Si uno busca por internet dónde hay un país en el orbe que tenga una “Academia Nacional de Periodismo” -no en el sentido de un lugar de enseñanza, sino como una “sociedad científica, literaria o artística establecida con autoridad pública”, tal como la define la Real Academia Española-, no se la encontrará por ningún lado… salvo en Argentina.

Y eso es lógico, dado que el periodismo no realiza su trabajo en el interior de un establecimiento educativo, ni tampoco cuenta con saberes preestablecidos académicamente que le ayuden a ejercer el modo de relatar los hechos. De hecho, quienes integran la dichosa Academia en Argentina, no cuentan con títulos académicos referidos al oficio o profesión que ejercen, a lo sumo algunos cuentan con el título de abogado. Finalmente, se supone que las academias conforman un pluriverso de tantas dimensiones como de especialidades y de teorías en disputa.

Pero en el caso de nuestra pomposa Academia Nacional del Periodismo, uno se encuentra que casi el 80% de sus integrantes y directivos se desempeñan exclusivamente en los grupos mediáticos Clarín y La Nación, o que en el pasado trabajaron por esos medios.

Son los que tienen, además, la peculiaridad en común de ejercer un furioso periodismo (si se puede llamarse así) anti-K explícito, e incluso no reconocido como tal. Que en esa profesión supuestamente basada en tratar de mantener la objetividad, es tan obsceno como una película porno.

Por lo cual, sumada a su pomposa artificialidad, que parece una caricatura de una academia, el título de Lokademia no resulta inadecuado. Aludiendo así tanto a la parodia de una academia de policía, protagonizada en una serie de películas de disparatado humor de Hollywood, como al furibundo antikirchnerismo que manifiestan sus integrantes.

En ella se pueden encontrar algunos personajes controvertidos en la profesión del periodismo, como es el caso Daniel Santoro, involucrado en el espionaje del escándalo D’Alessio. Quien se desempeña ella nada menos que como encargado de la Comisión de Ética. Y además como si fueran semiproceres, sus integrantes concretan pomposas ceremonias, como la de posar sus trastes en sitiales destinados a cada uno de ellos, con nombres de próceres.

Habiendo sido señalados también algunos de ellos, como cómplices de la sangrienta última dictadura militar. Alcanzando además a casi todo el resto de sus integrantes, el cargo de haber sido extraordinariamente benévolos durante ella. Lindando así con la complicidad, en tan importante profesión relacionada con la información de interés público.

La Academia Nacional de Periodismo es una entidad creada en 1987, e incorporada al régimen de las academias nacionales mediante un decreto emitido por el presidente Carlos Menem en el año 1992. Cuyo mandato se ha caracterizado por la frivolidad, y que en éste caso no precisamente es la excepción, sino la regla, a la luz de la inexistencia de algo parecido en el resto del mundo.

Habiendo sido el gestor de ese acto oficial el ministro de Educación Antonio Salonia, un frondicista – desarrollista, estrechamente vinculado al Grupo Clarín. Quien hizo esa academia nacional, al mismo tiempo que “provincializó” los bachilleratos secundarios, transfiriendo sus gastos a las provincias.

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Decreto 1879/92

En base un decreto ley de noviembre de 1955 (N° 4.362), dictado por el Gral Pedro Aramburu e Isaac Rojas pocas semanas después del derrocamiento del gobierno peronista, que en su artículo 1° dispone: “

Las Academias Nacionales tienen por objeto congregar a las más conspicuas y representativas en el cultivo de las ciencias, las letras y las artes, con el fin de intensificar el estudio o el ejercicio de las mismas; promover el progreso de sus diferentes disciplinas; estimular la plenitud de las vocaciones intelectuales; difundir el fruto de sus trabajos y enaltecer, en el país y en el extranjero, el prestigio de la cultura nacional. El título de académico es vitalicio y constituye el honor que se discierne a quienes hayan dedicado su vida, con relevante mérito, a los fines enunciados.”

Su nuevo presidente Morales Solá

Conformada supuestamente por periodistas de “larga y prestigiosa trayectoria”, ha sido noticia recientemente por haber designado como nuevo presidente a Joaquín Morales Solá, columnista del diario La Nación y conductor del programa televisivo Desde el llano, en el canal TN del Grupo Clarín.

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Imagen del encuentro virtual, donde designaron a Morales Solá como
nuevo presidente de la Academia, el académico Santoro luce debajo a la izquierda.

Si algo distingue al flamante presidente de la Lokademia es su exacerbado antikirchnerismo. No acorde con una profesión que supuestamente debe tratar de mantener la objetividad, tal como quedó expuesto en reportaje que le hizo Clarín tras asumir ese mandato.

En el cual ninguneó las actuaciones de justicia referidas espionajes ilegales y sus vínculos con periodistas durante la presidencia de Mauricio Macri, no obstante que entonces ya existía una docena y media de detenidos.

Retrucando que si Macri espiaba, Cristina espiaba aún más. Aludiendo así a la causa que armó en su contra el inefable juez federal Claudio Bonadio, al encontrarle en un allanamiento documentación propia de quien se había desempeñado no como periodista, sino como jefa de Estado. De la misma forma que la acusó de haber robado un bastón presidencial, que le habían regalado los descendientes del presidente Héctor Cámpora.

Así en el transcurso del mismo, no se le cayó de la boca, como si sufriera de una obsesión paranoica, la mención a la ex presidente y vicepresidente Cristina Fernández de Kirchner. Y como el enloquecido capitán del navío ballenero Ahab, en la novela de Herman Melville Moby Dick, parece creer que su misión y la de la Lokademia Nacional de Periodismo es demoler el “relato mentiroso” CFK, al responder a la pregunta ¿“Cuál es el rol del periodismo en este momento?

El periodismo tiene un rol más importante que nunca, porque hay un relato mentiroso de parte de Cristina Kirchner y sus seguidores, de lo que sucede en la política y sobre todo de sus causas judiciales. Creo que hay que aclarar que ese relato es falso y por qué, explicándolo. Hay que advertir a la sociedad de estos problemas de la economía y la institucionalidad. Y decir con claridad todo esto, en un país que tiene raíces populistas.”

