En un video exclusivo, el ex productor del programa ADN Marcelo Castro, confirmó las denuncias de “extorsión” que recaen sobre el candidato Tomas Méndez en contra de empresarios y políticos, y el acuerdo a que habría arribado con el gobernador De la Sota, destacando que recibía entregas de dinero en negro en un bolso deportivo. Lanzó además otras graves acusaciones, relacionadas algunas de ellas con las aspiraciones políticas que desde tiempo atrás tenía Méndez. Afirmando también que su programa ADN se seguía emitiendo por Canal 10, porque Méndez extorsionaba a su presidente Esteban Falcón.

Por Lázaro Llorens

Con una campaña millonaria, acusando a sus rivales de todo tipo de delitos de corrupción, el ex periodista de Canal 10 de la Universidad Nacional de Córdoba, Tomás Méndez, sindicado de realizar un periodismo de “extorsión” mediante cámaras ocultas, encara el tramo final de su campaña para intendente de la ciudad de Córdoba, donde tendría buena intención de votos.

En el medio de ella, por primera vez, Marcelo Castro, ex productor de Méndez en su programa televisivo ADN, levantado del aire luego que se conocieran una serie de cámaras ocultas a conocidos empresarios y políticos, entre ellas el propio gobernador José M. De la Sota, concede una entrevista exclusiva, donde confirma las acusaciones que pesan sobre el actual candidato a intendente, a la vez que hace otras graves denuncias.

Confirma que Méndez en el 2013 pactó con Hermann Karsten brindar protección periodística a Horacio Miro, Walter Poplawski, empresarios sospechados de ser los “testaferros” del gobernador De la Sota, detallando que el cobro de ese arreglo se hacía con dinero en “negro”, entregado en un bolso que llevaba el padre de Méndez.

Además dice que Méndez, quién le atribuye a Castro haberle robado los videos, fue quien se los dio. “Eran tres copias, una para mí, otra para él, y otra para un tercero que nunca supe quién era” asegura Castro. Y expresa que Méndez también lo amenazaba con “armarle una causa” gracias a sus poderosos contactos con el gobierno, en el caso de que llegara a hablar.

Respecto la permanencia de Méndez en Canal 10 de la Universidad Nacional de Córdoba, aun luego que el abogado Marcelo Touriño hiciera pública las cámaras ocultas que terminaron en la justicia, su ex productor denuncia que fue porque tenía dos cámaras ocultas, con las que extorsionaba a Esteban Falcón, presidente de Canal 10, por un dinero que este tendría depositado en la desaparecida financiera CBI.

El ex productor revela además que en el caso Alos, el oficial de policía que se suicidó tras el “Narcoescándalo”, el periodista poseedor de un millonario patrimonio, intentó desde un principio imponer la idea de que el policía había asesinado, para realzar su imagen ante la sociedad, y lanzar su candidatura a intendente. Y para eso habría amañado el testimonio de un policía encapuchado.

Por esas mismas razones habría enfocado permanentemente sus programas contra el intendente Mestre, con vistas a desplazarlo en el cargo. Para lo cual habría ampliado sus acuerdos con el gobernador De la Sota, a los efectos que este le costeara la costosa campaña electoral que está llevando adelante.

Tomás Méndez, una cruda metáfora del periodismo y la política en Argentina

Por Javier Llorens

Este audaz sujeto constituye así una metáfora extrema de lo que es el periodismo empresarial y la política en Argentina. Donde imperan las regla de oro de que en el periodismo se gana más plata con la información que no se publica, que con la que se publica. Y que sin dineros mal habidos, actualmente es imposible hacer política.

A los sobornos para no tocar determinados temas y cuestiones, el periodismo argentino le llama “el peso de los avisos”. Y lo que habría hecho el seudo periodista de investigación o muckraker (rastrillo de lodo, o escarbador de vidas ajenas) Méndez, fue buscar directamente el peso, escarbando en el lodo del poder y del dinero. Así en pocos años, gracias a la corrupción imperante en Córdoba, habría amasado una pequeña fortuna.

Y a la par esquizofrénicamente, se presentaba ante su audiencia como el fiscal anticorrupción de Córdoba, con vistas a lanzarse a una ambiciosa carrera política. Algunos sostienen que como Méndez soportó una grave cirugía en su cerebro, en la que se le reemplazó parte de su cráneo con un disco de platino, ella le habría provocado una lobotomía que le hizo perder el sentido moral y/o del riesgo. Y por eso actúa de esa inusitada manera.

