Aborto más allá del placer, Freud, Eros y Tanatos, y la “petite morte”

Aborto más allá del placer, Freud, Eros y Tanatos, y la “petite morte”

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Recientemente Pagina 12 alcanzó una sima intelectual en defensa de la ley de aborto, con la nota de Marta Dillon titulada “Desobediencia – Siempre con las putas”. Con la que respondió a otra nota de estatura parecida de un colega titulada “Hoy no se chupa”. En ella Dillon reconoce que el aborto para las mujeres pobres es más bien una excusa, y hace una inusitada simbiosis entre aborto y erotismo, en busca del orgasmo supremo femenino, al que también se denomina la “petite morte” o pequeña muerte. Denominación que paradojalmente también se podría aplicar al aborto. Remitiéndose así, quizás sin saberlo, a la obra de Sigmund Freud “Más allá del principio del placer”, donde el creador del psicoanálisis indagó respecto las pulsiones de vida y muerte, y la simbiosis de Eros y Tanatos,  que aportan una inusitada perspectiva a la cuestión. Que a su vez confirma la necesidad de despenalizar el aborto, que no es lo mismo que legalizar.

Por Javier Llorens – 16/7/2018

La defensa a ultranza del aborto que lleva a cabo Pagina 12, al punto tal de haberse dedicado  a escrachar y denigrar a quienes se oponen al mismo con el título de “antiderechos”, parece haber llegado a una cumbre sicalíptica con la nota de Marta Dillón “Desobediencia – Siempre con las putas” (29/6/2018).

https://www.pagina12.com.ar/124880-siempre-con-las-putas

En ella contesta a la nota de su colega Martín Granovsky de talante parecido “Hoy no se chupa” (24/6/18) donde este sin percatarse, extiende a todas las mujeres el abuso que concretó un lamentable hincha argentino con una ingenua adolescente rusa, haciéndole decir obscenidades en un video, y por eso fue expulsado de ese país. Proponiendo paradojalmente que las mujeres dejen de hacer eso, cada vez que se concreten abusos por parte de “machirulos”.

https://www.pagina12.com.ar/123783-hoy-no-se-chupa

La opinión de Dillón y otras

El caso es que la nota de Dillón tiene una notable confesión, cuando dice que el aborto para las mujeres pobres es una cuestión secundaria, y que el objeto es sacar de la clandestinidad o del close, tanto el erotismo como el aborto, uniendo así notablemente a Eros y Tanatos:

“… es nuestro deber aclarar que esa inmensa e irrefrenable marea verde viene, justamente, a reivindicar sus placeres, a sacar de la oscuridad el deseo de experimentar, de gozar, de temblar pero no de miedo a quedar embarazadas sino por tomar el riesgo de aventurarse en otra piel para descubrir en la suya eso que ni siquiera sabía que podía pasar. La marea verde viene a sacar de la clandestinidad al aborto y en el mismo acto saca del clóset al erotismo.”

“Sí, se trata también de evitar la muerte de quienes no acceden por diferencias sociales y económicas a un aborto seguro; pero ésta es una revolución que arrasa porque se dice en nombre propio, en primera persona, desde el territorio de la superficie de placer que es la piel de cada quien.”

“Entender esto es entender también cuál es el fuego que anima a las que llenamos las calles entre abrazos, chupones y frazadas para conjurar cualquier invierno; cuál es la potencia con que se reacciona frente al anacronismo de poner en primer plano el goce masculino y extractivista que sigue creyendo que de las mujeres hay que servirse.”

Dillon reconoce así que el aborto para las mujeres pobres es más bien una excusa, y lo que en realidad busca el feminismo heterosexual, es igualar la aventura sexual femenina con la masculina. En busca del orgasmo supremo denominado también la “petite morte” o pequeña muerte. Por la pérdida momentánea del estado de conciencia, y el total desapego con la realidad vivida hasta ese momento.

Y lo extraño es que Dillón la asocia con otra “petite morte”, o pequeña muerte o muerte pequeña, que se provoca al embrión o feto, con el aborto que ahora se pretende legalizar, estableciéndolo como un derecho irrestricto. No obstante la violencia que representa, que hiere la dignidad de la condición humana. Más allá de la discusión leguleya si es o no una persona humana, dado que es evidente que es una vida humana, o al menos si se quiere, un proyecto de vida humana en incesante desarrollo.

