¿Quién se ha tomado todo el “glifo”?

La resolución de la OMS sobre la relación entre el glifosato y el cáncer. Qué otras sustancias compara el organismo con el herbicida. La mortalidad por tumores en Córdoba. Los detalles de la evaluación salud-ambiental en Monte Maíz.

Por Lea Ross | @LeandroRoss (*)

Viernes. 20 de Marzo. 06:15 am. Todavía no amanece. El señor H.G. se levanta de su cama. Se pone la bata. Toma el celular que está en su mesa de luz y lo guarda en el bolsillo de la bata. Baja por las escaleras, directo a la cocina. Prepara la cafetera mientras por la ventana observa que el sol todavía no aparece. Con los párpados medio caídos, decide extraer el celular; recuerda que cuando lo guardó estaba iluminado. Observa que hay un mensaje por whatsapp. El mensaje le confirma lo que él ya sabía hace una semana atrás; su fuente directa no le mintió.

The Lancet Oncology acaba de publicar un adelanto del resultado de una investigación llevada a cabo por 17 profesionales del IARC. El señor H.G. llama por el celular a personas del directorio de la compañía. “Convoca a todos y coordina”, señala H.G. desde su teléfono. “Mientras tanto… lancen algo”.

Desde las oficinas de la compañía, en San Louis, a paso veloz, publican un comunicado en repudio a la publicación del IARC. “Nos enorgullecemos de la ciencia que hay detrás y de la seguridad, de nuestros productos”, señala el comunicado de Monsanto.

“Ya nos hemos acercado a la Organización Mundial de la Salud (OMS) para comprender cómo, a pesar de la cantidad de conocimiento científico que existe sobre el glifosato, el panel del IARC pudo haber establecido una clasificación que contradice las evaluaciones científicas y regulatorias”, continua el texto, luego de varias llamadas al organismo.

El batallón de profesionales reciben sus directivas argumentales: que la selección de trabajos realizadas por la IARC son caprichosas, que hay que hacerle entender al público que no es tan grave estar en el grupo 2A, que las verdaderas investigaciones objetivas avalan las posturas de la empresa, etc., etc., etc. Publican, republican, twittean, re-twittean los mismos argumentos.

El sol ya se está poniendo. Y el señor H.G. revisa las cotizaciones de la bolsa. Todavía están en baja. Mira de nuevo la ventana. Faltan horas para que se termine el día.

Glifosato

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“Además de los posibles usos en agricultura, las formulaciones de glifosato se utilizan para controlar malezas en caminos de paso, banquinas de rutas, a lo largo de vías de ferrocarril, o en lugares residenciales como jardines y veredas”. – Facsímil de Monsanto. Año 2008. (El resaltado es nuestro).

Fue creado en el año 1970, por la empresa Monsanto; cuatro años después, se lanzaría al mercado. El glifosato es un herbicida no selectivo. Es decir: mata plantas sin discriminar. Su función se radica en inhibirle la actividad a la enzima EPSPS, cuya función es la producción de tres aminoácidos. Al frenar la producción de estos tres, el yuyo no logra desarrollarse y muere.

Su entrada en la Argentina llegaría en pleno ocaso de los años noventa, después de que se aprobara la soja transgénica RR. Esta soja posee un transgén CP4 que resiste al herbicida. A partir de allí, la expansión sojera acapararía unos 20 millones y medio de hectáreas.

Además de la marca comercial Round-Up, también de Monsanto, otras multinacionales también comercializan sus propios herbicidas con base a glifosato, tales son los casos de Bayer, Dupont, Dow Chemical, Syngenta y Nidera, hasta la propia YPF.

Según los números que maneja la Cámara de Sanidad Agropecuaria y Fertilizantes de Argentina (Casafe), en el año 2012 se comercializaron 197 millones de litros de glifosato en el país. Se trata del insumo por excelencia en materia de herbicidas en todo el país, acaparando el 40% del mercado. A su vez, el glifosato llevó a que en tan solo un año, la facturación de los herbicidas se elevara en una cifra superior al 25%. El glifosato llegó a facturar unos 937 millones de dólares en toda la Argentina.