Creo que lo de Vicentin además tiene dos mensajes muy graves: el Estado avanza sobre el sector más dinámico de la economía, el agroexportador fundamentalmente; y el otro mensaje pésimo es hacia los acreedores externos, a los que les estamos diciendo que no vamos a tener nada para pagarles los próximos tres años, pero estamos asumiendo con la expropiación una deuda nueva de 1.300 millones de dólares.”

https://www.pressreader.com/argentina/clarin/20200614/281994674733444

Como se puede apreciar, la respuesta de Morales Solá en vez de un periodista, es la de un político, o al menos de un comunicador político, con una clara ideología capitalista y a favor del establishment económico financiero. Y se podría afirmar que ello contradice la misión de la Lokademia que ha pasado a dirigir, donde se afirma que ella:

Postula que el ejercicio del periodismo se funde en principios éticos y se manifieste por un constante ejercicio de la verdad, y persigue la expresión de un pensamiento ecuánime para juzgar los actos individuales o sociales, y la permanente defensa de los principios republicanos y democráticos.”

Y seguidamente se verá que además de la ausencia de ecuanimidad, tampoco se ha lucido el presidente lokadémico ni en el “ejercicio de la verdad”, ni en la “permanente defensa de los principios republicanos y democráticos”.

El presidente Lokadémico, entre Clarín y La Nación, y la Embajada de EE.UU.

El lokadémico presidente Morales Solá comenzó su carrera periodística a los 16 años en el diario tucumano La Gaceta, donde su padre era jefe de Redacción, y a los 20 años ya era corresponsal de Clarín. También realizó un curso de Comunicación Social en la Universidad de Harvard, lo cual quizás explique lo que hizo después.

En 1975 a través de sus crónicas en La Gaceta y Clarín, Solá relataba lo que sucedía durante el Operativo Independencia, el plan de aniquilamiento de subversión que llevaron a cabo en Tucumán los generales Acdel Vilas y Antonio Domingo Bussi. Habiendo sido acusado de que su cobertura omitía información sobre las detenciones y desapariciones, y se encontraban alineadas con la acción psicológica que buscaba instaurar la dictadura.

Por su parte, el periodista Hernán López Echagüe en su libro “El enigma del general” afirma que Morales Solá participó de un agasajo que Bussi brindó a periodistas por “su colaboración en la lucha contra la subversión”, y que además solía recibir dinero por parte de Bussi.

Casualmente el primer presidente de la Lokademia en 1987, llamada entonces Academia Argentina de Periodismo, fue Lorenzo Dagnino Pastore. Cuyo hijo fue ministro de Economía en las sucesivas dictaduras militares y luego se convirtió en banquero. Por esa razón, en el 2005 la Facultad de Derecho de la UBA lo excluyó como profesor en ella por “falta de idoneidad moral”, y por su parte en el 2009 el Congreso le quitó su jubilación de privilegio como ex ministro.

Cabe en consecuencia la pregunta si el flamante presidente de la Lokademia, en una academia normal podría haber llegado con sus dudosos y cuestionados antecedentes, al supino cargo que ostenta.

Al respecto en el 2010 circuló una foto en el que se veía a Morales Sola en 1975 de melena y vaqueros con un grupo de militares, en la entrada del campo de detención clandestino la “Escuelita de Faimallá”. Morales Sola retrucó que esa foto había sido recortada, para no mostrar que había otra persona vestida de civil con una cámara fotográfica bajo el brazo, como si con esa presencia de dos civiles legalizara ese centro clandestino. Y le echó la culpa a la SIDE de una campaña sucia.

Pero lo más sugestivo de todo es que tras esas andanzas como cronista de guerra “incrustado” (embedded), como los que cubrieron la desastrosa invasión a Irak por parte de EEUU y narraban lo que les ordenaban los militares, el actual presidente lokadémico se trasladó a la Capital Federal. Donde hizo una notable carrera al punto de pasar a vivir nada menos que en él selecto Kavanagh, el edificio emblema de bienestar, riqueza, y poder en Buenos Aires, habitado también por el infaustamente recordado “Joe” Martínez de Hoz.

Esa mudanza se dio en forma coincidente con el sangriento golpe de estado de marzo de 1976, cuando de los medios eran expulsados y perseguidos todo periodista que tuviera un aura progresista o izquierdista, o meramente crítica a la irrupción de los militares en el poder.

Pasando Morales Solá, no obstante su juventud con solo 25 años, a desempeñarse nada menos que como prosecretario de redacción de la Sección Política de Clarín hasta el año 1978. Durante la etapa más oscura que se vivió en nuestro país, en la cual el plan sistemático de desaparición de personas iniciado de manera previa al golpe de Estado de 1976, llegó a su pico máximo en 1977.

Y sus columnas y editoriales con un claro apoyo y consentimiento a la dictadura militar, que recién cambiaron cuando esta entró en estertores tras la derrota de Malvinas, ponen en evidencia que Morales Sola continuaba desempeñándose como un cronista de guerra “incrustado”, que escribía lo que los militares querían oír. Y en consecuencia son sus notas, mas allá de sus fotografías,  el verdadero cuerpo del delito.

Siendo recordados tanto el diario Clarín como La Nación, por su negativa a publicar solicitadas por parte de los familiares de los desaparecidos. Solo la desaparecida La Prensa, fue el único medio gráfico de gran tirada que se animó a ello, no obstante su tendencia conservadora.

Luego, el actual presidente lokadémico se desempeñó hasta 1990 como jefe de redacción y columnista dominical de Clarín. Hasta que en ese vaivén con La Nación, se trasladó en el matutino de los Mitre, donde continúa en la actualidad como su columnista dominical estrella. Al que la selecta audiencia de este medio, lee en primer lugar al abrir el diario, ya sea digital gráfico.

En la que se caracteriza por un explosivo uso y abuso de citas literales entrecomilladas, emitidas supuestamente por voceros anónimos no identificados. Degradación periodística con la cual impunemente se puede armar cualquier relato, y cuyo uso medio siglo atrás le costó a Jacobo Timerman su puesto en el mismo matutino.

No obstante, el actual presidente de la Lokademia resulta ser ahora uno de los principales cultores de este degradado recurso antiperiodístico y “lokadémico”. Y por su parte, la Lokademia Nacional de Periodismo que ahora dirige, nunca condenó este repudiable ejercicio de periodismo. Recurso que también emplea asiduamente Clarín, no obstante ser prohibido en todos los manuales de ética periodística.