Dillón está lejos de estar sola en esa postura. Dado que hay mujeres periodistas que se han manifestado en forma parecida, como Giselle Rumeau de El Cronista, con la nota “La prohibición del aborto y el espanto a la sexualidad femenina” (13/7/2018). En cuyo copete apunta:

Si se analiza bajo la lupa del psicoanálisis, la defensa de la penalización no solo confunde discusión religiosa con un tema de salud pública. El principal problema de este pensamiento es con la sexualidad de la mujer. Como el goce resulta intolerable de manera inconsciente, se busca el castigo al género con la clandestinidad o un hijo no deseado”

https://www.cronista.com/3dias/La-prohibicion-del-aborto-y-el-espanto-a-la-sexualidad-femenina-20180713-0001.html

En la cual llega a decir que “quienes rechazan la despenalización del aborto pretenden que el aborto siga permaneciendo en las sombras, como un castigo por haber disfrutado”…. “Cuál sería entonces la diferencia con las mujeres que no fueron violadas? ¿Qué estas últimas gozaron y por eso deben ser sancionadas y tener un hijo no deseado?… Lo que queda a la vista es que quienes se oponen a la legalización del aborto no es la vida lo que defienden sino la represión de la sexualidad femenina.”

Rumeau confunde así la despenalización del aborto, que indudablemente debe hacerse por la peculiarísima situación en que se encuentra una mujer encinta, quién por su situación de inimputabilidad en manera alguna debe ser enjuiciada penalmente por su decisión de abortar. Con la legalización del mismo, que es otra cosa enteramente distinta, y actualmente no se trata de un tema de salud pública versus creencias religiosas, como propone Rumeau, sino de humanismo. Al que se puede definir como la “plenificación de la condición humana”, y no de la “planificación de la condición humana” que es otro de los factores que está incidiendo en el debate.

Ver La política del aborto liderada por EEUU por razones de Seguridad Nacional

El aborto como cura de una enfermedad venérea

Resulta indudable que esas aventuras sexuales personales que proponen Dillón y Rameau en búsqueda de la “petite morte” orgásmica, nadie  en el mundo la puede cuestionar, dado que está enteramente en el ámbito de sus esferas íntimas y libertades personales. Y al respecto los orientales opinan que el orgasmo sexual es una chispa de Dios, por lo que paradojalmente ateniéndonos a esto, su búsqueda seria una forma atea de tratar de encontrar ese ser o estado superior.

Aventura que no obstante en el caso del hombre, no tiene otra secuela posterior que la enfermedad venérea. Por lo cual la legalización del aborto a favor de la mujer, a los efectos de igualar para ambos sexos los riesgos y consecuencias de esas aventuras eróticas heterosexuales, en la práctica iguala a la supresión de la vida del embrión o feto, con una infección venérea, que debe atender en forma gratuita la salud pública.

Ante lo cual, más allá de la moral y del abismo que supone esa equiparación de una infección con un embarazo, superficialmente se puede apuntar que hoy los avances de la medicina y la farmacología, hacen enteramente innecesario asociar una “petite morte” con la otra. Ya que en base a los anticonceptivos químicos, los mecánicos como el DIU, los preservativos, y la ligadura de trompas y vasectomía de la pareja, permiten correr esas aventuras eróticas heterosexuales sin que ambas “petite morte”, se tengan que suceder una a otra. Para así zafar de la trampa de la naturaleza que ha asegurado la continuidad de las especies, a través del supremo placer del sexo.

Los  juristas son los sofistas de la era moderna, por su capacidad para hacer juegos de palabra para justificar cualquier cosa. Y entre ellos, a favor de la postura de Dillon, se destaca Aída Kemelmajer de Carlucci, con su argumentación en pro del aborto basada en la autonomía de la mujer y su (des) proporcionalidad con el feto. No obstante que la autonomía claramente la puede ejercer la mujer en los tiempos modernos, con la evitación de la concepción, que con múltiples modalidades le permite actualmente la medicina y los fármacos modernos.