Así para lanzarse al estrellato político, financiado por el antidelasotismo se lanzó a sostener a ultranza, pese a todas las pruebas existentes en contrario, que el suicidio del oficial de policía Juan Alós, involucrado en el caso del Narcoescándalo, fue un asesinato por parte del poder, conmoviendo a la sociedad cordobesa. Llegando al extremo de contratar a un perito criminalista, que tras analizar una imagen de su cadáver, sostuvo que Alós tenía un puntazo en el torso. Cuando en realidad era una mosca posada sobre una mancha de sangre. Y que había sido asesinado rodilla en tierra, pese a no tener marca alguna en sus pantalones de haber estado en esa posición.

Y además se dedicó a escrachar escandalosamente al intendente de turno, tirándole con cualquier anomalía real o supuesta que encontraba a mano, por deshonesta que fuera, con la intención no declarada de sustituirlo en el sillón del alcalde. Presentándose así como el campeón contra la corrupción, y actualmente como el candidato de la antipolítica, para tratar de atrapar a un electorado que cada vez le tiene más asco y desprecio a las imposturas de los políticos, y por eso vota a cualquier advenedizo, por impostor que sea.

Nada nuevo bajo el sol

Pero no obstante este periodismo lobotomizado o mendazado (en el doble sentido de Méndez y mendáz) es el que lamentablemente vemos a diario en la actividad periodística argentina. Con una obsecuente prensa oficialista que vive del “peso de los avisos” oficiales, y se olvida así de muchísimas noticias que interesan a la sociedad. Y una prensa opositora que ahora se jacta de “independiente”, pero qué, como es el caso del grupo CLARIN, gracias a su dúplice relación de obsecuencia – coerción con los gobiernos de turno, desde la nada adquirió una posición hegemónica. No siendo este el único ejemplo.

Y que además de forma parecida a Méndez, a título de ejemplo, ha maltratado perversamente el caso del suicidio del fiscal Nisman, afirmando que fue asesinado de rodillas, cuando es notable que se mató de pie, empuñando la pistola con ambas manos, por habérsele caído todas las pruebas que esgrimía en su estruendosa denuncia contra el gobierno.

Y además sostiene en base a análisis de fotografías, que habría recibido un golpe en la cabeza, porque tenía en ella un chichón provocada por su caída contra la puerta. Y aduce que otra prueba de que no se habría suicidado, consistiría en que dejó una nota con una lista de compras a su empleada doméstica, cuando está acreditado que fue esta quién la escribió.

Evidenciando ignorar olímpicamente la causa, el periodista Jorge Lanata, y el experto norteamericano que contrató a esos efectos, son quienes públicamente sostienen esta presunta prueba. Siendo Lanata, el más desaforado sostenedor de la hipótesis del asesinato de Nisman, afirmándola a grado de certeza, sin contar con prueba alguna. Erigiéndose así igual que Méndez, en el fiscal de la Nación, pese que no puede explicar porqué el guerrillero Enrique Gorriarán Merlo, que luego encabezo la absurda toma del cuartel de La Tablada, le aportó el dinero negro para que fundara Página 12.

Este periodismo nacional, igual que Méndez, lo hace para tratar de desplazar de cualquier manera y con cualquier argumento, por deshonesto que sea, al actual partido de gobierno. Para instalar en este a sus candidatos del cuore, con vistas seguramente a lograr una reforma a la ley de medios, que ha puesto una severa traba a sus gigantescos negocios. Y hacer volver al país al redil de los Estados Unidos, y a la ultra ortodoxia económica neoliberal exigida desde allí.

Y así con el mismo objeto, como si hubiese vivido en la inopia, recién ahora descubre escandalizado, rasgando sus vestiduras, las picardías electorales que desde siempre han practicado los partidos tradicionales, para tratar de mejorar su performance en ellas. Por lo que dan ganas de preguntar a esos grandes medios “independientes”, si se estaban chupando el dedo, aunque otros dirán que eran las medias ajenas.

Desarrollando así un sesgado y deshonesto accionar, con vistas evidentemente, igual que Méndez y el oficialismo K, de atrapar a un electorado incauto en un inusitado balotaje, basado en la disyuntiva del voto fobia o voto asco. Consistente en lo voto con asco a este, tapándome la nariz, a quién nunca votaría, porque el otro me da más asco aun.

Pobre democracia “asquerosa” la de Argentina, envenenada por una política llena de imposturas por el abuso del marketing, que ha consentido enteramente con la corrupción, porque sin plata clandestina no se pueden costear exitosamente las campañas electorales, ni movilizar a los militantes rentados. Y por un periodismo empresarial lobotomizado, que hace tiempo perdió el sentido moral, y el inmenso riesgo social que supone desenvolverse en un país cada vez más encrespado y “asqueroso”.-

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