Para la Red de Médicos de Pueblos Fumigados (Reduas), fueron rociados unos 230 millones de litros de este herbicida en las zonas agrarias del país durante el año 2013. A nivel de tasas, si calculamos que en Argentina viven 12 millones de personas en pueblos rodeados por campos donde se pulverizan con agroquímicos, quiere decir que recibieron en promedio unos 20 litros del herbicida por año.

“Incluso cuando analizamos que en 1996-1997, momento en que comienza a sembrase soja transgénica, se recomendaba hasta 3 litros de glifosato por hectárea por año, actualmente se aplican 12 litros de glifosato en la misma hectárea anual; lo que demuestra la incapacidad del modelo de agricultura tóxica para enfrentar las respuestas adaptativas de la naturaleza, como el surgimiento de resistencia en las plantas”, señala la Reduas.

IARC

IARC

“Sustancia probablemente cancerígena para humanos”. Así lo definió una entidad de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que generó tanta repercusión y continúa hasta hoy. Se trata de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (conocida en sus siglas en inglés como IARC).

La conclusión fue sacada en base a una investigación, que se conocerá en forma completa en cuestión de días, llevada a cabo por diecisiete científicos de once países, que se reunieron en la ciudad de Lyon, Francia. El trabajo lleva como título: “Carcinogenicidad del tetraclorvinfos, parantión, malantión, diazinón y glifosato” y fue encabezada entre otros por la Dra. Kathryn Guyton.

“Estudios de casos y controles por exposición ocupacional en los Estados Unidos, Canadá y Suecia reportan un aumento de los riesgos de linfoma no-Hodgkin, que persistió después de ajustar por exposición a otros pesticidas”, estipula el artículo. Los linfomas no-Hodgkin son una variedad de cánceres que se expanden a partir del tumor de uno o varios linfocitos, que son parte del sistema inmunológico.

La clasificación precisa que se le otorga al herbicida es del Grupo 2A, que son los “Probablemente carcinógeno para el ser humano”. Este grupo se encuentra por debajo del Grupo 1, que agrupa a los que hay suficientes pruebas para calificarlos como cancerígenos para los humanos.

El estudio asevera que hasta ahora solo hay suficientes pruebas para definir al glifosato como sustancia cancerígena para los animales, pero que todavía hay pruebas limitadas para los seres humanos.

“El glifosato se ha detectado en la sangre y orina de trabajadores agrícolas, lo que indica su absorción –señala el informe del IARC-. Los microbios del suelo degradan al glifosato en ácido aminometilfosfónico (AMPA). La detección de AMPA en sangre después de intoxicaciones sugiere un metabolismo intestinal microbiano en los seres humanos. El glifosato y sus formulaciones han inducido daños cromosómicos y en las cadenas de ADN en mamíferos y en humanos y células animales in vitro”.

A su vez, el IARC remarca que “un estudio registró aumentos en los marcadores sanguíneos de daño cromosómico (micronúcleos) en residentes de varias comunidades luego de las fumigaciones formuladas con glifosato”, en referencia a un estudio realizado en cultivos de Colombia en el año 1997.

Según el comunicado de Monsanto, en represalia al instituto del OMS, “el IARC ha clasificado a muchos ítems de uso cotidiano dentro de la Categoría 2, incluyendo al mate caliente, café, teléfonos celulares, extracto de Aloe-Vera y pickles, como también a profesiones como las de barbero, peluquero y cocinero de fritos”.

Efectivamente, esos elementos aparecen en la categoría 2 pero en diferentes grupos, A y B. El grupo 2A, como ya dijimos, son los probablemente cancerígenos, mientras que el 2B son posiblemente cancerígenos. El mate, en un estado muy caliente, es probable que genere cáncer, aunque no pasa lo mismo con el café, que aparece en el 2B, que es posiblemente cancerígeno. “El Aloe-Vera produce cáncer intestinal cuando es ingerido, por unos metabolitos químicos que lo producen, en ratas. Por eso existe la posibilidad de que produzca cáncer en humanos, no la probabilidad”, señala el Dr. Medardo Ávila Vásquez, del Reduas.

Según explica la Organización Mundial de la Salud: “Los términos probablemente cancerígenos (Grupo 2A) y posiblemente cancerígenos (Grupo 2B) no tienen una importancia cuantitativa y se utilizan simplemente como descriptores de diferentes niveles de evidencia de humanos carcinogenicidad, en donde lo probablemente cancerígeno significa un mayor nivel de evidencia que lo posiblemente carcinógeno”.