Pero una vez producido la gravidez, la cuestión se torna grave, al estar de por medio otra vida humana, aunque sea en estado incipiente. Y el argumento complementario de la “proporcionalidad” para ejercer esa autonomía, para justificar la extinción de la vida del embrión o del feto, por la desproporción entre estos y la mujer embarazada, resulta sumamente peligroso,  al no saberse cuál es el límite hasta donde puede deslizárselo.

Porque si la “proporcionalidad” es solo física, también subsiste una enorme desproporción entre la mujer, y el feto de nueve meses poco antes de nacer. O respecto el niño recién nacido que sigue dependiendo de ella para sobrevivir, limitando notablemente su autonomía, más si se trata de un discapacitado, lo cual justificaría el infanticidio.

Pero si esa “proporcionalidad” es  atinente a las dos vidas, la mentada proporción se invierte ante la visión estrictamente humanista y nada religiosa, de aminoración de la violencia, y proteger lo débil, indefenso, e incapacitado, que se ha impuesto en la era moderna. Por lo que desde este punto de vista, el aborto sería una rémora de la era premoderna, en la que estaba permitido.

Una metáfora al respecto sería la de quienes en ejercicio de su autonomía, gustan jugar a la ruleta rusa para activar su adrenalina, haciendo girar un revolver con una sola bala y auto disparándose. Que puede hacer que uno de los jugadores termine herido, e incluso muerto de un  balazo. El que mal puede pretender que entonces la salud pública le quite el balazo, y restaure todo tal como antes estaba, porque en la vida hay hechos que son irreversibles. Salvo que en algunos casos, como el del aborto, se empleé la violencia.

Y en tal sentido el desarrollo farmacológico ha posibilitado actualmente, que en ejercicio de su invocada autonomía, la mujer ejerza ella misma esa violencia, concretando la “petite morte” del embrión o el feto, en la intimidad del hogar, sin necesidad alguna de la intervención previa de terceros o de la salud pública. Tal como lo recomienda la OMS (Organización Mundial de la Salud) y el protocolo del ministerio de Salud Pública de Argentina.

La opinión de Sigmund Freu ante el sinceramiento de Dillon y otras

Pero el padre del psicoanálisis Sigmund Freud, en su obra “Más allá del principio del placer”, con la que dio origen a la síntesis de Eros y Tanatos, va mucho allá de estas superficiales observaciones previas, escarbando en lo profundo de la psiquis humana. Y en base a su psicoanálisis, se podría decir que la aventura heterosexual que propone Dillón, en búsqueda de la “petite morte” orgásmica, tendría como otro ingrediente de ella el riesgo del embarazo y el horizonte del aborto, con la “petite morte” del embrión o feto.

Las autorizadas palabras de Freud en este mundo posmoderno, señalan lo siguiente respecto esa inusitada asociación de Dillon entre Eros y Tanatos:

“Hemos partido de la gran oposición entre pulsiones de vida y pulsiones de muerte. El propio amor de objeto nos enseña una segunda polaridad de esta clase, la que media entre amor (ternura) y odio (agresión). ¡Si consiguiéramos poner en relación recíproca estas dos polaridades, reconducir la una a la otra! Desde siempre hemos reconocido un componente sádico en la pulsión sexual; según sabemos, puede volverse autónomo y gobernar, en calidad de perversión, la aspiración sexual íntegra de la persona. Y aun se destaca, como pulsión parcial dominante, en una de las que he llamado «organizaciones pregenitales».”

“Ahora bien, ¿cómo podríamos derivar del Eros conservador de la vida a la pulsión sádica, que apunta a dañar el objeto? ¿No cabe suponer que ese sadismo es en verdad una pulsión de muerte apartada del yo por el esfuerzo y la influencia de la libido narcisista, de modo que sale a la luz sólo en el objeto?”

“Después entra al servicio de la función sexual; en el estadio de organización oral de la libido, el apoderamiento amoroso coincide todavía con la aniquilación del objeto; más tarde la pulsión sádica se separa y cobra a la postre, en la etapa del primado genital regido por el fin de la reproducción, la función de dominar al objeto sexual en la medida en que lo exige la ejecución del acto genésico.”