Según los cables de la embajada norteamericana en Argentina filtrados por Wikileaks, el diario La Nación es considerado como el “diario de registro” por parte de ella. A la par que afirmaba que el diario Clarín tenía un bajo nivel periodístico, pero que con él que (o por ello) se podían hacer buenos negocios.

Específicamente, señalan al presidente lokadémico, como su vocero oficioso. Siendo considerado por la embajada como “uno de los más astutos y mejor conectados analistas de la escena argentina”, a quién simplemente llaman JMS.

Por su parte el periodista Santiago O’Donell en su libro Argenleaks, señala que Morales Solá “se ha convertido en el principal portavoz de la embajada de los Estados Unidos, que suele elegir sus columnas dominicales en el diario La Nación para transmitir, con las reservas del caso, sus talking points o mensajes a la opinión pública argentina”. Tal como lo trasuntan sus columnas dominicales.

Ver El suicidio de Nisman predispuesto por Stiuso y sus móviles locales e internacionales

Periodismo lokadémico, espionaje, y asesinatos

El anterior presidente de la Lokademia Nacional del Periodismo fue Lauro Laiño, un directivo de La Nación, hijo de Félix Laiño quién dirigía el hoy extinto diario La Razón, donde también se desempeñó Lauro. Quien compartía con sus pares de Clarín y La Nación el manejo de la empresa Papel Prensa, en la que Laiño fue director. La cual detenta el monopolio del papel prensa en Argentina, en los tiempos que imperaba el periodismo gráfico hoy en decadencia. De esa manera Clarín, La Nación, y La Razón imperaban sobre el periodismo gráfico.

Gracias a la gestión del entonces súper ministro de Economía “Joe” Martínez de Hoz, Papel Prensa pasó a propiedad de esos diarios, mediante su “expropiación” al grupo Graiver, que había caído en desgracia por haber reciclado dineros de organizaciones guerrilleras. Estableciéndose así un lúgubre contubernio entre la oprobiosa dictadura y medios oficialistas, que hoy se proclaman ser “independientes”.

Casualmente las dos offshores panameñas que detentaba dicho súper ministro, tiene como gestores a los mismos que contrataron José Aranda y Lucio Pagliaro, accionistas de grupo Clarín junto con Héctor Magnetto, para armar sus propias offshores.

Ver Martínez de Hoz el superministro del Proceso Militar tenía dos offshores en Panamá con los mismos asesores de Clarín

A ese imperio sobre el papel prensa, se agregaba que los medios gráficos que lo demandaban se surtían con las noticias que le suministraba la agencia DYN (Diarios y Noticias), controlada también por Clarín y La Nación. Razón por la cual la Lokademia Nacional del Periodismo, evidencia ser solo otro satélite más en el amplio sistema planetario de Clarín y La Nación.

Tras la caída del peronismo en 1955, era vox populi que el vespertino La Razón de los Laiño, era controlado por la SIDE, la ex central de los servicios de inteligencia. La que en 1957 pasó a detentar parte de su paquete accionario, tras el asesinato del doctor Marcos Satanowsky, socio del diario. Según reveló Rodolfo Walsh en su libro “El caso Satanowsky”, sus asesinos fueron a sicarios del general Juan Quaranta, jefe de la SIDE durante el gobierno de facto de Pedro Eugenio Aramburu.

Cincuenta años después, en el 2006, en el marco de un oscuro traspaso de las acciones de La Nación de la familia Mitre a la Saguier, sucedió también el in-esclarecido asesinato de uno de sus accionistas, Luis Mitre. No obstante, ni desde La Nación, ni desde Clarín, ni desde la Lokademia Nacional de Periodismo, se reclamó a la justicia por el esclarecimiento del mismo. Tal como se hizo estentóreamente con caso Nisman, logrando hacer que un claro suicidio se transforme en imposible homicidio.

A partir de allí no se sabe en realidad quién es el dueño de La Nación, donde con su pluma se luce el flamante presidente lokademico. Dado que la familia Saguier logró acaparar las acciones de La Nación, a través de su holding MNMS, mediante la intervención de la offshore Barton Corp radicada en las Islas Caiman, desconociéndose quienes detentan esta compañía controlante de MNMS y por ende de La Nación.

De hecho, existe un claro rastro que conduce hacia la CIA, el principal centro de inteligencia norteamericano, por la intervención del estudio de abogados Fox Horan & Camerini LLP. El estudio, según su página web, ejerció el asesoramiento de un “programa especial de adquisición de la CIA”.

Ver LA NACION: De Bartolomé Mitre a Barton Corp que pertenecería a la CIA, y su maraña de otras offshore fantasmas

Lo notable del caso es que en el año 2014, también el Grupo Clarín recurrió a ese mismo estudio de abogados espiones, para concretar el plan de adecuación a la Ley de Medios Audiovisuales, mediante su escisión en distintas empresas. Y en cuanto a offshore, su CEO Horacio Magnetto parce competir con La Nación en el número de ellas.

Ver Las autopistas del dinero M de Héctor Magnetto
Ver
Panama Papers: La concha (shell) de Magnetto del grupo CLARIN, y sus increíbles derivaciones

La negra historia de Clarín

Por último, antes de relatar los ritos y ceremonias de la Lokademia Nacional de Periodismo, cabe recordar que el Grupo Clarín logró llegar a su dimensión actual, gracias un asesinato perpetrado en el año 1951, que en sus orígenes le abrió su raudo camino de éxitos. Por entonces, el Clarín de Roberto Noble era un diario casi testimonial, que publicaba avisos clasificados gratis, procurando competir con el coloso de La Prensa, propiedad de la familia Gainza Paz, considerado como uno de los diez diarios más importantes del mundo, y además detentaba la importación de papel y el monopolio de los avisos clasificados.

Pero a principios de 1951, La Prensa enfrentó un conflicto laboral salvaje con el Sindicato de Vendedores de Diarios, donde a partir de un reclamo de los canillitas para recibir participación de los ingresos por los avisos clasificados, bloquearon la salida de sus ediciones. Durante el conflicto, un grupo agresor nunca identificado, no perteneciente al gremio gráfico ni al de canillitas, atacó a balazos al diario, matando al obrero de la expedición Roberto Nuñez.

Este luctuoso suceso hizo que el coloso La Prensa fuera cerrado, y luego expropiado por el gobierno peronista, pasando a manos de la CGT y el Sindicato de Vendedores de Diarios. Mientras que los avisos clasificados pasaron limpiamente a manos de Clarín, los que aparte de la renta, le permitieron multiplicar su tirada. Iniciando así su raudo e impetuoso crecimiento, indetenible hasta ahora, medrando de los sucesivos gobiernos de turno.