De hecho, a partir de las planillas actualizadas, en el listado de agentes cancerígenos con limitadas evidencias para producir leucemia y/o linfoma en los seres humanos, el glifosato comparte el mismo podio que con el gas radiactivo radón 222, un tipo de malaria, de hepatitis B y del consumo de tabaco en menores.

Para la IARC, es probable que alguien padezca de cáncer por culpa del glifosato. Si es probable, entonces es posible.

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Cáncer

En julio del año pasado, fue muy comentado el famoso “Informe sobre cáncer en la Provincia de Córdoba 2004-2009”, trabajo desarrollado por la Hospital Oncológico y el Registro Provincial de Tumores de Córdoba. En ella, se agrupa una serie de registros, en tablas y mapas, sobre la presencia de tumores en la provincia durante el mencionado período.

Uno de los mapas que más generó controversia en particular -incluso antes de la presentación realizada en la Legislatura, ya que se había difundido anteriormente en los medios de comunicación- es la que muestra las tasas de mortalidad por cáncer en cada departamento de la provincia cordobesa. Lo particular del mismo es que los números más elevados se concentran en el sureste provincial. Es decir, en la pampa húmeda, en el gran escenario de la soja transgénica con sus pulverizaciones con glifosato y otros agro-químicos.

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Tasa de mortalidad por tumores en la provincia de Córdoba. Mapa del Informe sobre cáncer en la provincia de Córdoba 2004-2009,

Durante la presentación en la Legislatura, realizada el 29 de mayo de 2014, el director del Oncológico, el Dr. Martín Alonso, se muestra distante sobre una posible relación entre la sojización y la frecuencia de cáncer. Durante su exposición, muestra una gráfica de barras, cuyo título es “Incidencia vs. Mortalidad por departamento”. “Cuando vemos las incidencias por cáncer -porque para que a alguien padezca de cáncer, primero se tiene que enfermar-, no son lo que ellos plantean con respecto a la mortalidad”, señala Alonso al apuntar a aquellos que tientan a señalar una posible relación con las fumigaciones, aunque sin ser explícito. Efectivamente, los niveles de incidencia muestra un panorama distintos, en donde el índice mayor se lo lleva la capital cordobesa.

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Dr. Alonso, director del Oncológico, en la presentación del Informe sobre Cáncer en Córdoba, realizada en 2014. En la foto, se muestra la gráfica que contrapone índice de incidencia y de mortalidad por departamento. Dicho gráfico no aparece en el informe.

“Por lo tanto, nosotros no vemos, de acuerdo a estos valores, estas diferencias de mortalidad en los distintos departamentos que en la prensa salió como una información errónea. No malintencionada, pero sí errónea”, declara el doctor, frente a la presencia de importantes funcionarios del poder provincial, bajo sus respectivas miradas atentas; entre ellos el secretario general Oscar González y el ministro de salud, Francisco Fortuna.

Curioso que ese mapa proyectado denominado “Incidencia vs. Mortalidad” no aparece en el informe final del trabajo. Las perspectivas de mortalidad e incidencia están presentes en el Informe de Cáncer, pero por separado. Por eso resulta curioso que la gráfica de barras compara ambas tasas e incluso enfrentándolas bajo el latigillo de “vs.”. El hecho que no aparezca en la edición impresa y sí en la versión sintética en PowerPoint, da a entender que fue creado para salir a contestar aquellas interpretaciones, bajo la supervisión atenta de los funcionarios provinciales.

Dato de color: el informe contó con el apoyo de la empresa Aguas Cordobesas (Grupo Roggio).

Es cierto que los mapas sobre índices de incidencia no muestran la tendencia hacia el sudeste. Sin embargo, existe una conexión que nos impide tomar distancia de aquellas “erróneas” interpretaciones.

En el año 2011, la provincia de Santa Fe presentó un trabajo muy parecido al desarrollado el año pasado en Córdoba. El Registro Provincial de Cáncer de Tumores de la provincia de Santa Fe realizó un trabajo un poco más austero en comparación con lo elaborado por el Oncológico cordobés, pero no por eso queda exento de puntos interesantes.

