiciones. Con el correr de los años, en el 2011, se creó un consorcio público-privado entre distintas firmas vinculadas con Sigman, como son el propio Mundo Sano, el Grupo Insud, y Elea, sumadas al fabricante de ingredientes activos Maprimed y al Ministerio de Salud de la Nación. A los efectos de producir el benznidazol, un medicamento para paliar la enfermedad que transmite la vinchuca. De esta manera, un año después, registraron la marca comercial Abarax, que ofrece los comprimidos para el tratamiento de los pacientes afectados por ella.

Pero mientras Mundo Sano hacia sus primeros pasos, en el mundo se empezó a conocer el programa de computación Windows 95, impulsado por un no tan renombrado William “Bill” Gates. Cuya invención lo llevó a ser uno de los máximos multimillonarios, y líder en mucho de las novedosas tecnologías y negocios que luego fueron apareciendo, que cambiaron los usos y  costumbres de los habitantes de este planeta.

Gold falleció en 1996, sin enterarse que su fundación unió los lazos entre Sigman y Gates. Por lo menos, así da a entender el propio Hugo:

“Cuento con orgullo una anécdota. En enero de 2012, la Fundación Bill y Melinda Gates convocó en Londres una reunión con el objetivo de disminuir la incidencia de las enfermedades olvidadas para el año 2020. Allí estaba la Organización Mundial de la Salud, varios organismos públicos de ayuda sanitaria, las 13 multinacionales farmacéuticas más grandes del mundo y Mundo Sano fue la única ONG que asistió. Bill Gates estuvo muy generoso, porque a los únicos que mencionó en su discurso de agradecimiento fue a mi mujer y a mí”.

Precisamente, en la página web de la Fundación de Bill y Melinda Gates, en el archivo de 2012, se menciona a esa unión entre públicos y privados para combatir dichos problemas sanitarios. Con la colaboración del Banco Mundial, y multinacionales que tienen su incidencia en nuestro país, y en los negocios de Sigman, como AstraZeneca, GSK, Novartis y Pfizer. En el caso de Mundo Sano, se destaca en ella su contribución de cinco millones de dólares para luchar contra enfermedades en determinados sitios de África y América.

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https://www.gatesfoundation.org/Media-Center/Press-Releases/2012/01/Private-and-Public-Partners-Unite-to-Combat-10-Neglected-Tropical-Diseases-by-2020

Sería la primera y quizás única firma latinoamericana, que participa de ese proyecto impulsado por el famoso creador de Windows, que de la informática pasó a ser inexplicablemente una de las figuras más influyentes del mundo en cuestiones de salud. Siendo actualmente el principal sostenedor de la OMS (Organización Mundial de la Salud).

Por otra parte, Mundo Sano también forma parte, en el ámbito local, del denominado “Grupo de Fundaciones y Empresas”, que congrega a las distintas ONG’s de nombres homónimos a las respectivas corporaciones locales que funcionan para “lavar” sus culpas, aunque tambien han sido acudas de ser vehículos para la elusión fiscal. Tales como Bunge, Cargill, Noble (del grupo Clarín), La Nación (del diario), Farmacity, Petersen (de los Eskenazi), IRSA, Los Grobo, Pérez Companc, Volkswagen, Telecom, YPF, Pampa Energía, entre otros.

Próximas entregas:

Biografía no autorizada de Hugo Sigman (II) Del agronegocio al negocio de las vacunas

Biografía no autorizada de Hugo Sigman (III) De Monsanto a FinCen Files

 

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