“Y aun podría decirse que el sadismo esforzado a salir del yo ha enseñado el camino a los componentes libidinosos de la pulsión sexual, que, en pos de él, se esfuerzan en dar caza al objeto. Donde el sadismo originario no ha experimentado ningún atemperamiento ni fusión queda establecida la conocida ambivalencia amor-odio de la vida amorosa.”

Si es lícito hacer un supuesto así, se habría cumplido el requisito de indicar un ejemplo de pulsión de muerte (es verdad que desplazada o descentrada). Sólo que esta concepción está alejadísima de toda evidencia, y produce una impresión directamente mística. Cae sobre nosotros la sospecha de que habríamos buscado a toda costa un expediente para salir de un estado de gran perplejidad.”

“Pero nos asiste el derecho de invocar que un supuesto así no es nuevo, que ya lo hicimos una vez antes, cuando no podía ni hablarse de perplejidad. Observaciones clínicas nos impusieron en su tiempo esta concepción: el masoquismo, la pulsión parcial complementaria del sadismo, ha de entenderse como una reversión del sadismo hacia el yo propio”,

“Ahora bien, una vuelta de la pulsión desde el objeto hacia el yo no es en principio otra cosa que la vuelta desde el yo hacia el objeto que aquí se nos plantea como algo nuevo. El masoquismo, la vuelta de la pulsión hacia el yo propio, sería entonces, en realidad, un retroceso a una fase anterior de aquella, una regresión. La exposición que hicimos del masoquismo en aquella época necesitaría ser enmendada en un punto, por demasiado excluyente: podría haber también un masoquismo primario, cosa que en aquel lugar quise poner en entredicho.”

http://www.bibliopsi.org/docs/freud/18%20-%20Tomo%20XVIII.pdf

El complejo asunto de Eros y Tanatos

En esta sociedad posmoderna erotizada y bombardeada de mil formas por estímulos sexuales, donde la pornografía y la violencia se derrama incesantemente desde las pantallas de las redes mediáticas, Freud nos aporta así una inusitada perspectiva psicoanalítica respecto la exaltada y vehemente defensa pública del aborto, en que está empeñado cierto feminismo hedonista a lo Dillon.

Que reclama extemporáneamente hoy, en contrario con el estado de la ciencia médica y farmacológica, como si fueran fans del aborto o como si este fuera una nueva religión, “aborto legal en el hospital”. Como si necesitaran que lo ejecute el estado, para liberarse de responsabilidades, confesando incluso muchas de ellas haberlo concretado.

Por lo que esta vehemencia emocional, antes que una perspectiva de interés general, parece ser más bien la defensa de una trágica o dramática decisión personalísima. Que el Estado en manera alguna puede juzgar ni condenar, por la especialísima situación en que se encuentra la mujer encinta y sus íntimas circunstancias personales, sobre las que se ha encargado de escarbar Freud.

Y que incluso actualmente no la puede perseguir penalmente por sus derivaciones hospitalarias, dado que un aborto farmacológico inducido, no se diferencia de un aborto natural. Pero tampoco la puede legalizar, sin ir contra el avance de la humanidad, en demanda de la no violencia y defensa de los más débiles en todos los ámbitos.

Ver La inhumana violencia del aborto que la humanidad seguramente dejará atrás

Legalización que no obstante, es impulsada por poderosos factores geopolíticos tendientes a la limitación de la población, que hace que la cuestión del aborto no sea una cuestión estrictamente femenina, sino de planificadores masculinos, con Henry Kissinger a la cabeza. Y por ello cuenta con el apoyo de la gran prensa, además de notables recursos financieros y de marketing.

Con los que han logrado presentar ante la juventud, algo que era inhumanamente pre moderno, como si fuera pos moderno. Contando además con el apoyo de cierta masculinidad, que mediante el recurso del aborto suprimiendo una vida, se saca de encima una carga que podía ser de por vida.

En momentos en que las ciencias médicas y farmacológicas, no solo posibilitan de muy diversas maneras evitar la concepción, para que posteriormente no derive en la “petite morte”, de lo que al menos es una vida humana en curso. Sino también permiten que esta “petite morte”, igual que la “petite morte” orgásmica, se concrete en la intimidad de los hogares, con un costo al alcance de cualquiera. Sin necesidad alguna de la intervención previa por parte de terceros o la salud pública, cuya intervención gratuita se exige.-

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