El informe llamado “Situación del cáncer en Santa Fe” comprende una serie de mapas y tablas sobre esa situación en la provincia del este, con datos recolectados entre los años 2005 y 2008. En este caso, también se hicieron los mapas sobre tasas de mortalidad por tumores para cada departamento para cada uno de los años. El mapa de abajo pertenece al último año, el de 2008.

Tasa de mortalidad por tumores en la provincia de Santa Fe en 2008. Mapa del Informe “Situación del cáncer en la provincia de Santa Fe”.
Tasa de mortalidad por tumores en la provincia de Santa Fe en 2008. Mapa del Informe “Situación del cáncer en la provincia de Santa Fe”.

Finalmente, cuando uno pega el mapa de la tasa de mortalidad por cáncer en Córdoba con el de Santa Fe, se observa que las tasas más altas se encuentran bien instaladas en la región de la pampa húmeda, casi como que una provincia fuese el espejo del otro. Este curioso detalle fue planteado por la periodista Marcela Fernández, cuyo artículo se publicó en el diario La Voz del Interior a mediados de noviembre de 2014.

Según ambos estudios, la provincia de Córdoba tiene una tasa de mortalidad por tumores en un 160,8 por cien mil habitantes, mientras que Santa Fe tiene una cifra superior: 174,7. A su vez, la provincia santafecina lidera los rindes sojeros en todo el país, renegando a Córdoba en segundo lugar. Además, como se observa en el mapa de abajo, los santafecinos tienen las hectáreas con mayor saturación de pulverizaciones con glifosato.

Mapa elaborado a partir de los datos de las tasas de mortalidad por tumores en la provincia de Córdoba (2004-2009) y de Santa Fe (2005-2008). Los números aproximados por el uso de glifosato por departamento son extraídos de un mapa presentado en el informe del Primer Encuentro de Médicos de Pueblos Fumigados, desarrollado en la UNC, a partir de información suministrada por el Ministerio de Salud de la Nación en 2009-2010.
Mapa elaborado a partir de los datos de las tasas de mortalidad por tumores en la provincia de Córdoba (2004-2009) y de Santa Fe (2005-2008). Los números aproximados por el uso de glifosato por departamento son extraídos de un mapa presentado en el informe del Primer Encuentro de Médicos de Pueblos Fumigados, desarrollado en la UNC, a partir de información suministrada por el Ministerio de Salud de la Nación en 2009-2010.

El cáncer que más mata en la provincia de Córdoba queda concentrado en el sudeste provincial. Los departamentos con mayores tasas de mortalidad por cáncer son Marcos Juárez (229,8), Roque Sáenz Peña (228,4), Unión (217,4) y San Justo (216,8). Estos cuatro están ubicados en la pampa húmeda, lugar en donde el bosque nativo se ha extinguido para conformar el escenario principal de la actividad productiva agropecuaria, mediante organización empresarial y concentrada. En el quinto puesto lo compiten Río Cuarto (201,3) y, más por el norte, Sobremonte (201,3).

Mucho más que cáncer

El embriólogo Andrés Carrasco (1946 – 2014) fue famoso por haber revelado la malformación de los embriones de anfibios al estar expuestos a dosis mínimas de glifosato. “Hace 30 años que hago embriología y puedo aseverar que el mecanismo de desarrollo embriológico es igual en todos los vertebrados. Las malformaciones también son las mismas. Por lo tanto lo que se verifica en los animales, se verificará en el humano como vertebrado que es”, aseveró el especialista frente a un tribunal de Córdoba, en pleno juicio a las fumigaciones en el año 2012.

En su testimonio, el científico señala que el glifosato “es un veneno porque mata organismos vivos; en animales no se degrada y se acumula en los tejidos grasos”. Además, aseguró que puede causar efectos de los siguientes tipos: genotóxicos -daño en el material genético-, teratogénicos -alteraciones en el sistema embrionario causando malformaciones-, neurotóxicos -puede causar daño en el sistema nervioso central- y carcinogénico -riesgo de provocar cáncer.