Este luctuoso episodio cuya trama nunca se esclareció, sucedió en el marco del traspaso de Latinoamérica desde la órbita inglesa a la de EE.UU. Habiéndose desempeñado La Prensa como el vocero de la embajada y los intereses británicos, siendo reemplazada por Clarín, como vocero de la embajada e intereses de EE.UU.

A partir de allí, apoyándose siempre en el estado bobo, el Grupo Clarín creció exponencialmente: en los años sesenta, con el frondi–frigerismo y su planta impresora; en los setenta, con Papel Prensa; en los ochenta, con DYN y la incursión en las radios por interpósita persona, y la evitación de que se investigara el negociado de Papel Prensa cuyo capital lo habría puesto el estado; en los noventa, con el acaparamiento de radios, televisión y cable; en la primera década del siglo XXI, con la ley de protección de industrias culturales con la que esquivó la quiebra, más la colocación fraudulenta de sus acciones en las AFJP para sacarse de encima al socio Goldman Sachs, sumado a la prórroga de las licencias de radiocomunicación y la fusión de Cablevisión y Multicanal.

Prebendas que obtuvo mediante su idilio con el kirchnerismo, que no obstante terminó en una feroz pelea con la Ley de Medios Audiovisuales, en su intento para quedarse con una telefónica. Cosa que logró en la segunda década de este siglo, mediante un dictamen fraudulento de la Comisión de Defensa de la Competencia, tras la llegada al gobierno de Mauricio Macri, quien lo primero que hizo fue derogar en la ley todo lo que molestaba al Sr. H. H. Magnetto.

Ver Escándalo: La fusión de Cablevisión con Telecom fue aprobada por asesores de Cablevisión y Telecom y esconde un fraude

A esos oscuros antecedentes del pasado, hay que sumar la irregular adopción de la dueña de Clarín, Ernestina Herrera de Noble, de dos vástagos en plena dictadura, en el oprobioso marco del secuestro de hijos de desaparecidos, y las maternidades clandestinas. Como si se tratara de una prenda de unión entre el periodismo colaborador y el sangriento régimen militar.

Siendo notable en tal sentido el enorme empeño judicial puesto por el Grupo Clarín durante largos años, para que impedir que se realizara el ADN sobre ellos, comportándose así de una forma suspicazmente culpable. Para al final allanarse al mismo en circunstancias más que dudosas, en las que el banco de datos de ADN, como consecuencia de una crisis interna, había pasado por varias manos.

Ver Como zafó Herrera de Noble de su denuncias por apropiación de bebes durante la dictadura

Estos antecedentes, que descalificarían a cualquier propietario de medios en el mundo, quizás expliquen la inusitada pompa y ceremonia con que se ha revestido la singular Lokademia Nacional de Periodismo de Argentina, única en el mundo. Como queriendo borrar un lóbrego pasado que huele muy feo, con sobreactuados fastos y oropeles en el presente, que la llevan al borde de la caricatura.

El funcionamiento de la Lokademia Nacional de Periodismo de Clarín y La Nación

La Academia tiene sus miembros de número, miembros eméritos, y también sus “académicos fallecidos”. Como si esos muertos no fueran simplemente hombres, sino en el grado superior de “académico”; aunque según Shakespeare los gusanos no distinguen el sabor de uno y otro. Cada uno tiene su sillón con un nombre de prócer, razón por la que deben sentirse muy importantes, y parte de la historia cuando asientan sus trastes en ellos.

Así, entre ellos se intercambian loas y panegíricos, diplomas, y discursos de honor. Y reparten anualmente premios a la Excelencia, a la Credibilidad, y la Pluma de Honor. En forma absolutamente endogámica y tribal, dado que más de tres cuartas partes de sus miembros provienen de Clarín y La Nación

Según figura en su página web, la Lokademia está conformada actualmente por un total de 30 miembros periodistas. En la siguiente tabla, se los enumera, señalando los medios y multimedios donde ejercen o ejercieron cada uno de ellos, con las casillas marcadas con un una cruz y fondo amarillo.

Clarín, La Nación, Ámbito, Perfil Periodismo, Academia Nacional de Periodismo

A su vez los nombres que aparecen con fondo celeste, son los periodistas que se desempeñan o se han desempeñado en al menos uno de los dos grupos mediáticos, Clarín y La Nación. Pudiéndose apreciar que el flamante presidente de la Lokademia Morales Solá, es el único que tiene doble casillero en esos medios.

De esta manera, de los 30 periodistas que conforman los miembros de la Lokademia, casi la mitad trabajan o tuvieron un rol importante, en el diario La Nación. En segundo término, casi una tercera parte trabajó o trabaja en algún medio del Grupo Clarín. O sea que Clarín y La Nación aportan 23 miembros de los 30 que conforman esa institución, es decir más de las tres cuartas partes (77%).

En tercer lugar, aparecen cinco periodistas que se desempeña o pasaron por el Grupo Perfil dirigido por Jorge Fontevecchia, ya sea el bisemanario homónimo o la revista semanal Noticias; aunque tres de ellos mantuvieron su puesto en otros medios empresariales.

Y como muestra del espíritu de cuerpo que cultiva la Lokademia, este medio fue el que publico el original de la foto que incriminaba a Morales Solá con la represión militar, pero sin mencionar que se trataba del campo de detención clandestino de la “Escuelita de Faimallá”.

Finalmente, en menor medida, aparecen quienes tuvieron su rol en otros medios como Infobae y Ámbito Financiero. De ésta manera, con esta composición de medios y periodistas, se puede afirmar el periodismo que ejerce la Lokademia realiza una lectura monolítica en cuanto a la coyuntura, que acorde la profesión, bien podría denominarse un monólogo discursivo.

Señalando quizás por ello en su portal web, en cuanto a la misión de la Lokademia, que “en los fundamentos de su creación se destaca que el periodismo, en tanto intérprete de la opinión pública y agente dinámico de la cultura, cumple en la sociedad un papel insustituible”.

Erigiéndose así la Lokademia Nacional de Periodismo presidida ahora por Morales Sola, en el último y supino intérprete de “la opinión pública y agente dinámico de la cultura”. No obstante afirmar contradictoriamente en la entrada en su portal web, que: “Sólo mediante la discusión abierta y la información sin barreras se hace posible buscar respuestas a los grandes problemas colectivos”.