Un reciente estudio de la Universidad Nacional de Río Cuarto estableció que los peligros por daños en el material genético en los niños se acrecientan cuando más cerca están de los campos pulverizados. Se trata de un trabajo desarrollado por integrantes del Grupo de Genética y Mutagénesis Ambiental (GEMA), del Departamento de Ciencias Naturales de la Facultad de Ciencias Exactas, Físico-Químicas y Naturales de dicha universidad.

Mediante ensayos de micronúcleos en las células de la mucosa bucal, se tomó una muestra de 50 niños que viven en Marcos Juárez -capital de la localidad homónima con mayor tasa de mortalidad por cáncer- a diferentes distancias de las zonas de fumigación por pesticidas (entre menos de 500 metros y más de 500 metros), y 25 de la ciudad de Río Cuarto (más de 3.000 metros), considerados como no expuestos a pesticidas.

El resultado: el 40% de los niños expuestos sufren algún tipo de condición persistente, que puede estar asociada con la exposición crónica a los pesticidas. Dentro de ese porcentaje, aparecen síntomas relacionados con la respiración, picazón de la piel o manchas, picazón o sangrado en la nariz, lagrimeo, y oídos con ardor.

Para el estudio, Marcos Juárez “es una ciudad relativamente pequeña” y por ende no descarta que los pesticidas puedan llegar a toda la ciudad a través del aire y que los niños de allí puedan someterse a una alta “exposición debido a que viven en una zona rodeada por los cultivos”.

Finalmente, en su introducción, establece que este monitoreo de genotoxicidad “es una herramienta útil para estimar el riesgo genético de la exposición a un compuesto o mezclas químicas complejas y es un sistema de alerta temprana de enfermedades genéticas y/o cáncer”.

Díganme, quiero saber

IMG_4006_OptMonte Maíz, ubicada en el departamento de Unión, se encuentra a unos 290 kilómetros de la ciudad de Córdoba, tres horas de viaje en coche. Ubicada en la pampa húmeda del país, no llega a tener lo suficiente como para ser ciudad: pueda tocar los 8.000 habitantes. Por las calles de tierras, es más notable el movimiento de máquinas agrícolas que vehículos particulares.

Por el medio, se atraviesa las líneas férreas donde viaja el tren Nuevo Central Argentino (NCA), cuya concesión está en manos del multi-millonario Roberto Urquía. El tren permite garantizar que grandes empresas estén instaladas en Monte Maíz, entre ellos, la Aceitera General Deheza (AGD, también de Urquía). Una pequeña plaza con juegos, donde los chicos juegan en un día templado, está rodeada por galpones y acopios, pertenecientes a AGD. A veces, según comentan los vecinos, para ahorrar el esfuerzo de quitar malezas con las manos, un empleado rocía con glifosato en los bordes, muy pegado a la calesita. La huella del “glifo”, con un color marrón amarillento, está presente en los costados de la vereda.

65.000 hectáreas de campo rodean al pueblo, cuyo cultivo principal es la soja, seguido por el maíz y el trigo. A los mismos, se los rocían en un 60% con herbicidas (principalmente, glifosato), un 35% de insecticidas (clorpirifós) y el resto de fungicidas.
Mientras que adentro del pueblo, hay en total 5 acopios para granos y 22 galpones donde se guardan las máquinas mosquitos, los químicos y otros elementos agrícolas.

Frente a la plaza central, pegado a la municipalidad, decenas de vecinos asisten al Salón Cultural para la presentación de un informe que ya había generado repercusión hace unos meses. La “Evaluación de la Salud Colectiva Socio-ambiental de Monte Maíz” es el resultado de los datos que se recolectaron a mediados de octubre, durante un trabajo en campamento de cuatro días seguidos. Decenas de profesores, estudiantes y especialistas de la Universidad Nacional de Córdoba y de La Plata, congregados en la Red de Prevención de Monte Maíz, realizaron toda una serie de encuestas, análisis y armado de mapas para obtener un diagnóstico de la situación del pueblo.

Según el trabajo, en Monte Maíz los niveles de cáncer y abortos espontáneos triplican al promedio nacional. En 2014, relevaron 35 casos nuevos de cáncer dentro de las personas encuestadas, que conforman un 60% de la población total. Es decir: una tasa de incidencia de más de 707 casos cada mil personas. Mientras que esa misma tasa en la provincia de Córdoba es de 264, según el Registro Provincial de Tumores.