En cuanto a la mesa directiva que existía antes de la designación de Morales Solá, y figura aún en su portal web, se puede ver en ella la absoluta predominancia de Clarín y La Nación en todos los lugares, especialmente los claves.

Mesa Directiva

Presidente: Lauro Fernán Laíño (La Nación). Vicepresidente: Magdalena Ruíz Guiñazú (Clarín). Secretario: José Ignacio López (Clarín). Prosecretario: Fernando Sánchez Zinny (La Nación). Tesorero: Osvaldo Granados (Ámbito). Protesorero: Hugo Gambini (Clarín).

En la estratégica Comisión de Fiscalización están José Claudio Escribano (La Nación) y Ricardo Kirschbaum (Clarín). En Publicaciones y Prensa, están Antonio Requeni (Clarín) Fernando Sánchez Zinny (La Nación) y Nora Bär (La Nación).

En Biblioteca, Hemeroteca y Archivo están Enrique Mario Mayochi (La Nación) y Fernando Sánchez Zinny (La Nación). En Concursos, Seminarios y Premios, están Jorge Cruz (Perfil) y Nora Bär (La Nación). En Libertad de Expresión figuran José Claudio Escribano (La Nación) y Nelson Castro (Clarín).

También hay una Comisión para la Redacción de la Historia Integral del Periodismo Argentino a cargo de Fernando Sánchez Zinny (La Nación). Donde el título con el pomposo adjetivo “integral” suena a sinónimo de “oficial”. O sea a gusto de Clarín y La Nación.

Finalmente en la Comisión de Ética aparece nada menos que Daniel Santoro (Clarín) cuestionado por sus vinculaciones con el espionaje ilegal; José Ignacio López (Clarín) que escribió un panegírico sobre su patrón H.H. Magnetto; y Magdalena Ruíz Guiñazú (Clarín). Por lo que en ella el grupo del logo con la trompeta, tiene cartón lleno.

https://academiaperiodismo.org.ar/miembros/

Nonsantoro

El caso Santoro en términos de ética es particularmente delicado, y en cualquier organización con un mínimo de seriedad que contará en su seno con un miembro cuestionado como él, al menos discretamente lo habrían pasado a un segundo plano. Y no lo ostentaría precisamente en una comisión de Ética, como queriendo con esa actitud blindarlo con un áurea de decencia que a la luz de los hechos está lejos de merecer.

Al respecto, Santoro no solo ha sido imputado de ser un operador de prensa, lo que descalifica su profesión, sino que además lo concretó en el marco de una extorsión basada en espionaje ilegal. Y como si esto fuera poco, también pasó a ser fuente de información respecto sus colegas periodistas. Y por esa razón desapareció de los canales de televisión, dado que nadie quiere quedar pegado a él.

No obstante, los grandes medios desinformaron respecto su situación y la del supuesto agente de la DEA Marcelo D’Alessio, a quien servía. El que por su parte publicaba notas de opinión en Clarín, era citado como fuente altamente confiable en La Nación, y entrevistado por Infobae.

Quienes además lograron un año atrás, que sus subordinados firmaran una solicitada, publicada en el diario Clarín, en la cual el 89 % de las firmas corresponden a empleados de Clarín y La Nación, Y no solamente periodistas, sino de toda índole, procurando defender al indefendible Santoro, conspicuo miembro de la “lokademia” encargado nada menos de la Comisión de Ética.

Ver La patria periodística salió a defender a Santoro y encubrir al agente de la DEA D’Alessio

Pero además desde mucho tiempo atrás Santoro, más allá de sus sospechosos premios ad hoc, era sospechado por buena parte de sus colegas de ser un operador de prensa. Ya sea por la información que obtenía de las cloacas de los servicios de inteligencia, o por por las precisas oportunidad de sus publicaciones, dirigidas a favor o en contra de determinados intereses.

Tal como los libros panegíricos que escribió para el recaudador de impuestos Carlos Tacchi (“Los Intocables”) o Domingo Cavallo (“El Hacedor”). Y el último de sus libros “Nisman debe morir”, que apareció oportunamente en vísperas de las elecciones presidenciales del 2015, estuvo evidentemente destinado a sostener la hipótesis de un magnicidio, del que no existe prueba alguna.

Pero cuya convicción por parte de la opinión pública, fue un factor decisivo para el triunfo del presidente Mauricio Macri en el balotaje de ese año. Quien inmediatamente después de asumir, anunció la concreción de una “alianza estratégica integral” con EEUU e Israel. Los dos países involucrados en el affaire de su amigo actualmente en prisión preventiva, D’Alessio.

Ver El suicidio de Nisman predispuesto por Stiuso y sus móviles locales e internacionales

Ver La prueba concluyente de que Nisman se suicidó con ambas manos, y la explicación de la ausencia de pólvora en ellas

En dicho libro, Santoro incluyó la escucha ilegal de un diálogo telefónico, concretado entre el ex canciller Héctor Timerman, y el dirigente de la comunidad judía Guillermo Borger. Que le permitió al inefable juez pistolero Claudio Bonadio, no solo hacerse de la causa del Memorándum con Irán que estaba en otro juzgado, sino también acusar a las autoridades kirchneristas que lo firmaron, de nada menos que “traición a la patria”. Con este y otros hechos de índole parecida, Santoro podría pasar a ser honrado -si cabe la palabra- como el santo de los servicios de inteligencia.

Ver El juez y verdugo pistolero Claudio Bonadio

Los pomposos sitiales donde ponen su traste los lokademicos

Los miembros de la Lokademia cuando se reúnen con toda la pompa y ceremonia, posan sus traseros en sillones específicamente destinados a cada uno. Bautizados con el nombre y apellido de personajes renombrados de la historia nacional, que de una u otra manera tuvieron alguna relación con el periodismo.

Algo parecido a la locura clásica de quien afirma ser Napoleón Bonaparte, y enteramente reñido con el espíritu del periodismo. Al que en el mundo tradicionalmente se lo representa como un hombre de camisa arremangada, con la corbata desabrochada, que desenfadadamente empuña un block de notas.

A continuación en el siguiente cuadro, se expone la lista de los periodistas miembros, con los nombres de los respectivos sillones donde posan pomposamente sus traseros. La lista está ordenada cronológicamente según el natalicio de los muertos homenajeados.

Clarín, La Nación, Ámbito, Perfil Periodismo, Academia Nacional de Periodismo

Se puede observar que la megalomanía periodística los ha llevado a compararse con algunos de los grandes protagonistas de la Historia Argentina, como Manuel Belgrano, Mariano Moreno y Bernardo de Monteagudo, que están a la cabeza de la tabla.

En primer lugar está José Ignacio López, el panegirista de su patrón Héctor Magnetto con su libro “El Hombre De Clarín”, y que también supo ser vocero del presidente Raúl Alfonsín, que posa en nada menos que sobre el sitial de nombre Gral. Manuel Belgrano.

Más adelante, aparece el durante décadas ex secretario general de La Nación José Claudio Escribano, un ferviente apoyador de los golpes militares, que posa con lo suyo en el sillón del bisabuelo de su patrón, el presidente Bartolomé Mitre, fundador del diario La Nación, y escritor de la “historia “oficial”, apegada a los intereses de la clase oligárquica en ascenso. Y artífice de la innoble guerra contra el Paraguay, que sirvió como instrumento del Reino Unido para destruir sus ínfulas de industrialización independiente. Quién previamente había fomentado el independentismo de Paraguay y Uruguay, para lograr la libre navegación por los ríos del Plata, Paraná, y Uruguay.

Mitre incluso se alzó en armas contra el gobierno del presidente Domingo Sarmiento, cuyas consignas secretas habían sido trasmitidas a las provincias, mediante mensajes elípticos impresos en el mismo diario La Nación. Pero fracasó estrepitosamente en la batalla de La Verde, derrotado por el ignoto coronel José Inocencio Arias.

Ante quien se rindió “civilmente” con la mediación de Carlos Pellegrini, pactándose así un indulto para todos, que pocos meses después concretó el presidente Nicolás Avellaneda, pese las vidas humanas que había costado esa intentona. Dando comienzo así a los golpes de estado impunes que luego se sucedieron en Argentina unos tras otros, siempre apoyados por el diario La Nación.

Por su parte, el flamante presidente de la Lokademia Morales Solá, posa su trasero en el sillón llamado “Natalio Botana”, en homenaje al fundador del hoy extinto diario Crítica. El que no le cae nada mal, ya que se trata del recordado matutino que mediante un acuerdo entre Botana y su amigo, el presidente de facto Agustín P. Justo, acaparó la agenda pública con la cobertura dada a mediados de 1935 a la conmocionante muerte y repatriación de los restos de Carlos Gardel.

En un momento muy oportuno, ya que sirvió para desviar la atención de la opinión pública, de las estruendosas denuncias hechas por el senador Lisandro de la Torre contra el pacto Roca-Runciman, y el escándalo de la doble contabilidad que llevaban los frigoríficos ingleses radicados en Argentina. Que terminó con el inusitado asesinato en el recinto del Senado de la Nación del senador Enzo Bordabehere.

Un tremendo magnicidio que fue ocultado sistemáticamente con el pacto Botana – Justo fincado en los restos de Gardel. Dado que si este no fallecía en ese extraño accidente de aviación, la banda de Justo, Botana y los agentes ingleses tendrían que haberlo muerto, para con la ayuda de la prensa lograr los mismos efectos, de mantener a la opinión pública alejada de los asuntos que realmente la afectan.

Santoro, por su parte, que no obstante sus andanzas de periodismo spy detenta la comisión de Ética, posa su pomposo trasero en el sitial con el “Raúl Scalabrini Ortiz”, reconocido pensador y ensayista, crítico de las injerencias potencias extranjeras sobre la economía de nuestro país, en especial la británica. Todo lo opuesto a la complacencia con los intereses estadounidenses e israelíes que manifiesta tener Santoro, igual que su colega Morales Solá.

Y Lauro Laiño, proveniente de La Nación y la desaparecida La Razón comandada por la SIDE, posa su pomposo trasero sobre el sillón que lleva el nombre de su padre Félix Laiño, el proverbial secretario de redacción de ese vespertino, que oficiaba como órgano de prensa de dicho servicio de espionaje de triste memoria.

Por su parte Ricardo Kirschbaum, actual editor responsable y secretario de redacción de Clarín, posa su pomposo trasero en sillón denominado “Roberto Noble”, fundador del matutino y ex esposo de la fallecida Ernestina Herrera de Noble.

Kirschbaum ocupa un lugar notable en la Lokademia, no obstante padecer una acusación soterrada altamente innoble y descalificante, que alcanza también a sus colegas Eduardo Van der Koy, y el fallecido Oscar Cardozo. Consistente en que la primera edición de su libro, “Malvinas la Trama Secreta”, altamente denigratoria del mando argentino durante esa guerra, según críticos literarios evidencia haber sido escrito en idioma inglés y traducida al español.

Detalle que sus autores trataron de disimular en sus sucesivas ediciones, que pondría en evidencia que la primera versión de la historia, que se dice que la escribe el periodismo, en este caso habría sido escrita por el enemigo inglés. Aunque quizás la coartada de los tres autores será que como los tres eran cosmopolitas, escribían en inglés para descalificar el lado argentino.

Ver La intriga en la Guerra de Malvinas: polémica entre el editor de Clarín y de StripteasedelPoder

Por su parte, Mariano Grondona, posa su trasero en el sitial denominado “Juan Santos Valmaggia”, un subgerente del diario La Nación. Haciendo así también honor a sus patrones, o al menos a un delegado de ellos.

Las coses de Cox contra la los lokadémicos y la Lokademia

El periodista inglés Robert Cox fue director del Buenos Aires Herald hasta el año 1979, en el que tuvo que exiliarse del país por las amenazas del régimen militar de entonces, al ser el único medio que exponía la violación a mansalva de los derechos humanos más básicos. Luego también presidió la SIP, Sociedad Interamericana de Prensa.

En el año 2009, concedió una entrevista a la revista Noticias donde se refirió de la siguiente manera respecto la relación entre periodismo y dictadura: “Creo que si hubiese habido una prensa libre e independiente, la Argentina no hubiera vivido el horror que vivió. Yo aquí entendí el Holocausto. Hubo un gran silencio. Y un gran cinismo. Los periodistas en reuniones privadas hacían chistes de humor negro sobre la gente que volaba y caía en el Río de la Plata. Los secuestros se veían en la calle”.