Mapa de Monte Maíz, donde se refleja la posición de depósitos y acopios. Los puntos negros reflejan casos de vecinos con problemas de salud. Los pequeños puntos rojos en las calles reflejan el recorrido del transporte de los agroquímicos.
Mapa de Monte Maíz, donde se refleja la posición de depósitos y acopios. Los puntos negros reflejan casos de vecinos con problemas de salud. Los pequeños puntos rojos en las calles reflejan el recorrido del transporte de los agroquímicos.

El cáncer es la principal causa de muerte en Monte Maíz: se trata de uno de cada 2,5/3 fallecimientos, cuando la media nacional es de uno de cada cinco.

“Con respecto a la edad de los afectados, se pudo documentar que en Monte Maíz se enferman de cáncer personas más jóvenes que en toda (la provincia de) Córdoba, lo que también descarta que el pueblo tuviera más casos por razones estructurales, es decir, por contener una población de mayor edad”, aclara el informe. El 21% de los casos con cáncer en Monte Maíz lo padecen personas con una edad menor a los 45 años, cuando en la provincia de Córdoba, el mismo porcentaje se reduce a 11%.

En abortos espontáneos, en los últimos cinco años, tuvieron una tasa de 9,98 de cada 100 mujeres en edad reproductiva, cuando la media nacional es de 3 de cada cien. Las malformaciones congénitas superan el 72% al promedio nacional.

La pregunta sería, entonces, el porqué de estos números elevados. Los análisis por espectroscopía de absorción atómica, por generación de hidruros, indican que desde hace 16 años que el agua que se consume tiene un nivel de 0,5ugr/l. Efectivamente, la OMS recomienda que el nivel de arsénico sea menos a 1.

Mientas tanto, los niveles de radiación electromagnética, emanadas de dos antenas, son relativamente bajos. Es decir: el problema estaría para otro lado.

Hay dos focos peligrosos que acarrea el pueblo de Monte Maíz. Por un lado, tienen la desdicha de que su cementerio está instalado en tierras inundables, lo cual puede traer problemas con el posible arrastre de la materia orgánica. Y por el otro lado, está presente un irregular manejo de la basura, que se acumula a cielo abierto y con poco procesamiento. Sin embargo, hay un tercer foco que tiene mayor peso.

“El tema de los silos es otro tema de preocupación”, señala Medardo Ávila Vásquez. Al juntarse los granos de cereales en los depósitos, se someten a un proceso de secado y movimiento para evitar que se fermenten. “Ese secado y mover en los acopios, genera que los granos se golpeen unos a otros –apunta Ávila Vásquez-.Y eso va soltando cascarillas, que vuelan por la corriente de aire y se empiezan a juntar en distintos rincones. El problema es que esas cascarillas están llenas de agroquímicos que se han utilizado durante el cultivo y algunos insecticidas que le han puesto en los silos para que no ataquen los insectos a los cereales”.

De todas las muestras recolectadas en cascarillas y de suelo, realizadas por la Red de Prevención a mediados de octubre, el 100% se encontró glifosato, el AMPA (que es el residuo ácido del glifosato luego de ser procesado por microorganismos), cipermetrina y clorpirifós (ambos insecticidas).

Izq.: Resultados de las muestras obtenidas en suelo y en cascarillas. Der.: muestra de cascarilla de granos dispersos por la ciudad (Ph: Marcos Oviedo)
Izq.: Resultados de las muestras obtenidas en suelo y en cascarillas. Der.: muestra de cascarilla de granos dispersos por la ciudad (Ph: Marcos Oviedo)

Los agroquímicos, que son transportados por los vehículos agrícolas que recorren por dentro del pueblo, ocupan un peso de alrededor de 630.000 litros anuales en movimiento. Esa cantidad circula en las principales calles, muy pegadas a las viviendas y parques. “Los niveles de glifosato en las plazas son muy altos. Entre 10 y 20 veces por encima de lo que puede haber en un campo agrícola”, sostiene el Dr. Damián Marino, integrante del SETAC (Sociedad de Toxicología y Química Ambiental), quien también participa de la Red. “Esto pasa en cada pueblo que hemos ido trabajando. Es por una cuestión cultural: asumimos como cosas normales a situaciones que no son normales”, en referencia a la costumbre de rociar las plazas, aun con la presencia de menores.