Seguidamente contradiciendose benévolamente ante el entrevistador agregó: “No es cuestión de tirar culpas, pero “La Nación” parecía el “Pravda” de Moscú (…) Creo que hubo buenos periodistas, pero muy malos dueños de medios (…) Todos los diarios en la Argentina han sido culpables de estos hechos en mayor o menor grado”.

No obstante, resulta evidente que los “malos dueños de medios”, requieren tener “malos periodistas”, que sean absolutamente obsecuentes a la mala línea editorial que fijan ellos. La misma Lokademia Nacional de Periodismo deja explícito esto, al poner los supuestamente “buenos periodistas” sus trastes sobre los sillones bautizados con los nombres de sus patrones.

También Cox, el periodista de acento inglés, realizó una burla a la “Academia de Periodistas” a la que calificó de “pomposa”: “Es un invento reciente, creo que ningún país del mundo tiene una academia. Los periodistas no somos científicos ni médicos. No somos tan importantes. Instituciones como esas muestran una forma de egocentrismo y esa no debe ser la vocación de un periodista“.

El notable caso de Grondona

Un caso notable en tal sentido por su adscripción a los gobiernos militares es el miembro de la lokademia supuestamente republicana y democrática Mariano Grondona. Quien se encargó de redactar el Comunicado 150 ordenado por el general Juan Carlos de Onganía, preparando la destitución del presidente Arturo de Illia. A la que contribuyó con sus editoriales en las revistas Primera Plana, Confirmado, y Carta Política.

Y lo mismo hizo con la sangrienta dictadura que arribó al poder con el golpe de estado de 1976, tanto en su preparación previa como su defensa posterior desde su labor periodística. Que no solo dejó un país asolado en los derechos humanos más básicos, como es la restitución a sus deudos de los cadáveres del supuesto enemigo, dejando así una herida abierta irreparable, sino también un país fundido por la gestión del ministro de Economía Martínez de Hoz.

No obstante, como una clara evidencia de la complicidad de sus padres, el hijo homónimo de Mariano Grondona, es socio del hijo homónimo de José A. Martínez de Hoz, en un estudio de abogados.

En sus años mozos, motivado por su ferviente antiperonismo, Grondona participó en el atentado terrorista del 15 de abril de 1953 en Plaza de Mayo. Consistente en la detonación de dos bombas mientras se realizaba un acto sindical organizado por la CGT, en el cual murieron seis personas y más de 90 quedaron heridas, entre ellos 19 mutilados. ​

En su vejez Grondona reconoció haber participado en ese atentado. Como respuesta de una violencia demencial que llegó a su cumbre con el bombardeo a Plaza de Mayo en 1955, por parte de un sector de las fuerzas armadas que dejó más de 300 muertos y casi un millar de heridos. Y también reconoció haber participado en los Comandos Civiles que ayudaron al golpe de Estado de 1955.

No obstante estos antecedentes, seguramente en un futuro tras su fallecimiento, alguna poltrona de la Lokademia Nacional de Periodismo llevara su nombre. En la que posara ceremoniosamente su traste algún “periodista guerrero” de Clarín o La Nación, según la definición que le dio el tempranamente fallecido Julio Blanck, quien parece haber somatizado en su cuerpo el costo de ejercer ese tóxico tipo de periodismo.

Si bien la sorna que hizo Cox respecto la Lokademina están añejadas en diez años, mantienen un sabor enormemente agridulce en la actualidad. Dado que hoy en día la “Academia Nacional de Periodismo”, lejos de caracterizarse como una entidad digna y ecuánime, y un lugar de encuentro para tratar de pacificar el país, se ha convertido en un antro o bunker antikirchnerista, empeñado en ahondar la grieta que divide a la sociedad. Tal como lo confesó el flamante presidente lokadémico Morales Solá en el reportaje que le efectuó Clarín.

Cuyos pomposos integrantes, como en los peores tiempos de su destacado miembro Grondona, atrapados en un fango de hipocresía, y ceremonias, se encargan día a día de mantener abierta la grieta y profundizarla. Ya sea en defensa de los “malos dueños” de los medios para los que trabajan, o en función de oscuros intereses extranjeros relacionados con la deuda externa, o la pugna por la supremacía planetaria.

Ver DEUDA: lo que nadie dice, la negociación se empantanó y apareció el fraude y la muerte

Las solicitadas y la solicitud de lo que debería hacerse

En una reciente solicitada en defensa de otro comunicador enredado en asuntos de espionaje ilegal, Luis Majul, igual que hizo con Santoro el año anterior, el complejo Clarín-La Nación salió en su ayuda, con una solicitada firmada supuestamente por 300 periodistas.

La mayoría lógicamente empleados de ese complejo, o relacionados con la Lokademia, que salieron en defensa de lo que sería un bill de inmunidad para ciertos periodistas conspicuos, de determinados medios conspicuos, para ejercer el escrache a discreción. Y desde su mismo título “Ante los ataques e intimidaciones a periodistas” parece afirmar eso, como si no debiera hacerse esas embestidas contra los periodistas, y estos tuvieran el monopolio para hacerlo con el resto.

Como lo hace innoblemente el comunicador “tira merda” Majul, empleando cualquier cosa que tenga a mano, por inapropiada que sea en términos periodísticos. Superando largamente así a Santoro, y no es casual entonces que ahora haya recalado en La Nación.

La misma tiene un párrafo, que curiosamente se vuelve contra los firmantes, al referirse al “escrache”, pero entendiendo solamente cuando se basa en “acusaciones infundadas de espionaje ilegal, insultos y ataques personales”. Señalando que con ello se “cruza una frontera peligrosa para el ejercicio de la libertad de expresión y la convivencia democrática”. Lo cual “merecen una reflexión para crear un escenario de tolerancia. Condenando además “la estigmatización sobre todo cuando cuenta con el impulso desde el Estado”.

Sin reparar que esta es la tarea que desarrollan diariamente los periodistas de Clarín y La Nación, con su “periodismo de guerra”, con los Leuco, los Wiñazki, Lanatas, y sus imitadores como Majul. A la par que el flamante presidente de la Lokademia dice haber asumido la misión, no de aniquilar a la subversión, conforme las sospechas de colaboración militar que existen en su pasado, sino la de aniquilar periodísticamente el “relato kirchnerista”.