Ávila Vásquez entrega el informe al intendente de Monte Maíz, Luis Trotte.
Ávila Vásquez entrega el informe al intendente de Monte Maíz, Luis Trotte.

La conclusión general, y textual, del informe resalta lo siguiente: “En nuestra exploración sobresalen algunas enfermedades que superan las frecuencias conocidas en poblaciones de referencia; enfermedades a las que es inevitable vincular con niveles elevados de contaminación con agroquímicos detectados en el entorno de la localidad. Este vínculo se resalta ante la existencia de mecanismos racionales en la relación. Monte Maíz muestra un aumento de afecciones graves como neumopatías, cáncer, abortos, malformaciones congénitas, hipotiroidismo y colagenopatías para las que existen fuertes indicios de que se desencadenan y/o acentúan en el contexto de intensa contaminación con plaguicidas que refiere este estudio ambiental”.

Al concluir la presentación del informe, el intendente de Monte Maíz, Luis Trotte, recibe en sus manos el trabajo final. Luego, toma el micrófono en sus manos, ante la presencia de los vecinos del pueblo: “Esto es un punta pié inicial. Sabemos que hay cosas que se esconden, por más que el municipio luche. Esperemos que todos tengamos la voluntad de cambiar esto”.

Horas antes, el intendente recibe el llamado de un importante funcionario del Gobierno provincial, exigiéndole que cancele la presentación. Decide no ceder ante la presión.

Ver el informe completo aquí:


Sed

“Se combinan intereses comerciales con un gobierno anómico que lo único que le interesa es el rinde de los campos –sentencia el Dr. Andrés Carrasco, en pleno juicio a las fumigaciones-. Cuando el gobierno actúa, como lo hizo en este caso, es porque sabe que hay un problema. Negar el problema es algo que nos concierne a todos los ciudadanos, reaccionando ante la subordinación a un modelo o sistema de producción de alimentos. No se puede subordinar un sistema de producción de alimentos a un principio económico de rentabilidad. Nunca ha sido así en la historia del mundo”.

Hace unos días, el ministerio de producción de la provincia de Santa Fe lanzó la resolución 135, que prohíbe el uso del 2-4-D para una de sus fórmulas (éster isobutílico) y con severas restricciones a otra de sus formulaciones (sal dimetil amina). Se trata del segundo herbicida más utilizado en todo el país, después del glifosato. Situación parecida se vivió en la región cordobesa de Calamuchita, a partir de octubre del año pasado, en donde también se prohibieron algunas fórmulas del 2-4-D, porque afectaba los cultivos de vid.

En medio de la parafernalia, en donde la subsistencia de los bienes comunes dependerá de lo que cotice la Bolsa de Chicago, el principio precautorio termina pulverizado en el aire. Mientras los rindes se elevan, la discusión por un cambio pretende ser opacado a como de lugar por parte de las autoridades y los empresarios.

A la OMS le costó casi veinte años en descubrir lo que puede llegar a ser el glifosato. La misma suerte que las Naciones Unidas a la hora de evitar guerras y genocidios desde 1945 hasta el presente. Aún con los recónditos lugares del mundo que venían silbando a contra viento. El sonido les llegó atrasado.

Y mientras tanto, en Córdoba, todavía se está esperando con ansiedad la llegada de la “causa madre” del juicio a las fumigaciones en barrio Ituzaingó Anexo. En ese futuro proceso, se pretenderá determinar si las pulverizaciones con agroquímicos tuvieron relación directa con las enfermedades que han estado padeciendo los vecinos. Entre ellos, el cáncer.

Desde Barrio Ituzaingó Anexo hasta Monte Maíz, la pelea por la resistencia al modelo se mantiene prácticamente desde que comenzó su llegada a nuestro país con los espejitos de colores a punto caramelo. La fuerza siempre termina brotando en la tierra y se tona más real y menos bursátil.

El señor H.G. sigue viendo sus cotizaciones en baja. El sol se pone brillante y decide tomar un vaso con agua, extraída del grifo. El vaso se posiciona al lado de la computadora. El celular no deja de sonar.

¿Se tomará otro vaso?

(*) Artículo realizado para ECOS Córdoba (www.ecoscordoba.com.ar)

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