Y por su parte, el lokadémico Miguel Wiñazki, con su florida prosa recargada de adjetivos como el ajo en la mala comida, en sus columnas sabatinas se refiere a la ex presidenta y actual vicepresidenta Fernández de Kirchner como Lady Macbeth, una elegante comparación shakesperiano para decir que es una asesina, sin que haya caído imputación o condena alguna contra ella al respecto.

Acompañado al día siguiente por el triste humor de Alejandro Borensztein, que por su furibunda obsesión antikirchnerista no genera risas, sino muecas emparentadas con el odio. Y seguramente será candidato a ser miembro de la Lokademia Argentina de Periodismo, que nada tiene que envidiarle al denostado programa “6, 7, y 8” de tiempos del gobierno kirchnerista. Y por contrario se ha puesto exactamente a su mismo nivel, no obstante sus pretensiones académicas.

Por esa razón, el Gobierno debería revocar el decreto de Menem, y excluir a la “Lokademia Nacional de Periodismo” del listado de academias nacionales. No solo por su singularidad caricaturesca, sino principalmente por no haber contribuido para nada a incrementar la calidad, ética y pluralidad del periodismo argentino.

Por contrario, se ha convertido en un cenáculo o grupo faccioso que con su siembra de odio, atenta contra la armonía que debe prevalecer en toda sociedad. Y ha cobijado y exaltado en su seno a profesionales sospechados de gravísimas falta de ética, como es el caso de Santoro. Y no apartó del mismo a quién perpetró gravísimos actos de terrorismo contra la democracia y en apoyo de los golpes militares, como es el caso de Grondona, conforme lo reconoció este públicamente en el 2008.

Y encumbró ahora como presidente de ella a Morales Sola, cuestionado por su actuación durante la dictadura militar. Quién de cronista “incrustado” en la guerra sucia contra la subversión en Tucumán, pasó a desempeñar un papel igualmente condescendiente o colaborativo con el poder militar durante la dictadura, como editor de Clarín. Desempeñándose además según lo acreditan las filtraciones de Wikileaks, como secreto asesor y vocero de la embajada de EEUU. Habiendo además declarado al asumir la presidencia de la Lokademia, que tiene como misión divina aniquilar el “relato kirchnerista”, que mas allá de sus errores o extravíos, es otra expresión de la democracia.

La patria periodística que acompañó fúnebremente la debacle de Argentina

La Lokademia Nacional de Periodismo evidencia ser así la hermana siamés de ADEPA (Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas) que actualmente como es debido, tiene como presidente a Martín Etchevers del grupo Clarín, y como vocal al miembro de la Lokademia José Claudio Escribano de La Nación.

ADEPA también salió en defensa del periodista spy Majul, con un comunicado con título “La estigmatización y el ‘escrache’ enrarecen la libertad de expresión”. Obviando que eso es lo que hace cotidianamente los más conspicuos de sus asociados, y también el “tira merda” Majul.

Quién pretende equiparar su situación enredada con los servicios ilegales de inteligencia, y dedicada al escrache por encargo de determinados personajes, con la de la ex presidente y actual vicepresidente Cristina Fernández por haber encontrado el inefable juez Bonadío en uno de sus tantos allanamientos contra ella, documentación relacionada con asuntos de interés público, que son propias de un jefe de estado. Y que además no estaban encaminados a concretar escrache alguno.

Estas dos organizaciones imbricadas entre sí como hermanos siameses, la Lokademia de Periodismo y ADEPA, bien podría denominarse la “patria periodística”. Que junto con la “patria financiera”, y la “patria contratista”, han perpetrado gravísimos daños a los intereses del país, desde medio siglo atrás.

A la par que Argentina se hundía en una interminable debacle, al punto de estar actualmente al borde de ser un “estado fallido”. Mientras que esas patrias prosperaron como nunca, partiendo desde muy modestos orígenes.

Apoyando irrestrictamente golpes de estado y las dictaduras sangrientas. Y también en sus comienzos, le dieron un apoyo notable a la aventura militar en las Malvinas, como empujándolas a ella para, luego de la derrota bélica, dedicarse a una “desmalvinización” intensa, ocultando además los ingentes recursos naturales que hay de por medio en ese conflicto.

Con el advenimiento de la democracia, comenzaron a convertirse soterradamente en multimedios, con la venia cómplice del gobierno de Raúl Alfonsín, al que no obstante expulsaron anticipadamente de la presidencia, con titulares tremebundas en sus tapas, en las que llegaron a decir que el 40 % del circulante era falso.

Preparando así el advenimiento del ultraliberalismo y las privatizaciones que vinieron después con Carlos Menem, con quien sus negocios se expandieron a costa del estado, hasta pasar a ser multimedios.

La patria periodística también fue sostenedora a ultranza hasta el último minuto, de la demencial convertibilidad del uno a uno de Domingo Cavallo, que convirtió a Argentina en una generadora de pobreza. Y también es responsable de la invisibilización que hizo para el gran público de la cuestión estratégica de la deuda externa, que hizo de Argentina un país dependiente de EE.UU., como antes lo había sido del Reino Unido.

Luego también fue artífice del encumbramiento del kirchnerismo, a cambio de nuevas prebendas gubernamentales. Obtenidas principalmente por el Grupo Clarín en los primeros tramos de ese gobierno, en el que se desempeñó como en un obsecuente medio ultraoficialista, a cambio de nuevas prebendas gubernamentales. Siendo voz populi por entonces, que el actual presidente Alberto Fernández, por entonces jefe de Gabinete, era el que revisaba las tapas del poderoso matutino antes de su impresión.

Luego, la ruptura sobrevino por la aparición de nuevos horizontes de negocios. Que recién logró concretarlos con el “periodismo de guerra” que desató contra el mismo gobierno del que había sido ultraoficialista. Como con derecho a botín de guerra, por el ostensible y desvergonzado apoyo que hizo para lograr la instalación y continuidad del gobierno de Mauricio Macri. No obstante que este no cumplió ninguna de sus promesas más elementales, como la de bajar la inflación, “pobreza cero”, y “podés estar mejor”.

Resultando así la patria periodística, artífice esencial en la credibilidad de estas falsas promesas, y corresponsable de las sucesivas  decepciones políticas previas, y sus lacerantes derivaciones sociales posteriores. Resultando en consecuencia inaceptable en una democracia genuina, la existencia de ella.-

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